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Las tribulaciones de Abdi-Heba. El reino de Jerusalén en el s.XIV A.C., o…¿Dónde estaba Josué mientras ocurría todo esto?

25 enero, 2010

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Estatuilla cananea de bronce (Bronce Reciente) encontrada en Meguido.

Gestionar un reino de las tierras altas en la convulsa Canaán meridional nunca fue tarea fácil, ni siquiera en el relativamente tranquilo siglo XIV A.C.  bajo el manto protector de los faraones egipcios.

Abdi-Heba era el rey de Jerusalén en esa época, en plena Edad del Bronce Reciente.  Y su historia está escrita en primera persona, ya que casi todo lo que sabemos de él lo sabemos a través de las cartas que escribió, celosamente conservadas para la posteridad en los archivos palaciegos de Amarna.

Su nombre nos permite adivinar que era un hombre del norte, un hurrita. Abdi-Heba significa “sirviente de Heba”, y Heba era la diosa madre de los hurritas, la “Madre de todo lo viviente”. Un nombre que posiblemente se convertiría con el tiempo en “Eva”, la otra gran madre cuya leyenda nos ha sido transmitida por tradiciones hebreas posteriores.

Pero a mediados del s.XIV A.C. los hebreos no habían aparecido todavía, ni histórica ni arqueológicamente. En cambio, el reino hurrita de Mitanni en la alta Mesopotamia se encontraba en su apogeo, y su influencia cultural llegaba a un sitio situado tan al Sur como Jerusalén. Pero esa influencia era sólo cultural. Políticamente, tanto Jerusalén como el resto de las ciudades-estado cananeas seguían estando bajo el férreo control de los faraones egipcios.

Sin embargo, en el s.XIV A.C. ese control no se manifestaba mediante una ocupación militar permanente. El Gobernador Provincial egipcio residía en Gaza, pero los faraones preferían controlar los pequeños reinos cananeos mediante la diplomacia.

Normalmente sólo se enviaban pequeños destacamentos de tropas cuando la situación política lo requería, y previa petición de socorro por parte de los reyes vasallos que administraban el territorio. De hecho, los faraones eran bastante renuentes a enviar tropas a Canaán, ya que los costes de su mantenimiento eran elevados, y normalmente la diplomacia bastaba para que las ciudades reconocieran el poder real, obedecieran los órdenes del faraón y entregaran los tributos.

Esta política de no-intervención directa dejaba una amplia autonomía política “de facto” a las ciudades-estado cananeas. Y esa autonomía traía consigo una fuente inagotable de conflictos entre ellas. Un mundo peligroso donde la agresión, la traición, las conspiraciones y las intrigas amenazaban continuamente la estabilidad política e incluso la supervivencia de los pequeños reinos, todo ello bajo la atenta mirada de un faraón que observaba a distancia, marcaba las reglas del juego, escuchaba las quejas y… sólo intervenía cuando era estrictamente necesario.

Un mundo fascinante que hoy podemos descubrir y desentrañar leyendo la correspondencia diplomática de Amarna. Una historia contada en primera persona. Pero antes de empezar, vamos a dar un breve repaso al contexto geográfico donde se desarrolla esa historia.

El reino de Abdi-Heba estaba situado en el mismo espacio geográfico que posteriormente ocuparía el núcleo histórico del reino de Judá: Las tierras altas del Sur.

La misma capital, el mismo contexto geográfico.

No es casualidad. Las tierras altas de Judá constituyen un espacio geográfico-cultural muy bien delimitado. Es un paisaje de colinas pedregosas salpicadas de matorral y bosque mediterráneo, ideal para actividades ganaderas de pastoreo (especialmente si éstas son transhumantes) y cultivos de subsistencia, pero poco apto para las explotaciones agrarias intensivas.

Al Este las tierras altas están delimitadas por la doble frontera natural del desierto de Judá y el Mar Muerto. Al Sur, por el árido desierto del Neguev.

El Valle de Berseba es un espacio de transición entre las tierras altas y el desierto. Es fértil en años buenos y árido cuando no hay lluvia. Los asentamientos  permanentes sólo aparecen cuando existe un poder político fuerte que pueda acumular los excedentes y asumir las pérdidas en los años malos. Pero eso tendría que esperar hasta el s.IX A.C.

En el Bronce Reciente el valle de Berseba formaba parte de ese salvaje Sur habitado sólo por las tribus nómadas del desierto.

Al Norte las tierras altas de Judá se prolongan naturalmente sin solución de continuidad con las tierras altas de Israel, el núcleo histórico de donde surgiría en un futuro el vecino reino del Norte. Aquí la frontera es más étnica que geográfica. Las tierras altas de Israel son más extensas, más fértiles, y están mejor comunicadas, y por eso históricamente siempre han tendido a tener una centralidad política propia, paralela a las tierras altas del Sur pero con más poder y recursos. Un territorio apetecible, pero muy raramente al alcance de las posibilidades de las gentes del Sur. Mantener la frontera montañosa que bordea Jerusalén ya era todo un logro frente a los poderosos vecinos del Norte. Así ocurría en la época histórica de los dos reinos hebreos de Israel y Judá, y así ocurría también en el ámbito geográfico de las ciudades-estado cananeas que les precedió.

Mapa por cortesía de Hammond & co. (www.hammondmap.com) Click para ampliar.

Al Oeste, la fértil llanura litoral permite la configuración de un paisaje de núcleos urbanos relativamente grandes. Es el lugar que en un futuro ocuparán los filisteos. Un espacio igualmente codiciado por las gentes de las tierras altas del Sur, pero casi siempre también fuera del alcance de sus posibilidades. Poco podían hacer las tribus montañesas de pastores contra las grandes ciudades del litoral, tanto en la época de los filisteos como en la época anterior de las ciudades cananeas que ocupaban ese mismo espacio en el Bronce Reciente.

Así pues, nos encontramos con un reino montañés relativamente pobre encajonado entre desiertos salvajes al Sur y al Este y vecinos poderosos al Norte y al Oeste. ¿Qué posibilidades de expansión hay? ¿Cómo incrementar la producción y los recursos? ¿Cómo romper el aislamiento? La respuesta está en la Sefela.

La Sefela sería un espacio clave en la historia del reino de Judá. Es una zona donde las montañas se convierten en estribaciones y suaves laderas fértiles donde sí que es posible una agricultura intensiva. La Sefela era el granero de Judá. De su dominio dependía la estabilidad económica del reino y la posibilidad de generar recursos y excedentes. Es un espacio salpicado de pequeñas ciudades cuyo control político sí que está al alcance de los pueblos montañeses del Sur cuando estos se unen en una entidad política firme, aunque ese control sea eternamente discutido por los pueblos del litoral. En ese sentido y desde un punto de vista geopolítico podríamos decir que la Sefela es la auténtica “Tierra Prometida”, porque las tierras altas del Sur puede que “manen leche y miel” pero lo que el reino realmente necesita para prosperar es una agricultura intensiva de cereal que sólo puede darse en esas laderas que yacen apeteciblemente al Oeste, casi al alcance de la mano.

En el momento en que iniciamos nuestra historia, el reino de Abdi-Heba no controla ninguna población en la Sefela. Es un reino pobre encastillado en las tierras altas del Sur cuya capital es la pequeña ciudad cananea de “Urusalim”.

Cartas de Amarna. El Nombre "Urusalim" en escritura acadia cuneiforme

Esta Jerusalén primitiva ocupaba sólo el contrafuerte montañoso conocido como la “Ciudad de David”, en el Sur de la ciudad histórica. Un pequeño enclave que aproximadamente equivaldría a la décima parte de la ciudad que luego se construiría alrededor bajo los reyes de Judá.

Poco más que una aldea grande con un rústico palacio desde donde se administraría un territorio rural montañoso de pequeñas aldeas y una población seminómada importante dedicada fundamentalmente al pastoreo.

Abdi-Heba aparentemente es un recién llegado sin relación con los reyes anteriores de la ciudad. En sus cartas (EA 287) nos dice que “ni mi padre ni mi madre me han puesto en este lugar, sino que el fuerte brazo del rey (el faraón) me lo dio”.

Pero tampoco es exactamente un “hombre nuevo” sin relación con las clases gobernantes, puesto que en las cartas EA 286 y EA 288 habla de “la casa de su padre”, expresión que en la época se utiliza para referirse a las dinastías reinantes.

No ha llegado hasta nosotros ninguna carta de los primeros años de su carrera, pero a través de las cartas de los reyes vecinos podemos reconstruir la historia de la primera gran prueba a la que tuvo que enfrentarse el reino: La amenaza de Labayu. Unos hechos que la mayoría de los investigadores sitúan a finales del reinado del faraón Amenofis III (h. 1388-1351 A.C.)

Click en el mapa para ampliar

Labayu, rey cananeo de Siquén,  fue el primer gobernante conocido que  unificó las tierras altas del Norte.

Algunos autores lo identifican con Abimelec (hijo de Gedeón), con Saul, o con el rey Acab. Tales identificaciones son difícilmente sostenibles, étnica y cronológicamente, pero en el fondo todas ellas son  historias paralelas que nos reflejan lo que ocurre cuando un poder fuerte unifica las tierras altas del Norte. Cada vez que eso ocurre, la posición estratégica de esas tierras permite una fácil expansión hacia los valles de Meguido y Yezrael por el Norte, hacia la llanura litoral por el Oeste, e incluso hacia Transjordania por el Este.

Es un proceso que debió de repetirse numerosas veces a lo largo de la Historia. Pero Labayu fue el primer descubridor del potencial de las tierras altas como territorio encastillado desde el cual lanzar expediciones de conquista contra las ciudades del llano.

Poseemos una descripción de su entrada en Guézer (ver mapa) en la carta EA 253, que el mismo Labayu escribe al faraón para justificar sus acciones:

“Al rey, mi señor, mi sol: mensaje de Labayu, tu sirviente, el terreno sobre el que caminas. A los pies del rey mi señor y mi sol, siete y siete veces  yo me arrojo. He oído las palabras que el rey me ha enviado en una tablilla. Mirad, yo soy un sirviente del rey, como mi padre y mi abuelo. Yo ya era sirviente del rey antes. Yo no he pecado, yo no soy culpable. Este es mi pecado, esta es mi culpa: que yo he entrado en Guézer.  Pero yo digo “El rey es favorable! No tengo otra intención que servir al rey!” Todo lo que el rey dice, lo escucho. El rey confía en mi comisión, para proteger la ciudad del Rey!”

Un argumento que podríamos resumir en: “Sí, he ocupado Guézer, pero creía que lo hacía para satisfacer al rey, y en todo caso es en beneficio suyo”. Lógicamente el faraón no podía estar de acuerdo. A pesar de las declaraciones de sumisión, el hecho era que uno de sus vasallos había conquistado la ciudad de otro, expandiendo su pequeño reino hasta unas proporciones amenazantes para el predominio real en la zona.

Y las acciones de Labayu no se limitaban a Guézer. Sabemos por las cartas EA 287 y EA 289 que Abdi-Heba de Jerusalén también se consideraba su enemigo (y posiblemente sufrió sus depredaciones). En el norte, Labayu sometió a la ciudad de Meguido a un duro asedio. Biridiya, rey de Meguido, escribió al faraón (EA 244) pidiendo tropas para proteger la ciudad:

Carta EA 245 de Biridiya, rey de Meguido

“Al rey, mi señor, mi sol, digo: mensaje de Biridiya, tu fervoroso sirviente del rey. A los pies del rey mi señor y mi sol, siete y siete veces yo me arrojo.  Deja que el rey sepa que en ocasiones, cuando las tropas regresaron, Labayu cometió hostilidades contra mí.  Nosotros no podemos esquilar ni cosechar; nosotros no podemos abandonar las puertas delante de la cara de Labayu.  Cuando él supo que no se darían tropas, él demostró su intención de tomar Meguido. El rey puede rescatar su ciudad, para que así Labayu no la tome!  Verdaderamente la ciudad está exhausta, para morir de pestilencia, de la plaga.  Deja que el rey  nos de una guarnición de cien hombres para proteger la ciudad. Verdaderamente, Labayu no tiene otra intención: tomar Meguido es lo que él busca!”

El farón decidió actuar mediante la diplomacia. Primero escribió a Labayu exigiéndole que cesara las hostilidades. La última carta de respuesta de Labayu (EA 252) acortaba las frases convencionales de sumisión en su comienzo y concluía con una ironía casi desafiante:

“Al rey, mi señor: mensaje de Labayu, tu sirviente. A los pies del rey, yo me arrojo.   Puesto que habéis escito: “Protege a los hombres que han ocupado la ciudad!”, ¿Cómo puedo yo proteger a esos hombres? La ciudad ha sido ocupada en guerra. Cuando yo me comprometí a la paz  (y cuando yo lo prometí, un Noble prometió conmigo)  la ciudad fue ocupada.  Y él fue capaz de calumniar contra mí “Yo fui denigrado” enfrente del rey, mi señor.  Aun más, ¿una hormiga, cuando es aplastada, no se revuelve acaso y muerde la mano del hombre que la aplasta? Si yo hubiera actuado tímidamente, otra ciudad podría haber sido tomada hoy! Más aun, si tú me dices, a pesar de todo, “Cae delante de ellos, que ellos puedan golpearte!”,  yo lo haré. Yo protegeré los hombres que han ocupado la ciudad: yo puedo desalojar a mis enemigos, y yo los protejo!

Labayu se había vuelto demasiado poderoso, y su tono rozaba la insolencia. Aun así, el faraón optó por continuar por la vía diplomática. De la carta 245 se desprende que ordenó a las ciudades cananeas vasallas que se unieran para luchar contra Labayu. La coalición, en la cual probablemente participara nuestro Adbi-Heba,  logró capturar a Labayu, pero Zurata (rey de Acre) lo liberó a cambio de un soborno en lugar de enviar al prisionero a Egipto en un barco como estaba previsto.

Sin embargo,  la hegemonía de Siquén no iba a durar mucho. Labayu había perdido el apoyo del faraón, y todas las ciudades cananeas estaban unidas contra él.  Se había granjeado demasiados enemigos. Finalmente fue asesinado en Gina por una rebelión de los habitantes de esa ciudad. Sus hijos continuaron causando desórdenes durante algún tiempo, pero las esperanzas de crear un reino cananeo independiente y unificado en Palestina murieron con él.

La desparición de Labayu hizo que los pequeños reinos de Canaán meridional entraran en una nueva fase de equilibrio. Y en esa fase Abdi-Heba de Jerusalén vio ciertas oportunidades para su propia expansión. Una expansión que tendría por objetivo prioritario la Sefela, y por epicentro la lucha por el control de la ciudad de Queilá, en un claro paralelismo con las historias de la juventud de David y los filisteos en ese mismo escenario.

Aunque no falta quien lo haya intentado, es prácticamente imposible identificar a Abdi-Heba con el rey David. Son historias paralelas determinadas por las necesidades y el contexto geográfico. En ambos casos Jerusalén necesitaba el cereal de la Sefela para poder prosperar como reino. Y en ambos casos las primeras acciones militares de las unificadas tierras altas del Sur se dirigen hacia allí. Veamos lo que ocurrió con los intentos de expansión de Abdi-Heba.

La primera nota de alarma la encontramos en la carta EA 280 de  Shuwardata, rey de Queilá, al faraón:

“Al rey, mi Señor, mi Dios y Sol, así habla Shuwardata, tu sirviente, el polvo bajo tus pies. A los pies de mi Señor, el rey, mi Dios y Sol, yo me he postrado siete veces siete veces.  El rey, mi Señor, me ha enviado a batallar con  Queilá. Después de la lucha hay paz. Mi ciudad ha sido preservada para mí. ¿Por qué Abdi-Heba le ha pedido a la gente de Queilá que acepten plata y se queden tras él?  El rey, mi Señor, debería saber, que Abdi-Heba ha conquistado mi ciudad. Además, puede el rey, mi Señor, examinarme. Si yo he cogido un hombre, un buey o un asno de él, entonces él tiene razón. Además, Labayu quien conquistaba nuestras ciudades ha muerto y Abdi-Heba es un segundo Labayu que toma nuestras ciudades. Puede el rey juzgar a su sirviente de acuerdo a sus obras. El no hará nada hasta que el rey exprese su voluntad a su sirviente.”

Un nuevo Labayu expandiendo su pequeño reino y conquistando ciudades en el Sur. La situación era delicada porque Abdi-Heba reinaba en un territorio fronterizo cuya caída podría desestabilizar toda la zona. Una vez más la diplomacia actuó, y las ciudades de Gat y Guézer (principales afectadas por la expansión del reino de Jerusalén en la Sefela) se unieron en una liga para apoyar a Shuwardata. La respuesta de Abdi-Heba al faraón nos revela el desastre en el que terminó su aventura (EA 290 “Tres contra uno”):

“Al rey, mi Señor, así habla Abdi-Heba su sirviente, a los pies del rey, mi Señor siete veces y siete veces yo me arrojo.  Considerad las obras que Milkilu (rey de Guézer) y Shuwardata (rey de Queilá) han cometido contra la tierra del rey, mi Señor. Ellos han contratado soldados de Guézer, soldados de Gat y soldados de Queilá. Ellos han conquistado la tierra de la ciudad de Rubute. La tierra del rey ha caído en manos de los Apiru. Y ahora en adición a eso, una ciudad de la tierra de Jerusalén cuyo nombre es Bit-Ninib (¿Belén? ¿Bet-Semés?), una ciudad del rey, se ha ido donde la gente de Queilá está. Deja que el rey escuche a Abdi-Heba, su sirviente, y envíe arqueros, que ellos puedan restaurar la tierra del rey para el rey. Pero si no hay arqueros la tierra del rey desertará con los Apiru. Este será el destino de la tierra. Deja que él golpee al hijo de Milkilu, deja que él golpee al hijo de Shuwardata… Gat… y deja que el rey se preocupe por su tierra.”

Fragmento de la carta EA 290 donde aparece el topónimo "Bit-Ninib"

El reino de Jerusalén no era lo bastante fuerte como para resistir frente a la alianza de las ciudades del litoral. Y es aquí cuando Abdi-Heba comienza a jugar la carta del chantaje. Si su reino cae, será ocupado por las bandas de Apiru que infestan el territorio sirio-palestino, bandas incontroladas que no reconocen la autoridad del faraón. La carta EA 287 (“Un crimen muy serio”) es aún más expresiva en ese sentido:

“Al rey, mi Señor, así habla Abdi-Heba, sirviente…siete veces siete veces a los pies de mi Señor, el rey… Yo he entrado en la ciudad.  Podéis saber que todos los territorios están en paz, pero hay guerra contra mí.  Así, entonces, se hace cargo el rey de este territorio. Mirad, el territorio de Guézer, el territorio de Ascalón y la ciudad de Laquis les han dado comida, aceite y todo lo que es necesario. Puede el rey hacerse cargo de las tropas de arqueros. Puede él enviar tropas de arqueros contra la gente que cometió acciones diabólicas contra el rey, mi Señor. Si este año hay tropas de arqueros, habrá territorios y gobernantes  para el rey, mi Señor; si no hay tropas de arqueros, no habrá territorios ni gobernantes para el rey. Mirad, el territorio de Jerusalén no me ha sido dado  por mi padre ni mi madre; el fuerte brazo del rey me lo ha dado. Mirad, este es el trabajo de  Milkilu (rey de Guézer) y la obra de los hijos de Labayu, quienes han dado el territorio a los Apiru. Mirad, oh rey, mi Señor, la razón está conmigo…”

La frase “dar el territorio a los Apiru”, frecuente en las cartas de Amarna, merece cierta explicación. El término “Apiru” (=”errantes”) no se refiere a ningún grupo étnico concreto, sino a una clase social. Los Apiru eran bandas armadas multiétnicas formadas por individuos excluidos de la sociedad que recorrían el territorio llevando una vida similar a la de los bandoleros de la edad moderna. Vivían del robo y la extorsión y no reconocían ninguna autoridad. Su actividad abarcaba todo el Medio Oriente, pero era especialmente intensa en Siria y Palestina, donde la inestabilidad política favorecía sus actividades.

Grabado egipcio con prisioneros "Apiru".

Y dentro de esas actividades, una en concreto estaba considerada como un “crimen de estado” por los faraones egipcios. Concretamente el alquiler de fuerzas mercenarias Apiru por parte de los pequeños reinos cananeos que deseaban expandirse a costa de sus vecinos. Dada la debilidad militar de estos reinos, el peligro de que unas fuerzas mercenarias incontroladas acabaran tomando el control político de las ciudades a las que presuntamente servían era demasiado grande como para ser ignorado.

Si a eso le unimos la devastación de los territorios en guerra o el asentamiento en territorios conquistados al amparo de la ciudad que alquilaba sus servicios, había motivos más que suficientes para que el faraón prohibiera la contratación de estas bandas que no reconocían su autoridad. Pese a ello, el uso de mercenarios Apiru era algo muy frecuente entre las ciudades cananeas. Hay razones para suponer que el mismo Abdi-Heba los utilizó en su conquista de Queilá (ese misterioso soborno en plata (EA 280) a la “gente” de la ciudad, obviamente un grupo armado, que Shuwardata no identifica porque posiblemente él mismo fuera su anterior cliente). Era algo muy común, y normalmente las denuncias de traición ante el faraón sólo se desencadenaban cuando esos mercenarios se contrataban a gran escala, como en su día hizo Labayu.

En ese contexto es donde hay que situar las denuncias de Abdi-Heba en EA 290: la “contratación” de soldados en las ciudades de Gat, Guézer y Queilá, obviamente mercenarios; y la ocupación de ciudades de su reino por parte de esos mismos mercenarios (“La tierra del rey ha caído en manos de los Apiru“).

Es especialmente amarga la queja de Abdi-Heba en EA 287 (“Guézer, el territorio de Ascalón y la ciudad de Laquis les han dado comida, aceite y todo lo que es necesario”) porque revela su impotencia para poder ofrecer esos mismos recursos, sobre todo  aceite y cereal, una vez que había perdido sus posesiones en la Sefela, la única tierra que podía producirlos en su reino. Es como si le estuviera diciendo al faraón: “por tu culpa ahora los mercenarios Apiru tienen esos recursos y yo que soy tu siervo, no”.

Es de suponer que las ciudades implicadas negarían cualquier responsabilidad en estos hechos. Y es obvio que al faraón esta vez no le quedaba otra alternativa que enviar una fuerza militar, los preciados arqueros que podrían dar la vuelta a la situación con su sola presencia. Con los excluidos Apiru no había negociación posible, salvo en el caso de que ocuparan alguna ciudad importante y se hicieran fuertes en ella, ante lo cual no quedaría otro remedio que reconocer los desagradables hechos  e intentar darles cierta apariencia de “legalidad” .  Esto podía ocurrir (y de hecho ocurrió) en Siria, pero Palestina estaba demasiado cerca de Egipto y del sistema de comunicaciones militar de la costa. Tal cosa no podría permitirse allí.

Los arqueros egipcios serían enviados. Pero no sin antes dejar que Abdi-Heba los reclamara hasta la exasperación. Era el precio que tenía que pagar por haber desestabilizado la zona con su ataque a Queilá. Podemos imaginar la sonrisa del faraón al recibir la carta EA 286:

Busto del faraón Akhenatón, probable destinatario de las últimas cartas de Abdi Heba.

“Al rey, mi Señor, así habla Abdi-Heba, tu sirviente. A los pies del rey, mi Señor, siete veces y siete veces yo me postro.  ¿Qué le he hecho yo al rey, mi Señor? Ellos me culpan delante del rey, mi Señor, diciendo: “Abdi Heba se ha rebelado contra el rey, mi Señor.” Yo estoy aquí, por lo cual estoy preocupado, no fue mi padre ni mi madre quienes me pusieron en esta posición; ¡El brazo del poderoso rey me condujo a la casa de mi padre! ¿Por qué cometería yo una transgresión contra el rey, mi Señor? Mientras el rey, mi Señor viva, yo diré al comisario del rey, mi Señor: “¿Por qué tu favoreces a los Apiru y te opones a los gobernantes?” Y así yo soy acusado delante del rey, mi Señor. Porque se ha dicho: “Perdidos están los territorios del rey, mi Señor.” ¡Así yo soy calumniado delante del rey, mi Señor! Pero debe el rey, mi Señor saber, que, cuando el rey enviaba una  guarnición, Yanhamu (el comisario egipcio en Palestina) lo cogía todo y…la tierra de Egipto… ¡Oh, rey, mi Señor, no hay tropas de guarnición aquí! ¡Que el rey se haga cargo de esta tierra! ¡Puede el rey hacerse cargo de esta tierra! Todos los territorios del rey se han rebelado; Milkilu (rey de Guézer) causó la pérdida de todos los territorios del rey.  ¡Puede el rey hacerse cargo de esta tierra! Yo repito: Permíteme entrar en presencia del rey, mi Señor, y deja que mire a los ojos del rey, mi Señor. Pero la hostilidad contra mí es fuerte, y yo no puedo entrar en presencia del rey, mi Señor. Puede el rey enviar tropas de guarnición, para que yo pueda entrar y mirar a los ojos del rey, mi Señor. Tan cierto como el rey, mi Señor vive, cuando el comisario venga, yo le diré: “Perdidos están los territorios del rey. ¿No me oyes? Todos los gobernantes están perdidos; al rey, mi Señor, no le queda un solo gobernante.” Puede el rey dirigir su atención a los arqueros, y puede el rey, mi Señor, enviar tropas de arqueros, el rey no tiene más tierras. Los Apiru saquean los territorios del rey. Si hay arqueros este año, todos los territorios del rey permanecerán; pero si no hay, los territorios del rey, mi Señor ¡Estarán perdidos! Al rey, mi Señor así escribe Abdi-Heba, tu sirviente. El envía elocuentes palabras al rey, mi Señor. Todos los territorios del rey, mi Señor, están perdidos.”

No sabemos cuál fue el destino final de Abdi-Heba, pero sí que la autoridad egipcia fue restaurada en la zona, y seguiría sin grandes cambios aún durante más de un siglo. Los Apiru, que probablemente jugarían un papel importante en la formación de la futura etnia hebrea (aunque en modo alguno puedan identificarse directamente como “hebreos”), tendrían que esperar su momento, y ese momento sólo llegaría con el caos de las invasiones de los pueblos del Mar y la quiebra del poder egipcio a finales del s.XIII A.C.

Y… eso es todo. Bueno, sí, quedaría por responder la pregunta que encabeza el post. ¿Dónde estaba Josué mientras ocurría todo esto? Pues bueno… habría que decir que el libro bíblico de Josué es una recopilación de relatos de cortos de carácter épico-legendario que no tiene muy buen encaje en el mundo real si deseamos mantener íntegra su literalidad (de hecho, no hay ningún encaje posible en el s. XIV A.C.)

¿Significa eso que el libro de Josué es una invención? No necesariamente. Puede tratarse de una recopilación de relatos tardía, algunos de los cuales tendrían su base en sucesos que pudieron ocurrir cronológicamente en épocas muy distintas y con distintos actores.  En todo caso, dado el carácter legendario del texto, lo racional sería descomponerlo en unidades de narración discretas e intentar integrar esas unidades en el contexto arqueológico conocido. En el post de Jericó ya vimos cómo esa forma de interpretar la biblia podía ofrecernos concordancias sorprendentes con lo que vemos en algunos yacimientos, siempre y cuando renunciemos previamente a intentar encajarlo íntegramente en su literalidad.

Pero espera… me temo que las sectas evangelistas americanas siguiendo el consejo del “pastor” de la izquierda ya han dado con otra posible solución. Podemos ignorar el archivo de las cartas de Amarna, decir que no son fiables, que la cronología egipcia puede estar equivocada, que todos los libros de historia que conocemos pueden ser erróneos, que la Historia que se enseña en las universidades es “cientifista”, que el c-14 con el que trabajan los arqueólogos no es válido, que además los arqueólogos siempre se equivocan de sitio y no excavan donde les dice la biblia, y que debemos tirar todo ese conocimiento acumulado a la basura para poner en su lugar a la muy particular interpretación literal de la biblia que nos ofrece este pastor sin estudios. Si la palabra de Dios es sagrada, el pastor no puede equivocarse. A mediados del s.XIV AC los israelitas se estaban asentando en la tierra prometida después de su reciente conquista, y esos egipcios y cananeos del post deben ser movidos hacia otra época.

La cosa sería de risa si no fuera por el pequeño detalle de que en Estados Unidos el 40% de la población se toma en serio esas afirmaciones, contaminada por la propaganda agresiva de los medios religiosos fundamentalistas. El hecho de que el yacimiento de Amarna sea uno de los mejor definidos en el tiempo (es una ciudad construida por Akhenaton h. 1346 A.C y abandonada por su sucesor Tutankamon antes de 1324 AC) o que sus tablillas sean Historia escrita en primera persona no les impresiona especialmente. No hay ningún dato que ellos no puedan cambiar o tergiversar en su mente. En ese sentido son herederos intelectuales de esas bandas de Apiru que tantos quebraderos de cabeza dieron a nuestro querido Abdi-Heba. Y solo cabe esperar que sean pronto derrotados por los arqueros de la Ciencia contemporánea.

Fuentes:

– The ”Labayu affair”  (traducción de los documentos originales).

– Abdi-Heba en la wiki.

– Otras cartas con traducciones.

Entradas relacionadas:


  1. 25 enero, 2010 en 19:37

    Tremenda la entrada, Rano, felicidades.

    Un excelente estudio de los reinos “marioneta” de Egipto en Palestina en los siglos XIV y XIII a.c. y sobre todo ese acercamiento a la cartas de Amarna. Documentos muy vituperados y transgiversados por esa vorágine de fundamentalistas bíblicos.

    Saludos,

  2. 25 enero, 2010 en 23:28

    No puedo comentar mucho por mi desconocimiento de este área, pero sí quiero dejar aquí escrito mi felicitación a Rano por este artículo que lo he leído de cabo a rabo y de un tirón…, muy muy interesante.
    Me encantan estas secciones (o lecciones…) de Rano sobre historia!
    Saludos

  3. 26 enero, 2010 en 1:32

    Buah! ¡Magnífico! Me ha encantado. Estas entradas de historia antigua son fabulosas 😀

    Algunas cosillas que me han llamado la atención,

    Un mundo peligroso donde la agresión, la traición, las conspiraciones y las intrigas amenazaban continuamente la estabilidad política e incluso la supervivencia de los pequeños reinos

    Dejando de lado que se escribió mucho después, me parece estar leyendo el A. T. La trama es la misma 😉

    Respecto a la estabilidad de las fronteras de Judá… Entonces, siempre han sido las mismas, fundamentalmente, porque el territorio ha estado sometido a fuertes barreras geográficas y peligrosos vecinos, ¿no?. Vamos, que siempre han estado bien encajonados los pobres.

    Y leyendo las cartas, la leche, me parece estar leyendo las “oraciones”, peticiones y lamentaciones que estamos habituados a leer por ahí, sobre todo en la Biblia y las doctrinas derivadas. Se parecen mucho.

    El término “siete veces siete” es… muy bíblico.

    Y tengo entendido de que el hecho de que cuando el poder de Egipto empezó a perderse en la zona, más allá de pasotismo general, los reyes locales se vieron muy desamparados. Ahí que el siguiente paso de estas culturas, fuera sustituir al Faraón, dios en la tierra, por las “nuevas” divinidades locales. O algo así, ¿voy muy desencaminado? En cualquier caso, un artículo genial Rano 🙂

  4. 26 enero, 2010 en 12:14

    El número siete es una referencia a la dignidad de lo indomable y a su vez a la dificultad que entrañaba su utilización (En el caso del texto se utiliza en un caso como alabanza y en otros sumisión, al hacer un trabajo dificultoso..). Hay que recordar que los mesopotámicos utilizaban la base sexagesimal (60) para su representación numérica y que la “fracción egipcia” del siete (un séptimo..) era sumamente complicada de representar a la hora de realizar cálculos.

    A todo esto.., ¿Y Josué, por donde anda..?

  5. 26 enero, 2010 en 12:23

    Pues a mi me ha llamado mucho la atención la posible conexión entre la EVA bíblica con la Heba de los Hurritas, creo que pone de manifiesto que las religiones sean del signo que sean, son en su mayoría un colax heterogeneo de otras culturas.
    El nuevo testamento es un ejemplo en tanto en cuanto comparamos la divinidad de Jesús con datos excesivamente coincidentes con Horus, Mitra o las semejanzas con el Krishna Indio que lejos de ser superficiales son absolutamente asombrosas.
    El hecho es que el (posible) origen etimológico de la EVA bíblica se conecte con tradiciones sobradamente más antiguas a la concepción del génesis, resalta que el antiguo testamento (¿ hay que recordar los paralelismos de este libro con el relato o poema de Gilgamesh…?) no por ser “antiguo” es mas original.
    En síntesis, la posible Heba Hurrita, diosa madre de un pueblo del bronce temprano encaja perfectamente con:

    La idea de aquellos primeros pueblos (bronce temprano y…corrijanme si me equivoco), poseían un culto preferente a deidades femeninas donde el eje central de la vida era por acción femenina (las Venus del neolítico)
    Heba podría entenderse como esa reminiscencia de un culto anterior a deidades relacionadas con la fertilidad y vida, para los Hurritas.
    Y por último, como fuente inspiradora para cuando se procedió a la escritura del génesis en el personaje de EVA.

    Me gusta esa posibilidad!

    Saludos

  6. 26 enero, 2010 en 13:15

    Buff… al fin encuentro un ratillo para entrar al blog. Gracias por los comentarios. 😀

    Sobre el siete veces, además de lo que dice Lampuzo, en el contexto de la frase significa “muchas veces”. Es muy similar a las frases actuales “te lo he dicho siete veces!” o “me he recorrido los siete mares”.

    Hay una hipótesis antropológica sobre el empleo del siete como sinónimo de “mucho”, común incluso en culturas con distintas bases numéricas. Cuando aprendemos a contar con los dedos de una mano, podemos llegar hasta cinco e imaginarnos con esfuerzo que existe un número llamado seis. El siete sería lo que hay más allá de ese seis, lo cual no deja de ser un número grande e indeterminado hasta que aprendemos a seguir contando con los dedos de la otra mano. 😉

    Sobre las coincidencias entre las últimas culturas cananeas y las primeras hebreas, sí, son muy fuertes. Por poner un ejemplo, actualmente hay una fuerte discusión sobre un fragmento de escritura en caracteres protocananeos del s.X AC recientemente descubierto: Para algunos investigadores se trata de la inscripción hebrea más antigua, y para otros un texto cananeo más. Aunque probablemente haya que catalogarlo como hebreo por el contexto del yacimiento donde se encontró, es muy díficil diferenciar los dos idiomas en estas primeras fases (y el fragmento en discusión es de la época del rey David!):

    http://www.lavanguardia.es/lv24h/20081030/53570156330.html

    Y en cuanto a la religión, la arqueología tampoco detecta grandes cambios, con la muy significativa excepción del abandono del consumo de la carne de cerdo. Los huesos de cerdo son uno de nuestros principales fósiles-guía para determinar si un yacimiento debe considerarse hebreo o cananeo.

    PD: Muy acertado y sugerente ese último análisis, S. Belizón. 😉

    Saludos.

  7. 26 enero, 2010 en 13:19

    Ja,ja. Te cuidado, Belizón, que a esa misma conclusión llegó Manes y le mandaron al cadalso, pues todos las culturas antiguas y modernas, “gustan” de tener su propia religión “nacionalista”.

    Saludos,

  8. FXavier
    26 enero, 2010 en 16:06

    Añado otra coincidencia: los querubines, una variedad de ángeles, con les Kerubs, los leones alados que los judíos vieron en Babilonia, protegiendo la entrada de los templos.

  9. 26 enero, 2010 en 19:29

    Hola FXavier, qué alegría verte también por aquí. 😀

    Sí, lo de los querubines es curioso. Al leer el pasaje de los 2 querubines del templo de Salomón que custodiaban el arca de la alianza, cualquier lector del primer milenio AC (judíos inclusive) hubiera pensado automáticamente en una imagen como esta:

    Fue muy posteriormente cuando se conviertieron en los angelotes rollizos que conocemos hoy. Lo cual nos indica que algunos seres celestiales no biológicos también son objeto de evolución acelerada y adaptación al medio. 😀

    Saludos.

  10. Lucien
    26 enero, 2010 en 21:55

    Wow, impresionantes las cartas, la politica no ha cambiado tanto en el paso de los milenios xD. Interesante reflexión final, lo que hace la ignorancia, contaminar con la literalidad biblica una historia tan fascinante si que es pecado mortal.

  11. 26 enero, 2010 en 23:09

    Si nosotros (todas las personas con algún nivel de sentido común, formación en ciencias naturales o cierto bagaje cultural en este área de conocimiento) “flipamos” en colores con los literalistas, cabe imaginar que pensaran de estos mismos los historiadores…

  12. 26 enero, 2010 en 23:39

    Imagino que pensaran lo mismo que pensamos nosotros cuando les escuchamos hablar de cualquier área de la Ciencia… 🙄

    Y por todo lo que comentáis, como la cultura humana también está en continua evolución, en continuo cambio. Por eso el asunto de los literalistas me parece doblemente… como es.

    Es imposible ser un literalista. Dejando de lado las traducciones, los errores de copia, los posibles añadidos y falsificaciones… Tan solo, si imagináramos que pongamos por ejemplo, el texto que tenemos es puro y 100 % fiel al relato o relatos originales, el problema ahora es que NUNCA, jamás, podrás saber qué es lo que pensarían o imaginarían sus autores y lectores contemporáneos cuando lo leyeran.

    Sencillamente, no tenemos ni la mentalidad ni el bagaje cultural necesario para pensar y sentir como aquellas gentes…

  13. 27 enero, 2010 en 1:23

    son fascinantes las curiosidades de la historia, aqui un link sobre un caso especial

    http://www.diadelavestia.com.ar/2009/12/cochinadas-antes-de-las-guerras.html

  14. 27 enero, 2010 en 1:34

    Interesante repaso a un tema sobre el que solemos dar demasiado por supuesto. Gracias por el enlace, Franco.

  15. 27 enero, 2010 en 16:51

    Uff, al final encontré tiempo para leerlo entero. ¡Pedazo de artículo!. Ya tenemos el Cnidus Journal, pero creo que tendremos que abrir también el Frog Journal

    Una preguntilla, escribes sobre tierras fértiles y desérticas. Supongo que se habrá seguido el cómo ha variado a lo largo de los últimos 3 milenios el clima en la zona, y a primera ojeada parece que no han habido cambios climáticos muy fuertes en la zona de Judea en ese período. ¿Me equivoco?

  16. 27 enero, 2010 en 19:07

    Bueno, ha habido cambios muy fuertes, pero la mayoría de tipo artificial. Por una parte las áreas de bosque y matorral en las tierras altas han debido retroceder bastante (en buena parte dando paso a cultivos), y por otra con los nuevos sistemas de irrigación hoy día el paisaje de algunas zonas de Berseba y el Neguev son irreconocibles como el desierto que fueron en su día.

    En general se podría decir que el paisaje actual es mucho menos inhóspito para el ser humano hoy que como lo era hace 3.000 años. 😉

  17. AvA
    27 enero, 2010 en 21:35

    Muy buen trabajo Rano Verde. Soberbio e interesantísimo. Me quito el sombrero 😉

  18. 28 enero, 2010 en 15:18

    El tema de los kerubs…, me ha recordado un expresión: ¡Que bichos son estos querubines..!

  19. 28 enero, 2010 en 15:29

    Si los administradores dan el beneplácito, hago posterior relación entre babilónios -> cananitas-> fenicios -> tartesos-ibéros y lo pequeño que es y era el mundo.

  20. 28 enero, 2010 en 15:31

    Hombre Lampuzo… Y sin nuestro beneplácito también 😉

  21. 28 enero, 2010 en 15:36

    Hola Cnidus, estoy intentando enviar una foto de “La bicha de Balazote” para ver la extraordinaria similitud con los “Cherabs” y no hay manera.. Sniff ( Comentarios para borrar si no se soluciona..)

  22. 28 enero, 2010 en 15:44
  23. 28 enero, 2010 en 16:21

    Lampuzo, te hemos pillado meditando
    😀

  24. 28 enero, 2010 en 16:35

    Lampuzo, escribe:

    <img src=”dirección completa de la imagen”>

    No hagas un copy-paste, las comillas que aparecen podrían no valer. Es más eficiente si escribes tú mismo el código 😉

  25. 28 enero, 2010 en 18:51

    ¡Buaa, Buaa! Me dice, wordpress, que el comentario ya está enviado varias veces… En fin, como decía “El Viti”: “Lo que no pue’zé no pue’zé y además e’impozible”

    Gracias compadres por la ayuda.., Por favor,en serio.., borrar los comentarios anteriores que deslucen la entrada y mientras, averiguo en mi blog que ha pasado.

    ————————-

    (Bicha de Balazote, arte ibérico, s.VI A.C., imagen subida por los administradores:)

  26. 28 enero, 2010 en 20:43

    Hola, Lampuzo.
    Creo que wordpress no deja poner imágenes en los comentarios, salvo que éstas ya estén en alguna parte del blog.

    A mí por lo menos tampoco me salen, salvo que previamente las cargue en la librería de objetos, como la de arriba. 😦

    Saludos.

  27. 28 enero, 2010 en 21:44

    Pues que raro, a mí si me sale el invento 😀

    Por cierto, ¿qué es esa bicha 😯 ? Como mola, se nota que a nosotros nos han molado los toros desde antiguo ¿o es un cuerpo de cabra? 😀

  28. 28 enero, 2010 en 22:54

    Gracias Rano. Cnidus tal vez sea porque tú eres administrador, yo en mi blog si puedo hacerlo, aunque no entiendo porqué Rano nó. Al lío…(que espero desarrollar mas profusamente en próximas citas..)

    Según mis someros conocimientos, esta escultura representa a un toro con cabeza humana. Desde siempre esta representación se ha considerado como parte del arte ibéro, aunque posiblemente, como gran parte de la escultura de la península de la época.., tenga su origen en las escuelas figurativas tartésicas que a su vez están muy influenciadas por las escuelas orientales, dado que Tartessos sufrió una fuerte aculturación por parte de los fenicios. Los fenicios,se supone, establecieron sus colonias comerciales desde Gadir (Cádiz) hasta más arriba de Malaka (Málaga). Estamos hablando del primer milénio a.c.

    Por otro lado los fenicios,(cananeos..), tenían sus bases en una zona que aproximádamente correspondería al actual Líbano (Tiro, Sidón, etc), zona fuertemente influenciada, por aquella epoca.., por el imperio asirio-babilónico y que es la época de los bajorrelieves y esculturas de “shabus” (toros con cabeza humana..) ó “kerubs” en Nimroud,Nínive, etc (época de Sargón II) y que corresponde con un periodo de refinamiento de la escultura arquitectónica sumerio-mesopotámica (los “kerubs” son divinidades de orígen sumerio…) debido a las influencias hittitas.

    Yo intuía una posible relación..y buscaba opiniones.

  29. 29 enero, 2010 en 0:54

    Algo de eso hay, Lampuzo, algo de eso hay, 😉

    http://descargas.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/12920521027827162321435/014352.pdf?incr=1

    Para Blazquez (que de estatuas prerromanas entiende un huevo) el camino de esa influencia sería: Arte Neohitita -> Fenicios -> Arte Ibérico/Tartesio.

    La única duda estaría al principio del camino que planteas, porque el origen del arte Neohitita normalmente hunde sus raíces en la civilización hitita clásica, y ahí ya estaríamos hablando del segundo milenio AC.

    El arte asirio sin duda está relacionado. Pero es complicado demostrar que hubiera una relación directa en el caso de la bicha. El problema es que en el s.VIII A.C. ese tipo de iconografía estaba ya tan extendido en Oriente Medio que es muy difícil determinar un origen concreto más allá del mundo Neohitita, salvo que se tenga la inmensa suerte de encontrar alguna estatua gemela en algún yacimiento de por allí.

    Saludos.

  30. 29 enero, 2010 en 13:18

    Tienes razón.., yo creo que mas de uno se conformaría con encontrar una escultura similiar por la zona de Cartago (nudo de comunicaciones fenicio entre la península, las costas itálicas y Tiro..) cosa que estimo cosa sumamente complicada.
    Por otro lado, yo pecador.., tengo una posible alternativa a J. Blazquez en cuanto al orígen helénico de la “bicha de Balazote” y me baso en la gran naturalidad de la “parte animal” y que invita a un conocimiento anatómico muy cercano a un animal típico de las economías tartésicas/turdetanas, así como de otras representaciones de “leones” que para mí pudieran ser “perros de guerra” (también reflejados en bajorrelieves y representaciones neohititas) y cuya segunda función consistía en la protección de los citados rebaños.

    Buuf.., creo, creo.., que me he “salido del tiesto” con este comentario,

    Saludos,

  31. manuel gonzalez
    12 diciembre, 2010 en 0:21

    sólo diré un comentario a la consigna que pone ” la primer gran virtud del hombre es la duda y el primer gran defecto la fe” hay que ser simple. No tengo el placer de conocer a ese ateo. Me gustaría que me dijese algo, primero, la duda como método científico es imprescindible, lo que no es posible la defensa de un estado perpetuo de duda, un agnosticismo, eso es el colmo de lo absurdo. O dios existe o no existe, o blanco o negro, lo que no puede la duda es ser un estado permanente del hombre, hay que superarla. La fe es una superación de la duda, y recuerdo que si bien los dioses de la Odisea y la Iliada han prescrito, Yavé no ha prescrito, sigue vigente, OJO AL DATO. Los relatos de la biblia no han sido contradichos por la arqueología en rasgos generales, claro, lo que no podemos pensar o buscar son restos arqueológicos de Abrahan o Moises, pero teniendo en cuenta la tradición oral del pueblo judio, su celo por las tradiciones, es perfectamente posible que en un determinado momento, quisieran poner “negro sobre blanco” todas las historias oidas por sus antepasados, y ese momento fuera el destierro en Babilonia, para contrarrestar a esa cultura y como elemento de autoafirmación. La Biblia tiene razón, no es épica caduca, sus preceptos son de plena actualidad y sus historias relatan sucesos de personas que seguramente existieron, sólo que sus hazañas fueron modificadas por el lógico transcurso del tiempo. Seguramente que hicieron más hazañas Abraham, lo mismo que hizo más hechos Jesús de Nazaret, pero fueron sometidas a una depuración y embellecimiento si cabe por los autores posteriores, pero NO ES MITO , FALACIA, ENGAÑO NI CUENTOS. Son la historia de un pueblo que ha del cual nace el cristianismo, y cuya ley antigua sigue vigentes”groso modo”.

  32. 12 diciembre, 2010 en 18:47

    Esas premisas que tu enumeras también son aplicables, por ejemplo, a los textos astrológicos del “Enuma.Anu.Enlil”..

    – Son la historia de las creencias de un pueblo del cual nace la Astrología, y cuya antigua ley sigue vigente a “grosso” modo. Los relatos del “Mul.Apin” no han sido contradichos por la arqueología en rasgos generales, claro que lo que no podemos pensar es en buscar restos arqueológicos de Ninnana ó de Zuen, etc. etc. –

    También hay que tener fé(y mucha…), para creer en esto.

  1. 25 enero, 2010 en 11:31
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