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Sipadán, cuando un volcán construye un paraíso

16 enero, 2010

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Isla de Sipadán. Borneo.

Isla de Sipadán. Borneo.

Sipadán es una pequeña isla volcánica situada en el Mar de Célebes, en el Indo-Pacífico. A unos 40 km de la costa este de Borneo, es la única isla oceánica de Malasia, elevándose casi 700 metros desde el lecho marino. Se trata de un cono volcánico que no tendría mayor interés de no ser por el extraordinario ecosistema marino que lo rodea: uno de los arrecifes de coral más espectaculares y mejor conservados del planeta.

Y es que si nos limitamos a circunnavegar la isla, o incluso a emplear unos escasos 45 minutos en recorrer a pie su perímetro, puede parecer otra isla tropical más. Un pequeño islote completamente saturado de bosque tropical, donde  encontramos varanos y una gran variedad de aves, provista de algunas playas de

Playa en Sipadán

Aguas turquesa en Sipadán

arena blanquísima. Como construcciones, un par de barracones del ejército y un pequeño embarcadero.

Por el contrario, si nos armamos de unas gafas y un tubo de buceo, nos sumergimos en un paraíso nada más entrar en sus aguas. Bajo la superficie, un nuevo y espectacular mundo nos recibe con impresionante belleza: el arrecife de coral que rodea completamente la isla y que alberga miríadas de corales y de muchos otros invertebrados, innumerables especies de peces y enormes tortugas, en lo que parece un gigantesco acuario, pues tan increible nos resulta que la naturaleza haya podido reunir tal variedad de formas de vida en un solo lugar.

Los primeros metros bajo la superficie

Lo primero que encontramos, totalmente accesible sin necesidad de equipo de buceo autónomo, son unas enormes extensiones o praderas de coral, tapizadas por decenas de especies diferentes y pobladas por una inmensa variedad de peces e invertebrados.

Estas son sin duda las primeras zonas en las que apreciaremos la enorme biodiversidad del arrecife, tortugas, tiburones, cientos de especies de peces, esponjas, equinodermos, gusanos, crustáceos y, por supuesto, una abrumadora variedad de coral.

Pulsa en la imagen para ampliar
Jardines de coral Pez murciélago,
Platax pinnatus
(Linnaeus, 1758)
Coral Mesa,
Acropora sp.
Ostra gigante,
Tridacna sp.
Coral cuero,
Sarcophyton sp.
Ascidias portando
simbiontes fotositéticos
(Prochloron)
Pez león,
Dendrochirus zebra
(Cuvier, 1829)
Poliquetos
tubícolas
Tortuga Verde,
Chelonia mydas
(Linneo, 1758)
Banco de barracudas,
Sphyraena qenie
Klunzinger, 1870
Banco de barracudas,
Sphyraena qenie
Klunzinger, 1870
Ascidia
Polycarpa sp.
Staghorn Crest. Sipadán.

Staghorn Crest. Sipadán.

El muro

Avanzando un poco más en dirección a aguas abiertas, comienza el segundo espectáculo de Sipadán: las paredes prácticamente verticales que descienden centenares de metros hacia las profundidades. Completamente saturadas de vida, son zonas para bucear despacio deteníendonos en cada oquedad para encontrar seres espectaculares.

La pared representa, por un lado, un refugio ideal para muchas especies que encuentran protección y alimento en mitad del océano; por otro, se produce un gradiente de temperatura, luminosidad y nutrientes que permiete observar faunas muy diferentes simplemente con sumergirnos o emerger unos cuantos metros.

La luz decae rápidamente con la profundidad, especialmente la de longitud de onda más larga (rojos), la cual es rápidamente absorbida en los primeros metros. Esto hace que a partir de 10-15 metros prácticamente el arrecife se aprecie en escala de grises (bueno, más bien de azules)  y debamos utilizar una linterna para poder observar la exquisita riqueza cromática de los seres que forman y tapizan la pared.

Algunos crinoideos (Pulsa en la imagen para ampliar)

El frágil paraíso

Estos inmensos edificios naturales que son los arrecifes de coral presentan sin embargo una fragilidad extrema. Su formación y crecimiento se encuentra totalmente ligado a la zona superior iluminada, donde crecen los pólipos, unos pequeños animales del grupo de los cnidarios provistos de un esqueleto calcáreo que son los formadores de estas increíbles construcciones.

Por ello, precisan de alguna estructura (isla o borde costero) sobre la que comenzar a asentarse y desarrollar el edificio coralino que irá creciendo a lo largo de los milenios. Debido a esta génesis, distinguimos distintos tipos de arrecife: el arrecife costero (formado a partir de la línea de costa), el atolón (formado alrededor de una isla volcánica que -al sumergirse- deja esa laguna circular característica), etc.

Los pólipos de coral, al morir, dejan el esqueleto calcáreo que vuelve a ser colonizado por la siguiente generación que crece sobre él, aumentando el edificio coralino poco a poco. En un océano como el terrestre, sujeto a fluctuaciones periódicas, los corales van creciendo sobre sus antepasados según aumenta lentamente el nivel del mar, o bien afloran en sus descensos dando lugar a islas totalmente coralinas.

Otro factor limitante es la temperatura del agua, a la que estos minúsculos arquitectos son muy sensibles. No proliferan en aguas frías ni demasiado calientes, por lo que únicamente los encontramos en un cinturón ecuatorial y son muy sensibles a fenómenos climatológicos como El Niño.

El arrecife representan un refugio excelente para una gran cantidad de fauna que de otro modo no encontraría refugio ni alimento en mitad del océano. De ahí el papel de islas de biodiversidad que literalmente desempeñan estas colonias.

Colección de nudibranquios (Pulsa en la imagen para ampliar)

Debido a estas características, los arrecifes coralinos son ecosistemas muy frágiles y se encuentran en muchos casos gravemente amenazados por los vertidos, la acidificación del agua, el aumento de la temperatura o la subida del nivel del mar. En nuestras manos está, como casi siempre, considerar estos exponentes de la biodiversidad marina en su justa medida, y adoptar todas las precauciones necesarias para que no se conviertan en un recuerdo del pasado.

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  1. 16 enero, 2010 de 14:25

    En alguna otra entrada me suena haberte visto enfundado en neopreno y armado con una cámara. Yo me saqué el OWD el año pasado, y tengo unas ganas locas de irme a bucear el verano que viene !!

    Las fotos son tuyas? se me esta haciendo larguísima esta espera hasta el verano xD

  2. 16 enero, 2010 de 15:24

    Joer, que fotooooos!! 😀

    Qué maravilla. Qué paraiso. Realmente faltan palabras para describirlo. Se nota que es una isla sin apenas influencia humana, y esperemos que siga así por mucho tiempo.

    Algunos animales hasta parece que están posando. ¿Cómo lo conseguiste, JM? ¿Fue a base de mucha paciencia, o es que esos animalitos aun no saben lo peligrosos que son algunos humanos?

    PD: el vídeo de los peces en los “jardines colgantes” me lo he visto ya tres veces y no me canso de verlo. Es increíble lo que nos relaja el verlos nadar ahí, tan tranquilamente.

    Gracias por compartirlo, JM! 😀

  3. 16 enero, 2010 de 15:39

    ¡¡¡FLIPANTE!!! ¡Vaya fotos! 😯

  4. remem0rama
    16 enero, 2010 de 17:27

    Creo que hace poco vi un documental de submarinismo en esta zona que echaron en la 2. Es increíble.

  5. 16 enero, 2010 de 17:30

    Este artículo debería abrir una nueva sección que se llamara “post para dar envidia”. Y vaya si la da. ¡Menudo paraíso!. Esperemos que la codicia humana se mantenga lejos de este lugar.

    PD: Magníficas fotos. ¿Cuánto cobran los animales por posar? 😀

  6. 16 enero, 2010 de 20:36

    La verdad es que Sipadán es un verdadero pasote, no te cansas de bajar allí.

    Si, todas las fotos y los vídeos son míos, están hechas con una Canon IXUS 966 IS en carcasa Canon y flash INON D-2000.

    Con lo del posar, los más difíciles son los peces: la mayor parte huyen en cuanto te acercas un poco, por lo que hay que tener mucha cautela y hacer aproximaciones muy despacito. Sin embargo, las tortugas, algunos tiburones y la mayor parte de invertebrados se dejan fotografíar a escasos centímetros sin problemas. De estos últimos, los más difíciles son los tubícolas, que esconden el penacho a la mínima.

    Alex, si te acabas de sacar el OWD, ya estás tardando en acercarte al Mar Rojo, está aquí al lado, los vuelos salen baratos y es uno de los mejores sitios del planeta. Hace dos años, un barco con el que coincidimos en el puerto de Sharm el Sheik vió hasta un tiburón ballena cerca de la costa! No obstante, en cuanto puedas, sácate el AWD; hay muchas estaciones (especialmente de PADI) que te lo piden para ciertas inmersiones, y es una tontería de curso.

    Saludos.

  7. 16 enero, 2010 de 20:52

    ¿Cuándo has ido? yo estuve el año pasado y ya había “numerus clausus”: de ocho días de buceo sólo pudimos bucear dos en Sipadan y el resto por la zona. Eso sí, uno de los días en Sipadan fueron 4 inmersiones y el otro 5.

    Si alguno se anima, le aconsejo visitar la Cueva de la Tortuga. Es una cueva submarina que abarca gran parte de la isla ¡pero por debajo, claro! Es necesario tener el carnet de “avanzado” (Advanced-OWD o similar) y hay que entrar con un guía especializado; la inmersión dura por lo menos 70 minutos. Está lleno de esqueletos de tortugas (probablemente perdidas o enfermas que acabaron allí sus días) y hay algunas zonas espectaculares.

    Aunque claro, para verla hay que perderse una de las inmersiones “por fuera”: barracudas, tiburones, jack fish, …

    Los alrededores ya son un buen sitio de buceo, pero Sipadan es impresionante. Único.

  8. Darío
    16 enero, 2010 de 21:57

    Hermosas fotos, gracias por compartirlas.

  9. 17 enero, 2010 de 1:52

    Rober :

    ¿Cuándo has ido? yo estuve el año pasado y ya había “numerus clausus”: de ocho días de buceo sólo pudimos bucear dos en Sipadan y el resto por la zona.

    Nosotros estuvimos en noviembre pasado, y tuvimos una suerte que no veas: de seis días buceamos cinco en Sipadán. Eso sí, ni una sola vez a la Cueva de la Tortuga 😦

    Saludos

  10. 17 enero, 2010 de 6:46

    muy buen articulo.

    ese es un pequeño universo en el mar.

  11. 17 enero, 2010 de 21:01

    ¡¡Por el amor de Monesvol!! ¡¡Pero qué diablos son estas fotos señor Hernández, es usted un millonetis!! Suerte que no soy envidioso… XD

  12. 18 enero, 2010 de 11:50

    Un sitio espectacular, de los que ya deben quedar muy pocos. Realmente impresionante. Y me uno a los de la envidia, sin dudarlo.

  13. 18 enero, 2010 de 13:22

    Te odio.

  14. 18 enero, 2010 de 13:48

    Joder…
    que diferente a las naves de producción acuícola!!!!
    me sumo al grupo de los envidiosos…jejeje
    Saludos.
    Y que sigas compartiendo con el “populacho” tus fantásticos viajes…

  15. 18 enero, 2010 de 19:03

    ¡Qué interesante entrada! Por información como ésta soy partidaria de que dejemos de referirnos a los fenómenos naturales como ‘desastres’, pues no lo son, sean terremotos, erupciones volcánicas, huracanes o lo que sea. Así opera nuestro planeta, mismo que es cambiante y dinámico, punto.

    Saludos renegados y felicidades a J.M. Hernández por esas fotinas, muy hermosas y nítidas.

  16. 18 enero, 2010 de 19:05

    ¡Chale! El comentario anterior me firmó como Alberto A., pero soy Mineko Kia!!! 😦

  17. KC
    18 enero, 2010 de 19:08

    Ya decía yo que Alberto A. y “partidaria” era un poco curioso… 😛

  18. 18 enero, 2010 de 19:21

    Corregido 😉

  19. 18 enero, 2010 de 20:47

    @JM: si, el AWD ya lo tenía en mente para semana santa, y el plan es verano en Tailandia o Mar Rojo. Prefiero Tailandia porque además del submarinismo hay bastante más que ver, en cambio, la zona del Mar Rojo … me da la impresión de que será algo atiborrado de complejos hoteleros sin opción a ir por tu cuenta.
    Por cierto, yo tengo una IXUS compacta tambien, pero no recuerdo el modelo exactamente. tu cámara es compacta o reflex?

    Saludos.

  20. AvA
    22 enero, 2010 de 22:12

    Preciosas imágenes. De esto a ser fotógrafo oficial de la National Geographic un paso 😛

  21. ALTOPO
    23 enero, 2010 de 17:50

    Viendo estas hermosas fotos recordé una frase de ClaudeVillee, gran difusor de la biología: “El precio que tenemos que pagar por haber salido del mar, es que ahora lo llevamos dentro”. Tómenlo como un hecho fisiológico y es una verdad científica. Pero… pongámosle algo de poesía a la cosa, que el arte no riñe con la ciencia: en todos los panelistas (me incluyo) se siente que llevamos un mar atávico en el corazón, en donde flotan, libres, razones y sinrazones. Hasta pronto.

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