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La ciencia en la época de Darwin

10 abril, 2010

En este artículo intentaré mostrar cómo se encontraban las ciencias naturales en la época que a Darwin que le tocó vivir. Dicen que cada persona es fruto de su época. Eso es cierto para la mayoría de mortales. La excepción son aquellos que ven más allá de su tramo vital y dan un salto hacia la inmortalidad de su obra. Charles Darwin fue una de esas personas, al revolucionar la ciencia de su época.

La primera parte trata acerca de la corriente más abundante en las ciencias naturales del S.XIX en Inglaterra: la teología natural, un concepto al que parece que quieren volver los seguidores del diseño inteligente en la América del siglo XXI. Posteriormente hay un breve repaso sobre algunas personas que influyeron de alguna manera en el pensamiento del joven Darwin.

La teología natural

La teología natural fue un sistema de pensamiento sobre el mundo natural predominante en Inglaterra en tiempos de Darwin. Su pretensión era manifestar la gloria, bondad y excelencias divinas, partiendo de la perfección de las leyes naturales. Según esta interpretación, el orden natural que había en el mundo reflejaba la existencia de un plan divino, que se realizaba a través de la intervención y del diseño de una inteligencia superior. Esta tradición del pensamiento inglés estaba basada en la armonía existente entre ciencia y religión, y asignaba a la historia natural el conocimiento de las “causas segundas”, es decir, de los mecanismos que operaban en la naturaleza, en tanto que la teología presentaba y utilizaba los datos científicos para demostrar y establecer la existencia de Dios, la causa primera de todo lo existente.

Lamarck (1744-1829)

Las tesis especulativas de Lamarck sobre la transformación de los organismos se basaban en la tendencia progresiva a elevarse hacia la perfección que, en su opinión, existía en las plantas y animales. Durante este camino hacia tipos de organización más compleja, los seres vivos reaccionaban frente a las influencias del medio ambiente. Era a partir de esta reacción como surgían las alteraciones y las modificaciones en los organismos. Sostenía Lamarck que las circunstancias externas no operaban directamente sobre la forma y organización de los animales provocando las modificaciones, sino que los cambios externos ocasionaban cambios en las necesidades de los organismos. Estos cambios provocaban, a su vez, la aparición de nuevas acciones para satisfacer tales necesidades, y en consecuencias surgían nuevos hábitos de vida. Todo esto exigía el empleo más frecuente de alguna parte o de algún determinado órgano, que el animal desarrollaba y fortalecía. Al mismo tiempo, la falta de uso de algún otro órgano por los hábitos adquiridos lo iba debilitando gradualmente y terminaba por hacerlo desaparecer. Los descendientes, según Lamarck, heredaban los caracteres adquiridos por los organismos en este proceso de cambio y transformaciones.

Henslow y Sedgwick, los profesores de Darwin

Aunque tanto Henslow como Sedgwick eran clérigos anglicanos, esto no significaba que el nivel de estudios científicos en Cambridge no fuera el adecuado. Ambos, independientemente de sus ideas científicas, estaban al día en sus respectivas disciplinas y perfectamente capacitados para impartir la docencia con un excelente nivel en sus asignaturas. También es cierto que puede no considerárseles como científicos profesionales, entendiendo por eso la actividad que se realiza tras recibir una formación universitaria especializada, con un título reconocido y un sueldo que, más o menos, permita vivir dignamente. Pero en aquellos momentos, y a diferencia de Francia, donde sí había puestos oficiales para desarrollar una actividad científica, en Inglaterra no existía la posibilidad de ganarse la vida dedicándose a la investigación. Clérigos y caballeros, como Darwin, eran prácticamente las únicas personas que disponían de tiempo, y de interés, para realizar estudios de historia natural. Por eso, la denominación de amateur aplicada a los naturalistas británicos de la primera mitad del siglo XIX no puede entenderse como algo peyorativo, sino que corresponde a individuos con una clara vocación científica y que en muchos casos fueron verdaderas autoridades en sus respectivas materias.

John Stevens Henslow era el profesor de Cambridge encargado de enseñar botánica. Hombre profundamente religioso, era un excelente maestro, ameno y claro en sus exposiciones; organizaba para todos los alumnos salidas al campo, durante las cuales disertaba sobre los animales y plantas que se iban encontrando por el camino. Henslow fue el referente naturalista más importante de Darwin en Cambridge. Ambos herborizaron e hicieron excursiones científicas juntos por los campos de los alrededores, y Darwin asistió con asiduidad a las tertulias científicas que organizaba Henslow en su casa. Además de convencer a Darwin para que trabajara junto con Adam Sedgwick, el profesor que impartía geología en Cambridge, Henslow le proporcionaría más adelante los contactos que le permitirían realizar su viaje alrededor del mundo.


Adam Sedgwick era un representante de la escuela catastrofista, la doctrina dominante en Europa Occidental durante las primeras décadas del siglo XIX (de la que se hablará en el siguiente capítulo). Darwin le enviaría a su antiguos maestro en 1859 un ejemplar de “El origen de las especies”, que Sedgwick dijo haber leído con más pena que placer. Entre otras cuestiones, comentaba que, en su opinión, numerosas conclusiones de la obra de Darwin se habían basado en suposiciones que no podían ni probarse ni refutarse. Pero sobre todo criticó que no se mencionara a Dios explícitamente como causa de la evolución. En una crítica posterior, mantendría su postura creacionista y a favor de la aparición repentina de nuevas especies en la naturaleza, ideas que contradecían directamente la teoría de la evolución de Darwin.

Cuvier y el catastrofismo geológico

El catastrofismo geológico fue promulgado por el paleontólogo francés George Cuvier. Profesor en París en el Musée National d’Histoire Naturelle, Cuvier desarrolló un programa de investigación en paleontología basado en el estudio de restos óseos de mamíferos. Dedujo de la comparación anatómica entre formas fósiles y actuales la existencia de extinciones de seres vivos en el pasado, y que los restos fósiles pertenecían a organismos que habían sido exterminados por alguna catástrofe geológica. Posteriormente, los organismos extinguidos se habían visto reemplazados por los que se encontraban en la actualidad.

La teoría de la Tierra de Cuvier se desarrolló con el estudio geológico de la cuenca de París. Observó una alternancia de terrenos marinos y continentales y su interpretación fue que en el pasado habían tenido lugar periódicamente grandes inundaciones y cataclismos geológicos, que exterminaban a las especies terrestres existentes, y que iban seguidas de la aparición de nuevas especies que sustituían a las extinguidas.

En síntesis, por tanto, el catastrofismo geológico de Cuvier venía a decir que del estudio del registro geológico se desprendía que en el transcurso de la historia de la Tierra habían tenido lugar súbitas catástrofes universales, que habían actuado sobre la superficie terrestre, asolando todo a su paso y exterminando a los seres vivos existentes en ese momento. Estas revoluciones geológicas, o cambios de gran magnitud en la configuración de la Tierra, sólo podían ser explicadas por la acción repentina y violenta de fuerzas de una naturaleza devastadora y por procesos de carácter fuera de lo normal, que no se daban en el presente. Por tanto, como en la actualidad no tenían lugar tales cataclismos universales, había que considerar que en el pasado las causas que habían provocado los cambios geológicos habían sido diferentes, tanto en su naturaleza como en su intensidad, de las que operaban en el presente. Posteriormente, después de cada catástrofe, la Tierra se había poblado con nuevos organismos, fuera de nuevas creaciones o por emigración desde otras áreas geográficas. La última de estas catástrofes, que se recogía en las tradiciones de la mayoría de los pueblos, había sido, según Cuvier, el diluvio universal de la Biblia.

Lyell y el actualismo

El actualismo, y el uniformismo geológico, fue sostenido durante el S. XIX por el geólogo británico Charles Lyell en su obra Principles of Geology (1830-1833; Principios de Geología), cuyo primer volumen llevó consigo Darwin cuando partió en su viaje del Beagle. La traducción del título completo del libro de Lyell al español es Principios de geología, que intentan explicar los cambios ocurridos en el pasado sobre la superficie de la Tierra, por referencias a las causas que actúan en el presente. Esta es la idea básica del actualismo: explicar todos los cambios que habían tenido lugar a lo largo de la historia de la Tierra por la acción de las mismas causas o procesos físicos y geológicos que actúan en el presente. Lyell, además, sostenía la uniformidad en la acción de las causas, ya que pensaba que en el pasado los procesos geológicos habían actuando al mismo ritmo lento y gradual que se observaba en la actualidad y habían operado con la misma intensidad en el presente. En otras palabras, no habían sido más enérgicos en el pasado, ya que no habían ocurrido ni diluvios ni catástrofes universales como postulaban los catastrofistas. De todo esto, es decir las causas y los procesos geológicos del pasado y el presente de la misma naturaleza, que actuaban con la misma energía y el mismo ritmo lento, deducía una historia de la Tierra uniforme y cíclica. De aquí el término de geología uniformitaria con la que se conoce al sistema de Lyell. Asimismo, el ritmo de actuación lento presuponía una gran duración de los tiempos geológicos, lo que se oponía a los escasos 6.000 años de antigüedad de la Tierra deducidos de una lectura literal de la Biblia, y que un estricto catastrofismo geológico, por la rapidez de actuación de las causas cataclísmicas, podían asumirse fácilmente.

La obra de Lyell, dividida en tres volúmenes, que conoció 12 ediciones hasta la muerte de su autor, dedicaba sus primeros capítulos a una historia crítica de la geología. Lyell rechazaba las explicaciones catastrofistas y las que planteaban la exacta correspondencia entre la Biblia y los datos proporcionados por la geología histórica y la paleontología, considerando que ambos planteamientos habían retrasado el progreso científico. El modelo geológico uniformista de Lyell se basaba en la acción contínua de fenómenos acuosos (factores fluviales, corrientes marinas, olas costeras, etc) e ígneos (vulcanismo, seísmos), responsables de la erosión (destrucción), el transporte y la sedimentación (formación de nuevos depósitos).

Lyell dedicó una parte de su trabajo a discutir las hipótesis progresionista del desarrollo de la vida defendida por los catastrofistas y a criticar la transmutación de las especies propuesta por Lamarck. Frente a los primeros, Lyell afirmó que la observación no confirmaba la existencia de una progresión en la manera en que habían ido apareciendo los animales sobre la Tierra. Sugería que los mamíferos, los animales más complejos desde un punto de vista orgánico, podían haber existido en el paleozoico, la era geológica más antigua, pero que sus restos aún no se habían encontrado. En contra de Lamarck, Lyell mantuvo que las especies tenían una existencia real y limitada en la naturaleza. Para él existía un equilibrio en el número de especies, de manera que la extinción de ciertas especies se veía compensada por la aparición de otras nuevas. Debía existir, por tanto, una fuerza o poder creativo y renovador, reemplazando las especies extinguidas, y que permitía que el conjunto de la fauna permaneciera uniforme o estacionario a nivel global. Años más tarde, Lyell terminaría aceptando la teoría evolucionista de Darwin.

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Entradas relacionadas:

  • Entrevista. Eudald Carbonell. “Está más que demostrado que existe un ancestro común en el orden de los primates

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Referencias:

  • Wikipedia

  1. Místico
    10 abril, 2010 en 16:29

    Vaya, parece que el blog de Pepe (azote de darwinistas dogmáticos y ateos) va a cerrar. Es una lástima. Era una fuente inagotable de bocarranas.

  2. 10 abril, 2010 en 17:23

    ¿En serio Místico? Se habrá cansado de ejercer de troll en su propio blog. Bueno le dejo un enlace para que se tome la evolución de una forma más simpática: http://oldearth.wordpress.com/2010/04/10/una-chapa-que-dice-una-gran-verdad/
    😉

  3. Lucien
    10 abril, 2010 en 17:56

    me ha gustado la chapa (la de la pagina de Manuel, no el texto… bueno si me ha gustado, pero que no era una chapa… ¿se entiende, no? xD) además es muy cierta.

  4. 10 abril, 2010 en 19:33

    gran articulo.

    fue muy duro lo que tuvo que enfrentar Darwin.
    lo admirable de el es que explico el proceso por el que las especies estan en la tierra. sin recurrir a dios como lo hacian sus contemporaneos.

  5. Rhay
    10 abril, 2010 en 21:29

    Excelente artículo.

    Sólo un detalle: hay un error en el nombre del museo donde trabajaba Cuvier. Su nombre exacto es “Musée National d’Histoire Naturelle”. Ese francés, que lo tenemos oxidado…

  6. 10 abril, 2010 en 22:59

    Rhay, el francés no lo tengo oxidado, lo que pasa es nunca lo he tenido. Y luego pasa lo que pasa… Gracias por el apunte 😉

  7. 11 abril, 2010 en 16:20

    Pues noe sta alejado de lo que intentan ahora los grupos creacionistas…
    A proposito de Darwin me encontre con esto:
    http://mx.news.yahoo.com/s/ap/100408/eeuu/amn_cie_nuevo_hominido

  8. Paquito
    11 abril, 2010 en 19:10

    Dos comentarios quiero hacer.
    Primero, que aventajados que estaban los científicos británicos, franceses y alemanes del resto de Europa.
    Segundo, cuando uno lee en la forma que relataban sus experiencias demuestran que tenían una visión más enciclopedista y una redacción coloquial sin perder rigor científico. ¡Cuánta falta hace esta gente en la actualidad!
    Saludos

  9. Martín
    11 abril, 2010 en 19:24

    Gran entrada! Es un placer encontrarse artículos como éste.

    Mis respetos.

  10. 11 abril, 2010 en 19:24

    Pues ciertamente, Paquito, en la época de Darwin los naturalistas aún eran de muy amplio espectro. Hoy día no es lo mismo porque dado lo que ha avanzado nuestro conocimiento es imposible que una sola persona alcanza el nivel suficiente como para trabajar en todos los campos de una disciplina. Para llegar a investigar algo nuevo es necesario especializarse tanto que en muchas ocasiones se pierde esa visión “enciclopedista” que comentas, y verdaderamente es una lástima.

    Saludos

  11. 11 abril, 2010 en 22:30

    jajajaja bueno sospecho que la causa primera tendrá que ver con el mostruo de espagueti volador jajaj XD

  12. Boca Rana
    12 abril, 2010 en 1:35

    Si alguno se hubiera molestado en preocuparse por lo que relatas en esta entrada, hubiera dejado de decir que las variaciones en el ritmo de la evolución eran un descubrimiento revolucionario.

  13. 12 abril, 2010 en 21:30

    Me parece muy interesante. Nunca me había planteado seriamente en qué entorno científico se movió Darwin, y algo me dice que al irlo descubriendo tendré que admirar más a este hombre… o a entenderle mejor.

    Saludos!

  14. jc
    13 abril, 2010 en 17:36

    La verdad es que conocer como estaba la situación en el momento en que Darwin estuvo mascando su teoria (bueno y Wallace) te hace valorar mucho más el paso que se dió con la publicación del Origen. Pero sobre todo el entender como es posible que tardase décadas en publicar lo que tenia claro mucho antes.

    G de Galleta el año pasado se publicó un número especial de Investigación y Ciencia por el año Darwin y habia mucha información al respecto. La verdad es que era una recopilación de articulos excelentes centrados en su vida, el viaje y el entorno científico y social de la época. Seguramente podrás encontrarlo en alguna biblioteca pública.

    JC

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