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Negacionismo climático II: siguiendo el olor de la ideología.

17 enero, 2015 14 comentarios

 
En una entrada anterior ya hemos explicado el origen de los fondos que mantienen vivo al movimiento negacionista climático. Pero aunque la inmensa cantidad de dinero que fluye hacia el negacionismo es un factor importante (puede que el más importante), hay aspectos que no explica.

 

La principal característica que queda inexplicada si nos limitamos a examinar el dinero es el de la diferencia en cuanto cala la propaganda negacionista según la ideología. Así, por ejemplo, en Estados Unidos, el 84% de los demócratas consideran que hay pruebas sólidas de que el clima terrestre se está calentando, frente al 67% de los republicanos. Y si preguntamos a los seguidores del ultraconservador movimiento Tea Party, el porcentaje se queda en un mínimo 25%. A la pregunta de si el origen de ese calentamiento es la actividad humana, el 64% de los demócratas piensan que el cambio climático es antropogénico, frente a un 44% de republicanos y un 9% de seguidores del Tea Party.

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2014 nos despide de la farsa de la “pausa climática”

27 diciembre, 2014 48 comentarios

Si algo se le puede reconocer a los negacionistas climáticos es su imaginación. No importa cuántos argumentos se les desmonten, siempre encuentran alguna manera de manipular datos, o de lanzar otra campaña de márketing reviviendo mitos largamente desmentidos.

En los últimos años, uno de sus caballos de batalla ha sido una supuesta “pausa climática” desde 1998. El fundamento de esta pausa es el mismo que el de la mayoría de los argumentos negacionistas: manipulación y tergiversación.


Tendencia de las temperaturas en superficie con “pausas climáticas” señaladas. Fuente: Wikicommons.

Como podéis comprobar en esta gráfica, no es difícil encontrar “pausas” a lo largo del siglo XX, y la de 1998 ni siquiera es la más larga. Cada una de ellas tiene múltiples causas, muchas no del todo comprendidas, pero ninguna de ellas puede enmascarar la tendencia global de calentamiento, cuya causa es bien conocida: nosotros

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¿Por qué (os preguntaréis) teniendo registros climáticos desde el siglo XIX los negacionistas empiezan a contar en 1998 e ignoran el resto de las mediciones? ¿Se introdujo en 1998 algún nuevo sistema de medición que dejó obsoletos a los anteriores? ¿Se publicó algún nuevo modelo climático revolucionario? Ni mucho menos. La respuesta es mucho más prosaica. 1998 fue un año especialmente caluroso. De hecho, fue el año más cálido desde que se iniciaron los registros. Y por supuesto, si un año bate el récord de temperaturas, lo más probable es que los años siguientes sean menos cálidos. No hace falta ser un genio para intuirlo. Pero 1998 no mantuvo su récord por mucho tiempo. Tanto 2005 como 2010 le superaron, aunque por sólo una o dos décimas. Eso ha hecho que, si seleccionamos artificialmente el periodo posterior a 1998, la temperatura haya subido mucho menos de lo que los modelos del IPCC predicen de media para todo el siglo XXI. Y así, durante estos años los negacionistas, con total desprecio de la estadística se han dedicado a pregonar a los cuatro vientos que el calentamiento global se había detenido.

Pero como la realidad suele ser tozuda, 2014 se presenta, a falta de los datos de Noviembre y Diciembre con un nuevo récord de temperaturas, no sólo siendo el año más caluroso desde el inicio de los registros, sino que es una décima de grado más cálido que la media de la década pasada, 2004-2013. Por supuesto, no vamos a caer en las mismas falacias que los negacionistas, pero ya, ni siquiera con la manipulación de los datos y escogiendo de forma arbitraria el punto en el que empiezas a mirar las temperaturas en 1998 se puede alegar que haya pausa alguna. La tendencia a largo plazo, una vez más, se impone a las manipuladoras maniobras de los propagandistas a sueldo de las petroleras y sus tontos útiles que le hacen el trabajo gratis.

Más información:

¿Por qué hay artículos científicos que avalan la homeopatía, acupuntura, reiki, etc?

25 octubre, 2014 72 comentarios

Cualquiera que haya buscado en internet sobre cualquier tema sobre salud (o incluso aunque no) habrá podido comprobar la enorme cantidad de remedios milagrosos, curalotodos y demás estafas que, bajo la cobretura de una palabrería de apariencia científica, pululan por la red. Para el común de los mortales, muchas veces es difícil distinguir cuándo el remedio de turno es legítimo y cuando no es más que un sacacuartos. Esto es especialmente cierto cuando algunas de estas pseudoterapias es respaldada por algunos médicos, tal y como sucede con la homeopatía, la acupuntura, quiropráctica, reiki, los antineoplasmones de Burzynski, etc. Sus defensores “médicos”, muchas veces con formación científica, se encargan de producir una gran cantidad de estudios que demuestran las bondades de su terapia favorita. Estos estudios, a su vez, son usados por los defensores, vamos a llamarles “amateurs”, que aparecen en cualquier blog que los critique con argumentos como “pues mira el artículo XXX publicado en la revista YYY”.

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Epidemia de sangrados nasales en Fukushima

21 mayo, 2014 79 comentarios

Fukushima Daichi poco después del accidente.El desastre nuclear de Fukushima, como ocurre con la mayoría de sucesos impactantes, es un imán para la rumorología y la divulgación de bulos que, aparte de servir para que algunos hagan caja, enturbian con datos falsos un importante debate como debe ser el del futuro de la energía nuclear.

Uno de los bulos que más éxito están teniendo últimamente se refiere al espectacular aumento de casos de sangrados nasales entre los habitantes de las áreas alrededor de la central nuclear. El origen de esta epidemia de sangrados nasales parece ser un popular dibujante de mangas, Tetsu Kariya, en uno de cuyos cómics, Oishinbo, el protagonista (un reportero) sufre de hemorragia nasal después de visitar la planta nuclear.

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Sensibilidad química múltiple, o cómo vivir del sufrimiento ajeno

24 marzo, 2014 94 comentarios

Tubo de ensayoEl campo de la medicina es un lugar especialmenAviso médico grandete abonado a la aparición de todo tipo individuos con pocos o ningún escrúpulo que no tienen problemas en aprovecharse y vivir del sufrimiento ajeno. Esto es especialmente cierto en los casos de enfermedades graves, incurables y/o de origen desconocido, en los que el paciente se aferra con desesperación ante cualquier promesa de curación o, al menos, de explicación de sus síntomas.

Uno de esos casos es el llamado Síndrome de Sensibilidad Química Múltiple, últimamente de moda junto con la Sensibilidad Electromagnética, en los que los pacientes reaccionan de forma intensa ante la exposición de cualquier producto químico a niveles que son indetectables e inocuos, en el caso de la SQM, o a cualquier campo electromagnético en el caso de la SE. Leer más…

El cerebro y la mente según la ciencia

7 marzo, 2014 20 comentarios

Una excelente charla de Sebastian Seung, neurocientífico, explicando como la ciencia avanza poco a poco para dar respuesta a una de las preguntas filosóficas más antiguas. Leer más…

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Negacionismo climático: siguiendo el olor del dinero.

19 diciembre, 2013 418 comentarios

Ya se han comentado en este blog las similitudes y paralelismos de diversos tipos de negacionismo: negacionismo de la evolución, tanto en su vertiente creacionista dura o en su versión edulcorada del diseño inteligente, el negacionismo del sida, negacionismo de las vacunas o el negacionismo del cambio climático. En todos ellos la historia es más o menos similar: se descubre un nuevo fenómeno; al principio, las cosas no están claras y existe un intenso debate científico sobre sus causas, características (o incluso sobre su propia existencia); pasado el tiempo, la evidencia se acumula y se establece un consenso científico sobre dicho fenómeno; todavía quedan detalles por dilucidar, a veces algunas sorpresas, pero las líneas generales quedan totalmente claras y el debate científico acaba. Sin embargo, desde fuera de la ciencia (aunque a veces con participación de algunos científicos), el debate se mantiene abierto artificialmente. Las evidencias no importan, no se aporta nada nuevo, se empieza a recurrir a la “conspiración” (del stablishment, de los científicos ateos, de los calentólogos, de las farmacéuticas…). Se acabó la ciencia y lo único que queda es la retórica.
Pero en esta entrada vamos a hablar sobre las peculiaridades de uno de estos negacionismos: el negacionismo del cambio climático.

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