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Darwin y los religiosos de su época



Recientemente ha aparecido un editorial de la revista Nature titulado Darwin y la cultura en el que uno de los editores de la revista afirma que en Inglaterra, la iglesia reaccionó negativamente ante la teoría de Darwin, hasta el extremo de afirmar que creer en ella significaba condenar el alma (Nature (2009) 461: 1173-1174).

Este editorial ha tenido una réplica en una carta firmada por R. J. Berry, del departamento de Biología del University Collage de Londres, que lleva por título Darwin fue respetado por religiosos de su época (Nature (2009) 462:441.
Esta carta muestra aspectos muy interesantes del pensamiento de algunos clérigos destacados contemporáneos a Darwin. He aquí algunas de las frases que entonces escribieron:

Nunca antes, hasta entender las teorías de Darwin, había sentido tanta grandeza y bondad infinita en Dios

Reverendo Charles Kingsley, profesor en la Universidad de Cambrigde, 1863.

Habría sido una pena si alguien hubiese dado credibilidad a la loca idea (a la cual no contribuyó para nada Darwin), de que obligatoriamente existe un conflicto entre el conocimiento de la naturaleza y creer en Dios

Frase pronunciada por Harvey Goodwin, obispo de Carlisie, tras los funerales de Darwin en la abadía de Westminster.

La doctrina de la evolución devuelve a la ciencia de la naturaleza la unidad que se espera de una creación divina

Frederick Temple (1884), arzobispo de Exeter y futuro arzobispo de Canterbury.

El darwinismo es un amigo disfrazado de adversario

Aubrey Moore, teólogo de la Universidad de Oxford.

En su carta, el Dr. Berry, nos señala, que a la vista de los descubrimientos que la ciencia iba haciendo, los autores de la obra Fundamentals (una serie de libritos cristianos publicados en EEUU entre 1910 y 1915) se mostraban felices al incluir a la evolución como uno de los mecanismos que emplea Dios en su proceso de creación.

Lo que ahora entendemos como “creacionismo” nació en el siglo XX, especialmente después de los esfuerzos del pastor adventista canadiense George McCready, el cual escribió en 1923 una obra sobre geología bíblica denominada The New Geology. A pesar de que esta obra lleva refutada varias décadas, muchos de los argumentos que utilizan los literalistas bíblicos fueron escritos por vez primera en esa obra.

Finalmente el autor de esta carta nos indica que lo que en ella expuesta no significa que no existan personas religiosas que vean a la evolución como algo negativo, ni que todas las personas que apoyan la evolución miren con buenos ojos la religión; sino que es una llamada de atención a que es necesario tener en cuenta nuestro ámbito cultural a la hora de ser objetivos.

Entradas relacionadas:

  1. 1 diciembre, 2009 a las 14:37 | #1

    Muy muy interesante documento este que nos presenta R. J. Berry, que demuestra que no sólo no debe haber conflictos entre ciencia y religión sino que además muchas de las posturas de los religiosos del SXIX eran abiertas hacia la comprensión de la Teoría, cosa que de otra parte me ha dejado bastante sorprendido ya que en pleno siglo XIX lo lógico es que la teoría cayera como un jarro de agua “bien fría” en el sector religioso de la sociedad Inglesa y/o Europea, aunque por otra parte esa misma sociedad (Victoriana) que veía la naturaleza como un ente de sangre, dientes y ferocidad, pudo muy bien “entender” el concepto de la “selección natural” incluso en el estrato religioso, cosa que por desgracia no ocurre en algunos casos hoy día (150 años después).

    Leeré los enlaces, creo que deben ser muy productivos.

    Saludos

  2. 1 diciembre, 2009 a las 15:11 | #2

    Interesante y triste a la vez…

    En contra de lo que debería ser la tendencia habitual… parece uqe la iglesia se radicaliza conforme pasan los años en este tipo de asuntos…

    :-S

  3. 1 diciembre, 2009 a las 17:38 | #3

    Sorprendente revelación la de este hombre. Aunque por otra parte, debería ser lo lógico: que ciencia y religión no se enfrentasen, ya que creo que tratan de temas muy distintos… salvo que uno se tope con un literalista bíblico, en cuyo caso ya la tenemos montada, jeje.

    Saludos!

  4. pepe
    1 diciembre, 2009 a las 21:38 | #4

    Muy interesante el post. No puedo evitar sentir envidia de la iglesia de Inglaterra al compararla con la iglesia católica en España. Aquí, en pleno siglo XXI, la iglesia digamos oficial es tan retrógrada y cazurra que no sé si da más pena o miedo. Veáse si no la ‘El Profeta Aneuronado’ de este bog. Por cierto, yo fui otro al que nuestro fundamentalista católico de cabecera editó un comentario para auto-llamarse hijo de puta y que todos vieran que malo era yo (y perdón por el off-topic).

  5. Creata-en-la-cloaca
    1 diciembre, 2009 a las 21:52 | #5

    Pepe, ya vi anoche cómo ese desalmado te editó el mensaje igual que a Carl Cox. Lamentable.

  6. Rawandi
    3 diciembre, 2009 a las 17:55 | #6

    Manuel, no hay contradicción entre los dos hechos: a) La mayoría del clero anglicano reaccionó negativamente ante la teoría de Darwin; y b) una minoría de clérigos anglicanos mostró respeto hacia Darwin.

    Algo similar ocurrió con Galileo en el siglo XVII: a) La mayoría del clero católico le consideraba herético; y b) una minoría de curas (por ejemplo, el fraile B. Castelli) comulgaba con sus ideas copernicanas.

    Lo que nadie sensato debería negar es el conflicto entre la ciencia y la religión, pues se trata de un conflicto generado por el hecho de que todas las religiones son pseudociencias. Si a cualquier religión le quitamos su parte pseudocientífica (o sea, sus afirmaciones fácticas totalmente inverosímiles, como por ejemplo la resurrección de Jesús o el viaje de Mahoma montado en un caballo volador), entonces ya no estamos ante una religión. Así de sencillo.

    Todos los “acomodacionistas” (como S. J. Gould, F. J. Ayala, M. Ruse, etc.) incurren en la falacia de la redefinición, al pretender que llamemos “religión” a lo que en realidad es “ética”. Insisto: Si a una religión le quitas sus milagros, lo que queda ya no es religión.

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