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Piedras que caen del cielo

15 enero, 2013 17 comentarios

apofisEl último acercamiento del asteroide (99942) “Apofis” la pasada madrugada del jueves 10 de enero ha permitido a los astrónomos calcular con mayor precisión las próximas órbitas de este fragmento de roca de 325 metros. Afortunadamente, los datos son optimistas, y el peligro de colisión con la Tierra está cada vez más lejos.

Desde la antigüedad, las rocas caídas del cielo han representado un fenómeno fascinante. Múltiples interpretaciones mitológicas han tratado de explicar la naturaleza de estos ocasionales bombardeos siderales. El estudio moderno de los asteroides puede fecharse en plena Ilustración, cuando un meteorito cayó en la localidad francesa de Lucé, en el año 1768 y que fue estudiado por científicos de la  Academia de Ciencias de Francia. Si bien en ese momento no se llegó a aceptar de forma rotunda el origen extraterrestre de estos cuerpos, varios impactos acaecidos en Europa durante las siguientes décadas hicieron que naturalistas y científicos de la época acabaran abrazando la hipótesis de las caídas.

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Inexactitudes periodísticas: el asteroide que “roza” la atmósfera

9 noviembre, 2011 22 comentarios

Imagen de radad del Asteroide 2005 YU55 obtenida por la NASA el 7-11-2011, a 1,3 millones de km de distancia de la Tierra

Imagen de radad del Asteroide 2005 YU55 obtenida por la NASA el 7-11-2011, a 1,3 millones de km de distancia de la Tierra

El asteroide 2005 YU55 es un pequeño cuerpo de 400 metros de diámetro que pertenece a la familia de asteroides llamada Apolo, que se caracterizan por alcanzar el interior de la órbita terrestre. Debido a ello, se tratan de objetos potencialmente peligrosos, dado que en algún momento existe la posibilidad de que se aproximen a las cercanías de la Tierra e, incluso, lleguen a impactar en nuestro planeta. Los Apolo forman parte así de los asteroides cercanos a la Tierra (NEO, Near Earth Object) y son objeto de especial vigilancia por los astrónomos.

El pasado 8 de noviembre, 2005 YU55 pasó cerca de nosotros a unos 324.600 kilómetros, algo menos que la distancia media a la que se encuentra la Luna (384.000 km). 2005 YU55 fue descubierto el 28 de diciembre de 2005 por Robert S. McMillan desde el observatorio Steward, de la Universidad de Arizona. Con una órbita muy bien conocida, 2005 YU55 no representó un peligro de colisión con nuestro planeta,  ni lo representa al menos en los próximos 100 años. No obstante, constituyó una interesante ocasión para la observación cercana de uno de estos pequeños cuerpos que de cuando en cuando se aproximan a la Tierra.

Los medios de comunicación no han dudado en hacerse eco de la noticia pero, como suele ser habitual, adornándola con un poco de sensacionalismo (suponemos que con la intención de captar la atención del lector). Lo lamentable es que un titular llamativo, si no se es muy escrupuloso, puede inducir a error.

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Disminuye la probabilidad de impacto del asteroide Apophis

8 octubre, 2009 6 comentarios

El asteroide Apophis (en el círculo)

El asteroide Apophis (en el círculo)

El asteroide Apophis, de unos 250 metros de diámetro y 2,1 × 107 toneladas, pasará muy cerca de la Tierra en 2029 y 2036. A pesar de los alarmantes cálculos iniciales tras su descubrimiento en 2004, poco después las posibilidades de impacto con nuestro planeta se descartaron para el paso de 2029, y se estimaron en una entre 45.000 para el paso de 2036.

Un reciente estudio presentado en el Congreso Anual de la División de Ciencias Planetarias de la Sociedad Astronómica Americana que se está celebrando estos días, muestra que las probabilidades son aún menores, del orden de 1/250.000, según presentaron varios investigadores del Jet Propulsion Laboratory.

Apophis pasará en 2029 a unos 29.000 km de la Tierra, por debajo incluso de la órbita geoestacionaria (35.700 km), y es posible que la probabilidad de impacto en 2036 disminuya todavía más.

Sin embargo, los NEO (objetos cercanos a la Tierra) y especialmente los PHA (asteroides potencialmente peligrosos, de los que hay catalogados casi un millar) son lo suficientemente preocupantes como para justificar no solamente programas de detección y seguimiento, sino el desarrollo de estrategias tecnológicas para poder acometer un desvío en caso de detectar una trayectoria de impacto.

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