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El astuto plan del microbio Odiseo, narrado por Lucas Sánchez.

6 septiembre, 2009

troya

Os transcribo el fantástico artículo que nos escribe hoy el investigador del Centro Nacional de Biotecnología (CSIC) Lúcas Sanchez en diario Público:

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Los científicos descubren el complejo mecanismo de funcionamiento del agente infeccioso que causa leishmaniasis.

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Sólo en la mente del héroe Odiseo (Ulises, para los romanos) cabía la astucia que daría la victoria a Grecia en la guerra de Troya. Epeo, el mejor carpintero de entre los guerreros que asediaron la ciudad, construiría un gran caballo de madera. Con las dimensiones adecuadas, cabrían el mismo Odiseo y cerca de una treintena de hombres, suficientes para romper la seguridad de Troya.

La heroicidad, relatada tanto en la Odisea de Homero como en la Eneida de Virgilio, ha dado la vuelta al mundo, pero la ciencia ha revelado que la idea de Odiseo, a nivel molecular, no es demasiado original.
La enfermedad afecta a 12 millones de personas, sobre todo en el Tercer Mundo
El género Leishmania está formado por protozoos causantes de un conjunto de enfermedades denominadas leishmaniasis. Englobadas en el grupo de enfermedades tropicales olvidadas, transmitidas por la picadura de un mosquito, afectan a 12 millones de personas, sobre todo en el Tercer Mundo, y causan alrededor de 60.000 muertes anuales.

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El patógeno debe conseguir la hazaña de infectar las células encargadas de destruirlo

A nivel celular, el patógeno causante de las distintas enfermedades ha de conseguir la hazaña de infectar las mismas células que están encargadas de destruirlo: los macrófagos. Cada macrófago es la nueva Troya a conquistar, su membrana constituye una gran muralla y, en su interior, numerosas moléculas esperan ansiosas entrar en batalla. Únicamente falta el caballo en esta molecular historia, un tipo de célula llamada neutrófilo.

Los neutrófilos son las primeras células que se reclutan en una infección para engullir todo agente extraño que aparezca. Son células algo más pequeñas que los macrófagos y tienen una vida muy corta (6-10 horas). Las leishmanias han aprendido a dejarse tragar por los neutrófilos y a prolongar artificialmente la vida de los mismos hasta la llegada de los macrófagos, unas 48 horas después. Sólo cuando estos lleguen, dejarán morir a los neutrófilos, como parte del astuto plan.

Las leishmanias han aprendido a dejarse tragar por las células y a prolongar su vida

Los macrófagos también se encargan de eliminar células muertas, tragándoselas. Al reconocer que los neutrófilos están muriendo, los tragan como células muertas, pero no como células infectadas, por lo que no activan sus mecanismos de defensa. Este es el sentido por el cual las leishmanias mantienen a los neutrófilos con vida hasta la llegada de los macrófagos: saben que éstos, como los troyanos, no ven una amenaza en un caballo inerte, aunque esconda una sorpresa letal en su interior.

Digno de admiración, no es el único mecanismo retorcido que utiliza el parásito para conseguir sus propósitos biológicos. Este tipo de patógenos tienen dos ciclos, uno en el mosquito y otro en el hospedador vertebrado. Ambos confluyen en un punto crítico: la transmisión. Mediada por la picadura del mosquito, representa un momento crucial, ya que el patógeno debe conseguir salir del mosquito en el momento de la picadura y defenderse rápidamente en el interior del nuevo huésped.

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Salvando obstáculos

Un estudio realizado en el Imperial College of London y publicado este mes en la revista Plos Pathogens desvela el mecanismo por el cual las leishmanias manipulan el comportamiento alimenticio del mosquito para aumentar su transmisión y salvar los obstáculos mencionados.

Los mosquitos tienen una válvula en la entrada del intestino cuya función es permitir la ingesta de sangre durante la picadura y sellar inmediatamente el conducto para evitar pérdidas cuando finaliza. La leishmania ha desarrollado un gel proteico llamado PSG que se pega a la válvula y hace que ésta no pueda cerrarse del todo. Como consecuencia, los mosquitos regurgitan sangre cada vez que intentan tragarla y la sangre que entraba limpia por la trompa del mosquito vuelve al organismo cargada de parásitos.

Actualmente no existe una vacuna frente a la leishmaniasis, aunque numerosos grupos de investigación trabajan en su desarrollo. Entre las estrategias utilizadas para mejorar las vacunas se ha optado por añadir compuestos presentes en el contexto de la picadura, como los presentes en la saliva del mosquito. El estudio del doctor Rogers añade una nueva variable, señalando la posibilidad de utilizar el gel PSG. Futuras investigaciones indicarán si conocer el mecanismo de transmisión mediado por el mosquito podría terminar generando una posible vacuna frente a la enfermedad.

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Fuente original del artículo:

Poco más se puede comentar, salvo que da gusto levantarse un domingo por la mañana con este tipo de noticias en la prensa. Un artículo muy interesante e impecablemente redactado. A ver si cunde el ejemplo. 😛

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Entradas relacionadas:


  1. 6 septiembre, 2009 en 14:56

    Interesantísimo 😀

    Dejando de lado el carácter pernicioso frente a los seres humanos; el ciclo de este bicho es una pasada, y el de la mayoría de los parásitos. Siempre están buscando la manera de sacarle cinco patas al gato para completar su ciclo vital…

  2. 6 septiembre, 2009 en 16:18

    Buah!

    Ya ves si es una pasada. Y es una pasada que se descubran estas cosas. Aunque seguramente sea por culpa de que nos afecta directamente a nosotros. No me hago una idea de la cantidad y complejidad de estrategias que pueden llegar a existir por ahí… en el mundo de los parásitos de insectos, sin que nadie las vaya a descubrir jamás. :S

  3. 6 septiembre, 2009 en 17:08

    Atentos al comentario de uno en la entrada original…

    Gracias a Dios hay bichitos de estos que siempre demostrarán la grandeza del creador, que el pecado original hay que pagarlo y por mucho que nos quieran embaucar la ciencia es la biblia y todos los demás engañabobos ¿Hay quien se pueda creer que el mundo tiene millones de años cuando todos saben que tiene no mas allá de sietemil? Si Adán y Eva no hubieran pecado hoy viviríamos felices sin trabajar y no habriá paro ni fornicación.

    Hemos pasado de tratar de demostrar la existencia de Dios por la observación de las maravillas de la naturaleza a usar los parásitos dañinos 🙄

  4. Darío
    6 septiembre, 2009 en 17:43

    Gracias por el regalo, Rano.

    Resker: ¿No dice la entrada original si fue un parásito de la racionalidad el que escribió esto? De verdad que el parásito de la enfermedad es más original, listo y sensato que el cretino que escribiò eso que mandas. 😛

    Saludos.

  5. 6 septiembre, 2009 en 17:59

    Gracias a Dios hay bichitos de estos

    Pero cuanto bestia anda suelto!!

  6. 6 septiembre, 2009 en 19:51

    Joer Resker, menuda prenda. 😀

    Bueno, eso certifica que dios para algunos es un ser maligno que demuestra su “grandeza” dedicándose continuamente a hacernos putadas para hacernos pagar por algo que no hemos hecho.

    Realmente no veo mucha diferencia entre esa doctrina y el satanismo. Ellos sabrán. 😛

  7. 6 septiembre, 2009 en 21:04

    Voto para poner al bestia de antes en la sección “El Profeta Aneuronado” :mrgreen:

    No hace falta ponerlo inmediatamente, dado que no podemos enlazar directamente al comentario, podemos enlazar a la página y a una captura de pantalla que ya tengo bajo llave 😀

  8. 6 septiembre, 2009 en 23:27

    Pues casi que sí Cnidus porque vaya piquito de oro tiene el menda, de 3 bocarranas no baja…

    Me recuerda a Hinbestigadora77 hablando del VIH y los homosexuales 🙄

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