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Historia de la homosexualidad contada para fundamentalistas (5ª y última parte)

Por Rhay

Finalizamos esta serie con un último artículo sobre las últimas conquistas del movimiento LGTBI y las consiguientes reacciones de distintos grupos retrógrados. ¡Esperamos que os haya gustado este breve repaso!

13. Despatologización de la homosexualidad.

Con la aparición del psicoanálisis en la década de 1890 se produjo un cambio de la percepción de la homosexualidad como una conducta viciosa, pecadora o delincuente para pasar a ser tratada como una enfermedad mental. Esto supuso una losa de dimensiones importantes, porque ya no sólo se tenía que luchar contra los estamentos políticos y eclesiásticos, sino que ahora también se tenía que luchar contra la comunidad psiquiátrica. Los homosexuales, incluso en los lugares donde no era delito, corrían el riesgo de que se les intentara “curar”. Muchos de ellos fueron internados, voluntaria o forzosamente, en centros psiquiátricos en donde eran sometidos a “terapias de reorientación sexual”, que incluían métodos tan “infalibles” como el electroshock o la lobotomía a lo largo del siglo XX.

El primer paso hacia la despatologización de la homosexualidad se produjo en 1973, cuando la Asociación Americana de Psiquiatría (APA) votó de manera unánime sacar la homosexualidad de la sección “desviaciones sexuales” de la segunda edición del “Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales”. Esta decisión se confirmó oficialmente por mayoría simple de los miembros generales de la APA en 1974, en donde se decidió sustituir ese diagnóstico por la categoría más suave de “perturbaciones de la orientación sexual”, el cual se sustituiría en la tercera edición por el término “homosexualidad egodistónica”, que terminó eliminándola de la lista en la revisión que se hizo de esa misma edición en 1986.

El 17 de mayo de 1990, la Organización Mundial de la Salud (OMS) retiró la homosexualidad de la “Clasificación Estadística Internacional de Enfermedades y Otros Problemas de Salud”, desposeyendo definitivamente la homosexualidad de cualquier atributo patológico. Esta acción fue seguida posteriormente por la mayoría de las organizaciones médicas del mundo, y así en 1994 lo hizo el Reino Unido, en 1999 el Ministerio de Salud ruso y en el 2001 la Sociedad China de Psiquiatría.

Por primera vez en la Historia, las losas que machacaban la homosexualidad desaparecieron definitivamente aceptándola la sociedad como una forma de vida más, que no tenía nada que ver ni con la depravación, ni con el vicio, ni con la enfermedad mental. Desde entonces, los homosexuales no pueden ser discriminados por considerarlos enfermos o trastornados, ni tienen que sufrir las peligrosas terapias de reorientación sexual.

14. El contraataque de los fundamentalismos monoteístas y los “neocon”.

Como todo no podía ser tan bonito, ante la despatologización de la homosexualidad comenzaron a surgir voces que decían que ésta no se había retirado de las listas de perversiones por motivos científicos, sino por presiones políticas. Dos han sido los grupos más importantes en esta labor: los fundamentalistas provenientes de religiones monoteístas abrahámicas (tanto de las ramas del cristianismo como del Islam), y las corrientes neoconservadoras ultracapitalistas de algunas formaciones políticas.

Atendamos, por tanto, estos dos grupos en dos apartados diferenciados.

Los grupos fundamentalistas monoteístas. Dentro del cristianismo, hay diferentes posturas con respecto a la homosexualidad, desde las más rancias posturas que defienden que la homosexualidad es una depravación a los ojos de Dios, hasta las posturas más tolerantes que han integrado la homosexualidad como una forma de vida y celebran matrimonios entre personas del mismo sexo, e incluso ordenan sacerdotes con una clara orientación homosexual. En la punta de lanza del primer grupo se encuentra sin duda la Iglesia Católica Romana. Si bien es cierto que dentro de la Iglesia Católica hay grupos de personas que luchan por la igualdad, como pueden ser “Somos Iglesia” o la plataforma “Redes Cristianas”, la postura oficial de la Iglesia respecto de este tema se define por el rechazo absoluto de las prácticas homosexuales y la aceptación de homosexuales y lesbianas en su seno siempre que su conducta se mantenga casta. Es decir, dentro de la Iglesia Católica no es pecado ser homosexual, pero sí lo es mantener relaciones homosexuales. Esto lo explica claramente una nota emitida por la Conferencia Episcopal Española en 1994 a raíz de una resolución del Parlamento Europeo sobre la igualdad de derechos de homosexuales y lesbianas, la cual dice: “la inclinación homosexual, aunque no sea en sí misma pecaminosa, debe ser considerada como objetivamente desordenada, ya que es una tendencia, más o menos fuerte, hacia un comportamiento intrínsecamente malo desde el punto de vista moral, […] no se puede legitimar el desorden moral”. Irónicamente, el título de la nota era “Matrimonio, familia y uniones homosexuales”.

Si la interpretación que hace la Iglesia Católica es perversa, mucho más lo es la interpretación que hacen algunos grupos cristianos protestantes. La mayoría de ellos basan su argumentación en la interpretación literal de algunos pasajes de la Biblia, en concreto la “Epístola a los romanos”, y la “Primera epístola a los corintios” de Pablo de Tarso. Para ellos, la homosexualidad es un pecado abyecto que debe ser erradicado, basado en el vicio y la corrupción del alma por parte de Satanás. Estos grupos son especialmente peligrosos en el llamado Cinturón Bíblico de los Estados Unidos, así como en algunos países de América Latina, en donde el sometimiento de la Iglesia Católica durante siglos ha permitido el avance de una nueva “concepción del cristianismo” entre las clases más populares, inculcando por tanto todas sus doctrinas represoras entre la población.

No obstante, dentro de las corrientes cristianas también hay congregaciones que han aceptado la homosexualidad como una forma de vida normal. Tales son el caso de la Iglesia Anglicana, de la Asociación Unitaria Universalista y de gran parte del movimiento cuáquero. Dentro de estos últimos hay una profunda división entre los cuáqueros “liberales”, que aceptan la homosexualidad sin trabas, y que están concentrados sobre todo en el Canadá, Australia y Nueva Zelanda, y los cuáqueros “evangelistas” o “conservadores”, que la siguen viendo como un pecado, y que radican principalmente en los Estados Unidos. La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, conocida popularmente como “mormones”, ejerce un claro rechazo hacia la homosexualidad considerándola un pecado, y haciendo las mismas distinciones de la Iglesia Católica entre “tendencia homosexual” y “acto homosexual”. También los Testigos de Jehová consideran la homosexualidad un pecado, aunque ellos basan sus creencias en los textos del Levítico y la “Primera epístola a los corintios”. En definitiva, aquellas iglesias cristianas que consideran la homosexualidad un pecado, tienden a tener un discurso de compasión hacia las personas gays por considerarlas atrapadas en las manos del Maligno, y su labor es, por consiguiente, la de ayudar a estas personas a librarse de ese mal.

Dentro de las diferentes ramas del Islam también hay diversidad de opiniones respecto de las opciones sexuales, desde las más moderadas encabezadas por la iglesia islámica de Turquía, Indonesia, Argelia y Túnez, hasta las más radicales encabezadas por la sharía (o Ley Islámica) implantada en territorios como Arabia Saudí, Afganistán o Irán.

Tanto el Corán como el Hadiz contienen condenas expresas a la homosexualidad. Dos suras citan la historia del pueblo de Lot y su castigo por practicar la sodomía, y a ella se aferran muchas escuelas jurídicas musulmanas para considerar la homosexualidad como un delito. En concreto, en aquellos países en donde se aplica la citada sharía, el castigo por cometer actos homosexuales es la muerte. Algunos países incluso vetan la entrada en sus territorios a todas aquellas personas homosexuales, como es el caso de Arabia Saudí, y en otros, como es el caso de Irán, la homosexualidad se trata como una enfermedad y se obliga a éstos a someterse a una intervención de reasignación de sexo. Es decir, se considera que todas las personas homosexuales en realidad son transexuales que deben ser tratados médicamente. La gran mayoría de los países musulmanes del mundo tienen en sus cuerpos jurídicos leyes contra la práctica de la homosexualidad, que suele tener como condena el pago de una multa o incluso el internamiento en prisión durante cortas estancias. El caso más aberrante en este sentido es el de Marruecos, que siendo un país netamente occidental, castiga con una pena de tres años de cárcel la práctica de la homosexualidad.

También dentro del judaísmo hay corrientes que, basándose en la Torá, consideran la homosexualidad un pecado, sobre todo dentro del judaísmo ortodoxo y el judaísmo mesiánico, aunque es cierto que el Estado de Israel, profundamente teocrático, tiene leyes que protegen los derechos de los homosexuales. En este sentido, la acción más controvertida fue llevada a cabo por la diputada laborista Yael Dayan, que en sede parlamentaria de la Knesset afirmó en 1993 que el bíblico rey David en realidad era homosexual y mantenía una relación afectiva con Jonatán. Para ello, citaba varios fragmentos del Libro de Samuel, en donde Jonatán le decía a David: “Al finalizar de hablar el joven David con el rey Saúl, Jonatán se encariñó con David, y lo amó Jonatán como a sí mismo.”, y también “Y le dijo: No temas, pues no te hallará la mano de Saúl mi padre, y tú reinarás sobre Israel, y yo seré segundo después de ti; y aun Saúl mi padre así lo sabe”. E incluso en el canto póstumo que David hace a Jonatán después de la batalla con los filisteos: “¡Cómo sufro por ti, Jonatán, hermano mío! ¡Ay, cómo te quería! Tu amor era para mí más maravilloso que el amor de las mujeres”. Concluía diciendo que la interpretación de estas palabras tendría más sentido si en realidad David y Jonatán fueran homosexuales.

Los “neocon”. Los denominados “neocon” son grupos políticos fuertemente influenciados por las tesis más retrógradas de los movimientos cristianos y consideran la homosexualidad como una plaga que ha conseguido formar un lobby de presión política para conseguir sus objetivos. Ven en las luchas de los homosexuales una especie de “normalización” de la conducta desviada de la “natural”, y por tanto recelan de toda aquella familia que no sea la tradicional compuesta por un hombre y una mujer, a ser posible, de la misma raza. Su influencia en algunas zonas de los Estados Unidos es tan grande, que han conseguido tirar para atrás leyes de unión civil de parejas del mismo sexo, así como cualquier intento por parte de los grupos de liberación gay de normalización. Se definen por ser grupos extremadamente ultracapitalistas, que defienden un modelo patriarcal en donde cada uno de los dos sexos tiene unas funciones dadas por el género de nacimiento que no pueden cambiar. Esta visión no dista mucho de la que tenían los fascistas de principios del siglo XX, en donde quien traía los dineros a casa era el hombre, mientras la mujer tenía como función genética la de atender la casa y a los hijos.

Como se puede ver en este capítulo, ambos grupos están interconectados entre sí, aprovechándose de su influencia religiosa para implantar de forma legal sus postulados, lo que hace que la lucha de los homosexuales en algunos puntos del planeta sea todavía ardua al encontrarse de frente con un modelo patriarcal compacto y hermético que no permite la entrada de modificaciones de ningún tipo.

14. La última conquista… por ahora: el matrimonio homosexual y la equiparación de derechos.

El movimiento LGTBI lleva luchando por la equiparación de derechos desde el siglo XIX, y como consecuencia de esto, la Declaración Universal de los Derechos Humanos recogió esta reivindicación. Los artículos 1 y 2 de la citada Declaración, dicen:

Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.

Toda persona tiene los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición.

Una vez que en toda Europa y casi toda América se consiguiera la despenalización de la homosexualidad, aunque no sin algunas dificultades en países tan democráticos como los Estados Unidos, donde tuvo que ser el Tribunal Supremo el que derogara las leyes que condenaban la sodomía en algunos Estados todavía en el año 2003, la siguiente lucha de los grupos de liberación a finales del siglo XX y principios del XXI fue, además de luchar por la despenalización de la sodomía en el resto del mundo, conseguir el reconocimiento de las uniones civiles y los matrimonios entre personas del mismo sexo para equiparar los derechos de los homosexuales a los del resto de las personas en materias tan básicas como la herencia, los beneficios fiscales, el acceso a la seguridad social del compañero, o incluso el derecho de pensión de viudedad.

El primer Estado del mundo en reconocer los matrimonios homosexuales fueron los Países Bajos en el año 2001. A Holanda, le siguieron Bélgica (2003), España y el Canadá (2005), Sudáfrica (2006), Noruega y Suecia (2009), y Portugal, Islandia y la Argentina (2010). También se reconoce el matrimonio en México D.F. y en seis Estados de los Estados Unidos. En este último país continúa todavía la lucha jurídica y política, ya que los primeros matrimonios no fueron producto de legislaciones que lo permitieran, sino de resoluciones judiciales que terminaron con la discriminación en sus respectivos Estados. Y mientras que en Estados como Vermont o Nueva Jersey se ha aprobado una forma de unión civil con restricciones, por ejemplo, a la adopción, en treinta Estados se aprobaron enmiendas constitucionales que prohíben de forma explícita el matrimonio homosexual, de los cuales veinticinco tienen leyes específicas que circunscriben el matrimonio a la unión de un hombre con una mujer. El caso más sangrante es el del Estado de California, que tras aprobar el matrimonio homosexual se volvió a prohibir en una enmienda constitucional en el año 2008.

El debate sigue abierto en gran parte del mundo, ya que mientras en algunos países se están aprobando leyes de unión civil que equiparan en derechos a las parejas heterosexuales, excepto en el nombre, en otros se están aprobando fórmulas intermedias de unión civil que tienen restricciones. Algunos abogados civiles consideran estas restricciones como un claro ejemplo de la “tiranía de la mayoría” en acción.

El camino que los homosexuales hemos hecho en nuestra Historia ha sido largo y muy duro. Hemos sido objeto de vejaciones, de leyes injustas, de la ira de los dioses, de la sinrazón humana en su máxima expresión, de la perversión de la medicina, de los fundamentalismos más extremos… pero aún queda mucha lucha por delante en muchos aspectos. Todavía nuestra equiparación no es plena con los heterosexuales, mucho menos la de las compañeras lesbianas, que a su lucha contra la discriminación por razón de opción sexual tienen que añadir su lucha contra el patriarcado que las quiere quietecitas y modosas en sus casas, o la de las personas transexuales e intersexuales que todavía tienen que luchar contra el estigma de la patologización. Así que la próxima vez que te sientas escandalizado cuando veas a dos hombres caminando cogidos de la mano, o una marcha del Orgullo Gay, piensa por qué todavía tenemos que salir a la calle.

 

Capítulos anteriores:

  1. 27 diciembre, 2011 a las 7:27 | #1

    Compañeros de este blog: hace ratote ya sin leerlos y hoy en la tarde estuve leyendo sus notas, como antaño.

    Les comparto el siguiente link con imagen del peligro que pende sobre México: quieren dar carta abierta al clero católico -vía constitucional- para que intervenga en diversos ámbitos de la vida pública, social y política de mi nación: http://twitpic.com/7z6n55

    ¿Recuerdan la nota de las mujeres conservadoras de Guanajuato quemando libros de educación secundaria de biología? Bueno: pues se vendría peor la cosa, algo parecido al sueño húmedo de la tal Logos77 de fundamentalizarlo todo O_ó

    Saludos rengados, soy Mineko Kia.

  2. J.M.
    27 diciembre, 2011 a las 8:29 | #2

    Hola Mineko, gracias por tu siempre agradable visita, así como por el enlace.

    Esperemos que podáis frenar la injerencia clerical en la vida pública. Ánimo y aquí nos tienes…

  3. Persona
    27 diciembre, 2011 a las 8:58 | #3

    Excelente serie Rhay, muy valiosa aportación a las series que aparecen en la columna de la derecha, justico debajo del apartado de principal. Administradores con esto no os digo ná pero os lo digo tó, eso si, sin presiones (hale hale, que ya tardais).

    Sun saludo.

  4. J.M.
    27 diciembre, 2011 a las 13:02 | #4

    Persona :

    Excelente serie Rhay, muy valiosa aportación a las series que aparecen en la columna de la derecha, justico debajo del apartado de principal. Administradores con esto no os digo ná pero os lo digo tó, eso si, sin presiones (hale hale, que ya tardais).

    Sun saludo.

    Oido cocina! :mrgreen:

  5. 27 diciembre, 2011 a las 13:05 | #5

    Muy bueno. Lo comparto en feisbu. Gracias.

  6. 27 diciembre, 2011 a las 14:48 | #6

    Excelente final de serie, Rhay. Muy recomendable. Simplemente un pequeño apunte cuando hablas del islam. En el islam no existen “iglesias”, sino ramas o escuelas. Y no es el Hadiz, sino los Hadices. Un hadiz es un dicho de Mahoma, en el texto creo que te refieres a la colección de hadices. Pero vamos, pecata minuta.

  7. 27 diciembre, 2011 a las 17:50 | #7

    Efectivamente, Javi. Es como tú dices. Usé mejor el término “iglesia”, porque me parecía más adecuado para una religión que “escuela”, que al menos para mí tiene una connotación distinta. Pero estás en lo cierto.

    Muchas gracias a todos los que habéis leído mis desvaríos sobre este tema. Es algo que me toca tan de cerca, que hay veces que me ha podido la subjetividad, pero creo que está bien que por fin se ponga negro sobre blanco algo que hasta ahora ha sido más implícito que otra cosa, y es que la homosexualidad es una cualidad del ser humano tan antigua como éste mismo. Gracias por haberme permitido hacerlo en tan excelso lugar. Ha sido todo un honor.

  8. 27 diciembre, 2011 a las 18:01 | #8

    Rhay:
    Solo me queda decir, Bravo y Gracias. Fue un excelente paseo por la historia.
    Y espero que no sea lo ultimo que publiques.
    Saludos.

  9. 27 diciembre, 2011 a las 18:22 | #9

    Me ha gustado mucho la serie, aunque puntualizaría que el “reparto de tareas” tradicional que mencionas no es exclusivo de la ideología fascista ni mucho menos, por desgracia fue y sigue siendo algo bastante transversal en el aspecto ideológico.

    Y os quería aportar algo que os va a encantar (IRONIC mode: FULL)

    http://actuable.es/peticiones/la-homosexualidad-es-enfermedad-dejad-vender-libros

    Dadle difusión, que esto mañana debería estar en los periódicos.

    Saludos!

  10. 27 diciembre, 2011 a las 18:44 | #10

    Acabo de firmar la petición, y de difundirla en mi face y mi twitter. Es una puta vergüenza que todavía se siga con esta puta lacra. Hostia puta… Cagonlaputadoros… Perdón, perdón, es la glucosa, que me sube con estas cosas…

    Con respecto a lo que dices del reparto de tareas, si te das cuenta no lo digo sólo de los fascismos, sino de todas las sociedades patriarcales en general, y en concreto del patriarcado capitalista instaurado en todo el mundo occidental. Se me viene a la mente como ejemplo muchas películas de Doris Day, en las que las señoras se dedicaban o a su casa, o si trabajaban fuera, era en tiendas de moda o de decoración, mientras que sus compañeros de reparto trabajaban en las altas finanzas, las grandes empresas y cosas por el estilo. Ese cliché no ha cambiado tanto como nos creemos. No hace mucho veía con estupor un anuncio de una marca de productos para el cabello (Tresemmé, me parece que se llama) en donde al coger una chica un bote de champú aparece un estilista marcadamente mariquita diciendo algo así como que ese producto es para profesionales… Es decir, en pleno año 2011 todavía se usa el cliché del “trabajo femenino” asociado a hombres homosexuales. Yo os aseguro que tengo, que yo recuerde, seis amigos peluqueros y estilistas, y sólo uno de ellos es homosexual. Y es que el hábito no hace al monje.

  11. 27 diciembre, 2011 a las 18:59 | #11

    Ok Rhay, quizá en una primera lectura puede parecer que quieres decir otra cosa.

    Por cierto, donde mejor he visto yo representado lo que es una sociedad tremendamente machista es en Mad Men, sobre todo en la primera temporada. Las películas de Doris Day son un juego de niños comparadas con eso.

    Saludos.

  12. 27 diciembre, 2011 a las 19:07 | #12

    Por cierto, #Nomecures trend topic en España ahora mismo.

  13. Nelson
    27 diciembre, 2011 a las 20:32 | #13

    Rhay :
    No hace mucho veía con estupor un anuncio de una marca de productos para el cabello (Tresemmé, me parece que se llama) en donde al coger una chica un bote de champú aparece un estilista marcadamente mariquita diciendo algo así como que ese producto es para profesionales… Es decir, en pleno año 2011 todavía se usa el cliché del “trabajo femenino” asociado a hombres homosexuales.

    Igual de denigrante es un comercial de snickers, donde una nena disfrazada de Jessica Rabbit se cae de la bicicleta y empieza a lloriquear, hasta que se come el chocolatito de marras y se transforma en niño, dando el mensaje de que quejarse y lloriquear es “femenino”. Y lo dan en los canales infantiles.

  14. luis hector
    27 diciembre, 2011 a las 22:40 | #14

    Hola Rhay Tengo para mi, que esta excelente serie que has publicado, se acerca mas a una historia de la intolerancia. Intolerancia que nos ha privado (robado) la posibilidad de repensar que es esto de ser homosexual. Se me ocurrió al leer tus artículos, Un abrazo a todos y buen año.

  15. Persona
    27 diciembre, 2011 a las 23:16 | #15

    ¿Ya te viste el documental “The celluloid closet” o no Rhay? Se quedó la pregunta un poco en el aire la última vez.

    Sun saludo.

  16. 28 diciembre, 2011 a las 0:11 | #16

    Lo tengo en todos los formatos posibles, y tanto en inglés como en castellano, para no perderlo. Me encantó, porque salían muchas de las películas que cuando las había visto me dije a mí mismo “pero si ese personaje es un poco mariquita…” El caso de Ber Hur fue de traca, por cierto…

  17. 28 diciembre, 2011 a las 0:12 | #17

    Perdón, Ben Hur

  18. 28 diciembre, 2011 a las 1:13 | #18

    Rhay, recién salido de un mes de diciembre opositor del que (ya puedo decirlo) he salido con éxito, por fin he tenido tiempo de leerme tu serie de artículos. En primer lugar enhorabuena, me han encantado. Y en segundo lugar gracias por el regalo, has subido el nivel del blog. Yo no puedo votar, por aquello de ser administrador. De no ser por eso, te daba mi voto para la sección del mejor artículo del año. Sin duda.

  19. Persona
    28 diciembre, 2011 a las 2:07 | #19

    Entre tu y yo Rhay, me alegraría saber que a Charlon Heston se le sube la bilis cada vez que se acuerda. Lo que más me gusta del documental es la manera en que relata como la inteligencia sortea y al final prevalece sobre los prejuicios.

    @Manuel, no te asustes pero precisamente esta mañana leyendo la página con el café me estaba acordando de tu oposición, de hecho le estaba dando vueltas a como abordar el tema porque al no saber nada me empezaba a preocupar. Enhorabuena caballero, no creo que a nadie le pille por sorpresa tu éxito pero siempre hay que reconocer el merito que conlleva. Una vez más, mi más sincera enhorabuena.

    Sun saludo.

  20. Oletros
    28 diciembre, 2011 a las 10:00 | #20

    Excelente serie.

    Sólo un comentario, no entiendo qué quieres decir exactamente con esto:

    “o la de las personas transexuales e intersexuales que todavía tienen que luchar contra el estigma de la patologización.”

  21. Alberto
    28 diciembre, 2011 a las 10:49 | #21

    He encontrado interesante y relacionado con esta serie el siguiente artículo: http://www.gettingit.com/article/56

    Habla sobre ritos tribales homosexuales de algunas tribus de Nueva Guinea

  22. 28 diciembre, 2011 a las 15:27 | #22

    Hola, Oletros. En casi la totalidad de los países más o menos occidentales y más o menos democráticos, una persona transexual tiene que pasar por el psiquiatra antes de hacerse una reasignación de sexo. Se considera por tanto que la transexualidad se continua considerando una patología psiquiátrica, y su cura es el cambio de sexo. Esto es una aberración, porque las personas transexuales no están enfermas. Bastante problema tienen encima habiendo nacido con el sexo equivocado como para que también los traten de locos. Además, la transexualidad padece como pocos colectivos este estigma unido al del patriarcado, en el sentido de que a muchas transexuales sólo les queda la prostitución como medio de vida. Consideramos que esto es injusto, excluyente y discriminatorio.

    El caso de los intersexuales pasa un poco lo mismo. Para que en tu documentación aparezca “sexo indefinido”, tienes que pasar por un psiquiatra. Es decir, como en el caso de los transexuales, a los intersexuales también se les trata como a enfermos, cuando la realidad nos dice que no es así. Por lo tanto, el estigma de la patologización pende sobre muchas personas cuya orientación sexual no es la establecida por el estándar moral actual. Y debemos acabar con ello.

    Manuel, me alegro enormemente que hayas sacado adelante las opos, tío. Nos hacen falta científicos válidos y lúcidos en este país. Vais a ser vosotros los que nos vais a sacar de la crisis, así que, como dijo Amundsen en al anuncio donde reclutó a su tripulación para el Polo Sur, “el sueldo es bajo, las posibilidades de morir muchas, ofrecemos grandes aventuras”.

  23. 28 diciembre, 2011 a las 15:52 | #23

    Yo siempre tuve la idea de que esas sesiones de psicoanalisis iban encaminadas a lo que llaman “enrutacion” al nuevo estilo de vida. Crei que se debia a algun tipo de casos de stress postraumatico como consecuencia del cambio de sexo, y a lo relacionado con el individuo y su entorno, y no tanto con afán de hacerlo desistir.

  24. Oletros
    28 diciembre, 2011 a las 16:09 | #24

    Rhay :
    Hola, Oletros. En casi la totalidad de los países más o menos occidentales y más o menos democráticos, una persona transexual tiene que pasar por el psiquiatra antes de hacerse una reasignación de sexo. Se considera por tanto que la transexualidad se continua considerando una patología psiquiátrica, y su cura es el cambio de sexo. Esto es una aberración, porque las personas transexuales no están enfermas. Bastante problema tienen encima habiendo nacido con el sexo equivocado como para que también los traten de locos. Además, la transexualidad padece como pocos colectivos este estigma unido al del patriarcado, en el sentido de que a muchas transexuales sólo les queda la prostitución como medio de vida. Consideramos que esto es injusto, excluyente y discriminatorio.

    Hombre, yop creo que precisamente esas visitas lo que hacen es corroborar que no sufre una patología psiquiátrica y que sí se debe realizar la reasignación de sexo.

  25. 28 diciembre, 2011 a las 17:26 | #25

    La transexualidad está considerada todavía como un trastorno mental por prácticamente la totalidad de asociaciones de psiquiatría del mundo, por eso tienen que pasar por un psiquiatra, no para descartar otra patología, sino para diagnosticar la transexualidad.

  26. Shaper
    29 diciembre, 2011 a las 22:14 | #26

    Buenas noches.

    No se cuántos de vosotros conocéis a Luis Alfonso Gámez. Escribe regularmente en el Correo de Bilbao y tiene un grán p`rograma en ETB que se llama escépticos. Defiende el escepticismo y el pensamiento razonado y razonable y los programas disponibles online son dignos de ver.

    Ha publicado una artículo en su blog que a mi modo de ver es bastante desacertado. No por el tema de fondo (la homosexualidad, por eso lo meto en este post) si no por la pobre argumentación y la lectura parcial que hace de la situación. Me gustaría conocer vuestra opinión al respecto y (si no es mucho pedir) proponer un post al respecto. Se acusa demasiadas veces de inquisidores y fascistas a los que nos oponemos a las terapias y alternativas (por el lucro y el daño que hay de por medio).

    El artículo en cuestión:

    http://blogs.elcorreo.com/magonia/2011/12/29/y-si-manana-la-masa-enfurecida-pide-a-el-corte-ingles-y-la-casa-del-libro-que-no-vendan-obras-ateas-y-escepticas/

    Un saludo

  27. Uri
    29 diciembre, 2011 a las 23:02 | #27

    No creo que la homosexualidad y la transexualidad tengan nada que ver.
    Debo reconocer que en lo tocante a la transexualidad me cuesta entender que es eso del sexo equivocado. Mas que nada porque el proceso de cambio de sexo no es ninguna broma.
    En ese sentido, supongo que tambien hay cierta falta de analisis puesto que jamas me he preguntado si mi sexo era correcto o equivocado, simplemente me toco el que me toco.
    Y puesto que fuera del ambito fisico, a mi personalmente las diferencias entre hombre y mujeres me parecen artificiales, siendo ademas una obviedad que la transexualidad implica un no aceptacion del propio cuerpo.
    Es decir, no imagino como algo traumatizante el tener el cuerpo de una mujer (o viceversa, segun sea tu sexo).Evidentemente si seria extraño ahora porque vivi bastantes años siendo hombre, pero de haber nacido mujer ¿Que es lo que me indicaria que mi sexo esta equivocado?
    ¿Mi orientacion sexual? No, porque ya sabemos que los homosexuales no tienen ningun problema en cuanto a la aceptacion de su propio sexo.
    No creo que mi actitud ante la vida, mi filosofia, mi caracter, en resumen mi forma de ser pudiera canviar en nada por el hecho tener un cuerpo femenino.
    Digamos que me resulta misterioso, es como si alguien me digera que su color de piel esta equivocado, su altura equivocada o su color de ojos incorrecto.

    No se realmente a que puede deberse el hecho de que alguien tenga ese sentimiento de que algo no esta bien, que es incorrecto que esta equivocado. Porque realmente desconozco cual es el proceso por el que yo siento que mi sexo es correcto, mas alla de por una cuestión de costumbre.

  28. J.M.
    30 diciembre, 2011 a las 0:48 | #28

    Shaper :

    Buenas noches.

    No se cuántos de vosotros conocéis a Luis Alfonso Gámez…

    Le conocemos, incluso ha escrito alguna vez en este blog. No tengo muy clara mi postura, pero me planteo los mismos interrogantes. No me gusta prohibir partidos políticos, secuestrar periódicos ni quemar libros. Me da muy mal rollo. También entiendo el efecto Streisand, y a veces se les hace más un favor que un boicot.

    Sin embargo, también pienso en lo que se hubiera ahorrado la humanidad si el partido nazi no hubiera concurrido a las elecciones alemanas en su momento ¿o a lo mejor no?

    Sin duda, defiendo que lo mejor para combatir estas cosas es argumentar, criticar y educar, no cerrar bocas.

    Saludos.

  29. 30 diciembre, 2011 a las 1:47 | #29

    A mi me parece muy sensato el artìculo del señor Gàmez.

  30. 30 diciembre, 2011 a las 2:00 | #30

    He aprendido mucho con tu trabajo, Rhay, y he de decir que tengo amigos homosexuales y lesbianas que ya me habian platicado varias de las cosas que tù escribes pero sin la posibilidad de un rigor claro como el que pones aquì.

    Para el lunes un escrito de mi parte sobre este asunto de la censura.

  31. 30 diciembre, 2011 a las 9:58 | #31

    He publicado un comentario en el artículo de Luis Alfonso Gámez que creo que también casa perfectamente con el debate que estamos teniendo aquí, así que os lo “copio y pego” con vuesto permiso:

    “El artículo es sensato y está bien argumentado, pero yo no estoy completamente de acuerdo.

    La libertad de expresión no puede entenderse como el “todo vale”, aunque el es cierto que establecer sus límites es un ejercicio muy difícil y con el que hay que tener mucho cuidado, pues como bien dice el artículo puede llevarnos a la censura con mucha facilidad. Sin embargo en mi opinión este libro sobrepasa este límite, pues tratar la homosexualidad como una enfermedad representa un peligroso ejercicio de estigmatización de un colectivo que aún hoy en día tiene que pelear por sus derechos, que no son más que los mismos que tenemos los que no pertenecemos a él.

    Cuando yo tenía 15 años los homosexuales no existían. No había ningún homosexual en mi instituto, ni en mi barrio, ni en el Ayuntamiento de mi ciudad, tampoco los encontraba en los bares a los que empezaba a salir ni en los autobuses públicos, ni en las plazas, ni en las playas, ni en ningún otro sitio. No estaban, ni se les esperaba. Estamos hablando de 1992, no de 1816.

    Pasaron años hasta que ví por la calle a la primera pareja de hombres cogidos de la mano, y reconozco que, aunque no me pareció mal en absoluto, me chocó. Nunca lo había visto. Hoy en día el ser o no homosexual tiene la misma importancia que el que te guste vestir con vaqueros o con pantalones de lino (al menos en los círculos en los que yo me muevo): amigos de toda la vida tienen pareja del mismo sexo, voy a bares no considerados “de ambiente” en los que puede haber dos chicos besándose al lado mío y hasta alguna vez he echado un cable a alguna amiga a “entrarle” a otra chica. Al final, resulta que sí estaban, lo que ocurría es que no les dejábamos mostrarse. O no queríamos verlos.

    Ese cambio de mentalidad tan grandísimo, y conseguido en tan pocos años, es en realidad una conquista muy frágil y que puede echarse a perder sólo con un poco de desinformación sostenida en el tiempo. Por eso me parece bien que un libro como este se encuentre con el rechazo de todos.

    La diferencia para mí está clara. Un libro sobre OVNIS o reptilianos defiende una tesis que se puede rebatir con argumentos. Un libro sobre la conveniencia de sustituir los medicamentos por la oración es un peligro para la salud pública. Yo creo que ahí está el límite, y este libro lo sobrepasa.

    Otra cosa es plantearse la siguiente pregunta: ¿deberíamos realizar un ejercicio de censura previa por el cual no se permitiese la publicación de libros de esta clase? Yo creo que no, y por una sencilla razón: los límites de lo que es lo aceptable o no dentro de la libertad de expresión los debemos poner entre todos, y además deben ser objeto de debate permanente y continuado; y es obvio que si el libro no se hubiera publicado no se podría mantener este debate.

    Además, ¿a quién le damos el poder de decidir qué libro vale o no vale? Me da miedo recordar lo que ocurre cuando se cede esa clase de poder a personas individuales. La masa enfurecida se equivoca, pero también tiene mecanismos de autoregulación como demuestra este mismo artículo. Los poderes individuales no.”

    Un tema para darle muchas, muchísimas vueltas.

  32. J.M.
    30 diciembre, 2011 a las 12:06 | #32

    Muy bueno, Javi, me parece genial tu reflexión. Especialmente me ha gustado mucho la diferencia que estableces entre censura y rechazo por la sociedad.

    Trasladándolo al ejemplo que yo ponía, sería el equivalente a legalizar un partido político, pero permitir que un pueblo (y no su alcalde o el estado) no quiera que celebre un mititn electoral en su territorio.

    También he leido un comentario muy acertado en Magonia, que compara el librito en cuestión con una power balance: el autor no se ha limitado a dar una opinión, sino que afirma que puede curar la homosexualidad, inventándose de esta forma una cura para una enfermedad que no existe. ¿Que diferencia hay entre pedir el cese de ventas de pulseras falsas con pedir el cese de ventas de tratamientos falsos? Estaríamos ante el mismo caso con la única diferencia de que está en un soporte diferente.

    Como dices, un tema para darle muchas vueltas…

  33. 30 diciembre, 2011 a las 12:55 | #33

    Efectivamente, Uri, la homosexualidad y la transexualidad no tienen nada que ver. Son dos realidades del ser humano que tienen como nexo común la opción sexual y la aceptación de la propia sexualidad, pero los procesos psicológicos de aceptación del propio yo son muy distintos. En el caso de la homosexualidad, es un proceso interno, esto es, la persona homosexual consciente de su propio cuerpo y su propio género acepta su orientación sexual y continúa viviendo su vida, mientras que en el caso de la transexualidad el proceso no es sólo interno, sino también externo, es decir, que habiendo aceptado su orientación sexual y habiendo aceptado su propia sexualidad, los órganos sexuales no coinciden con dicha opción, es decir, el género no coincide, y por lo tanto hay un problema añadido que sólo se puede solucionar, en la mayoría de los casos, con cirugía. Digo en la mayoría de los casos, porque también hay transexuales que no se someten a una reasignación de sexo. Se me viene a la cabeza ahora mismo el caso de la señora Kim Pérez, una maestra andaluza, que incluso ha conseguido cambiar su sexo en los documentos oficiales, pero que no se ha sometido a ninguna intervención.

    Homosexualidad y transexualidad tienen otro nexo común, y es que los procesos psicológicos de aceptación pueden provocar enfermedades psiquiátricas, como puede ser la depresión, pero en la gran mayoría de los casos estos problemas no se generan por la propia aceptación, sino por el conflicto entre el yo interno y el yo externo, es decir, el conflicto entre cómo nos vemos nosotros y cómo nos ven los demás. En este punto acepto que se dé la intervención de un profesional de la psiquiatría que ayude a conjugar esta dicotomía. El problema es que la psiquiatría actual trata la transexualidad como un todo, es decir, los problemas de salud mental vienen dados por una disfunción en la identidad de género, que es el origen de todos los problemas posteriores, ergo la transexualidad, en sí misma, es una patología psiquiátrica que desencadena en el individuo el resto de problemas añadidos. Esto es una aberración que condena a todo un colectivo al estigma de la patologización. Es, mal comparado, como si dijéramos que el pelo rizado, en tanto que tara genética, es una disfunción que puede provocar depresión en quien tiene el cabello así, y que su tratamiento es el alisado japonés. Insisto en que es una comparación burda, quiero que se me entienda.

    La patologización del género es un arma muy peligrosa, que puede traer como consecuencia situaciones tan brutales como la de Irán, en donde a todos los homosexuales masculinos, o se les mete en la cárcel, o se les obliga a cambiar de sexo, y esto pasa sólo si tratas el género y la orientación sexual como una patología.

    No he leído el artículo de Luís Alfonso Gámez, y cuando lo haga daré mi opinión, pero dudo mucho que Gámez considere la homosexualidad una enfermedad.

  34. 30 diciembre, 2011 a las 12:56 | #34

    Creo que me han mandado un post al limbo… ¿Lo podéis recuperar? Thanks!!!

  35. 30 diciembre, 2011 a las 13:05 | #35

    Muchas gracias J.M.

    A mí también me parece acertada la comparación con la Power Balance, creo que da en el clavo con este asunto salvo por el detalle de que la Power Balance sí se podría “censurar” previamente de manera legítima exigiendo un simple estudio de su efectividad, mientras que lo adecuado o no de las opiniones expresadas en un libro deben ser sometidas a debate público y por tanto no se puede impedir que el libro se publique (salvo en casos de estar cometiendo delitos claramente tipificados, obviamente).

    Saludos.

  36. J.M.
    30 diciembre, 2011 a las 13:16 | #36

    Rhay :

    Creo que me han mandado un post al limbo… ¿Lo podéis recuperar? Thanks!!!

    Y tan al limbo, te lo había envíado a spam… lamadrequeloparió

  37. 30 diciembre, 2011 a las 13:55 | #37

    ¡Gracias, JM!

    A ver, me acabo de leer el artículo de Gámez y todos los comentarios, y como sospechaba, él no hace apología de la homofobia, ni nada por el estilo. La sensación que me ha quedado es que el artículo es un patinazo antológico de su autor que, bien por desconocimiento de la materia en cuestión, bien por confusión de conceptos, se lanza a la piscina sin flotadores.

    Comparar a un grupo de personas que piden que se retire un libro que es marcadamente pseudocientífico y que ataca frontalmente la dignidad de millones de personas con las turbas fundamentalistas es, como poco, de un desconocimiento importante. Estamos hablando de unos derechos adquiridos muy recientemente que todavía están cogidos con pinzas de forma muy frágil (veremos qué pasa con el matrimonio homosexual con este gobierno y su recurso al Constitucional, que nos podemos ver en la situación de que el TC declare la ley inconstitucional y de repente miles de personas en este país se encuentren -nos encontremos- en una situación de vacío legal), y este libro no es más que un ataque más por parte del patriarcado hacia una opción que se sale de la “norma”. ¿Aceptaríamos que ECI vendiera libros sobre la supremacía blanca, y estos encima estuvieran catalogados en la sección de biología? Si no aceptamos esto, ¿por qué en cambio tenemos que aceptar que este mismo establecimiento venda este libro, y encima nos lo coloquen en la sección de psicología?

    Me parece, además, descabellado, que una persona que ha pedido a grito limpio la retirada de la pulsera Power Balance por inútil y engañosa (cosa con la que estoy de acuerdo), en cambio enarbole la bandera de la libertad de expresión cuando se trata de derechos civiles pisoteados. Dice, además, que los cursos de homeopatía, las pulseritas de marras o los productos milagro son ilegales. Pues no. No son ilegales. Son inmorales, son indecentes, pero son legales (salvo el caso del MMS, que es evidente que es un veneno). ¿Qué juez ha determinado la ilegalidad de la homeopatía? Desgraciadamente ninguno. Y en cambio yo mismo he participado en campañas de envíos masivos de mails a más de un rector solicitando la retirada de tal o cual curso, o solicitando que no se celebre tal o cual evento en la universidad, por considerar que eran un ataque directo a la ciencia y a la realidad. ¿Por qué en este caso te pones en la vanguardia de quien grita “no a la pseudociencia en nuestras universidades” y en este otro caso no? ¿Es que acaso la patologización de la homosexualidad no es una pseudociencia que se está enseñando en muchas universidades (i.e. Aquilino Polaino)?

    Hay derechos que son “más derechos” que otros, y la dignidad del ser humano, junto con su derecho a la vida y a su integridad física y psicológica, son infinitamente más importantes que la libertad de expresión, y creo que con este artículo, Gámez nos está negando este derecho a una parte importante de la población, supongo que inconscientemente.

  38. KC
    16 enero, 2012 a las 16:48 | #38

    “Cuando nos enteramos de que nuestro hijo Luis era homosexual fue un momento muy fuerte. Nos golpeó a toda la familia. Uno no espera una cosa así”*

    Claro, uno no lo espera porque no tiene ni puta idea de cómo funcionan las cosas. Cuando lees, te informas y entiendes cómo funciona la realidad ya no te parece todo tan complicado. Y además dejas de ser un pobre ignorante que ha basado la mitad de los criterios en gilipolleces ajenas. Es decir, la culpa de alguien, si la hay, es del poco y mal informado que además tiende a pensar que sabe lo suficiente para juzgar la realidad.

    Ese no es más que un pobre imbécil que usa a Dios como concepto para medir su dolor, que decía ese genio llamado Lennon.

    Estamos rodeados de analfabetos funcionales. Y lo peor es que muchos de ellos ya peinan canas y aún así siguen siendo igual de analfabetos.

    *Párrafo extraído de la entrevista de este artículo: http://bit.ly/wAY2R4

    Saludos.

  39. J.M.
    16 enero, 2012 a las 18:54 | #39

    Pelín indignado te veo, KC… :mrgreen:

  40. 10 febrero, 2012 a las 22:49 | #40
  41. J.M.
    10 febrero, 2012 a las 22:58 | #41

    Pues mira, esta vez si me adhiero a la sentencia…

  42. 10 febrero, 2012 a las 23:45 | #42

    A mí lo que me flipa es que haya gente que tenga el morro de decir que la homosexualidad promueve la pederastia, es “libertad de expresión”. Sinceramente, hay gente que no tiene muy claro qué es un derecho, y hasta dónde llega…

  43. 11 febrero, 2012 a las 0:25 | #43

    Rhay :
    A mí lo que me flipa es que haya gente que tenga el morro de decir que la homosexualidad promueve la pederastia, es “libertad de expresión”. Sinceramente, hay gente que no tiene muy claro qué es un derecho, y hasta dónde llega…

    Y yo ingenuo, creyendo que esa estupidez homófoba solo sucedía en estos lares :(

  44. 11 febrero, 2012 a las 0:50 | #44

    Amigo Darío, la homofobia no entiende de nacionalidades…

  45. 11 febrero, 2012 a las 0:54 | #45

    Es lo que veo :(

  46. Herbert West
    11 febrero, 2012 a las 2:04 | #46

    Y yo que pensaba que en Suecia estan más avanzados…

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