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“Biología Moderna” o cómo se negaba la evolución en la educación de la España católica

18 febrero, 2010

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¿Se enseñó adecuadamente la evolución, dentro de la disciplina de las ciencias naturales, en la primera mitad del siglo XX en España? La iglesia católica nos recalca que la evolución es un hecho demostrado, pero cuando tuvo en sus manos la educación de los españoles esta materia era o bien ignorada o bien negada. Como pequeña muestra en este artículo se analiza una de las obras de referencia en ciencias naturales en esa época

El otro día mantuve una animada charla sobre la evolución con un grupo de amigos. Además de hablar de ciencia, como no, también salió el componente filosófico-religioso en charla. Cosa muy normal por otra parte, ya que no todos los tertulianos éramos de ciencias. Uno de ellos sostuvo durante toda la charla, sin poderle convencer de lo contrario, que la iglesia católica siempre apoyó la evolución, que ese desprecio hacia esa teoría científica sólo procedía de grupos protestantes estadounidenses que ganaron fuerza a principios del siglo XX en ese país. Cuando en un debate las posiciones se enrocan, lo mejor es dejarlo correr hasta que alguien encuentre algún dato que permita resolver el nudo gordiano en alguna dirección. Yo creía tenerlo fácil, especialmente por esa manía mía de acumular información científica, revistas, folletos, libros antiguos, etc. Rebusqué en mis arqueadas estanterías hasta encontrar una pequeña joya de la primera mitad del siglo XX español. Se trata de un libro del año 1927 titulado “Manual completo de Biología Moderna” y está escrito por Jaime Pujiula, director del laboratorio biológico de Sarriá. El libro tiene unas ilustraciones preciosas con un enorme detalle. La edición que yo tengo corresponde al año 1927, pero se estuvieron realizando nuevas ediciones hasta el año 1960.

Esta obra contiene justo lo que andaba buscando. Ya en su prólogo nos muestra la declaración de intenciones de la obra:

Las ideas materialistas, monistas y evolucionistas de muchos biólogos vienen envenenando, como es sabido, desde la segunda mitad del siglo pasado, las Ciencias Naturales, y señaladamente la Biología, campo trascendental en el orden de las ideas, donde se cruzan las espadas de diversos contendientes. Si la investigación científica de estos tiempos ha sido extraordinariamente fecunda en datos, la interpretación de éstos no ha sido siempre tan feliz, y ha hecho que la ciencia se desviase de su verdadero ideal que es ascender por el conocimiento de las criaturas al conocimiento de su Creador. Y si bien es verdad que actualmente se deja sentir el aura suave de una consoladora reacción; queda, no obstante, mucho por hacer en orden a encauzar de nuevo las ideas por los senderos de la verdad. Porque la mayor parte de los libros de Biología están escritos y siguen, al presente, escribiéndose bajo el influjo del criterio materialista-evolucionista.
Por nuestra parte, no hemos dejado piedra por mover en razón de contribuir con nuestras escasas fuerzas a que la ciencia de la Vida vuelva a Dios. A esto fin, hemos procurado en todas nuestras obras, no sólo dar fielmente los resultados de la investigación científica, sino también examinar y justipreciar sus datos, a la luz de un criterio filosófico sano y netamente católico que siempre lleva a Dios

Esta ya es una declaración de ideal, y un marcaje estrecho a la ciencia que ésta no puede permitirse si quiere obtener resultados y conclusiones de forma independiente. Aún y así, yendo más allá del ideario declarado en la obra me sumergí en la lectura de este tratado para comprobar que efectivamente, se iban a presentar los datos que la ciencia poseía en la época en torno a la evolución, léase los trabajos de Lamarck, Darwin o Wallace. Para llegar a esa sección antes había de recorrer todas la formas vivas, y al final entre los vertebrados no encuentro a los humanos, ni siquiera entre los primates. Esto es así porque el autor ya nos avisa:

Los simios son en general los animales más parecidos al hombre en cuanto a organización; porque es natural que, si existe escala zoológica, por necesidad ha de haber en ella animales que se aproximen (se asemejen) más al hombre que otros. Así y todo, querer defender entre ellos y el hombre algún parentesco por remoto que sea, sería desconocer en absoluto la naturaleza de las cosas.

Esqueleto de hombre y gorila. Cualquier parecido es pura coincidencia

Ante estas palabras no es de extrañar que el hombre se encuentre aparte en la escala zoológica (no sé si el autor de este libro encontraría este término adecuado) y es descrito como

es llamado con mucha verdad el el rey de la creación: para él existe todo lo visible. Dotado de inteligencia y facultades superiores, es como el sacerdote que, contemplando todo lo visible y reconociendo en sí como en un microcosmos todas la perfecciones de las demás criaturas que le rodean; eleva sus ojos a lo alto, reconoce la fuente y origen de todo bien, y da al Autor de la Naturaleza la gloria que no le pueden dar formalmente las restantes criaturas sensibles.

La obra se mueve posteriormente entre negaciones de que los fósiles puedan explicar la evolución, para pasar a un apartado final de problemas biológicos. Ante la filogenia es muy claro:

A nuestro entender no hay datos suficientes, ni siquiera para hacer probable la evolución general de las especies naturales, tanto vegetales como animales; mucho menos para derivarlas todas de una o de unas pocas formas primitivas rudimentarias. Desde un principio se encuentran organismos muy perfectos, y en épocas geológicas pasadas, han existido animales mucho más perfectos que sus representantes actuales

Esta es una forma lúcida, directa y breve de oponerse frontalmente a la evolución biológica. La obra termina en sus últimas páginas con una crítica agria, incluso desmesurada a mi forma de ver, de los trabajos de Lamarck y Darwin.

Esta obra, amigo, ha sido escrita por un profesor católico, el señor Jaime Pujuila, un jesuita, cuya obra fue ampliamente estudiada (al menos en Cataluña), y no sólo durante los años 20 del siglo pasado, sino que su influencia entró de lleno en la dictadura franquista, donde el clero católico controlaba la educación de los españolitos de a pie.

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  1. 18 febrero, 2010 de 11:53

    Pasé mi educación general básica (es decir la extinta EGB) en los primeros años de democracia, concretamente empecé allá por el año 80, pero por razones que no vienen al caso mi EGB no pasó por un colegio público sino por uno que nada más decir su nombre entenderán uds en el contexto en el que se basó mi educación; Liceo del Sagrado Corazón de Jesús y los Carmelitas descalzos… ahí es nada.
    Aunque estábamos ya en democracia la estructura educativa del mismo estaba anquilosada en aquellos rancios años de la dictadura, y además la media de edad del profesorado (de los que muchos eran sacerdotes) rozaba ya la jubilación, así podrán uds formarse una meridiana idea del contexto educativo en el que crecí.
    Sin embargo y aunque suene paradójico, no recuerdo ningún conflicto (bueno quizás era pequeño para darme cuenta), pero recuerdo perfectamente como un día nos hablaban de Adán y Eva y al otro nos hablaban de la evolución del hombre, aunque como digo era pequeño y no tenía capacidad para advertir las posibles sutilezas en aquellas clases de mi infancia.

  2. 18 febrero, 2010 de 18:44

    Me recuerdo una frase muy acuñada en los 80’s:
    “Cuando la ciencia llegue a la cúspide de la montaña notara que la religion estuvo sentada ahi desde el principio”
    No creo que tenga nada de nuevo lo de intentar enseñar religion en las escuelas, simplemente la sociedad olvida pronto y recicla sus errores. 😦

  3. Martin
    18 febrero, 2010 de 20:27

    Entrada interesante. Me ha hecho recordar -al igual que el comentario #1- mis años de educación primaria en colegio católico (años 88-91 en Argentina) y no solo no recuerdo conflicos, sino que recuerdo bien las clases en las que se dictó la Teoría de la Evolución ya que me generaron una gran impresión. Mi profesora nos habló de Darwin, de que en realidad su teoría era de otra persona (ahora imagino que se refería a Wallace) y de cómo había sido muy malinterpretado a lo largo de los años. Recuerdo también haber tenido que copiar en el cuaderno un dibujo de un “árbol” evolutivo en donde se graficaba el camino de las diferentes especies de “homínidos” incluídos nosotros y los simios actuales. “El hombre no desciende del mono” -decía- “sino que ambos descienden de un tronco común” y señalaba el tronco del árbol.

    Hoy por hoy soy ateo y tengo muchísimas diferencias con la iglesia, pero para ser honestos, no puedo decir que se hayan tomado libertades en cuanto a la curricula oficial.

    Reconozco que mi experiencia no es estadísticamente significativa y el contexto muy diferente a la España de aquellos años pero sirva al menos de anécdota.

    En el colegio secundario en cambio, si recuerdo cierto hostigamiento con algunos temas como el aborto… pero eso es para otro post!

    Saludos y gracias por tan interesante blog

  4. 18 febrero, 2010 de 23:13

    Hola. Creo que a tu amigo le podrías enseñar más cosas, como alguna de estos enlaces que te paso.

    http://descargas.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/79115953896462384188868/029777.pdf?incr=1

    http://www.ucm.es/info/hcontemp/leoc/hciencia.htm

    http://darwin-online.org.uk/content/frameset?viewtype=text&itemID=A338&pageseq=1

    http://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=460346

    El tópico de que en España no se maltrató a Darwin es eso, un tópico y falso.

    saludos

    ¿Y dónde está tu mail?

  5. 19 febrero, 2010 de 10:17

    Evolutionibus, gracias por los enlaces. El mail es “lacienciaysusdemonios@gmail.com”
    Saludos

  6. 19 febrero, 2010 de 13:47

    Pues gracias … saludos

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