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Érase una vez (2) los Proboscídeos: Elefantes y Mastodontes (y III)


En entradas anteriores (aquí y acá) dedicamos nuestro tiempo a explorar a grandes rasgos el orden Proboscidea, viendo de pasada algunas de sus características importantes, antes de centrarnos en su evolución echando mano del registro fósil. En aquellas entradas vimos los grupos de elefantes que han existido desde el Plioceno hasta nuestros días, para estudiar cómo han evolucionado en los últimos cinco millones de años y conocer su destino final. Vimos a los mamuts y mastodontes, conocimos grupos “exóticos” de elefantes como los deinoterios, estegodones y gonfoterios; y finalmente descubrimos los orígenes de nuestros elefantes modernos y sus versiones chiquitas de diversas islas. Pero… ¿Cuál es el origen de los proboscídeos como grupo? Ese será el objetivo de esta entrada.

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Los huesos de los elefantes cuentan historias. Desde su lejano pasado hasta su actual presente. Incluso, probablemente ya daban que hablar en la Antigua Grecia. El cráneo de un elefante visto de frente, vagamente recuerda a una deformada cara humana con un “ojo” en el centro (“ojo” que no es otra cosa que la cavidad nasal y la concavidad donde se asienta la trompa). Esto quizás pueda encontrarse detrás del origen de la leyenda del temible Cíclope griego, “humanos” gigantes de un solo ojo cuyo miembro más famoso fue Polifemo, de la Odisea de Homero. Y es que tal vez, los griegos se encontraron con los restos que dejaron los elefantes enanos (y no tan enanos) que habitaron en aquellas islas algunos milenios antes. Luego serían interpretados con la grandiosa inspiracion que caracteriza a los antiguos (ref. 32)

Izquierda. Cráneo de elefante africano. Crédito: SkullUnlimited. Derecha. Cíclope de la película “Simbad y la Princesa” (1958). Crédito: wikimagic.

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Tampoco los más importantes padres de la Iglesia se han librado de no acertar:

Nota importante: este texto no es original, ha sido extraído del blog “Mitología Natural

Yo mismo vi, y no solo, sino algunos otros conmigo, en la costa de Útica o Biserta, un diente molar de un hombre, tan grande que si le partieran por medio e hicieran otros del tamaño de los nuestros, me parece que pudieran hacerse ciento de ellos; pero creo que aquél fuese de algún gigante.

San Agustín, La Ciudad de Dios, libro XV, capítulo IX

Agustín de Hipona, o San Agustín, es uno de los más importantes padres de la Iglesia.  En La Ciudad de Dios, Agustín presenta una serie de reflexiones sobre lo humano y sobre lo divino en el contexto de los turbulentos tiempos del siglo V que vieron el final del otrora poderoso Imperio Romano.  ¿Por qué un sabio de la estatura de San Agustín, en un libro eminentemente religioso, discute el hallazgo de un diente molar gigantesco?  En el libro XV de su libro, Agustín discute la existencia en el pasado de seres humanos de gran talla, tal como lo señala la Biblia.  “Existían entonces los gigantes en la tierra”, nos explica el libro del Génesis, “y también después, cuando los hijos de Dios se unieron con las hijas de los hombres y les engendraron hijos.  Estos son los héroes famosos muy de antiguo.”

El molar que Agustín vio en la costa de lo que entonces era el proconsulado africano del Imperio Romano era para el sabio cristiano una prueba tangible de los gigantes antediluvianos mencionados en la Biblia.  Invocando los escritos de Plinio el Viejo, Agustín argumenta que los hombres se han ido haciendo paulatinamente más pequeños y menos longevos desde los tiempos del Antiguo Testamento.  El molar hallado en Útica era, en la visión de Agustín, una prueba irrefutable de la existencia de los gigantes del Génesis.  Hoy en día sabemos que el diente gigantesco que observó San Agustín perteneció muy probablemente a un mamut […].

Muchas gracias, Arita, por prestarnos el documento ;)

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La búsqueda del origen de los elefántidos…

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Hasta ahora nuestra historia se centró en el Plioceno (hace 5.3 millones de años). Entonces África era un hervidero de nuevos tipos de elefante: los primeros Loxodonta y Elephas iniciaban una guerra que no acabaría hasta casi nuestros días, el primer mamut recorría la senda que llevaría a sus descendientes a un dominio casi mundial. Los estegodones, con Stegodon a la cabeza, habían conquistado Asia. Los gonfoterios también experimentaban un breve auge que duraría los siguientes cinco millones de años, con Cuvieronius y Notiomastodon en Sudamérica, con Anancus en  África, Asia y Europa; entre otros. Por su parte, los últimos y antiquísimos Deinotherium africanos estaban en la antesala de su extinción, misma situación que vivían Mammut americanum y M. borsoni, los últimos representantes de la arcaica estirpe de los mastodontes.

Este era el mapa de inicios del Plioceno, de todos los grupos nombrados hay tres que nos interesan especialmente, tres que comenzaron casi al unísono: Loxodonta, que hoy incluye a los actuales elefantes africanos; Elephas, que hoy son los elefantes asiáticos; y Mammuthus, los extintos mamuts que fueron reyes durante la última gran glaciación. Los mastozoólogos (aquellos que estudian los mamíferos) agrupan a estos tres géneros en la misma familia: Elephantidae. Por ello cada vez que mentemos a los elefántidos, estaremos hablando de estos tres tipos de animales.

¿Cuál fue el origen de los elefántidos? Debemos hacer otro pequeño viaje atrás en el tiempo, hasta el Mioceno Tardío (~11 millones de años). El frío y la sequedad que en el Plioceno terminarían convirtiendo los bosques en estepas, hace ~11 millones de años comenzaban a manifestarse tímidamente. El paulatino incremento de la aridez extendía las praderas y las sabanas en detrimento de los bosques. Lo que empujó a muchos linajes de herbívoros a modificar sus instintos y sus cuerpos para adaptarse a una nueva dieta rica en gramíneas (cereales), esos malditos vegetales difíciles de masticar y de digerir que por momentos se volvían más y más abundantes. Efecto dominó: el cambio en los herbívoros empujaría el cambio en los carnívoros.

Reconstrucción de un paisaje miocénico de sabana en un antiquísimo Madrid, con una de las asociaciones faunísticas más típicas. Crédito: Amigos de la Dehesa (artículo recomendado).

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En el Mioceno Tardío está datado Primelephas, el «primer elefante» (ref. 7). Los restos que se han hallado de este género incluyen varios molares y quijadas incompletas (ref. 8). Para algunos especialistas, este material es suficiente para denunciar a Primelephas como el género desde el cuál surgieron los dos géneros de elefante que han sobrevivido hasta hoy: Loxodonta y Elephas. En otras palabras, este animal es el ancestro directo del linaje de los elefantes africanos y del linaje del elefante asiático (ref. 1, 8, 9 y 10).

Si bien es una postura complicada de cuadradar con los datos moleculares, los cuáles acercan a Elephas y Mammuthus entre sí al mismo tiempo que alejan a Loxodonta de ambos. Otros autores, propusieron a Primelephas como ancestro de Loxodonta, Elephas y Mammuthus; mientras que otros apostaron por Primelephas como ancestro directo de Elephas y Mammuthus y pariente próximo de Loxodonta; dos posturas que sí estarían de acuerdo con los datos moleculares (ref. 1, 8, 9 y 10). Este escenario tan difícil es habitual en muchos fósiles transicionales, ya que cuando se combinan rasgos comunes a distintos grupos, establecer con exactitud las líneas directas de ascendencia – descendencia es muy difícil. Sin embargo, lo que si demuestra Primelephas es una posición intermedia entre los primeros elefántidos y géneros más modernos como Loxodonta, Elephas y Mammuthus (ref. 10).

Primelephas es un elefántido “primitivo” que habitó el continente africano en el intervalo de los últimos 11 – 5 millones de años, por lo que llegó a convivir con sus descendientes (ref. 8 y 10) y entra de lleno en el rango que los estudios genéticos determinan para la existencia del “ancestro común” de los géneros Loxodonta y Elephas (ref. 33). Sin embargo no era el único elefántido “primitivo”, había otros como Stegodibelodon o Selenetherium. Y el impresionante Stegotetrabelodon (ref. 8 y 9).

Algunos de los restos fósiles de Primelephas korotorensis hallados en la región de Toros Menalla, al norte de Chad, datados en el Mioceno Superior. Crédito: (ref. 8).

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Stegotetrabelodon es un nombre derivado del griego «Stego» “techo” (en referencia a la forma “techada” de sus molares) y del término «tetra-belodon», en referencia a sus dos pares de formidables colmillos ¡Sí! ¡Dos pares de colmillos! Ahí es nada.

Los Stegotetrabelodon aparecieron en el Mioceno Medio (~ 17 millones de años) y extendieron su existencia hasta finales del Mioceno e inicios del Plioceno (hace 5 – 6 millones de años) (ref. 7 y 13). De este género se conocen tres especies: S. lybicus, S. orbus y S. syrticus, distribuidas desde el este y el norte de África hasta la Península Arábiga e Italia (ref. 9 y 11). Sus molares le delatan como un grupo “primitivo” de elefántidos, aún más que Primelephas. Desde un punto de vista evolutivo puede considerarse un animal “transicional” entre los elefántidos “primitivos” y otros grupos de elefantes aún más antiguos (ref. 1 y 13).

¿Cuál fue su papel en la historia de los elefantes? Existen discrepancias, algunos autores lo consideran el linaje desde el cuál descendió el primer mamut (Mammuthus subplanifrons) (ref. 10); para otros científicos son una rama que no dejó descendencia, por lo que el origen de los mamuts quedaría en alguna especie desconocida o bien, en alguna especie conocida de la que falta información clave, como comentamos anteriormente acerca de la complicada situación de Primelephas (ref. 9 y 11).

Quijada fósil de Stegotetrabelodon syrticus hallada en la región de Cessaniti, al sur de Italia. Datados en el Mioceno Tardío (hace 11-7 millones de años). Vista en posición lateral, superior y frontal, respectivamente. Crédito: (ref. 11).

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Stegotetrabelodon poseía molares “transicionales”: estaban provistos de crestas (como los elefántidos) y al mismo tiempo eran «braquidontos» (como los de sus ancestros, que conoceremos posteriormente) (ref. 1). ¿Qué son las “crestas” y qué es «braquidonto»? Más adelante lo veremos.

Otra característica de este género es la presencia de dos pares de colmillos, un par en la mandíbula superior (como los elefantes modernos) y otro par en la mandíbula inferior. Este último rasgo no era una novedad, todo lo contrario, es un rasgo ancestral de los proboscídeos, que bien fue mantenido o bien fue magnificado por los Stegotetrabelodon a lo largo de su evolución (ref. 11).

Recientemente, en los Emiratos Árabes Unidos fue descubierto un magno conjunto de huellas que parecen haber pertenecido a una gran manada de estos animales, que patearon aquellas tierras durante el Mioceno Tardío. El estudio de las huellas demuestra que las manadas migratorias de elefantes, de carácter familiar, ya eran una imagen habitual en aquella época. Desde luego tuvo que ser una imagen impresionante (ref. 12).

La gran marcha de los Stegotetrabelodon. Crédito: SVPOW.

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Con todos estos datos (más los que vimos en las anteriores entradas de esta serie), los científicos intentan reconstruir el árbol filogenético (el equivalente evolutivo de un árbol genealógico) de los elefántidos. Este es uno de los más actualizados (ver ref. 10, he tenido que reescribirlo parcialmente porque al poner la imagen se perdía mucha calidad y resultaba ilegible):

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… y del origen de los estegodones…

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En la entrada anterior también conocimos a los estegodones, los miembros de la familia Stegodontidae. Durante el Plioceno esta familia era representada por el género Stegodon, el cuál apareció en el Mioceno Tardío (~ 6.5 millones de años) y tuvo su pleno apogeo en el continente asiático durante el Plioceno. ¿Se sabe algo del origen de estos animales? Al parecer sí. Los yacimientos asiáticos datados en el intervalo de 9.5 – 7.5 millones de años son ricos en un grupo de elefantes con características intermedias entre Stegodon y grupos de elefantes más antiguos, son el género Stegolophodon, cuyas especies más importantes son Stegolophodon pseudolatidens (Japón), Sl. progressus (Pakistán) y Sl. nasaiensis (Tailandia) (ref. 1, 9, 14 y 15).

Una de las diferencias más destacables entre Stegodon y Stegolophodon es el hecho de que los Stegolophodon contaban con dos pares de colmillos ¡sí, otro grupo de elefantes con dos pares de colmillos! Un par de colmillos en la mandíbula superior y otro par en la inferior. Pero no todo acaba aquí, se han hallado fósiles con un marcado carácter intermedio entre ambos grupos: un Stegolophodon carente de colmillos inferiores y cuyos molares están justo en el punto intermedio esperable para una transición hacia Stegodon. Se trata de Stegolophodon licenti, tal es su carácter transicional que otros paleontólogos lo tachan de un Stegodon “primigenio” (ref. 15).

Distribución geográfica y temporal de distintos miembros de la familia Stegodontidae. Las líneas continuas representan el rango temporal conocido de esa especie; las líneas discontinuas representan un rango presumible, pero sin confirmar, de esa especie (ref. 15).

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… nos lleva a la Edad Dorada de los proboscídeos…

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Ahora que ya hemos conocido a los representantes más basales de los estegodones y elefántidos, la pregunta sería: Y ellos ¿de dónde salieron? Para responder hemos de tomar un periodo de la historia de la Tierra conocido como Mioceno (24 – 5 millones de años). El Mioceno marca el inicio de una edad de gloria y maravilla para los elefantes, es su segunda y mayor radiación, es su verdadera época de esplendor, los buenos viejos tiempos. Es un periodo caracterizado por los contrastes. A inicios del Mioceno tiene lugar el cierre del Mediterráneo y los movimientos tectónicos elevan lenta pero continuamente los Andes y el Himalaya; los cambios en los continentes modificaron la circulación de los océanos y en consecuencia, el clima se vio severamente afectado. En las latitudes medias la temperatura aumenta, expandiéndose los bosques tropicales y subtropicales, en zonas más áridas se experimentaría la expansión de las sabanas. Asimismo, la bajada del nivel del mar abrió nuevas vías de comunicación que facilitaron las migraciones de grandes animales terrestres.

Reconstrucción de un paisaje miocénico de Madrid. Se observa gran extensión de las sabanas, la presencia de zonas pantanosas y gran riqueza de aporte de sedimentos. Nótese los “mastodontes”. Crédito: Amigos de la Dehesa.

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Vimos en la entrada anterior que los elefantes modernos y los estegodones podían considerarse como “primos”. Ahora seremos más exactos, los científicos consideran a elefántidos y estegodones como “grupos hermanos”, es decir, que comparten rasgos que los emparientan mucho más entre sí que con cualquier otro grupo de proboscídeos. Si son “hermanos” tuvieron que tener unos padres, estos fueron los gonfoterios (ref. 1, 6 y 17).

Los miembros de la familia Gomphotheriidae aparecieron en el Mioceno Temprano, radiaron espectacularmente, originando nuevas especies que se extendieron por todo el globo. Actualmente sus fósiles se encuentran en todos los continentes, desde América hasta Japón, pasando por Namibia, Portugal y Pakistán, entre otros. Los únicos territorios que no lograron conquistar fueron Australia y la Antártida (ref. 1, 6 y 17).

Eran animales con molares «braquidontos», es decir, con la raíz de igual o mayor altura que la corona. Los elefantes modernos tienen molares «hipsodontos», con las raíces más pequeñas que las coronas. Puede parecer una tontería, pero es un carácter muy útil para distinguir elefántidos de otros grupos de proboscídeos. Tampoco esta de más recordar que elefántidos “primitivos” como Stegotetrabelodon tenían molares «braquidontos», como los gonfoterios de los cuáles se originaron (ref. 1).

Izquierda. Ejemplo de molar hipsodonto, de Loxodonta africana. Crédito: BoneClones. Derecha. Ejemplo de molar braquidonto, de Gomphotherium sp. Crédito: Paleodirect.

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Asimismo, los gonfoterios podían dividirse en dos grupos. El más moderno era el de los «gonfoterios tetralofodontos», que aparecerían en el Mioceno Tardío (hace 16 – 18 millones de años). Aparte del carácter «braquidonto» de sus molares, estos también tenían el carácter «tetralofodonto», es decir, molares con cuatro líneas de crestas” en su superficie,  orientadas perpendicularmente a la mandíbula. Son molares diferentes a los de los elefántidos, ya que estos últimos tienen un número muy superior de crestas. También cabe añadir que las propias “crestas” de los gonfoterios son ligeramente distintas a las crestas de los elefántidos: las “crestas” de los gonfoterios presentan una serie de protuberancias llamadas conos; protuberancias que en los elefántidos están tan apretadas que al mínimo desgaste del diente parecen fusionadas (ref. 1 y 9).

Claro que también hay casos intermedios o transicionales entre «gonfoterios tetralofodontos» y elefántidos “primitivos”. Dígase aquellos gonfoterios de molares con cinco, seis o más líneas de “crestas“, como sucede en el género Anancus. O dígase aquellos molares que dan un pasito más en la evolución, donde además del mayor número de “crestas“, en ellas los conos presentan distintos grados de apretamiento a lo largo del diente, por lo que vemos un mosaico entre «gonfoterios tetralofodontos» y «elefántidos». Estos molares aparecen en un género de elefántidos “primitivos” del que ya hemos hablado bastante… ¿Adivinan? Sí, el género Stegotetrabelodon (ref. 1 y 9).

Cambiando de tercio, yendo a un punto aun más lejano en el tiempo, podremos conocer a los gonfoterios “primitivos”, siendo primitivo un término empleado para apelar a su antigüedad, completamente liberado de toda connotación peyorativa, tal y como siempre hacemos en estas entradas. Este grupo de gonfoterios es el más antiguo, apareció en el Mioceno Temprano (hace 23 – 22 millones de años) y recibe el nombre de «gonfoterios trilofodontos».

Al igual que sus ascendientes y descendientes, los «gonfoterios trilofodontos» tienen molares de carácter «braquidonto», pero a diferencia de sus descendientes, estos molares tenían un rasgo que los acercaban a grupos de mamíferos más antiguos, eran molares de tipo «trilofodonto», es decir, con tres líneas de “crestas” orientadas perpendicularmente a la mandíbula. También se puede decir que conocemos casos de transición entre ambas clases de gonfoterios: Gomphotherium (=Tetralophodon) longirostris, el cual presenta molares «tetralofodontos» y «trilofodontos» en un mismo individuo (ref. 9 y 17).

Molares de tipo: (A) «trilofodonto», Gomphotherium angustidens (Bulgaria), crédito: (ref. 20). (B) «tetralofodonto», Tetralophodon cf. xiaolongtanensis (Tailandia), crédito: Comptes Rendus Palevol. (C) transicional, Stegotetrabelodon syrticus (Emiratos Árabes Unidos), crédito: SOE. (D) moderno, Elephas maximus, crédito: Quaternary International. Los números indica las líneas de “crestas”.

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Los fósiles más antiguos de gonfoterios «trilofodontos» pertenecen a ejemplares de Gomphotherium hallados en las regiones de Mfwangano y Mwiti (este de Turkana, Kenia), datados en 20 – 17 millones de años (ref. 23). Desde este punto el género Gomphotherium se extendió a todos los continentes: el este y norte de África, el sur y este de Asia, Europa y Norteamérica. Este último continente generó nuevos linajes, como Rhyncotherium y Stegomastodon, de los cuáles posiblemente evolucionarían los gonfoterios sudamericanos. En el este de Asia, China y Mongolia, Gomphotherium generaría los Sinomastodon. En definitiva, un Nuevo Orden Mundial… de elefantes (ref. 23).

Gomphotherium es un género que aparece reincidentemente en yacimientos miocénicos de la Península Ibérica, habiendo sido encontrado en Alicante, Cataluña y Madrid, entre otras muchas localidades (ref. 34, 35 y 36). Este género se caracteriza por la presencia de colmillos superiores e inferiores desarrollados (aunque no tanto como en grupos de proboscídeos posteriores), mandíbula inferior alargada y presencia de una trompa medianamente crecida (ref. 1). Rasgos propios de los elefantes, pero bastante poco pronunciados, como atenuados.

Arriba. Esqueleto del género Gomphotherium expuesto en el University of Nebraska State Museum. Crédito: Vertebrate Paleontology Lab. Abajo. Reproducción de Gomphotherium productum. Crédito: Ohio State University Newark.

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… una época en la que vivieron elefantes de lo más estrafalarios…

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Hasta ahora hemos visto que durante el Mioceno el grupo dominante de “bichos trompudos” fue el de los gonfoterios, que se habían repartido por todo el globo. A mediados del Mioceno aparecían los primeros elefántidos, evolucionados a partir de gonfoterios «tetralofodontos». Por la misma época, también desde gonfoterios «tetralofodontos», evolucionaron los estegodones del continente asiático. Pero… Había más.

Amebelodones. Curiosos gonfoterios. ¿Todavía hablando de gonfoterios? Sí, es que tienen mucha tela. Porque ahora toca presentar a un linaje de gonfoterios muy particular y estrafalario. ¿Cómo cuanto de estrafalarios? Así:

Reconstrucción de Amebelodon según Henry Fairfield Osborn, el maestro de maestros. Crédito: (ref. 22).

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Estos animales poseían los típicos molares «trilofodontos» de los primeros gonfoterios. Al igual que ellos también tenían colmillos superiores poco desarrollados y una mandíbula inferior alargada y terminada en fieros colmillos… Pero, había una importante diferencia: la mandíbula inferior era extremadamente aplanada, con aspecto de pala o cuchara. Los dueños de tales características eran Platybelodon (del griego “colmillo plano”) y Amebelodon (del griego “colmillo pala”). El desconcierto estaba servido.

En un principio los paleontólogos pensaron, razonablemente creo yo, que aquello era una especialización para una vida “excavadora”, en el sentido de que invertirían su tiempo desenterrando bulbos, tubérculos y raíces. O bien harían lo mismo en zonas húmedas y pantanosas, arrancando vegetación acuática. Estudios más recientes, basados en el desgaste y marcas de los colmillos, descartan la hipótesis “excavadora”, apostando más bien por el modelo de “guadaña”; en este caso tales criaturas emplearían su especializada mandíbula y trompa como segadoras vivientes, quitando toda planta a su paso e incluso descortezarían árboles en épocas difíciles (ref. 22).

Mandíbula de Torynobelodon barnumbrowni, nótese la forma aplanada del extremo de la mandíbula y de los colmillos (ref. 22).

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Quizás ya halla quien se esté frotando las manos y pensando que con un bicho tan especializado la evolución “seguramente esté en problemas”. Pos’va a ser que no. Estos animales no han salido de la nada. Como gonfoterios que son, pueden apreciarse similitudes entre el cráneo de Platybelodon y el de Gomphotherium, dígase los molares, dígase los colmillos superiores, dígase el poseer una mandíbula inferior alargada terminada en colmillos. Son los mismos elementos, pero con diferente forma en uno y otro grupo.

Comparación entre Gomphotherium y Platybelodon. Izquierda, cráneo de Gomphotherium robustum del American Museum of Natural History de New York, Estados Unidos. Crédito: FlickHiveMind. Derecha, cráneo de Platybelodon, expuesto en la página del Abu Dhabi Islands Archaeological Survey. Crédito: Adias-Uae.

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Por si acaso no fuera suficiente, los paleontólogos cuentan con Archaeobelodon filholi, el amebelodon más antiguo conocido. Los fósiles de este animal se encuentran en yacimientos datados en 18 – 17.5 millones de años de la Península Ibérica, Francia y el norte de África (ref. 23). Y como era esperable, tiene un marcado carácter transicional entre los gonfoterios «trilofodontos» más “primitivos” y los amebelodones más avanzados, de hecho los paleontólogos lo sitúan cerca de la base de este grupo (ref. 22 y 23). Con el tiempo los amebelodones lograrían una amplísima distribución, los fósiles de Platybelodon aparecen en África, Asia, Europa y Norteamérica (ref. 23).

Cráneo de Archaeobelodon filholi del Muséum national d’Histoire naturelle de París, Francia. Nótese la mandíbula inferior en vías de ser una pala, pero sin serlo del todo. Crédito: emilievanbr.

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Por lo tanto, este sería el árbol filogenético (“genealógico”) de los gonfoterios (ref. 23):

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Mammutidae. En el Mioceno también tiene lugar la expansión de los verdaderos mastodontes, el grupo que en el Plioceno estaría representado por Mammut americanum y Mammut borsoni. Los primeros fósiles de este grupo pertenecen a Eozygodon morotenensis, localizado en el Mioceno Temprano de Uganda, en África, datados en ~ 22 millones de años (ref 1, 9 y 37) ¿Qué tendrá este continente para ser el útero de tanto bicho?

Por desgracia, no he encontrado apenas bibliografía dedicada en exclusiva a la evolución de los mastodontes. De lo que poco que he encontrado, es que después de Eozygodon, un nuevo género, Zygolophodon, se extendió por el mundo (ref. 1 y 9). Es un género que presenta colmillos superiores curvados hacia abajo y divergentes hacia el exterior, así también colmillos inferiores, aunque reducidos (ref. 37).

Su especie más famosa es Zygolophodon turicensis, hallado en yacimientos del África Subsahariana, Macedonia y Grecia (incluyendo la isla de Samos) del Mioceno Medio y Tardío. Es una especie cuyo aspecto varía mucho a lo largo del tiempo y del espacio. También se la considera la especie de la cual desciende otro mamútido: Mammut borsoni, del que ya hablamos en la entrada anterior. Para otros autores, entre Z. turicensis y M. borsoni estaría otra especie de carácter transicional, Mammut praetypicum (ref. 37 y 38) . Los mamútidos prosperaron mucho durante el Mioceno, su linaje llegó a extenderse por Europa, Asia y Norteamérica (ref. 1, 9 y 37).

Izquierda. Quijada de Zygolophodon neimonguensis expuesta en el Museo de la Ciencia de Hong Kong. Crédito: wikipedia. Derecha. Representación de Zygolophodon, nótese los colmillos inferiores. Crédito: Le mer de Pierre.

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Deinotheriidae. En la entrada anterior también conocimos a un grupo de proboscídeos muy raromalo: los deinoterios. En aquel momento contamos que los deinoterios eran un linaje antiguo y ancestral de “animales con trompa”. Entre sus principales características destacaba su gran tamaño, la ausencia de colmillos en la mandíbula superior (rasgo único si tenemos en cuenta los proboscídeos de todos los tiempos) y la presencia de colmillos en la mandíbula inferior (carácter habitual en los proboscídeos del lejano pasado).

Estos animales poseen cualidades que se consideran “primitivas” para un proboscídeo, entre ellas la presencia en un mismo individuo de dientes «trilofodontos» y «bilofodontos» (dientes que presentan doscrestas” orientadas en posición perpendicular a la mandíbula) y la capacidad de reemplazar la dentadura en sentido vertical (no horizontal como los actuales elefantes). También presentan especializaciones, como el fuerte recurvamiento hacia atrás de sus colmillos inferiores. Para los científicos tales armas podrían ser usadas para desenterrar bulbos y raíces, o bien serían empleadas como elemento de cortejo y/o disuasorio, o bien un poco de todo (ref. 1).

Izquierda, cráneo de Deinotherium giganteus. Crédito: Scientific Library. Derecha, representación de Deinotherium levius. Crédito: other-worlds.ucoz.ru

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Los fósiles más antiguos de deinoterios pertenecen a Prodeinotherium, hallados en yacimientos del Mioceno Temprano del este de África. Este grupo se extendió por Asia (donde originaría a Deinotherium indicus) y Europa (cuna del Deinotherium giganteum que sobreviviría hasta el periodo Mioceno). En África se originaría Deinotherium bozasi. Es un linaje antiquísimo que se mantuvo sin muchos cambios durante veinte millones de años, para los científicos, prueba de una gran adaptabilidad (ref. 1).

Tamaño comparativo entre distintos miembros de la familia Deinotheriidae. Crédito: vesmir.cz

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… pero de los que debemos establecer sus líneas de herencia…

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Hay quien culpa a la herencia de todo, como si heredar no fuera una responsabilidad per se cuando te presentas voluntariamente para obtenerla… Pero para los biólogos la herencia no deja de ser un tema interesante. A inicios del Mioceno tenemos a Gomphotherium como representante de los primeros gonfoterios «trilofodontos», ancestros de los gonfoterios «tetralofodontos», ancestros a su vez de los estegodones y elefántidos. Pero en el Mioceno Temprano ninguno de los mencionados existía. En aquel entonces solo encontramos a los primeros gonfoterios «trilofodontos», los primeros deinoterios conocidos y los primeros mastodontes conocidos. Para un biólogo evolutivo la pregunta es clara: ¿Y estos de dónde salieron?

Ante esta pregunta podemos fijar nuestra vista en el primer nexo de unión, el que une mastodontes con gonfoterios y sus descendientes, este grupo recibe el nombre de «Elephantimorpha». Por ello, cuando hablemos de elefantimorfos estaremos hablando del conjunto que engloba [mastodontes + gonfoterios + todos los descendientes de los gonfoterios].

Hace 33 millones de años, durante el Oligoceno Temprano, el norte de África era una zona verde y cubierta de densos bosques de hojas blandas y suculentas (ref. 1). En este ambiente aparece Phiomia, de la que se conocen tres especies: Phiomia minor y P. serridens de Al Fayûm (Egipto); y P. major de Etiopía. Tenía caracteres que la proponen como la antesala de los gonfoterios más “basales”: molares «trilofodontos», una trompa moderada (poco más larga que la de un tapir), colmillos superiores algo desarrollados (pero cortos en comparación con elefantimorfos) y colmillos inferiores ligeramente crecidos (pero también cortos en comparación) emergiendo desde el extremo anterior de una mandíbula inferior un poquito alargada (ref. 1, 9 y 16).

Izquierda. Cráneo de Phiomia serridens, del Muséum national d’Histoire naturelle (París, Francia). Crédito: wikipedia. Derecha, representación de Phiomia

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También en los depósitos del Oligoceno Temprano de Al Fayûm aparece otra criatura situada cercana al origen de los elefantimorfos. Se trata de Palaeomastodon beadnelli. Es una criatura muy parecida a Phiomia en muchos sentidos, solo que guarda rasgos aún más primitivos. Si Phiomia puede considerarse un animal transicional entre los más antiguos proboscídeos y los elefantimorfos, Palaeomastodon podía situarse como un animal transicional entre los más antiguos proboscídeos y Phiomia, aunque sería mucho más cercano a este último. Uno de los caracteres que delata este puesto tan “primitivo” es la presencia de molares «bilofodontos» ¡los mismos que tienen los deinoterios! Phiomia y Palaeomastodon tenían un tamaño similar al de un cerdo o si acaso algo mayor, guardando una altura de 1.3 a 2 metros (ref. 1, 9 y 16).

Izquierda. Cráneo fósil de Palaeomastodon beadnelli, del Teylers Museum (Haarlem, Países Bajos). Crédito: wikipedia. Derecha. Representación de Palaeomastodon según Heinrich Harder (1920). Crédito: wikipedia.

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Con estos animales ya tenemos un caso situado en la transición entre los proboscídeos “ancestrales” y los elefantimorfos: Phiomia. También tenemos el ejemplo de cómo sería el punto anterior al origen de Phiomia: Palaeomastodon. Si hasta ahora tenemos ejemplos de fósiles “transicionales” a raudales; la puntilla sería disponer de otro caso más de “transicional” situado entre dos “transicionales”; pongamos por caso, situado entre Phiomia y los primeros elefantimorfos como Gomphotherium ¿No? Pues bueno, nosotros como herederos del saber científico, tenemos dicho ejemplo.

En el año 2006 era publicado en la prestigiosa revista científica PNAS un artículo muy interesante que hablaba del descubrimiento de un animal de esta índole. Dicho estudio estaba firmado por un amplio equipo encabezado por el biólogo evolutivo y renombrado experto en elefantes Jeheskel “Hezy” Shoshani (fundador de la Elephant Research Foundation) y por el etólogo Diezmar Zinner, entre otros miembros de un equipo mucho más amplio.

Dicho estudio presentaba a la comunidad científica a Eritreum melakeghebrekristosi, nombre puesto en honor del lugar donde se descubrió (Eritrea, situado en el Cuerno de África) y en honor de Melake Ghebrekristos, el granjero que encontró dicho espécimen. Está datado en ~28 millones de años, cinco millones de años más próximo a nosotros que Phiomia y Palaeomastodon. El fósil consistía en una quijada que demostraba la presencia de colmillos inferiores y varios molares de tipo «trilofodonto». Según los autores, el animal debió de tener una altura aproximada de 130 cm y 309 – 434 kilos de peso (ref. 24)

Quijada fósil de Eritreum melakeghebrekristosi, hallada en yacimientos de la región de Dogali (Eritrea, África) de ~28 millones de años. Crédito: (ref. 24).

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… cada vez más lejanos en el tiempo…

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En el Oligoceno Temprano aún no habían aparecido ni los elefántidos, ni los gonfoterios, ni los mastodontes. En aquella época existían los ancestros de todos esos grupos, que podemos pensar que fueron muy parecidos a Phiomia y Palaeomastodon. Como vemos, estos animales no son ninguna “extraña mezcla” de animales, ni tampoco “híbridos”, ni tampoco algo que “apareció de una generación a la siguiente”. Si acaso, lo más especial y hermoso de los ancestros lejanos, es que poseen características presentes en sus descendientes, características que bien pueden aparecer en contados herederos, otras que se encuentran en todos ellos. Todavía nos queda un cabo suelto… los deinoterios, ¿qué hacemos con ellos?

Representación del Mundo a inicios del Eoceno (~55 millones de años). Nótese la irreconocible Península Ibérica, Europa, Centroamérica y la mitad norte de Sudamérica. Crédito: Stromboidea.

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En la imagen superior se presenta un mundo muy diferente al actual. Es el mundo del Eoceno, un periodo de la historia de la Tierra situado en los últimos 55 a 34 millones de años. Eoceno es un término que deriva de la palabra griega ἠώς «eos» (amanecer) y καινός «kainos» (nuevo). Por ello, cuando decimos Eoceno, estamos diciendo Nuevo Amanecer. Poético, hermoso y certero. El Nuevo Amanecer comienza diez millones de años después del final del reinado de los dinosaurios, es una época donde en el vacío de poder dejado por los “lagartos terribles” prospera un grupo animal que estuvo bastante tiempo a la sombra, los mamíferos.

Los continentes no tenían su configuración actual, gran parte de la Península Ibérica se encontraba bajo las aguas. Fue una época floreciente y atípica. La Tierra es un gran paraíso vegetal, el calor es tan elevado que los bosques tropicales llegan a situarse en el límite de los Círculos Polares Ártico y Antártico, mientras que estos son ocupados por bosques de árboles caducifolios.

Representación de un bosque del Eoceno. Crédito: Geological Society of America Bulletin.

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En esta época tiene lugar el primer apogeo de los proboscídeos, fue su primera gran radiación. En el registro fósil del Nuevo Amanecer aparecen dos animales particularmente famosos: Barytherium y Moeritherium. Son proboscídeos, pero no son “elefantes” estrictamente hablando, sino su antesala. Sin embargo, hay que tener en cuenta que…

  • 1º. NO son los ancestros de todos los animales que hemos visto, se les considera ramificaciones de la evolución de los proboscídeos.
  • 2º. Sin embargo, tienen las características que esperaríamos ver en un animal que ocupe una posición de “transición” entre el grupo [Phiomia - Palaeomastodon] y mamíferos aún más antiguos.
  • 3º. Según los paleontólogos podría haberles pasado como a los deinoterios: una vez aparecieron cambiaron muy poco en millones de años.
  • Conclusión: Resumiendo todo ello, no serán los ancestros, pero sí deben ser muy parecidos a ellos.

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Por esa razón los paleontólogos ven a Barytherium y Moeritherium como un ejemplo de como debe de ser el vínculo que esperaríamos encontrar entre el grupo [Phiomia - Palaeomastodon] y los proboscídeos “ancestrales”. No son elefantes, son “quasi-elefantes”, bichos a un paso de considerarse como tales. Y de hecho, pueden ser algo más: ¡nos permiten ver como puede ser el nexo de unión entre elefantimorfos y deinoterios! El último cabo que nos faltaba por atar (ref. 1, 9 y 16).

Moeritherium es el más reciente de los dos, es la “bestia de Moeris”, en referencia al lugar donde se descubrió. Moeris es el nombre que los antiguos griegos daban a un arcaico lago situado en la región de Al Fayûm, Egipto. Esta especie vivió entre el Eoceno Tardío y el Oligoceno Temprano, tenía el tamaño de un cerdo o un tapir y un peso aproximado de 125 – 250 Kg. Este animal posee un rico mosaico de caracteres: segundo par de incisivos alargados en ambas mandíbulas (el preámbulo de los futuros colmillos), presencia de dos pares más de incisivos y de caninos (dientes presentes en sus ascendientes, no en proboscídeos más “avanzados”), molares «bunodontos» y «bunofodontos» (la antesala del molar tipo «bilofodonto»). Según la anatomía craneal, debiera de tener también el inicio de una trompa: una fusión de la nariz con el labio superior, como los tapires (ref. 1, 9, 16 y 26). Para que luego digan que “media trompa” no sirve de nada.

Izquierda, cráneo de Moeritherium lyonsi expuesto en el Muséum national d’Histoire naturelle de París. Crédito: wikipedia. Derecha, representación de Moeritherium por Heinrich Harder (1858-1935). Crédito: wikipedia.

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En cuanto a su hábitat, se ha discutido mucho si estos animales eran acuáticos, anfibios o terrestres (Ref. 3 y 4). Una publicación reciente, basada en un estudio realizado sobre las trazas de O16 y C13 de los fósiles de tales animales, concluye que debian de tener un hábito de vida anfibio, como los tapires o los hipopótamos modernos. Estimado lector, almacena esta información porque verás su gran importancia más adelante (Ref. 3).

El honorable tapir amazónico (Tapirus terrestris). Crédito: wallpapers.pixxp

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Barytherium grave, del griego “bestia pesada”, también fue hallado entre el Eoceno Tardío y el Oligoceno Temprano de Al Fayûm, un lugar que está resultando ser un tesoro para los paleontólogos. Este animal era enorme, tenía el tamaño de un elefante pequeño y un peso aproximado de 3000 – 3600 Kg, si bien otras especies de este género descubiertas en Libia son más moderadas en tamaño. Este animal también era un rico mosaico de caracteres: había desarrollado sus incisivos (otro preámbulo de colmillos, sin embargo estos incisivos eran el primer par, no el segundo como en el resto de proboscídeos), no tenía ningún diente entre los incisivos y los molares (como en proboscídeos más “avanzados”, a diferencia de sus ascendientes) y tenía molares  «bilofodontos», así como una mínima trompa parecida a la del tapir (ref. 1, 9, 16 y 26).

Arriba. Representación del esqueleto de Barytherium. Crédito: (ref. 25). Abajo. Representación de Barytherium. Crédito: Dinosaurs.about.com

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¿Quién está más emparentado con el grupo [Phiomia - Palaeomastodon]? ¿Barytherium o Moeritherium? Es una pregunta muy difícil de resolver. Como hemos visto, tales animales son un mosaico de caracteres, algunos presentes o esperables en los proboscídeos “ancestrales” y sus antepasados, otros presentes en el grupo [Phiomia - Palaeomastodon]. Por ello para algunos científicos Barytherium gana en cercanía, para otros es Moeritherium; y para mayor dificultad cada nuevo fósil o cada nuevo estudio de los fósiles descubiertos va cambiando la situación (ref. 9, 27, 28, 29 y 30).

Por ejemplo, Numidotherium koholense, la “bestia de Numidia”, datado en el Eoceno Medio (49 – 40 millones de años) de la región de El Kohol, Argelia. Es mucho más antiguo que Barytherium y Moeritherium, pero sigue siendo un mosaico de caracteres: los segundos incisivos de ambas mandíbulas están desarrollados (seguimos con el preámbulo a los colmillos), ha perdido algunos dientes (antesala la carestía dental de proboscídeos más “avanzados”), aunque mantiene el juego completo de incisivos y los caninos superiores (como sucede con sus ancestros) y tiene molares  «bilofodontos». Seguramente también tendría una prolongación de la nariz semejante a la del tapir. Para muchos paleontólogos, ocupa una posición “intermedia” entre el grupo [Barytherium - Moeritherium] y mamíferos más antiguos (ref. 9, 26, 27, 28 y 30).

Restos fósiles de Numidotherium koholense. Izquierda, dos cráneos fósiles, vista lateral y ventral. Derecha, dos quijadas fósiles, vista lateral y ventral. Crédito: (ref. 39).

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Otro caso es Arcanotherium savagei, del griego “bestia enigmática”, antaño llamado Numidotherium savagei. Hallado en estratos de finales del Eoceno e inicios del Oligoceno en Libia, el fósil es poco más que una mandíbula inferior y varios dientes. Sin embargo los datos que revela son claros: el animal es un mosaico de características que aparecen en Numidotherium, Barytherium, Moeritherium y en los “primeros elefantes”. Para los que han estudiado el fósil, ocupa una posición “intermedia” entre Barytherium y Moeritherium (ref. 9, 27 y 29).

Quijada fósil y representación de la misma de Arcanotherium savagei. Restos hallados en el Eoceno Tardío – Oligoceno Temprano de Dor El Talha, Libia. Crédito: (ref. 27).

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También tenemos a Chilgatherium harrisi, la “bestia de Chilga de Harris”, ya que se descubrió en Chilga (Etiopía) y sus descubridores le pusieron tal nombre en honor del Dr. John M. Harris, experto en la evolución de los deinoterios y Conservador Jefe del George C. Page Museum, localizado en el Rancho La Brea Tar Pits, en el corazón de los Ángeles. Es un fósil mucho más moderno que los que estamos viendo ahora, ya que data del Oligoceno Tardío (28 – 27 millones de años). Lamentablemente el fósil consiste en poco más que una ristra de dientes, pero lo comentamos aquí porque para los paleontólogos representa la posición intermedia entre el grupo  [Barytherium - Moeritherium] y el grupo [deinoterios - “primeros elefantimorfos”] (ref. 27 y 31). Otra razón para verlo es porque sus dientes muestran un carácter «bilofodonto» de libro, disfruten la imagen inferior porque se ven la mar de bien las dos “crestas” de cada diente, en una posición que sería perpendicular a la mandíbula.

Restos dentales fósiles pertenecientes a Chilgatherium harrisi, hallados en depósitos del Oligoceno Tardío de la región de Chilga, Etiopía. Crédito: (ref. 27).

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Y como veían que no se caían fueron a llamar a otro pariente. Descubierto en las canteras de la zona de Grand Daoui, al noreste de la Cuenca del Ouled Abdoun (Marruecos), Daouitherium rebouli aparece como un afortunado grupo de fragmentos de mandíbula y algunos molares. Su nombre significa “la bestia de Daoui de Rebouli”, en referencia al lugar donde se descubrió y en honor a Roland Reboul, que no se qué papel tuvo en la historia salvo que donó el espécimen a la Ciencia. Es el animal más antiguo que hemos visto en este artículo, datado en el Eoceno Temprano (~ 55 – 48 millones de años),  tiene molares «lofodontos» y «bilofodontos» (otra vez rasgos propios de criaturas antiguas y futuras combinados), también tiene la dentición más completa y la estructura de la mandíbula es, aunque con ciertas semejanzas a Numidotherium, más similar a un mamífero aún más antiguo del que hablaremos enseguida: Phosphatherium. De hecho, Daouitherium ocupa una posición “intermedia” entre Numidotherium koholense y mamíferos aún más ancestrales, con mayor cercanía a estos últimos (ref. 9, 27 y 30).

Restos fósiles de Daouitherium rebouli, hallados en el Eoceno Temprano de la Cuenca de Ouled Abdoun (Marruecos). Nótese a la derecha un ejemplo de molar «bilofodonto» de este animal. Crédito: (ref. 30).

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De modo que, con lo visto hasta ahora, este es el mapa filogenético que puede dibujarse de estas criaturas, los primeros proboscídeos (ver ref. 27 ):

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… hasta que su origen se diluye con los de otros grupos.

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En el apartado anterior hemos visto una secuencia maravillosa de fósiles transicionales. Barytherium y Moeritherium aparecían situados entre los primeros elefantimorfos y primitivos mamíferos que proliferarían a inicios del Eoceno, e incluso antes. Arcanotherium estaba entre Moeritherium y Barytherium. Chilgatherium entre el grupo [Barytherium - Moeritherium] y los primeros elefantimorfos. Daouitherium se situaba entre los mamíferos más primitivos y el grupo [Barytherium - Moeritherium]. Y Numidotherium entre Daouitherium y el grupo [Barytherium - Moeritherium]. Vale, la he liado. Dicho más sencillamente, sería una secuencia tal que así: DaouitheriumNumidotherium, [Barytherium - Arcanotherium - Moeritherium], Chilgatherium y acabamos en los primeros elefantimorfos [Phiomia - Palaeomastodon]. Simplemente, precioso.

Aún podemos dar un pasito más hacia atrás en el tiempo, para encontrarnos con el fósil de proboscídeo más antiguo conocido jamás: Phosphatherium escuilliei, la “bestia de fosfato”, bautizada así por su descubrimiento en los depósitos sedimentarios de naturaleza fosfatada de la Cuenca de Ouled Abdoun  (Marruecos). Está datado en 58 – 55 millones de años ¡apenas 10 millones de años después de la extinción de los saurios terribles! Su descubrimiento, publicado en el año 1996, se llevó a cabo por el equipo de Emmanuel Gheerbrant, paleontólogo del Centre de Recherches sur la Paléobiodiversité et les Paléoenvironnements (Francia) y se mereció, como no podía ser menos, su propia publicación en la prestigiosa Nature.

Cráneo fósil de Phosphatherium escuilliei y reconstrucción del mismo. Hallado en la Cuenca de Ouled Abdoun (Marruecos), datado en el Eoceno Temprano. Crédito: Emmanuel Gheerbrant Homepage

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El fósil de Phosphatherium es precioso ¡Un cráneo completo! Esto proporciona a la comunidad científica una gran cantidad de información. Para el equipo de Gheerbrant es un proboscídeo, pero tan antiguo que se sitúa en las fronteras del grupo. Pero no solo tiene cualidades de proboscídeo, los paleontólogos ven en él rasgos de sirenios, así como otros rasgos que aparecen en ungulados “primitivos”, tal y como sería esperable en una criatura situada cerca de los remotos orígenes de los mamíferos modernos. Si lo consideramos un proboscídeo, es el más pequeño hasta la fecha: pesaría de diez a quince kilos. Y enfatizaría el origen de los proboscídeos en el continente africano, mostrando al mismo tiempo la rápida radiación de los mamíferos placentados al final del periodo Cretácico, tras la extinción de los dinosaurios (Ref. 6).

Por lo tanto, ahora que tenemos todos los datos, podemos reconstruir el mapa filogenético completo de los proboscídeos “ancestrales”, incluyendo su cercanía con otros linajes de mamíferos e incluso, sus posibles ancestros (ref. 27):

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Ahora una breve reflexión. En el primer capítulo de esta serie no hablamos de elefantes, sino de sirenios, el grupo animal que incluye a manatíes y dugongos, popularmente conocidos como “vacas marinas”. Aún así dedicamos un hueco para hablar de Phosphatherium ¿Por qué? Porque este animal, no solo representa los inicios de un grupo que, varios millones de años más tarde, originará los elefantes. Sino que también puede representar los inicios de un grupo que, varios millones de años después, originará las vacas marinas. Es decir, animales muy parecidos a Phosphatherium, antepasados suyos  semejantes a él mismo, son los antepasados comunes de los sirenios y los proboscídeos. Por ello, con tales animales fusionamos dos grupos de mamíferos que hoy día no pueden parecer más diferentes: las vacas marinas y los elefantes (Ref. 5 y 6).

Como dato adicional, ¿recuerdas que dijimos que los últimos estudios confirmaban la naturaleza anfibia de Moeritherium, Barytherium y demás pandilla? ¡Bien! Pues he aquí un dato adicional a favor del origen de los sirenios a partir de los abuelos de los proboscídeos “ancestrales”: estos eran animales que vivían como hipopótamos o tapires; por lo cuál estaban en un punto perfectamente viable para originar por un lado, animales acuáticos y por otro, terrestres.

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Podemos darle una vuelta de tuerca más. Al contrario de lo que afirman muchos creacionistas, ¿os habéis dado cuenta que aunque Phosphatherium guarda rasgos comunes con ciertos grupos animales NO es un híbrido o una fusión de estos? ¿A qué no es representando como un elefante con cola de manatí? ¿Ni es tampoco un manatí con cabeza de elefante? Un error típico de los creacionistas es su búsqueda de “crocopatos”. Según la Biología Evolutiva debemos esperar encontrar otra cosa: animales con rasgos (sutiles o no tanto) atribuibles a otros grupos de animales, tanto antepasados como descendientes, en otras palabras: un mosaico de rasgos antiguos y modernos, que han sido y que serán heredados. Lo que no es esperable ni lógico es la búsqueda de la Quimera que venció Belerofonte.

Izquierda. El “eslabón perdido” entre sirenios y proboscídeos según la imaginación de los creacionistas. Derecha. Representación de un fósil que guarda rasgos que aparecen en sirenios y proboscídeos (Phosphatherium escuilliei ), con lo cuál, para los científicos ocupa un lugar ideal como ejemplo de “eslabón perdido”, o mejor dicho, “fósil transicional”, entre ambos grupos.

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En conclusión…

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Los proboscídeos, son un grupo animal que incluye a los elefantes, mamuts y mastodontes. Pero hemos aprendido que también agrupa a muchísimos más tipos de animales: gonfoterios «trilofodontos» y «tetralofodontos», los amebelodones como un grupo especial de gonfoterios «trilofodontos», los extraños deinoterios y criaturas que no son elefantes; como Moeritherium y Baritherium entre otros muchos.

El registro fósil también nos demuestra su enorme poder y belleza, donde los fósiles “transicionales” y “estados intermedios” aparecen a raduales, fenómeno que en este caso podemos agradecer a la naturaleza reciente del material buscado (25 millones de años antes de ahora puede considerarse como reciente); y también a las facilidades que ofrece dicho material para fosilizar (la fortaleza de los huesos de los grandes mamíferos y en especial, la de sus dientes).

De modo que el mapa que hemos podido trazar en este par de entradas, a grandes rangos, es el siguiente (la imagen inferior está sacada de aquí):

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Una reconstrucción vista desde un punto de vista más académico sería algo como esto (ver. ref. 9):

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Con todo el material ofrecido en este trío de entradas dedicadas a la evolución de los proboscídeos, puede observarse un gradualismo realmente impresionante. Con ejemplos de “fósiles transicionales” que se sitúan entre otros dos fósiles que por sí solos también pueden considerarse “transicionales”; con un registro fósil en el que una especie origina una o más nuevas especies, que se expanden por el mundo llegando a sustituir a su antecesora; incluso hemos alcanzado el extremo y finura de poder estudiar en el origen de Mammuthus primigenius un caso real y no teórico del modelo evolutivo propuesto por Stephen Jay Gould, el Equilibrio Puntuado.

Este gradualismo incluso era conocido y esbozado, aunque más imperfectamente, ya hace un lejano siglo; tal y como demuestran alqunos documentos publicados en el año 1908. Dichos documentos hoy están guardados en el Departamento de Geología y Paleontología del British Museum de Londres:

Evolución de los elefantes según la visión de 1908. Crédito: wikipedia

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Y aquí acabamos. Los elefantes, pesos pesados de la tierra firme, tienen una larga y prolífica historia. Ahora no son apenas nada comparando con lo que fueron. Nuestros elefantes actuales no tienen el impresionante tamaño de Mammuthus imperator, ni el fiero aspecto de Deinotherium, ni los colosales colmillos de Mammut borsoni, ni la graciosa figura de los elefates enanos, ni las palas de Amebeledon. Pero son nuestros elefantes. Y aunque sus poblaciones necesiten ser controladas en las mismas reservas que los protegen, no hemos de creernos reyes con aires de grandeza que desean convertirlos en tristes trofeos de caza, si en un futuro próximo anhelamos poder seguir disfrutando de ellos. Con esta entrada acabamos con los pesos pesados de la tierra. En el próximo número de esta colección, veremos a las livianas criaturas que hoy imperan sobre nuestras cabezas, no se pierdan “Érase una vez (3) las Aves: reinas de los cielos“.

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pD. He intentado resistir la tentación, pero no lo he conseguido. Debo añadir un poquito más de información…

Hablamos de Emmanuel Gheerbrant cuando comentamos que en el año 1996 publicó en la revista Nature un descubrimiento realizado por un equipo de paleontólogos encabezado por él mismo. Este fósil era Phosphatherium escuilliei, el más antiguo “proboscídeo” conocido. Bueno, han pasado más de diez años desde entonces, un científico no puede estarse quieto… era inevitable que volviera a pasar.

Corría el verano del año 2009 cuando la revista científica PNAS (Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America) publicaba otro descubrimiento de la leche: Eritherium azzouzorum. El fósil fue hallado en el mismo lugar que Phosphatherium, en la Cuenca de Ouled Abdoun de Marruecos. Su nombre deriva también del griego y significa “bestia temprana”, el nombre específico azzouzorum fue puesto en honor a la gente de la villa de Ouled Azzouz, cercana al yacimiento y que colaboró con el equipo de Gheerbrant en la recuperación de los fósiles. Hoy Eritherium azzouzorum forma parte de la colección privada del Museum National d’Histoire Naturelle de París (ref. 40).

¿Qué tiene de especial? Personalmente diría que todo. Está datado en 58 – 55 millones de años, aún más cerca del límite K/T, relacionado con la extinción de los grandes saurios. Un análisis detallado del fósil muestra que tiene más rasgos en común con Phosphatherium y Numidatherium que con otros mamíferos fósiles contemporáneos (ref. 40).

Según el autor, “[Eritherium] muestra características remarcablemente primitivas compartidas con Phosphatherium, en contraste con proboscídeos más tardíos [...] tiene muchas reminiscencias de los condilartros* del Terciario Temprano de Europa (Microhyus y Monshyus) y macroscelídeos como Chambius y Herodotius, en características primitivas tales como molares «bunodontos» e incipientemente «lofodontos»”. Para el autor, Erithreum también tiene algunas semejanzas con Seggeurius, antepasado fósil de los damanes modernos (mamíferos que hoy se consideran estrechamente emparentados con los elefantes), al mismo tiempo que confirma el cercano parentesco con los Sirenios (ref. 40).

Todos los animales nombrados: macroscelídeos (musarañas elefante), damanes, sirenios y elefantes, según este fósil, están estrechamente emparentados. Por sí mismo, Erithreum cuenta con rasgos (sutiles) comunes a los de las versiones “ancestrales” de todos ellos. No es realmente una novedad, ya que es algo que se esperaba: desde hace años los estudios moleculares basados en el DNA indican que todos esos grupos están más emparentados entre sí que con ningún otro grupo de mamíferos (ref. 41) y visto lo visto, Erithreum tiene todas las papeletas para asemejarse a dicho ancestro común. Solo añadir que este precioso fósil también tiene rasgos que pertenecen a mamíferos aun más antiguos, como era de esperar, ya que entre tales animales ha de encontrarse su propio ancestro. De todas maneras y como siempre digo… ¡Se requieren más estudios!

* NOTA. El texto original es ESTE:

Eritherium is remarkably reminiscent of the early Tertiary European louisinines Microhyus and Monshyus and early macroscelideans Chambius and Herodotius, in such primitive features as the bunodont incipiently lophodont molars (in addition to the small size, small M33, and full dental formula). This is the initial report of resemblances between the louisinine “condylarths” (Apheliscidae) and the proboscidea

He necesitado alguna licencia para que el texto sea más legible en castellano. Los condilartros son un muy primitivo grupo de mamíferos, quizás hablemos de ellos en un hipotético capítulo dedicado al origen de los mamíferos. Los macroscelídeos son animales conocidos hoy como “musarañas elefante” (ref. 40).

Restos fósiles de Eritherium azzouzorum, desenterrados en la Cuenca de Ouled Abdoum (Marruecos), datados en 58 – 55 millones de años. Crédito: (ref. 40).

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Entradas relacionadas:

  • Érase una vez (2) los Proboscídeos. Elefantes y Mastodontes: (I), (II)(III)

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BONUS TRACK. Sobreviviendo en la naturaleza: El Elefante

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BONUS TRACK 2. Barón Rojo – Son como hormigas (1982). Si no ponía esto reventaba :)

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REFERENCIAS.


  1. jesus
    7 junio, 2012 en 7:46 | #1

    Esta serie es una autentica gozada, anímate y convierte esa última hipótesis en realidad.

    En todo caso, muchas gracias por la serie.

  2. Rata de Cloaca
    7 junio, 2012 en 9:09 | #2

    Genial la serie.Te felicito por esta entrada y por las otras dos.

    Espero con impaciencia la de las aves.

  3. 7 junio, 2012 en 9:12 | #3

    Que maravilla de entrada, muchas gracias!

  4. 7 junio, 2012 en 17:58 | #4

    Muchas gracias chicos! ^_^ Me alegra que os gustara, de todas formas, si tenéis sugerencias para ir mejorando la serie en los próximos capis, no os corteis.

    Un saludote!

  5. 7 junio, 2012 en 23:08 | #5

    Después de leer esa odiosa carta esto es un bálsamo. Gracias.

  6. Iván
    12 junio, 2012 en 22:23 | #6

    ¡¡Gracias por la entrada!! ¿Barón Rojo?….¿Es un chiste sobre fósiles? pon a Los Suaves también.

  7. 12 junio, 2012 en 23:01 | #7

    Iván :

    ¡¡Gracias por la entrada!! ¿Barón Rojo?….¿Es un chiste sobre fósiles? pon a Los Suaves también.

    Esta vez es algo mucho más sencillo, simplemente estaba escuchando aquel grupo mientras escribía el artículo ^_^ Por otro lado… recomendación checada, en alguna entrada caerán ;)

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