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La hipótesis de Gaia, o el sensacionalismo de la prensa

19 mayo, 2012

Leía esta tarde un artículo en uno de los periódicos de gran tirada que anunciaba taxativamente “Un método para probar la hipótesis de Gaia”, y subtitulaba sobre cómo un espectacular descubrimiento científico podría probar que la Tierra es un único y gigantesco organismo vivo.

Si hubiera leído el titular en Science, habría acudido a la página correspondiente con una taquicardia de caballo. Siendo un “piríodico”, abrí la noticia con la mente tan abierta como para no sorprenderme de que el descubrimiento consistiera en el fantasma de Fofó integrado en las redes tróficas de los ecosistemas del planeta.

Mitad y mitad: la noticia hablaba sobre la hipótesis Gaia de Lovelock y de cómo, para poder comenzar a tomarla en cuenta, hacía falta descubrir algún tipo de molécula o compuesto mensajero que relacionara todos los ecosistemas y seres vivos del planeta, y de como un equipo de investigadores acaba de poner a punto una técnica para medir los movimientos de azufre por tierra, mar y aire.

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La hipótesis de Gaia y los ecosistemas planetarios

James Lovelock en 2005

James Lovelock

Sin entrar en alucines esotéricos, de esos de los que les encantan a los espiritualistas y exocientíficos, la hipótesis de Gaia, formulada por el bioquímico inglés James Lovelock a finales de los años sesenta del pasado siglo, viene a ser un paso más allá del concepto de ecosistema, que se empezó a desarrollarse unos cincuenta años antes de que el científico inglés propusiera por primera vez su idea del “superorganismo” planetario.

Un ecosistema está formado por un biotopo, la parte “no viva” del entorno, por los organismos vivos que lo habitan (biocenosis) y por todas las relaciones que se establecen entre unos y otros, que lo mantienen en equilibrio. Así pues, un ecosistema no es un paisaje, o un pedazo de terreno, sino el conjunto de todos los componentes -vivos o no- de un sistema que se autorregula mediante complejas interrelaciones. Esta es la verdadera maravilla de la Ecología, y la revolución que supuso para el estudio de la naturaleza: los organismos, las poblaciones, las especies, no sobreviven o mueren de forma independiente, sino dentro de un complicado equilibrio mantenido tanto por ellos como por el resto de componentes del ecosistema. Utilizando un ejemplo muy sencillo, un aumento en el número de predadores en una generación se traducirá en una disminución del número de presas, lo que supondrá escasez de alimento y mayor mortalidad para los predadores, equilibrando su población. Esto, a su vez, permitirá de nuevo la recuperación de las poblaciones de presas, al menos hasta el siguiente ciclo.

La ecología marca aquí otro principio importante: el equilibrio no es estabilidad; todo lo contrario. El equilibrio ecológico debe entenderse como el funambulista que anda sobre una cuerda con una gran vara en sus brazos: cuando se desvía hacia la izquierda, equilibra cargando la vara a la derecha y viceversa. Por pequeños que sean los movimientos, no camina de forma estable, sino equilibrando continuamente las desviaciones.

Sin embargo, pronto comprendieron los ecólogos que la biosfera no consiste en una reunión de diferentes ecosistemas, sino en algo más complejo. No existe el ecosistema cerrado, de tal manera que todos reciben o emiten materia y/o energía desde o hacia otros ecosistemas. Una marisma no se autoalimenta, y su equilibrio depende de los aportes de agua y otros materiales que otros ecosistemas ceden al humedal.

Por ello solemos decir que no comenzamos a comprender la biodiversidad hasta el surgimiento de la biología evolutiva, ni el funcionamiento de la biosfera hasta el desarrollo de la ecología.

La hipótesis de Gaia formulada por Lovelock es una vuelta de tuerca más: postula que el planeta entero puede considerarse un ecosistema global, en el sentido de que los ciclos y relaciones de sus partes estarían interconectados de forma tan universal que toda la biosfera actuaría como un único sistema, autorregulándose. De esta forma, las condiciones físico-químicas del planeta no serían simplemente un escenario donde se desarrolla la vida, sino que litosfera, hidrosfera y atmósfera serían como son debido a la existencia de los seres vivos y sus relaciones, y viceversa. La propia vida mantendría así las condiciones adecuadas para el desarrollo de la misma, mediante un sistema que tiende al equilibrio.

Autorregulación, sistemas y esoterismos

Muchos aspectos de esta influencia global están ampliamente demostrados, como la alta proporción de oxígeno atmosférico gracias a la actividad biótica, la regulación climática mediante el efecto invernadero por el metano de origen biótico, etc. Sin embargo, hablar de un ecosistema y un equilibrio global necesita algo más: debe existir una comunicación real, una relación entre todos los ecosistemas y organismos del planeta para conformar un sistema autorregulado.

Entenderá el lector que todo esto tiene muy poco de esotérico, y mucho de investigación científica, fundamentalmente bioquímica y ecológica. ¿Por qué entonces suena tan magufo eso del “superorganismo Gaia”?.

Fundamentalmente por dos razones: la primera es el mal uso del término “superorganismo” o “ser vivo gigantesco”. El macrosistema Gaia, de existir, sería tan organismo como lo es una selva tropical, una marisma o una charca estacional. Es decir, estamos hablando de un sistema, de un ecosistema o, si apuramos, de un hiperecosistema. Pero no es un organismo vivo.

Un ser vivo es un sistema, pero no todos los sistemas son organismos vivos. Para serlo, debe estar organizado, comunicarse con el entorno, intercambiar con él materia y energía, obtener del medio los recursos nutritivos necesarios y ser capaz de autorreplicarse. Resulta fácil entender que Gaia, de existir, cumpliría varios de los requisitos para ser un ser vivo, pero no todos. Al igual que una selva tropical o una charca estacional.

El segundo de los motivos es la exageración pseudocientífica o directamente esotérica que determinadas personas y movimientos han realizado sobre el concepto de Gaia. De un sistema autorregulado se ha pasado alegremente a postular la existencia de una consciencia planetaria, de un ser vivo que sufre, llora o se alegra y del que formamos parte tanto física como espiritualmente. Aquí abandonamos la realidad para entrar de lleno en el campo de la fantasía.

Por otro lado, y en este aspecto algunos científicos tienen mucha responsabilidad, se han llegado a asignar una serie de características al supuesto sistema global que van muchísimo más allá de las evidencias disponibles o incluso de las sospechas razonables. En este sentido, no es difícil encontrar textos en los que se afirma que la hipótesis de Gaia supone que la vida condiciona y prepara su entorno, al contrario de lo que establece la biología tradicional y, especialmente, la biología evolutiva.

Cualquier sistema autorregulado, sea una pequeña bacteria, un organismo humano, un bosque tropical o la propia biosfera en su conjunto, consiste en un complicadísimo entramado de factores que se encuentran en equilibrio y una no menos compleja serie de procesos y dispositivos capaces de neutralizar las oscilaciones, haciendo que el sistema vuelva al punto inicial o a otro punto de equilibrio. Todo esto, por supuesto, con ciertos límites; no conocemos ningún sistema que no tenga un umbral de no retorno, a partir del cual sus mecanismos homeostáticos resultan insuficientes.

Resulta evidente que esto es una forma de modificar el entorno. Volviendo al ejemplo que usamos más arriba, la simple relación entre la población de predadores  y la población de presas representa una simplificación de un sistema de este tipo: la abundancia de predadores produce la disminución de las presas que, a su vez, provoca la disminución de los predadores, lo que permite que las presas se recuperen.

Ahora bien, decir que estos mecanismos de equilibrio y la existencia de sistemas autorregulados demuestran que el ambiente no influye en los organismos vivos, que la adaptación al medio no existe y que el proceso natural es el contrario, es mucho decir. Estaríamos afirmando que una marisma se ha formado gracias a las modificaciones que los patos han realizado en el ambiente para que sea capaz de sostener sus poblaciones. El problema de todas estas exageraciones, cuando no invenciones, es que hacen un flaco favor a una teoría científica que puede resultar muy interesante para avanzar en nuestro conocimiento de la biosfera.

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La regulación biótica del clima

El artículo al que se refiere la noticia, publicado en PNAS (Proceedings of the Natural Academy of Sciences of United States of America), es muy interesante. Pero no porque pueda demostrar que la madre Tierra sienta miedo y alegría, que todos estemos conectados al espíritu de Gaia o porque la evolución haya consistido en una historia de amor entre todas las criaturas y átomos de carbono del planeta.

Por el contrario, la importancia de la investigación llevada a cabo por Harry Oduro, del MIT y sus colaboradores concierne a la autorregulación de un sistema tan complejo y tan global como puede ser el clima planetario, en el que están implicados los microorganismos marinos.

El dimetilsulfoniopropionato (DMSP) oceánico es un compuesto de azufre producido por diferentes grupos de fitoplancton marino. El DMSP protege a estos organismos de la radiación ultravioleta, así como de otros factores como la congelación o las variaciones bruscas de salinidad. El DMSP se transforma por acción enzimática en dimetil sulfuro (DMS) y ambos son liberados tanto al morir las células fitoplanctónicas; el DMSP liberado también puede ser transformado en DMS por bacterias que lo utilizan como fuente de carbono. El DMS difunde desde al agua a la atmósfera, donde se descompone por oxidación en ácido metanosulfónico (MSA) y partículas suspendidas (aerosoles) de sulfato Estos compuestos actúan como núcleos de condensación de agua, por lo que favorecen la formación de nubes que reflejan la radiación solar y contribuyen a disminuir el calentamiento de la superficie.

Y volvemos al ejemplo del predador y la presa: una gran producción fitoplanctónica de DMS incrementa la nubosidad y el consecuente efecto albedo, reduciendo por lo tanto la radiación solar que alcanza la superficie oceánica y haciendo disminuir así la temperatura del océano. Sin embargo, este descenso de temperatura también reduce el número de fitoplancton productor de DMSP, con lo que la nubosidad disminuye y aumenta la temperatura. De esta forma, se mantiene el equilibrio térmico mediante oscilaciones en uno y otro sentido que son automáticamente corregidas por una mayor o menor producción de DMSP.

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Lo que muestra la investigación

El azufre, al igual que otros muchos elementos químicos, presenta diferentes isótopos. Dos isótopos del mismo elemento tienen átomos con el mismo número de electrones y protones, pero varían en el número de neutrones. Distintos isótopos presentan, por lo tanto,  propiedades químicas idénticas, pero diferente masa.

El equipo de Oduro ha comprobado que las composiciones isotópicas de DMSP varían entre las especies de fitoplancton, y parecen estar relacionadas con algunas rutas metabólicas de estos organismos. Los resultados obtenidos muestran que la composición isotópica de los derivados atmosféricos del DMSP puede estar correlacionada con las condiciones ambientales bajo las que se desarrolla el fitoplancton y/o a diferencias en el ciclo vital de estos organismos.

Para decepción de new-ages,  aún no hemos encontrado la molécula que nos une a la consciencia única de Gaia, pero la importancia de las distintas variaciones isotópicas en la formación de núcleos de condensación, así como su relación con las diferentes condiciones ambientales bajo las que se desarrollan los organismos productores, puede ayudarnos a comprender mejor tanto el funcionamiento del clima terrestre como sus mecanismos de autorregulación en los que intervienen los seres vivos, lo cual tampoco es moco de pavo.

Fuente:

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  1. Isaac
    19 mayo, 2012 en 3:29

    Buuuuuuu…..pensé que por fin se habia descubierto que la madre tierra era un organismo vivo, en toda la extensión de la palabra!!!

  2. Herbert West
    19 mayo, 2012 en 3:59

    Juas, juas.

    Me ha encantado, sobre todo la parte de los patos haciendo marismas.

    La verdad es que la hipótesis de Gaia, entendida como que ninguna zona del planeta es totalmente independiete del resto, me parece muy interesante.

    Ya veremos si se traduce en un mejore entendimiento de la ecología.

  3. Cat77
    19 mayo, 2012 en 6:30

    Lo que pasa es que es más bonito creerse que la madre tierra tiene alma y sufre porque le hacemos daño. El acabose es cuando además se afirma que los círculos de la cosecha son producidos por Gaia intentando llamar la atención de los pérfidos humanos… Corre algún documental por Youtube de los de agárrate y no te menees.

  4. 19 mayo, 2012 en 9:43

    Creo que hipótesis Gaia se está convirtiendo para muchos en una forma de volver al animismo ancestral inventado por nuestra especie en sus albores. Y en la actualidad como la mayor tendencia es la de mezclar ideas y conceptos dispares, creo que se está fusionando con la filosofía que destilaban algunas películas de indios de mi infancia, en donde el anciano gran jefe de la tribu explicaba al hombre blanco la simbiosis de su pueblo con la naturaleza. De ahí al superorganismo planetario con conciencia sólo hay un par de pasos y un poco más de confusión mental y de ansias por creer.

  5. Renzo
    19 mayo, 2012 en 12:00

    Sí, sí, vosotros diréis lo que os dé la gana, pero mis ofrendas de pollo a Pachamama desaparecen misteriosamente cada noche. Seguro que si os digo que tengo gato alguno pensará cualquier explicación absurda para resolver el misterio. Escépticos, que sois unos escépticos.

    ;-DDDD

    Bueno, muy bueno el artículo J.M.

    Saludos.

  6. 19 mayo, 2012 en 13:31

    Un único detalle: has confundido equilibrio con estabilidad. En ecología el equilibrio es el fin último, la muerte, cuando todas las moléculas se disuelven en el medio. La estabilidad es cuando todos los componentes del sistema o varios sistemas están “acoplados”, esta estabilidad puede estar o no cerca del equilibrio. (Fuente: Margalef)
    Muy buen artículo ;)

  7. 19 mayo, 2012 en 16:46

    Muy interesante. No me interesa la magufada de Gaia, sino las consideraciones ecológicas. Me han recordado al tremendo interés que me causó de niño saber que los árboles necesitan la poda en la misma época que los hombres necesitan la leña. O quizá no tiene nada que ver, jajaja. Gracias por el artículo.

  8. Juan de terzas
    19 mayo, 2012 en 17:47

    Brillante artículo… no cabe otra cosa que dar gracias a quien se toma tantas molestias para escribir y enseñar.

  9. 20 mayo, 2012 en 0:20

    Que interesante :) leí cosillas que no sabia, je

  10. libertad
    20 mayo, 2012 en 11:48

    Resumen: “hay que ver que listo soy porque no me cabe en la cabeza que algo que no sea humano o animal tenga algún tipo de consciencia”.

  11. J.M.
    20 mayo, 2012 en 21:45

    libertad :

    Resumen: “hay que ver que listo soy porque no me cabe en la cabeza que algo que no sea humano o animal tenga algún tipo de consciencia”.

    Se te ha olvidado “y porque yo lo valgo”

  12. HL
    21 mayo, 2012 en 0:10

    Stá bueno para entender la cosa de Gaia, por eso lo voté y puse un “me gusta” (soy un chico faze vuk).
    Pero toda esa fantasía cae por sí sola debido a que vivimos en EL Planeta Tierra. No hay madre tierra. Nuestro planeta es machito.Su nombre puede resultar ambigüo, pero hay machos muy machos que se llaman José María.
    Yo no soy nadie, pero hoy una licenciada que busca la posición de la mujer en el siglo XXI dijo en la radio que las mujeres tardaron 20 siglos para hacerse oír. A confesión de parte, relevo de pruebas.
    Soy verde, debemos proteger a nuestro Planeta Tierro.
    JM sos un dios (en un buen sentido metafórico)

  13. Juan de terzas
    21 mayo, 2012 en 0:43

    Sabia yo que no iba a tardar en aparecer un creyente en “la consciencia superior”. ahí se asoma el primero jejeje.

  14. HL
    21 mayo, 2012 en 1:22

    JM sos un dios (en un buen sentido metafórico)
    Quise decir en un cariñoso sentido metafórico.

  15. Cat77
    21 mayo, 2012 en 19:24

    libertad :
    Resumen: “hay que ver que listo soy porque no me cabe en la cabeza que algo que no sea humano o animal tenga algún tipo de consciencia”.

    Hay que ver qué lista es la gente que cree sin prueba alguna en una cosa de la que no tiene ni idea sólo porque suena bonita.

    Sobran los comentarios.

  16. 21 mayo, 2012 en 23:54

    Y, mientras se sigan tomando tan a pecho Avatar…….

  17. guilleemas
    22 mayo, 2012 en 0:52

    Si en vez de ponerle Avatar, James Cameron le hubiera puesto “Híbrido de Danza con lobos y El Abismo”, ¿hubiera causado el mismo impacto?

  18. 22 mayo, 2012 en 15:56

    Te falta “pocahontas” en la mezcla, guilleemas XD

  1. 19 mayo, 2012 en 19:11
  2. 20 mayo, 2012 en 9:32
  3. 20 mayo, 2012 en 9:50
  4. 20 mayo, 2012 en 12:13
Los comentarios están cerrados.
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