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Galileo Galilei y los Demonios de la Ciencia

21 julio, 2009

Retrato de Galileo Galilei, por Giusto Sustermans. Crédito: Wikipedia Commons.

Retrato de Galileo Galilei, por Giusto Sustermans. Crédito: Wikipedia Commons.

Galileo Galilei, nacido en Pisa el 15 de febrero de 1564 y fallecido en la ciudad de Florencia el 8 de enero de 1642 (2), profesor de matemáticas de la Universidad de Padua, padre de la astronomía de observación instrumental (1) y, en definitiva, uno de los fundadores de la ciencia moderna, donde los datos y observaciones priman sobre las ideas, preconcebidas o no, que carecen de apoyo empírico.

Y sin embargo, paradójicamente, en las últimas décadas la figura de Galileo se ha convertido en el ariete por excelencia de diversos personajes que, enarbolando su imagen, navegan a contracorriente afirmando sin tapujos que, los científicos, son seres de “mente cerrada” y “dogmáticos”, incapaces de aceptar lo que sea en carencia de pruebas; así mismo, estos tipos suelen identificarse con Galileo, ya que son perseguidos y acosados por hordas de detractores que no les dejan ni respirar, eludiendo a la vez gobiernos, conspiraciones y maquinaciones empresariales que desean evitar que digan la verdad, su verdad… lo cuál a su vez, no les impide publicar docenas de revistas, de libros, de blogs, de foros, de páginas güeb; o levantar museos, conferencias, merchandising e incluso empresas y además, cobrar a principio, a un cuarto, a mitad, a tres cuartos y a fin de mes.

Así que, sintetizando un poco, según ellos habría que ser como Galileo, es decir, no tener la mente cerrada y estar abierto a cualquier posibilidad aunque no se tengan pruebas de por medio. Y los Inquisidores que persiguen a Galileo son aquellos que se aferran tanto a las pruebas que no son capaces de dar su brazo a torcer.

Primera página de De Revolutionibus Orbium Coelestium, de Nicolás Copérnico, 1543. Crédito: Wikipedia Commons.

Primera página de “De Revolutionibus Orbium Coelestium”, de Nicolás Copérnico, 1543. Crédito: Wikipedia Commons.

Sin embargo, la historia de Galileo, como ya tantas veces se ha comentado en esta inmensa red de redes, no fue así, mas bien la historia real (sí, esa de la que se disponen pruebas, seguramente también haga falta “mente abierta” para aceptar la otra versión), supone una inversión de papeles.

Los Inquisidores pertenecían a la Iglesia Católica Apostólica y Romana y sostenían, como actualmente sostienen aunque en versión Light, una serie de dogmas que solo pueden ser aceptados por Fe; por lo que, según ellos, el mundo, solo puede ser interpretado en base a esos dogmas… Galileo por su parte, tuvo la osadía no solo de poner en cuarentena a hipótesis herejes como la de Nicolás Copérnico, sino que además (i) tomó su telescopio, (ii) puso a prueba las observaciones de Copérnico y (iii) se le ocurrió contar lo que observó.

Con lo cual, las reacciones en el sector eclesiástico no se hicieron esperar:

Si bien, en una ronda anterior le tocó a Copérnico (en aquel entonces ya fallecido), con la Prohibición del De Revolutionibus

Decreto de la Sagrada Congregación del Índice, 5 marzo 1616

“… Y como también ha llegado a conocimiento de la Sagrada Congregación que aquella falsa doctrina pitagórica, completamente contraria a la Sagrada Escritura, acerca de la movilidad de la Tierra y la inmovilidad del Sol, que también es enseñada por Nicolás Copérnico en su obra Sobre las revoluciones de los orbes celestes, y por Diego  de Zúñiga en su Comentario sobre Job, se está divulgando y es aceptada por muchos; como se puede ver en una Carta impresa por un Padre Carmelita, cuyo título es Carta del Reverendo Padre Maestro Paolo Antonio Foscarini Carmelita, sobre la opinión de los pitagóricos y de Copernico sobre la movilidad de la tierra y la estabilidad del sol y, el nuevo sistema pitagórico del mundo. En Nápoles, por Lazzaro Scoriggio, 1615, en la cual dicho Padre intenta mostrar que la dicha doctrina sobre la inmovilidad del Sol en el centro del mundo y la movilidad de la Tierra se adecua a la verdad y no se opone a la Sagrada Escritura; por tanto, para que no se difunda ulteriormente tal opinión en detrimento de la verdad Católica se ha decretado que las obras mencionadas Sobre las revoluciones de los orbes de Nicolás Copérnico, y el Comentario sobre Job de Diego de Zúñiga, sean suspendidas, hasta que se corrijan; y que el libro del Padre Paolo Antonio Foscarini Carmelita se prohíba completamente y se condene; y que se prohíban todos los demás libros que enseñan lo mismo: en cuanto el presente Decreto todos respectivamente los prohíbe, condena y suspende.” (1)

Y Galileo, por apoyar tal escrito, no iba a ser menos advertido, Carta de Belarmino a Foscani (12 de Abril de 1615)

(…) Primero. Me parece que Vuestra Paternidad y el Señor Galileo actuarían prudentemente limitándose a hablar ex suppositione en vez de absolutamente, como he pensado que siempre habló Copérnico. Pues decir que, suponiendo que la Tierra se mueve  y el Sol está quieto se salvan todas las apariencias mejor que con los excéntricos y los epiciclos, se puede perfectamente y no tiene ningún peligro, y eso es suficiente para el matemático [astrónomo]. Pero querer afirmar que realmente el Sol está en el centro del mundo, y solo gira sobre sí mismo sin moverse de oriente a occidente, resulta muy peligroso, no solo por irritar a todos los filósofos y teólogos escolásticos, sino también porque puede dañar la santa fe, haciendo falsas las escrituras (…)

2º. Como usted sabe, el Concilio [de Trento] prohíbe exponer las Escrituras contra el consenso común de los Santos Padres (…)

3º. Si se diese una verdadera demostración de que el Sol está en el centro del mundo y la Tierra en el tercer cielo, y que el Sol no gira alrededor de la Tierra, sino que la Tierra gira alrededor del Sol, entonces habría que explicar con mucha circunspección las escrituras, que parecen contrarias, y más bien decir que no las entendemos, antes que decir que sea falso lo que se ha demostrado. Pero no creeré que exista tal demostración hasta que no me sea mostrada, y no es lo mismo demostrar que suponiendo que el Sol está en el centro  y la Tierra en el cielo se salvan las apariencias, y demostrar que en realidad el Sol está en el centro y la Tierra en el cielo; pues pienso que la primera demostración se puede obtener, pero respecto a la segunda tengo muchas dudas, y en caso de duda no se debe abandonar la Escritura, tal y como ha sido expuesta por los Santos Padres (…) (1).

El caso fué bastante más complejo de lo que aquí se relata, recomiendo la lectura de la referencia (1) para el caso. Si bien, la historia se resume de forma más o menos sencilla: Galileo era un científico, después de todo, “Para Galileo se trataba de hechos físicos,  que podían ser demostrados a partir de la experiencia (en primer lugar, de la que él mismo había obtenido a través del telescopio) y del razonamiento lógico matemático. Para los teólogos del Santo Oficio, eran proposiciones que, si bien se apoyaban en la experiencia sensible, solo podían fundamentarse por medio de un razonamiento filosófico. Además, mientras no hubiera pruebas evidentes, debían ser también refutadas por razones teológicas” […] “Desde el punto de vista de la ciencia, resultó decisiva la incapacidad, por parte de teólogos y eclesiásticos, de reconocer que Galileo proponía un nuevo tipo de conocimiento a partir de la experiencia, y no una interpretación filosófica o teológica de la realidad. Esta actitud rígida, que respondía poco al sentido original de la teología como “fe que busca comprender” (fides quaerens intelectum), puso a Galileo frente a un falso dilema” (1).

Y bueno, un par de cosicas antes de terminar 🙂

1º. Como la ICAR es rauda en aceptar sus errores, Juan Pablo II a su manera pidió “perdón” por la condena de Galileo y reconoció, a su manera, el error de su Empresa (2ª acepción del RAE). Y también rehabilitó al Señor Galileo (aunque pasado el tiempo, creo que poco queda de él para rehabilitar)… (3) Esperemos que la ICAR no tarde demasiado en reconocer ciertos errores que siguen costando vidas, especialmente en África, y sobre todo, antes de que sea demasiado tarde (como le pasó a Galileo, entre otros muchos).

2º. Un poco de historia de la Ciencia, de manos de uno de los mejores divulgadores que la Ciencia ha tenido jamás (elegid los subtítulos en español):

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Entradas relacionadas:

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Referencias:


  1. 21 julio, 2009 en 6:02

    “Y sin embargo se mueve”.

    Buen detalle el del video, también. Interesante la frase de Martín Lutero con respecto a Copérnico, prácticamente expone el pensamiento de los retrógados y retardatarios.

    El ejemplo de Galileo debe tomarse como el de aquel que fue emprendedor por encima de la adversidad. Bonita historia. Como para contársela a los niños.

    Un saludo y felicidades por tan ilustrativo artículo.

  2. 21 julio, 2009 en 8:43

    Además es interesante el apunte de que hoy lo enarbolan muchos magufos con la excusa de la “mente abierta”, cuando en realidad, Galileo se enfrentó a la gente que mantenía tesis y posturas similares a las que ellos mantienen hoy.

    Saludos.

  3. 21 julio, 2009 en 10:41

    Me gustaría recordar un par de cosas sobre Galileo. Lo primero es que su problema con la Iglesia no fue tal hasta que no llego a un punto en el que decidió interpretar las escrituras en virtud de sus nuevos descubrimientos. Craso error. De hecho, antes de que hacer eso (motivo por el que lo juzgó la inquisición), fue apoyado por el Papa en sus investigaciones. Claro que, en este punto deberíamos preguntarnos si Galileo hizo bien o mal. Evidentemente era un valiente, que duda cabe, para intentar replantear el dogma eclesiástico de esa manera, pero también fue demasiado tozudo, lo que le llevó a la desgracia. Copérnico sabía que también se la jugaba en ese sentido, así que fue un poco más inteligente y no publicó nada hasta un poco antes de morir. Era lógico.

    Y otro detalle, esta vez más para la chanza que otra cosa, es que cuando murió Galileo, un dedo suyo (completo) fue pasando por los científicos de la época de mano en mano como una especie de reliquia sagrada. La ciencia ha tenido sus mártires, desde luego, pero cuanto han cambiado los tiempos, no?

  4. 21 julio, 2009 en 11:27

    Magnífico el post, Cnidus.

    Y sí, la clave de la cuestión está en la incapacidad de comprender cómo funciona el pensamiento científico. Para los que atacaban a Galileo, lo que este estaba proponiendo eran “filosofías” perniciosas. Estaban tan imbuidos en un modo de pensar basado en filosofías y dogmas que no eran capaces de entender que podía haber otro tipo de pensamiento en el cual lo único importante eran las observaciones y los hechos.

    Saludoski

  5. 21 julio, 2009 en 15:54

    A día de hoy sigo sin comprender como después de todas las patadas que la ciencia le ha metido a los mitos y leyendas estas sigan no sólo en pie sino en un mayor auge y vigor cada día…

    El caso de Galileo debería haber sido uno de los tantos cismas que desquebrajaran a la Iglesia pero se quedó en apenas nada, al menos a día de hoy sus descubrimientos siguen en pie.

    Saludos 😉

    Pd: ¿cómo se hace para ver los subtítulos en el vídeo? 😆

  6. KC
    21 julio, 2009 en 16:24

    Es una pena que algunos impongan religión a Filosofía 😦

    Resker, una vez en marcha el vídeo, dale al botón del triángulo blanco y seguidamente lleva el puntero del ratón hasta la segunda opción, donde se abrirá un menú con diversos idiomas.

    Saludos.

  7. Cnidus
    21 julio, 2009 en 19:59

    Gracias a todos.

    La historia de Kepler (de mis favoritas de Cosmos) continúa mas allá de este vídeo, el presentado es la parte 3/7 😉

    Respecto al caso Galileo, es bastante posible que este se pasara de la raya cuando pasó de utilizar “una hipótesis basada en observaciones como herramienta útil” a utilizar “una hipótesis basada en observaciones para explicar el mundo“.

    Al clero nunca le ha gustado la competencia.

    Saludos!

  8. Rawandi
    22 julio, 2009 en 19:21

    El artículo de la revista ‘Investigación y Ciencia’ citado en la nota 1 deja bastante que desear porque trata de disculpar en varias ocasiones el comportamiento de los perseguidores de Galileo (por ejemplo, habla del comisario Maculano pero sin mencionar que este inquisidor amenazó explícitamente al anciano Galileo con la tortura para así conseguir doblegar su voluntad y concluir el proceso). Se nota que el autor, R. A. Martínez, trabaja para una “Universidad Pontificia” de Roma.

    En el mismo número de la citada revista, en la sección de libros, hay otro artículo largo sobre Galileo, escrito por Luis Alonso. Curiosamente, este segundo artículo también enfoca la historia de la forma que le gusta al Vaticano. Es una pena que los responsables de ‘Investigación y Ciencia’ no hayan incluido ningún trabajo auténticamente objetivo sobre el caso Galileo.

  9. KC
    22 julio, 2009 en 20:16

    Rawandi, justamente por eso la Historia tiene unas cuantas interpretaciones. A veces medio vacía, a veces medio llena. Tampoco esperes que alguien vaya a morder la mano que le da de comer. Las religiones, y sus asiduos, no suelen ser generalmente objetivos.

    Saludos.

  10. 22 julio, 2009 en 20:17

    Gracias por la anotación Rawandi. Sería interesante leer otras revisiones del caso Galileo.

    Y aún así, la actitud de la ICAR ya me parece totalmente condenable, aún en la versión light del caso… Hay comportamientos que no se pueden justificar.

    Un saludo!

  11. 23 julio, 2009 en 9:56

    Otro detallito sobre Galileo que acabo de ver en Ciencia Kanija:

    http://www.cienciakanija.com/2009/07/22/nueva-teoria-galileo-descubrio-neptuno/

    Desde luego le dio de si… XD

  12. Rawandi
    23 julio, 2009 en 11:55

    KC, a mí lo que realmente me extraña es la actitud pastelera de la revista ‘Investigación y Ciencia’, cuyos dueños imagino que no dependen de la Iglesia católica. Sabiendo de qué pie cojea su recensionista de libros Luis Alonso, debieron haber elegido a alguien de la tendencia contraria (por ejemplo, el nada pastelero Antonio Beltrán; véase su obra ‘Talento y poder’, editada por Laetoli) para que escribiera el artículo central sobre Galileo.

    En cuanto al artículo del filósofo “pontificio” R. A. Martínez, comparado con los desatinos que suelen escribir los apologistas católicos resulta incluso comedido. Buena prueba de la relativa tibieza del señor Martínez es que Cnidus ha sido capaz de entresacar de su artículo unas cuantas líneas bastante decentes, por no mencionar las interesantes citas de documentos históricos que hablan por sí mismas.

    Un saludo

  13. PICAPOYOS
    29 julio, 2009 en 12:32

    Cnidus, me parece formidable este trabajo pero me gustaría hacer un mínimo comentario hacerca del perdón de Juan Pablo II.
    Según el Concilio Vaticano I se reconoce la la infalibilidad del papa, es decir la imposibilidad de equivocarse en lo relativo a la fe o a la moral.
    Este precepto no ha sido eliminado por lo que Juan Pablo II no está legitimado para pedir perdón. El hecho de que lo haya hecho no significa que la Iglesia reconozca lo mismo (de hecho, legalmente no lo puede hacer) y más bien se debe al espíritu humano de este gran hombre que ha intentado sembrar el entendimiento entre todos los llamados cristianos a fin de, algún día, promover la unificación de todas las iglesias.
    Ya ves, de ser así estamos ante un acto más político que religioso y, en el fondo, dudo mucho que todo el clero o sus seguidores estén de acuerdo con que la Iglesia se equivocó y Galileo tuviera razón alguna.
    Una saludo

  14. PICAPOYOS
    29 julio, 2009 en 12:33

    acerca va sin “h”. Glup!!!

  15. 29 julio, 2009 en 13:46

    O eso Picapoyos… o es que ni siquiera son capaces de tener una mínima coherencia interna. Porque la paradoja (contradicción) es la leche: “Los Papas son infalibles en todas sus acciones. Un Papa reconoce un error“.

    En fin…

  16. 29 julio, 2009 en 15:52

    Bueno, un consuelo: una montaña, por grande que sea, se remonta paso a paso. Todo iría por buen camino si los sucesores de Pedro (que no de Jesús) siguieran estos pasos, pero me temo que este no es el caso. Un mártir es aquel que muere defendiendo sus creencias pero ¿por qué no hay un San Giordano Bruno y si hay un San Escribá de Valaguer?
    Será como decía Liza Minelli o Pink Floyd…
    MONEY…

  17. 29 julio, 2009 en 15:59

    De todas formas, este papa es de los llamados de transición así que no hará mucho más. Esperemos que pronto venga uno que le haga caso a Jesús y haga su máxima de aquella que decía “Al césar lo que es del césar y a Dios lo que es de Dios”, léase “a Dios lo que es de Dios y a la ciencia lo que es de la ciencia” y si no que se disuelvan y dejen al mundo que cada uno se busque la vida.

  18. 21 febrero, 2010 en 4:00

    Galileo Galilei, en un contexto general ha sido mal interpretado por la iglesia, que siempre ha temido a la verdad de la ciencia.

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