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Cuestiones de método

29 marzo, 2010

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Por: Darío

Uno de los aspectos principales que parece no quedar clara a los detractores de la ciencia tanto en sus aspectos teóricos como en sus aplicaciones prácticas, es la forma en la que aquella trabaja. Si bien es cierto que la forma en que accedemos al conocimiento científico no está del todo clara, lo que sí en términos generales podemos decir que, cualquiera que sea la rama de la ciencia en que las personas trabajen, hay un concenso general en el que los participantes del desarrollo de la rama específica de la ciencia en que se encuentren pueden acordar y evaluar la calidad y la sensatez de los trabajos realizados, de tal manera que sea posible avanzar en el conocimiento de esa área.

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Muchos libros se han escrito. Filósofos, por lo general con más o menos buenas intenciones y con más o menos buenos resultados, han escrito sobre la forma en que la ciencia y los científicos trabajan. Científicos de diversas áreas del conocimiento han realizado también escritos acerca de este tema, con más o menos buenos resultados. La discusión es un tema que, dentro de la comunidad científica no genera grandes problemas, entre otras razones por la existencia de mecanismos para resolver las controversias. Pero no así, ya lo hemos visto muchas veces en el blog de La Ciencia y sus Demonios, en las personas que (incluso sin ser magufos alucinados, miembros de la izquierda esotérica o defensores de una “nueva ciencia” que solamente ellos parecen entender y creer que existe) no parecen entender la forma en que la ciencia trabaja y avanza.

Posiblemente, desde la perspectiva de quien esto escribe, uno de los mejores libros que explica como se produce el conocimiento científico, como se valida y como se desarrolla, es “El Conocimiento Científico” de Arturo Rosenblueth, fisiólogo e investigador mexicano, que entre otras cosas, trabajó y tuvo gran amistad con el matemático estadounidense Norbert Wierner. El doctor Rosenblueth llegó incluso a impartir clases de matemáticas y musicología.

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El Doctor Rosenblueth era de entrada muy consciente de la dificultad que se tiene, no solamente por el lego, sino incluso por los participantes del conocimiento científico, de explicar que es la ciencia y como se genera esta: “La vaguedad del concepto que tienen gran parte de los hombres de ciencia sobre sus disciplina, se hace ostensible en los asertos que hacen sobre la ciencia, o que han hecho algunos de ellos. Así, por ejemplo, el biólogo inglés Huxley dijo en cierta ocasión que “la ciencia es sentido común organizado.” Aparte de la dificultad de precisar que se debe entender por sentido común y cuál, del número indefinido de acepciones que es posible darle al término organización, es la que correspondería en este caso en este caso a la ciencia, es obvio, que, de acuerdo con el uso habitual de la expresión “sentido común”, los conocimientos científicos no son conocimientos de orden común. El “sentido común” hace generalizaciones que, en general, no se ocupa de comprobar. La ciencia exige que sus generalizaciones estén basadas en pruebas rigurosas que, o bien hayan sido verificadas, o bien sean susceptibles de verificación.”

A veces, como nos comenta el Dr. Rosenblueth, algunas definiciones se prestan a broma: “Otro biólogo inglés, Woodger, en su tratado sobre los “Principios biológicos” dice: “Una ciencia es un conjunto sistematizado de proposiciones que se refieren a un tema determinado”. De acuerdo con esta definición, una colección de chistes sobre los pericos, en que aparecieran estos en orden alfabético, sería un tratado científico.”

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Descartando a los malos ejemplos de definiciones filosóficas sobre la ciencia y su quehacer, con los que el Dr. Rosenblueth no tiene ninguna consideración, y las limitaciones de los, así llamados por él, “criterios populares” sobre los que se cree que es el conocimiento científico, Rosenblueth se pregunta si es posible acercarse a una descripción adecuada a partir de la forma en que se hace ciencia: “Podemos abordar el problema desde otro punto de vista, o sea señalando los problemas de la investigación científica, o examinando lo que tendrían en común los tratados científicos. Para el conocimiento científico se selecciona un fenómeno o una serie de fenómenos. Para el no iniciado, esta selección podría parecer arbitraria, pero en realidad rara vez lo es. Depende de muy diversos factores que serán analizados más adelante. Estos fenómenos son siempre abstracciones de un orden elemental, ya que nunca es posible abarcar la realidad externa en su totalidad. En otras palabras, el conocimiento científico busca regularidades en la naturaleza. Se trata de establecer relaciones entre objetos o fenómenos, que son invariantes en el tiempo y en el espacio. Se afirma que si estas relaciones existen hoy, existieron también ayer y existirán también mañana. Ahora bien, la probabilidad de que un fenómeno dado se reproduzca en su totalidad es nula: es seguro que no han habido, ni habrán jamás dos situaciones idénticas en todos sus aspectos. Es evidente, entonces, que la búsqueda de uniformidades y reproducibilidades implica una abstracción. En una situación compleja dada, se seleccionan algunos aspectos, algunas “variables” como importantes o pertinentes, y se hace caso omiso de otras que se consideran contingentes o incidentales, desde el punto de vista de la relación particular que se explora.”

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En la reseña de “Que es la casualidad” hemos hablado de la importancia de saber que es casualidad, causalidad, probabilidad y estadística como parte fundamental del quehacer científico. Rosenblueth nos trae otra de las cosas fundamentales de este quehacer: la abstracción.

“La selección que hemos hecho de estas determinadas variables constituye una nueva abstracción, ahora de un orden más elevado. Se buscan entonces las relaciones funcionales entre estas variables. La formulación de estas relaciones representa una nueva abstracción, a la que llamamos una ley científica o ley natural. (…) A un sistema de leyes, con relaciones mutuas, lo llamamos una teoría. La teoría es tanto mejor cuanto más general es, o sea, cuanto mayor la fracción del Universo a la cual es aplicable. Hay teorías que son aplicables a todo el Universo y de ellas se enorgullecen, con toda propiedad, los hombres de ciencia que las han formulado.”

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Y, ¿qué características deben tener estas leyes? “Es importante que la formulación de las leyes y de sus relaciones sea rigurosa. No hay sino un lenguaje o simbolismo apropiado para este rigor, es el de las matemáticas.” (Si, ya veo venir las tormentas). “por lo tanto, aun cuando son posibles y útiles las teorías científicas sin matemáticas, no son ni tan importantes, ni tan precisas como las que pueden formularse a través de ecuaciones diferenciales.”

“Las leyes y teorías solamente son manejables cuando son relativamente sencillas. Como dijo Poincaré, es una fortuna que algunos aspectos del Universo sean relativamente sencillos. Si en vez de un poco más de un centenar de elementos químicos, hubiera millones de ellos, la labor del químico sería prácticamente imposible.”

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Modelos, probabilidad, abstracciones, casualidad, causalidad: algunas de las cosas fundamentales que permiten construir una ciencia, le sirven al Dr. Rosenbleuth para proporcionar su definición de ciencia:

“En resumen, podemos admitir que la ciencia es el conocimiento ordenado de los fenómenos naturales y de sus relaciones mutuas. Que el conocimiento científico se ocupa de los aspectos reproducibles de la naturaleza. Que el hombre de ciencia quiere sistematizar y legislar la experiencia pasada y predecir y controlar la futura.

Los pasos sucesivos de la evolución de una teoría son:

  • 1.- Selección de las variables pertinentes en un evento o fenómeno.
  • 2.- Establecer las relaciones funcionales entre estas variables.
  • 3.- Dar valores de las constantes numéricas de estas relaciones.
  • 4.- Buscar relaciones entre estas y otras teorías.”

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A partir de esta propuesta de el autor, el Dr. Rosenblueth nos lleva a través de su libro en ejemplos de lo que son las ciencias o no, y las características básicas que estas tiene, como la observación y la experimentación (capítulo 2), el uso de las matemáticas en la ciencia en el Capítulo 3 (a las que de paso, y conociendo su amistad con Wiener, y el que él mismo haya dado clases de matemáticas, no considera, me parece que atinadamente, ciencias de la misma manera que la física y la química, por poner el caso), qué es el “criterio del operacionalismo” (Capítulo 4), como operan los postulados y los axiomas (Capítulo 5), el uso de la lógica en la ciencia (Capítulo 6), el principio de causalidad (Capítulo 7), que son las hipótesis y las leyes (Capítulo 8), cómo funcionan los modelos (Capítulo 9), un análisis interesante incluso para los detractores de la ciencia sobre cuáles son las situaciones no-lógicas con los que la ciencia funciona (Capítulo 10), más los aspectos estéticos del conocimiento científico (Capítulo 11), y un apéndice sobre la comunicación de los resultados en un estudio científico.

Y en cada uno de los capítulos, el Dr. Rosenblueth nos va proporcionando herramientas para para entender como se genera el conocimiento en la ciencia: “La importancia del método seleccionado es esencial, y quedará mejor ilustrada por otros ejemplos. Así, hace muchos años hubo una discusión prolongada entre Cannon, por una parte, y Stewart y Rogoff por la otra, acerca de si la secreción de adrenalina por la médula suprarrenal es intermitente o continua. Se discutían teorías, pero la desaveniencia teórica dependía de hechos, y estos hechos eran distintos. La diferencia provenía, de que se empleaba un método distinto para medir la secreción de adrenalina en uno y otro laboratorio. Otro ejemplo, es el caso de los estudios histológicos para investigar la morfología de un tejido, es preciso emplear técnicas de fijación y coloración, las cuales modifican el material observado. No es excepcional que aparezcan al microscopio imágenes claras, y hasta elegantes, de estructuras que no existen en las células normales, sino que fueron creadas por el método de fijación y de coloración empleados.” (Capítulo 2)

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Como se ve en esta cita, el problema “de la modificación del material observado” no es solo privativo de lo más avanzado de la ciencias físicas, sino una cuestión común que los investigadores en la ciencia encuentran, podríamos decir, de manera más o menos cotidiana, quizás para desilusión de los esotéricos.

  • 1.- Los llamados hechos de observación, son función de la realidad exterior, pero también lo son de las ideas del observador, y del método que escoge para hacer la observación.
  • 2.- El observador difícilmente puede ser pasivo e imparcial.
  • 3.- Los hechos científicos, son un modelo abstracto seleccionado de la realidad, no son entidades concretas. Por eso hay discusiones en la ciencia, no tan sólo acerca de las teorías sino también acerca de los hechos.” (Capítulo 2)

Si quienes critican a la ciencia, o peor aún, quienes pretenden usarla para justificar sus magufadas esotéricas o sus “nuevas ciencias” estuvieran conscientes de esto, sencillamente tendrían que abandonar aunque fuera por honestidad intelectual, si la tienen. Y el abuso de la palabra “indeterminación” desaparecería inmediatamente.

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En el blog ha sido frecuente que los detractores de la Biología Evolutiva quieran descalificarla por qué las matemáticas contradicen la existencia de aquella. Veamos que dice el Dr. Rosenblueth sobre el uso de las matemáticas en las ciencias experimentales (estamos de acuerdo en que la biología es una ciencia experimental, básicamente, ¿verdad?): “Hay una diferencia esencial, a saber, que la prueba o demostración matemática es exclusivamente un problema de lógica, de consistencia. La prueba en la ciencia requiere también lógica, y es inaceptable si contiene o implica argumentos y bases ilógicas. Pero esta prueba requiere además que haya una concordancia rigurosa entre el modelo teórico y la realidad exterior. El matemático no tiene que subordinar sus teorías sino a la consistencia y a la lógica; el hombre de ciencia tiene que subordinarla a los hechos. La palabra “verdad” tiene un significado muy distinto en las matemáticas y en la ciencia.” (Capítulo 3)

Este hecho incontrovertible invalida al hermano exquisito del cretinismo creacionista, llamado “Diseño inteligente”. Los administradores del blog y muchos lectores de el mismo saben usar matemáticas muy bien y saben también que la unicidad entre hechos y teorías es la última palabra sobre la aceptación de la solución de un problema científico, a despecho de lo que a veces quieran creer algunos filósofos y matemáticos mal aconsejados.

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Quizás ustedes, queridos lectores, al ver la cantidad de capítulos y temas tratados por el Dr. Rosenblueth piensen que se está reseñando un texto muy grande, pero hablamos en realidad de un libro de menos de 100 páginas y en el que, sin embargo, el autor realiza un análisis fuerte de todos los temas mencionados de manera muy didáctica y se podría decir que ligera, y que sin embargo no exime, a quien se acerca a este texto, de tener que meditar acerca de como realiza su propio trabajo (si está involucrado de alguna manera en el fascinante mundo de la ciencia) o de como, siendo externo pero interesado desea conocer más sobre como se realiza el trabajo en la ciencia y cuales son los fundamentos de esta. Hemos citado algunas cosas que fundamentan la idea de ciencia que el autor nos propone, y no es más que una pequeña parte.

Nuevamente, invitamos a la lectura y al estudio, sobre todo de aquellos que realizan aseveraciones gratuitas sobre la ciencia y sus formas de trabajar, de este texto. Sobra decir que los que conocen sobre este mundo, ya de manera profesional, ya diletante, disfrutarán también de este texto fundamental.

  • Arturo Rosenblueth. El Método Científico. Ediciones científicas de La Prensa Médica Mexicana, varias ediciones. México. Once capítulos, Prólogo y Apéndice, 94 pp.

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Entradas relacionadas:


  1. 29 marzo, 2010 de 23:30

    La lógica y los hechos. En el fondo es algo muy sencillo, casi intuitivo. 😉

    El problema es cuando se confunden los modelos (sean teóricos, filosóficos o matemáticos) con la realidad que pretenden representar, pasando esos módelos a ser la realidad misma (en la mente iluminada del que los defiende) y dejando los hechos en un lugar marginal cuando no eliminándolos si suponen una evidencia molesta contra el modelo.

    Le han calado. Pobre Dembski. 😀

  2. 4 abril, 2010 de 19:21

    el blog se deberia llamar el positivismo y sus demonios

  3. 4 abril, 2010 de 19:32

    Zonacompar, no me desagrada la palabra “positivista”, pero si te refieres al positivismo como teoría filosófica del siglo XIX, pues no.

    El método científico actual es un poco más complejo. Entre otras cosas el conocimiento se estructura en Teorías (cosa que no sucede en el positivismo clásico). Y el quid de la cuestión está en la falsación de esas teorías y el cumplimiento de predicciones. Supongo que apreciarás la diferencia ¿verdad? 😉

  4. Rhay
    4 abril, 2010 de 20:51

    ¡Qué bueno, ese fue mi mote en el instituto! ¡Mis profes me llamaban “El Positivista” porque me negaba a rezar debido a que nadie me podía demostrar empíricamente la existencia de Dios o cualquier otro ser superior! ¡En un colegio del Opus Dei! ¡Jajajajaja!

  5. 4 abril, 2010 de 21:59

    Yo me considero neopositivista de la Escuela de Viena (el positivismo al cual se refieren muchos en realidad, mucho mejor que ese engendro posmodernista y relativista). Y abomino el catecismo positivista de Comte, que en el fondo no es más que un mal plagio del cristianismo (por ejemplo, ritos muy parecidos).

  6. Darío
    6 abril, 2010 de 3:24

    zonacomparte :el blog se deberia llamar el positivismo y sus demonios

    Está bien: quizás prefieras mejor esto como explicación:

    http://www.dosisdiarias.com/2010/03/2010-03-09_10.html :mrgreen :mrgreen:

  7. Darío
    6 abril, 2010 de 3:24

    zonacomparte :el blog se deberia llamar el positivismo y sus demonios

    Está bien: quizás prefieras mejor esto como explicación:

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