Ya sé que el 15-M está formado por una amalgama dispar de corrientes que le confiere a la vez su fortaleza (no hay un pensamiento único) y su debilidad (es muy complicado llegar a amplios consensos). Pero encontrarme con magufadas como la que muestra esta imagen excede de largo la capacidad de apertura de mi mente (pinchar en la imagen para ampliar).
Autor de la imagen: Manu Cabañas (Fotógrafo Inquieto)
Hace poco conversaba con un conocido sobre la vida después de la muerte. Yo argumentaba que, al ser incapaz de saber si existe algo después de la vida, no me atrevo a confiar en la realidad de un más allá. Por otro lado, no tengo prueba alguna de que no exista la trascendencia a la muerte, pero tampoco tengo ninguna de que pueda existir un paraíso post-infarto. Prefiero -le dije- disfrutar y trabajar por mejorar esta vida, que es la única de la que estoy seguro de su existencia.
«Tu problema es que eres un incrédulo», me espetó. «Tu mismo has dicho que no hay pruebas de que todo se acabe con la muerte, por lo tanto, es posible que sí haya una vida más allá. ¿Qué daño hace creer en ella?» Mi respuesta, a lo Tim Minchin, fue tajante: «porque no sirve para nada, de igual forma que no sirve para nada creer que el espíritu de Elvis está orbitando Beta Carinae, salvo para idiotizarte y destrozar tu vida».
Dado que le faltaba poco para montar en cólera y acusarme de quemar a Galileo, le aclaré un poco más mi postura intentando suavizar el tono.
El video que aquí presento muestra (una vez más) la más absoluta incultura científica que poseen aquellos que defienden la enseñanza del creacionismo en las escuelas en perjuicio de la evolución. En un debate realizado frente a un grupo de profesores de biología, el senador de Louisina, Mike Walsworth, afirma que no existe ninguna prueba experimental que sustente la evolución. Una profesora, con una paciencia a prueba de bombas, refuta ese argumento explicando como puede comprobarse la evolución en directo analizando los cambios que se producen en el genoma de un cultivo de la bacteria Escherichia coli cuando las bacterias se reproducen en el cultivo a lo largo del tiempo (un experimento realizado por Richard Lenski, entre otros). El momento épico se produce cuando el senador interrumpe la explicación de la profesora para preguntar “si la bacteria evolucionará hacia una persona”. No sé si comprobar que no solamente en España se puede ser un cenutrio y senador a la vez consuela, o por el contrario hace pensar que esto no tiene arreglo.
Hoy tenemos el honor de contar con la colaboración de Alex, un profesor de Ciencias que ejerce en pleno cinturón bíblico americano y que ha tenido la amabilidad de ofrecernos los relatos sobre su importantísima tarea en un ambiente tan difícil para la enseñanza del pensamiento crítico. Empezamos con “Dinosaurios en el Oeste”, e iremos ofreciendo sus colaboraciones de forma regular, esperando que os gusten tanto como a nosotros.
Las aventuras y desventuras de un españolito escéptico enseñando ciencia en el Medio Oeste americano.
Por:Alex Onôv
Probablemente haya algún profesor de ciencias de educación primaria entre los lectores de este post. Bien, tengo una pregunta para ellos. ¿Alguna vez, hablando de dinosaurios en el aula, han escuchado a algún estudiante decir que “no cree” en la existencia de los mismos?
Uno diría que va contra la mentalidad infantil negar la existencia de los seres más apasionantes que jamás caminaron sobre la Tierra. Si hay algo que fascina a los niños es saber que realmente existieron. Cierto, también les gustan los mundos fantásticos e imposibles pero, con un poco de suerte, su masa encefálica terminará por cuajar y todo eso se quedará en un gusto literario o evasivo. Lo que realmente atrae a los niños es que los monstruos con aspecto de dragón existieron alguna vez.
Excepto a Emily. Emily te dirá abiertamente que ella no cree en los dinosaurios. Niega su existencia pasada. En cuanto hablamos de ellos, ella sonríe y niega con la cabeza. Dice que nadie los ha visto y que, por lo tanto, nadie puede probar que existieron. ¿Qué puede hacer que Emily esté tan convencida de eso? ¿Qué puedo hacer yo para persuadirle de lo contrario?
Esto es algo a lo que le estaba dando vueltas en la cabeza desde hace unos cuantos meses. Y finalmente llegó el día: voy a dejar el blog. Al menos temporalmente. Pero el blog no se cierra, J.M. y el resto de administradores siguen adelante, con novedades que se están gestando y que prefiero no adelantar para que sean una sorpresa.
¿Por qué lo dejo? Hay dos razones. La primera de ellas es la más poderosa: el proyecto de investigación que estoy desarrollando en estos momentos es muy exigente y voy a disponer de muy poco tiempo libre. La segunda está relacionada con un cierto desencanto y cansancio, algo de lo que tanto J.M. han hablado con anterioridad, por lo que prefiero no repetir cosas ya escritas. Ha sido una gozada contar con comentaristas como los que acudís a este blog, si éste está a punto de alcanzar los 5 millones de visitas en por culpa vuestra. Lo triste ha sido comprobar el enorme número de magufos que pululan por la red. El otro día alguien me comentaba que una de las revoluciones del siglo XX había sido alfabetizar a un enorme porcentaje de la población de muchos países del planeta, gracias a la mejora de las redes de sistemas educativos. Espero que el siglo XXI sea el siglo en que se dé un paso más y se enseñe a pensar a la gente de forma crítica. Sé que hay muchos intereses en contra, pero también los hubo (y los hay) contra la alfabetización. Leer más…
Hacía tiempo que no continuábamos nuestra particular crítica al panfleto “44 hechos científicos corroborados por la Biblia”, que se ha dispersado por la red y que comenzó teniendo el aspecto del típico bulo que sería citado miles de veces, originando un meme del tipo «la Biblia predijo muchos descubrimientos científicos del siglo XX y XXI». Nos lanzamos a la pesada labor de ir desmontando las supuestas pruebas del contenido profético del libro sagrado de los cristianos, y modestamente hemos conseguido algo: que al introducir “hechos científicos corroborados por la Biblia”, únicamente la quinta entrada corresponda a una copia del panfleto original. El resto de la primera página cita nuestros diferentes artículos críticos. Y todos sabemos lo que eso significa: tienen más visitas y son más citados los argumentos escépticos que la hoja parroquial original.
Así que, como nada anima más que comprobar que tus desvaríos epistolares sirven para algo, vamos con la sexta entrada de la serie, que nos reserva algunas jugosas fantasías.
Utilizar una herramienta suele requerir un periodo de aprendizaje directamente proporcional a la complejidad de la misma. Así, no resulta complicado aprender a usar un destornillador, pero cuesta un poco más manejar con soltura un osciloscopio. Lógicamente, algunas herramientas requieren un conocimiento teórico más elevado que otras: el destornillador únicamente precisa entender como funciona un tornillo, pero para usar el osciloscopio debemos saber de señales eléctricas, ondas y electrónica. Además de todo esto, para manejarlas con habilidad se precisa cierta práctica, también dependiente de la dificultad del utensilio y de la técnica empleada.
Con los instrumentos intelectuales ocurre exactamente lo mismo. Los niños no nacen sabiendo razonar, sino que es algo que aprenden con el tiempo y la práctica. De igual forma, la capacidad de formular una hipótesis válida no es algo innato, debe aprenderse mediante el estudio y la práctica.
Utilizando un ejemplo muy sencillo, podemos presentar el siguiente razonamiento: “Los perros tienen orejas, yo tengo orejas, luego yo soy un perro“. Obviamente, hasta un niño de cinco años detectará el error en el razonamiento, pero no por haber reconocido la falacia, sino porque hemos hecho trampa. Un niño -y el adulto más obtuso- saben que un perro no es un ser humano y que por lo tanto yo no puedo ser un perro. Con ello, invalidan el razonamiento por la evaluación directa de la conclusión final, no de las dos premisas anteriores.
El romanticismo y el “buenismo” se llevan en muchas ocasiones hasta extremos donde no llega la razón. Hay frases que dichas de una forma suenan revolucionaria, transgresora y despiertan una tremenda empatía. Pero el camino opuesto suena a reaccionario y carcamal. De esa forma si aparecen estudios que muestran la ineficacia de la homeopatía para tratar la gripe, la acusación de que los estudios están pagados por gigantescas farmacéuticas productas de vacunas, antivirales y productos analgésicos es vista con simpatía por muchas personas. De poco sirve que en las mismas revistas donde se publica esa ineficacia homeopática también se critique al tamiflú por su poca efectividad o a la OMS por el exceso de celo ante la llamada gripe A. El mensaje sentimental ha calado, nos ha hecho tomar posición ideológica, aletargando cualquier pensamiento crítico.
Sin embargo cuando leemos en revistas de terapias alternativas críticas a las vacunas, a la vez que se publicitan terapias de efectividad no demostrada, hay una carga de simpatía, un guiño de complicidad con el humilde que embiste contra el gigante. Poco importa que algunas de las empresas de productos químicos alternativos también sean empresas de tamaño gigante (y creciendo), con grandes departamentos de distribución, marketing y publicidad (pero nula sección dedicada a la investigación), y que coticen en bolsa repartiendo dividendos millonarios. Se consigue dar la falsa imagen del pequeño defendiéndose del acoso del gigante. Leer más…
El número de afectados empezó a crecer. Al principio se detectaron 4 casos en una misma región. A lo pocos días ya había varias decenas por todo el país. No se daba abasto. Había un patrón definido: todos eran de la misma generación y llevaban una vida muy promiscua. El número de intercambios era muy elevado. Pero pronto aparecieron otros casos, los cuales mostraban poca promiscuidad. Las primeras hipótesis apuntaban a un fallo sistémico, todo se venía abajo de golpe, empezando a fallar en numerosos sitios a la vez.
Parecía difícil de imaginar, pero había algo que se transmitía entre los afectados. Algo muy pequeño, no detectable con facilidad acaba con todas las defensas y el normal funcionamiento de los afectados. Los mejores expertos se pusieron manos a la obra y en poco tiempo identificaron al responsable, que llamaron virus, determinaron su código y su forma de pasar entre los afectados. Incluso uno muy optimista afirmó: “en poco tiempo tendremos un antivirus eficaz que lo eliminará”. Mientras no paraban de sucumbir afectados, algunas voces discrepantes empezaron a dudar de la existencia de eso que llamaban virus; “no existe esa cosa que se transmite y llaman virus, todo se debe a fallos sistémicos motivado por los excesos de los afectados”, sentenciaban. Leer más…
Este es un caso bastante peculiar ya que todo lo que rodea a Lanka es tan excéntrico que incluso disidentes del VIH/SIDA, como los del grupo de Perth, prefieren no aliarse con este señor para nada. Y es que el conjunto de declaraciones realizadas por Lanka a lo largo de su vida hace que tenga un gran número de aduladores en la red que repiten sus mantras. Mientras, los científicos lo ignoran debido a que sus opiniones no tienen la menor trascendencia en ningún ámbito biomédico. Lamento que muchas que las cosas que vais a leer suene a un ataque ad hominem, pero es que es imposible desligar las opiniones de Lanka de su propia trayectoria personal, debido fundamentalmente a que Lanka opina, opina y opina sin presentar la menor evidencia experimental y realiza múltiples afirmaciones que pueden ser refutadas en segundos por personas mínimamente formadas en el tema. Da la impresión que Lanka no habla para los científicos, él busca otro público. Pronto comprenderéis por qué.
Empecemos por la presentación de Stefan Lanka. Dependiendo de la página que consultemos nos encontramos ante un revolucionario de la virología no comprendido, o ante un biólogo molecular del montón que tras doctorarse abandonó el campo de la ciencia para introducirse de lleno en el de la pseudociencia. Una vuelta por PubMed nos muestra una limitada experiencia en virología en particular y en biología molecular en general. Y ninguna experiencia en retrovirus, su tema favorito de crítica. Lanka posee 3 publicaciones indexadas entre los años 1993-1995, las tres en la prestigiosa revista “Virología”, siendo primer autor solamente en uno de sus trabajos. No es el autor responsable de los trabajos (“corresponding autor”) en ninguno de ellos, lo que muestra que los hizo bajo la supervisión de un jefe de laboratorio. No sé si Lanka llegó a doctorarse, pero el trabajo realizado tiene todo el aspecto del que se lleva a cabo durante una tesis doctoral. Sus estudios y el trabajo experimental lo desarrolló en la Universidad de Constanza, Alemania, y trataron sobre un virus del alga marina Ectocarpus siliculosus. Leer más…
Últimos comentarios