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Magufadas ilustres

12 noviembre, 2012

Hay quien cree que el pensamiento mágico solamente se da en personas de escasos conocimientos culturales, pero eso no se cumple con regularidad. Es cierto que la formación académica es una buena barrera contra las ideas mágicas, pero solamente si viene acompañado del desarrollo de la capacidad crítica, ya que la mera memorización de datos no influye en la capacidad de desarrollar el escepticismo.

De hecho, el pensamiento teleológico es instintivo. Diversos trabajos de psicología muestran como cuando se precisa de una respuesta rápida, la primera que aparece es de tipo teleológico, aquel que nos sitúa en el centro de la realidad. ¿Por qué hay montañas? Para que las escalemos. ¿Para qué tienen hojas los árboles?, para que nos den sombra. Es el tipo de pensamiento que aparece en los niños, y que abandona la mente adulta, al ganar capacidad de (auto)crítica.

El pensamiento crítico también se desarrolla, es una habilidad como puede ser la destreza manual, o el sentido musical, pero incluso en aquellos que lo poseen más desarrollado, pueden quedar retazos de pensamiento teleológico. Todos podemos, en un momento u otro, en incurrir en una idea mágica o supersticiosa. ¿Quién no conoce a personas altamente inteligentes y cultas que acuden a un amuleto cuando se ven en una situación que quieren solventar positivamente? Me he llegado a encontrar con doctores universitarios que no querían ver un partido de su equipo favorito con el argumento de que “cada vez que les veo jugar, éste pierde”. Un pensamiento teleológico, al pensar que la realidad depende de cada uno de nosotros, es más, da idea de que la realidad no existe, sino que se construye a la medida para cada individuo, recordando aquellas historias con finales alternativos: si no veo el partido mi equipo ganará, y si lo veo perderá seguro. De ese axioma podríamos deducir que su equipo descendería de categoría si le forzamos a ver todos los partidos. Un poco absurdo, ¿no?

Absurdo o no, es un lugar común por el que transitamos (o hemos transitado), en mayor o menor medida, todos nosotros. En algún momento podemos ser pillados con alguna idea supersticiosa bajo la neurona. Al fin y al cabo, el instinto de huida sigue en nosotros, y cuando alguien grita ¡peligro!, ¿quién se para a analizar si el que grita dice la verdad o no? Quizás alguien lo hizo y desapareció ante la primera alarma cierta. Mala suerte para esos “genes” escépticos.

Y por supuesto en el pensamiento mágico también caen nuestros ilustres pensadores y científicos. La diferencia está en que cuando esas personas han realizado grandes contribuciones en el campo del saber, no solemos llamar magufadas a alguna de sus ocurrencias, sino que éstas son llamadas “ideas revolucionarias” o son olvidadas tras correr un tupido velo. Pero, insisto, por muy brillante que sea una mente, por muchos premios académicos que haya recibido una persona, nadie está exento de reflejar en su obra ideas mágicas o simples juicios de valor basados únicamente en alguna ideología o creencia.

Por ello hay que someter al mismo tamiz del escepticismo las afirmaciones de todas las personas, independientemente de su formación. Es verdad, que alguien con una gran cultura tiene más herramientas para realizar predicciones más acertadas, pero lo que realmente es importante son las evidencias que soportan dichas afirmaciones. Como pequeña muestra presento tres ideas “revolucionarias” dichas por científicos ilustres.

Elías Metchnikoff, fue un microbiólogo ucraniano, Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 1908. Realizó diversas e importantes contribuciones en el campo de la microbiología y la inmunología, entre las que destaca la observación de la fagocitosis por parte de células del sistema inmune. En una etapa madura de su vida se obsesionó con una idea: evitar el envejecimiento y llegar a ser centario. Fue informado de que existía en Bulgaria una región donde sus habitantes alcanzaban, e incluso sobrepasan los 100 años de edad.

Elías Metchnikoff, un amante de los yogures

Relacionó (sin ninguna prueba) esta longevidad con el consumo de yogures, afirmando que las bacterias lácticas de dichos yogures preservan de la oxidación y los patógenos intestinales, y por tanto alargaban la vida. Metchnikoff estaba tan convencido de dicha idea que empezó a ingerir yogures en grandes cantidades. Escribió algún libro que recogía su pensamiento, como por ejemplo “La prolongación de la vida” (1909) e indujo a miles de franceses a consumir yogur. Y siguió consumiendo yogures y llevando una vida ascética, similar a los pobladores de las aldeas búlgaras, hasta el día de su muerte a la edad de…. 71 años.

Isaac Newton es considerado, y con razón, uno de los mayores científicos de la historia. Revolucionó la física y las matemáticas, y llegó también a realizar diversos inventos. Pero además de fascinantes descubrimientos, Newton dedicó muchos (e infructuosos) años de su vida a realizar aproximaciones matemáticas a la teología. Según su propia correspondencia recogida por el editor H.W. Turnbull, de los 3,6 millones de palabras que ofrece su obra, 1,4 millones de palabras se dedicaron a la teología, mientras que solamente 1 millón que dedica a la ciencia. Newton se entretuvo en calcular la fecha de la Creación. Pero la fecha que obtuvo fue muy anterior al calculado por el arzobispo de Ussher -4.004 antes de Cristo-, y por recomendación de sus amistades, que veían peligrar su integridad física ante la severidad religiosa del momento, abandonó esos estudios. También dejó para la posteridad la fecha del Juicio Final: el año 2060. Los más jóvenes quizás veáis si tenía razón.

James Watson y Francis Crick, investigadores que recibieron el premio Nobel en el año 1962 por descubrir la estructura del DNA. Posteriormente ambos científicos brillaron en el campo de la genética. James Watson fue uno de los directores del Proyecto Genoma Humano, que dio lugar al primer borrador de la secuencia de nuestro genoma. Francis Crick, incluso se adentró en el campo de la neurociencia. Pero ambos también han dejado declaraciones magufas, basadas en su ideología.

James Watson (izquierda) y Francis Crick (derecha)

Watson afirmó en el año 2007 que las personas de raza negra son menos inteligentes que las de raza blanca y que por ese motivo fracasaban las políticas de Occidente en el continente africano. Crick tampoco se quedó corto cuando mostró su total apoyo a la eugenesia, al afirmar que los padres sanos debían tener más hijos que las personas enfermas para que los genes saludables prevalecieran sobre aquellos que producen enfermedad. En ambas afirmaciones hay poca ciencia y mucha ideología excluyente.

Un recorrido por la obra de ilustres científicos permitirá comprobar como hay muchas magufadas más. Pero no hay que confundir magufada con errores científicos. Las magufadas se apoyan en una idea mágica, en una creencia mitológica o en una ideología política. Por tanto, desde mi punto de vista, los errores basados en falta o malinterpretación de datos no deben ser considerados como magufadas. Cualquier persona puede cometer errores, y por tanto, los científicos también. Galileo pensaba que la responsabilidad de las mareas recaía en el Sol, y no en la Luna; Kelvin realizó un mal cálculo de la edad de la Tierra y consideró que los rayos X eran un camelo y Darwin nos habló de pequeñas partículas granulares producidas por distintas partes del cuerpo, llamadas gémulas, a las que responsabilizó de la herencia. Al realizar el repaso a la obra completa de los grandes científicos es posible observar, junto a sus grandes aciertos que han pasado a la historia, errores que hemos preferido olvidar.

Desde mi punto de vista, tampoco deben considerarse magufadas las predicciones realizadas por científicos. La predicción forma parte del método científico. Cuando se quiere demostrar una hipótesis se infiere un resultado ante un experimento no realizado, se predice una observación ante un ensayo futuro. Lo acertado o no de esas predicciones sirven para dar confianza o para refutar una hipótesis. Muchos de nuestros grandes científicos han sido adelantados a su tiempo, y han sido capaces de realizar predicciones, en base a sus hipótesis, que ellos no han llegado a contemplar. El problema estriba cuando se realizan esas mismas predicciones sin base que la sustente, o con bases inventadas (por ejemplo el socorrido argumento de las energías cuánticas), o cuando directamente se inventan las conclusiones sin haber empleado un minuto en un análisis crítico de las mismas, ni encontrar la menor evidencia que las sustente. Entonces es cuando se cae en la creencia y, por tanto, en la magufada.


  1. Simplicio simplicisimus
    12 noviembre, 2012 en 7:47

    Relacionó (sin ninguna prueba) esta longevidad con el consumo de yogures, afirmando que las bacterias lácticas de dichos yogures preservan de la oxidación y los patógenos intestinales, y por tanto alargaban la vida. ¿Magufada? No lo sé exactamente, aunque por sus ideas, a juzgar por tu frase, podríamos reconocerlo como el padre de los antioxidantes a pesar de su creencia en el papel de estos lácteos en la longevidad. Además, si esto es una magufada (que yo creo que históricamente no lo lo sería del todo) también lo sería lo de Darwin: ” pequeñas partículas granulares producidas por distintas partes del cuerpo, llamadas gémulas, a las que responsabilizó de la herencia”. Cuando yo lo estudié y cuando se lo explico a mis alumnos/as les digo que es una suposición sin respaldo, nada más, que hoy en día el secreto está en el ADN. Y les prsento las pruebas del neumococo, etc. y cómo se construye la ciencia. Y por supuesto la cabezonería de lord Kelvian sobre la edad de la Tierra negando los nuevos descubrimientos sobre la radiactividad también lo serían. Sobre todo porque fueron para … ¿negar la evolución darwiniana?. Bueno, pues eso es lo que piensa un humilde profesor de provincias.

  2. 12 noviembre, 2012 en 9:39

    Hola Simplicio. Metchnikoff no descubrió el papel de los antioxidantes, sólo lo relacionó (sin pruebas) con la longevidad (algo que otros habían echo con anterioridad). Quizás podríamos darle la medalla de publicitar el uso de probióticos. Pero esa no era la causa del incremento de longevidad de los habitantes de algunas de zona de Bulgaria. La causa hay que buscarla en sus genes (y sus telomerasas).
    Respecto a los otros casos que aludes, tu opinión es muy respetable. Aqui sólo he presentado la opinión de un humilde investigador de la capital.

  3. Lucien
    12 noviembre, 2012 en 11:19

    Hombre, llamar pensamiento magufo a “cada vez que les veo jugar, éste pierde” es un poco exagerado. Normalmente el que dice eso es porque no quiere ver el partido para no ponerse de los nervios.

  4. 12 noviembre, 2012 en 15:10

    El problema de algunos científicos (grandes y pequeños) es que a veces olvidan la principal máxima de la ciencia: humildad y apegarse a los hechos y a los resultados. A lo mejor deberíamos instaurar entre los afamados investigadores merecedores del Nobel o de cualquier otro importante premio, la sabia tradición romana de ser acompañados como los generales victoriosos en su parada militar por Roma, de alguien que le repita continuamente la famosa frase de “recuerda que sólo eres un hombre”. Eso moderaría la egolatría de algunos evitando el posterior bochorno al estilo de los protagonizados por Kary Mullis, Luc Montagnier o Linus Pauling entre otros. http://diario-de-un-ateo.blogspot.com.es/2011/10/supersticion-entre-los-mas-brillantes.html

  5. 12 noviembre, 2012 en 15:53

    Hola, soy defensor del pensamiento crítico en contraposición al pensamiento mágico y me gusta difundirlo en la medida de mis posibilidades. No soy científico, vaya esto por delante. Me dedico a la comunicación y difusión de ideas.

    Me gusta mucho el post y felicito a su autor. Ahora bien, estando de acuerdo con el fondo me gustaría decir algo sobre la forma. Porque me pregunto cuál es el objetivo de este u otros posts como este. ¿Sólo se pretende difundir el pensamiento crítico entre personas ya convencidas? Supongo que también se querrá informar a las personas que tienden a lo contrario. Informarlas con el objetivo de persuadirlas para que pasen a ser más críticas. Esto favorece una sociedad menos sumida en el pensamiento mágico.

    Pero, y aquí va mi cuestión sobre la forma, ¿realmente se piensa que favorece este objetivo, el tildar de “magufos” a quienes están del otro lado? Porque lo que opino es que ya desde el mismísimo título se puede estar favoreciendo que personas indecisas o que nunca han conocido la info que viene después estén poco predispuestas a ser persuadidas. Utilizar ironías o sarcasmos no favorece la transmisión de información. Esto es un hecho bastante conocido. De manera quee o se me dice que el objetivo de este u otros posts de difusión de ideas no es que más personas se sumen al pensamiento crítico o veo un problema en la forma de cómo se trata de hacerlo.

    Muchas gracias por llegar hasta aquí. Un saludo.

  6. 12 noviembre, 2012 en 16:50

    Hola Koke, comparto contigo la importancia del pensamiento crítico, y a eso hemos dedicado muchos artículos de divulgación. Yo descataría de este post (y ese es el mensaje que quería difundir) resaltar que existen mecanismos de pensamientos mágicos en todos nosotros. Y como muestra los borrones que han saltado los maestros a lo largo de la historia.

    Por supuesto esto lleva a una consecuencia que considero importante: es igual de importante lo que se dice que quien lo dice. El “que” ha de ser analizado criticamente, y si pasa el fitro da igual “quien” lo diga. El “quien” da autoridad, pero es una garantía total.

    También coincido en que el sarcasmo puede ser poco pedagógico (salvo algunas excepciones), pero por mucha paciencia que uno intente tener, no puede por menos que caer en él cuando te dan la brasa mil veces con los mismos desvaríos. Uno no es de piedra (y dudo que alguien lo sea).

  7. EOP
    12 noviembre, 2012 en 16:54

    koke, el termino, a mi juicio peyorativo, de “magufo” yo lo entendí, en un primer momento, aplicable a quien promociona o defiende terapias o tratamientos con escasa o nula base científica, enarbolando la bandera de las fuerzas místicas o energías maravillosas que, como la ciencia no ha podido demostrar que no existen, operan en otra dimensión paralela a ella.

    Lo cierto es que, en más un sitio donde científicos y afines pululan, la etiqueta de “magufo” te la pueden adherir por bastante menos. En algunos casos, será suficiente que discrepes con cualquiera de sus afirmaciones o, incluso, como adoptes la postura de “abogado del diablo” para intentar ampliar o aclarar conceptos difusos. Aplicable, además, a cualquier rama de la ciencia.

    Un saludo de un, con todas probabilidades, futuro magufo.

  8. 12 noviembre, 2012 en 17:13

    La historia del término magufo, es curiosa. Nació en la red de habla hispana, fue admitida en wikipedia (http://blogs.elcorreo.com/magonia/2007/02/20/magufo-la-wikipedia/), y posteriormente eliminada de ella por ser considerado un término peyorativo. Nada raro, dado el carácter mágico que poseen muchos artículos de la wikipedia en español.

    Es curioso que todo acepte que los apegados fuertemente a creencias religiosas son fundamentalistas, pero que a los apegados a creencias mágicas no se les debe llamar magufos. Será que la religión cotiza a la baja :D

  9. Albireo
    12 noviembre, 2012 en 18:27

    Si yo vengo a un sitio como este, espero ver artículos como este. Al pan, pan y al magufo, magufo. Bien por ti, Manuel.

    No siempre se tiene porqué ser condescendiente ni hacer proselitismo.

  10. Simplicio simplicisimus
    12 noviembre, 2012 en 18:37

    Pues por eso, porque abrió un camino que no supo ni pudo terminar, creo que habría que quitarle de la loca academia de los magufos. ¡Acaso esparábamos que hubiese sabido algo de telomerasas! Y el que muriera a los ¡71 años jartito de yogur es irrelevante, como lo es que Carrillo haya muerto con 95 años después de pasar toda su vida fumando.

    Manuel :
    Hola Simplicio. Metchnikoff no descubrió el papel de los antioxidantes, sólo lo relacionó (sin pruebas) con la longevidad (algo que otros habían echo con anterioridad). Quizás podríamos darle la medalla de publicitar el uso de probióticos. Pero esa no era la causa del incremento de longevidad de los habitantes de algunas de zona de Bulgaria. La causa hay que buscarla en sus genes (y sus telomerasas).
    Respecto a los otros casos que aludes, tu opinión es muy respetable. Aqui sólo he presentado la opinión de un humilde investigador de la capital.

  11. 12 noviembre, 2012 en 20:06

    Lo he pegado unas 3 veces en este blog antes, pero creo que tiene mucho que ver con la entrada. Para mí, uno de los mejores textos que he leído en mi vida sobre el asunto. Y eso que es el primer capítulo… Una pena que este mismo año nos dejara:

    http://www.elboomeran.com/obra/34/dios-no-es-bueno-alegato-contra-la-religion/

    De recomendada lectura.

    Saludos.

  12. Piedad
    13 noviembre, 2012 en 0:22

    Es cierto que el pensamiento mágico es universal e inherente a la especie humana (al menos eso encontró Piaget en sus investigaciones). Los niños, hasta los cinco años, abusan de la magia para poder entender porque suceden las cosas.
    Obviamente carecen del conocimiento y de la experiencia necesaria para poder ofrecer otro tipo de explicaciones. Más tarde y, atravesando otra serie de etapas caracterizadas cada una de ellas por diferentes tipos de explicaciones sobre las “causas-efectos” de los sucesos, se llega al pensamiento adulto, pero quizá, porque genéticamente estamos predispuestos a dar este tipo de explicaciones mágicas, seguimos utilizándolas cuando creemos que algo es inexplicable por el camino de la lógica.
    Eso si, se supone, que una vez alcanzada la madurez cognitiva (cada vez mas tarde ;-) ), tanto el conocimiento intelectual como la experiencia nos dan ese pensamiento crítico y lógico del que hablas.
    Pero el ser humano y su mente son tan complejos, que nada se puede afirmar con rotundidad.
    Gardner habla de las inteligencias múltiples y para avalar sus teorías se basa en resultados obtenidos de lesiones cerebrales, en poblaciones atípicas -superdotados, por ejemplo- , historia del desarrollo personal de un sujeto que pasa de ser novato a ser maestro en algo, historia evolutiva de la especie en la que los incrementos de inteligencia pueden estar plausiblemente asociados con incrementos de adaptación al entorno y también, apoyo experimental derivado de las investigaciones psicológicas, por ejemplo, desde la psicología cognitivo-experimental. Dicho esto y con la garantía de que el señor no es ningún charlatán, él habla de inteligencia lingüística, lógica matemática, espacial, musical, corporal-cinestésica, inteligencia personal, naturista y existencial (aunque esta última está aún por ser demostrada).
    Pues bien, la inteligencia personal engloba a la inteligencia interpersonal (capacidad para comprender a los demás y de actuar en consecuencia de esa comprensión) e inteligencia intrapersonal (habilidad para comprenderse uno mismo). Estas dos inteligencias están muy relacionas con el concepto que el señor Goleman hizo famoso: “inteligencia emocional”. Inteligencia ésta muy relacionada con nuestra historia personal, con nuestras ideas adquiridas de nuestros padres, con nuestras experiencias de niños… y puede ser ella la que explique porque alguien que es capaz de conseguir los mayores logros intelectuales utilizando lógica y pensamiento crítico en sus razonamiento, puede seguir creyendo que somos el centro del universo, herederos legítimos de Dios.

  13. Juan de terzas
    16 noviembre, 2012 en 18:26

    este articulo está dando mucho de si…. me apunto a seguirlo

  1. 12 noviembre, 2012 en 7:51
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