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Pulgones. «Transgénicos» naturales por todo el morro

11 mayo, 2010

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Transgénicos. Para muchos decir esa palabra es mentar al diablo. Los transgénicos están a la orden del día, pero al contrario de lo que piensa mucha gente, la mayoría de ellos no han salido de un laboratorio científico, sino de la propia naturaleza. El ejemplo de siempre son los microbios. Por el contrario, en el Reino Animal, son tan raros que su mera existencia es un notición… Y sin ir más lejos, hace una semana la revista Science nos habló de ellos.

La palabra transgénico suele traer cola. En algunos medios, sobre todo de índole ecologista, son definidos como “organismos creados artificialmente en laboratorio, al introducir genes de unas especie en otras. Así se obtienen seres vivos que no existirían de forma natural. Es un experimento a gran escala con una tecnología llena de efectos imprevistos y no deseados” y se los acusa de causar todo tipo de problemas: “incremento del uso de tóxicos en la agricultura, contaminación genética, contaminación del suelo, pérdida de biodiversidad, desarrollo de resistencias en insectos y “malas hierbas” y efectos no deseados en otros organismos”, incluso sobre la salud ciudadana.

En esta entrada no hablaremos sobre si los transgénicos son buenos o malos. O sobre si realmente son tan problemáticos. O sobre si son una panacea para la agricultura. En esta entrada más bien nos centraremos sobre su naturaleza, que en muchos casos, no es en absoluto artificial. Y para ello me valdré de una preciosa y reciente publicación realizada en la prestigiosa revista Science, tan reciente como la semana pasada.

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La Transferencia Vertical de Genes es algo conocido por todos nosotros ¡Incluso nuestras abuelas han sabido de ella toda la vida! “Fulanito realmente tiene la cara de su madre”, suelen decir. Transferencia Vertical de Genes, ese es el nombre tan rimbombante que recibe el incansable viaje de los genes a través de las generaciones, que utilizando el cuerpo de padres e hijos como vehículos, han llegado hasta nuestros días desde el inicio de los tiempos biológicos.

Hace unas décadas este era el único mecanismo conocido por el cual los genes podían viajar en el tiempo y en el espacio, sin embargo, hoy se conoce un mecanismo complementario que además adquiere importantes implicaciones evolutivas, se trata de la Transferencia Horizontal (o Lateral) de Genes ¿De qué se trata? Bueno, si la Transferencia Vertical es el viaje de los genes de una generación a la siguiente, la Transferencia Horizontal es el salto de genes desde una especie hasta otra especie distinta. Podría afirmarse que se trata de la manera que tiene la naturaleza (es una forma de hablar) de producir “transgénicos”.

Principales mecanismos de Transferencia Génica Horizontal en procariotas. Crédito: Nature

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¿Es raro este fenómeno? ¿Es una excepción que genes de una especie puedan “saltar” a otra especie distinta? «Ojo, no estamos hablando de mera hibridación, sino del traspaso de genes o de paquetes de genes de una especie a otra aunque ambas especies sean radicalmente distintas» La respuesta es no, para nada se trata de un fenómeno raro. La realidad es todo lo contrario, en el mundo microbiano la Transferencia Horizontal de Genes es algo que pasa todos los días, a todas horas y en cualquier lugar.

Se han observado eventos de traspaso de genes de bacterias a bacterias, de bacterias a arqueas, de bacterias a eucariotas, e incluso desde animales hasta bacterias. Los científicos incluso han encontrado regiones genéticas especializadas en dar estos saltos, las islas genómicas (de las que ya hablamos en esta entrada). ¿Y qué funciones tienen tales genes? Al parecer cualquiera, pero los estudios se han centrado sobre todo en genes encargados de la resistencia frente antibióticos, genes encargados de la capacidad para causar enfermedades y genes que le permiten a la bacteria eliminar sustancias extrañas (Ref. 2).

En el lado opuesto tenemos a los animales. Parece que en ellos la Transferencia Horizontal de Genes es algo muy raro. Sin embargo puede suceder y uno de los casos más sorprendentes lo encontramos en unos seres increíbles, los pulgones.

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Los divinos Pulgones.

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Los pulgones, también llamados áfidos, son pequeños insectos con un montón de características sorprendentes. Omnipresentes, los encontramos allá donde tengamos plantas vasculares. Si tienes un huerto, tendrás pulgones, si tienes un jardín, tendrás pulgones, si tienes una maceta, si no han llegado ya, probablemente llegarán tarde o temprano. Con más de 4.000 especies descritas, conforman una gran variedad de pequeños chupadores de savia, diminutos vampiros de las plantas que no suelen superar los 3 mm de longitud y que sacan de quicio tanto a agricultores como a jardineros.

Colonia del pulgón Aphis glycines sobre un tallo de alfalfa junto a hormiga "ordeñadora". Crédito: Iowa State University

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Pero la omnipresencia tampoco es una virtud muy “deidificante” que digamos: moscas, mosquitos, cucarachas y bacilos también son omnipresentes y la gente no suele ir alzándoles altares por ahí. ¿Que tal el nacimiento virginal? Si nacer de una fémina que no ha conocido varón es aceptado como canon de la divinidad, entonces los pulgones se llevan la palma.

Todo comienza en primavera. El recién llegado calor primaveral induce la eclosión de los pequeños huevos, que han pasado el frío invernal escondidos entre tejidos vegetales. Las recién nacidas (sí, todos los que nacen son hembras), idénticas a adultos en miniatura, trepan hasta alcanzar los tejidos verdes. Una vez allí, pican con la aguja que son sus piezas bucales hasta alcanzar la dulce savia. Llegados aquí ya está todo hecho, en poco más de una semana todos los nacidos alcanzan la madurez y, sin conocer varón alguno, quedan embarazadas.

Este fenómeno es llamado partenogénesis y es común a todos los áfidos. Implica que los óvulos de las hembras, sin necesidad de fecundación alguna, se desarrollan hasta engendrar nuevas hembras, también partenogénicas. En cierto modo es un tipo de clonación. Y sí, he dicho bien, las hembras quedan «embarazadas». Los pulgones son insectos que tienen la particularidad de que las hembras engendran crías vivas, literalmente, las paren al mundo exterior (después de todo, los mamíferos no tenemos el monopolio de tales «avances», si acaso es correcto llamarlos así). Estas crías en una semana alcanzarán la madurez y cerrarán de nuevo el ciclo. Con este ritmo exponencial de multiplicación no es de extrañar que sean una plaga y desde luego, dejan al «milagro de los panes y los peces» en mantilla.

Hembra de pulgón pariendo una preciosa jovencita. Crédito: Wikipedia Commons

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Toda colonia siempre alcanza un punto en el que empiezan a emerger hembras aladas. Es muy fácil encontrarse con ellas cuando en un día estival estamos en las proximidades del campo o de una zona ajardinada. Estas hembras son genéticamente idénticas a sus madres no aladas. ¿Qué induce pues su aparición? Los científicos sospechan que esto se debe a ciertos juegos de genes que disparan su actividad cuando nuevos factores ambientales entran en acción: una alta densidad de población, la caída de la calidad del alimento o una alteración del ciclo diario de luz. Incluso la presencia de depredadores puede provocar algo así: un incremento en la densidad de insectívoros aumenta la expulsión y posterior concentración en el aire de feromonas “de alerta” (como el (E)-β-farneseno), lo cual a su vez induce a la producción de individuos alados (Ref. 1 y 4).

Ejemplar alado de Myzus persicae. Crédito: de.academic.ru

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Las colonias viven felices, superando a mariquitas (larvas y adultos) y crisopas, resistiendo avispas y dípteros predadores, aguantando las hormigas y disfrutando de la protección que les brindan… hasta la llegada del otoño y el comienzo de los fríos invernales. En ese momento hacen su aparición los machos alados, cuya única y fugaz misión es encontrar una hembra alada con las que aparearse. Tras ello los machos morirán, ya han cumplido su misión. Por su parte, para tales hembras ya no vírgenes, su última misión será buscar refugios adecuados en los que guarecer los huevos que sobrevivirán al invierno, cerrando el ciclo anual.

Ciclo vital del pulgón Aphis glycines (ejemplo del ciclo de un áfido). Crédito: omafra.gov.on.ca

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Quizás otro canon de la divinidad sea como las rebajas de los grandes supermercados: ¡3×1! ¡Comulgue con sus tres dioses por el módico precio de uno! Si es así, estos bichos también tienen sus mañas, ya que tenemos tres criaturas vivientes por el precio de una. Estimados lectores, ¿recordáis a los endosimbiontes? Un «endosimbionte» es un organismo que vive dentro de otro organismo y en simbiosis con él.

En este blog ya hablamos de ellos (en esta entrada, por ejemplo). Los pulgones poseen en el interior de su cuerpo células especializadas y súper-desarrolladas llamadas bacteriocitos. La función de estas células es albergar y proteger bacterias endosimbiontes. La más importante, llamada «endosimbionte primario», es Buchnera aphidicola, una bacteria que le otorga a su hospedador aminoácidos esenciales que suplen las carencias de una dieta basada únicamente en la savia vegetal. Este simbionte es tan importante que la pérdida del mismo provoca en los animales un retardo en el crecimiento, esterilidad e incluso la muerte. Por otro lado, Buchnera es incapaz de sobrevivir en el mundo exterior (Ref. 3 y 8).

Por si fuera poco, los pulgones también poseen «endosimbiontes secundarios» o «S-endosimbiontes», un batiburrillo de diversos tipos bacterianos que incrementan el éxito reproductor del insecto que los hospede en su interior (Ref. 8). En definitiva, tres seres (dos tipos bacterianos, como mínimo, y un insecto) compartiendo el mismo cuerpo.

Sistema simbiótico del pulgón. Verde: bacteria Buchnera aphidicola. Azul: núcleo de las células del insecto. Rojo: S-endosimbionte en células aplanadas. La escala es de 50μm. Crédito: AIST

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Hongos y pulgones. «Transgenicando» que es gerundio

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Uno de los grupos de investigación que se han centrado en el estudio de estos insectos está encabezado por Nancy A. Moran, profesor e investigador del Department of Ecology & Evolutionary Biology de la University of Arizona. Con su último trabajo llegamos a la mentada publicación de Science.

Su equipo ha investigado múltiples facetas de la vida de los pulgones, desde la ecología hasta la genética, pasando por su evolución. Uno de los caracteres que más interesaron a los autores es la presencia de carotenos en estos insectos. Los carotenos son moléculas complejas que son sintetizadas mediante tortuosas rutas bioquímicas. De ello se encargan diversas especies de bacterias, arqueas, hongos y plantas. Los carotenos también son fundamentales para los animales, aunque estos no cuenten con la maquinaria precisa para sintetizarlos. Son requeridos para la ornamentación y el correcto funcionamiento del sistema inmune, como antioxidantes y como pigmentos visuales, entre otras muchas funciones (Ref. 5).

Pero como no pueden fabricarlos, los animales han de obtener los carotenos a partir de la dieta. También nosotros. Uno de los más importantes para nosotros es el β-caroteno, compuesto que le otorga colores vivos a frutas y verduras (y ese anaranjado color a la zanahoria), el cual es convertido en «Vitamina A» por nuestro organismo.

Estructura del beta-caroteno. Crédito: Molecularium

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Los áfidos, por su parte, también pueden emplearlos para fabricar colores. Como por ejemplo Macrosiphum liriodendron o Sitobion avenae, estos pulgones presentan distintas combinaciones de carotenos que les permiten tener distintos patrones de coloración: verdes, con α-, β- y γ-carotenos; o rojos, con licopeno y toruleno. Tener distintos colores es muy útil. Los biólogos han visto que a nivel poblacional la coloración puede variar en función de la presión que puedan ejercer los predadores, una evolución basada en la mejora del camuflaje. Lo cual no sería posible si los pulgones no contaran con las herramientas bioquímicas precisas para fabricar tales colores (Ref. 5).

Coloración y carotenoides del pulgón Acyrthosiphon pisum. (A) Típico verde. (B) Típico rojo. (C) Mutante verde procedente del tipo "rojo". (D) Proporción de carotenoides en cada "tipo". Crédito: Ref. 5

Y dado que no se conoce ningún animal que sintetice sus propios carotenos, originalmente se propusieron varias explicaciones acerca de su procedencia (Ref. 5):

  • Podrían provenir de la dieta. Sin embargo los carotenos son sustancias liposolubles (es decir, que se disuelven bien en grasas, mientras que no es posible disolverlos en el agua). Por lo que no suelen presentarse en la savia de las plantas.
  • Podrían ser sintetizadas por alguno de los simbiontes. Pero no se ha descubierto en ninguno de ellos las rutas genéticas que han de encargarse de tal tarea.

Una última opción era que pudieran ser sintetizados por el propio insecto. Pero esto no sucede en animales… ¿o sí? Los estudios moleculares fueron determinantes: estos insectos tenían en su genoma escrito el código necesario para fabricar toda una colección de carotenos (Ref. 5). Más que resolver preguntas, prendió otras nuevas… ¿De dónde habían salido? No se conoce ningún grupo animal que pudiera tener los ancestros o precursores de tales genes. En otras palabras, era como si hubieran aparecido de la nada.

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¿De dónde habían salido? El equipo de Moran, evidentemente, se hizo la misma pregunta. Buscó en una de las más inmensas bases de datos que dispone la sociedad actualmente, GenBank, la mayor colección de secuencias genéticas del mundo; una biblioteca de información tan grande que somos afortunados al poner almacenarla en formato digital. De este modo descubrieron que tanto la secuencia genética, como la combinación de enzimas que originan, como la disposición de las mismas en el genoma, era extremadamente semejante (podríamos decir calcada) a la de algunos hongos (como Mucor o Phycomyces). Según los autores, se trata de un sorprendente caso de Transferencia Horizontal de Genes, desde hongos hasta insectos ¿Cómo este evento tuvo lugar? Esta es la siguiente pregunta a resolver (Ref. 5).

Relaciones filogenéticas de enzimas encargadas de la síntesis de carotenoides. (A) Desaturasas y (B) Ciclasas Sintasas (pulsar para ampliar). Crédito: Ref. 5

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Tal vez una idea del cómo pueda venirnos de otro sorprendente caso, aunque supongo que no voy a decir nada nuevo… ¿Quién no conoce a Elysia chlorotica (de la que ya hablamos en esta entrada)? Es muy difícil que hoy un aficionado a la biología no haya oído hablar de este fantástico animalico. Elysia chlorotica Gould, 1870 es lo que vulgarmente se conoce por «babosa marina». Es muy famosa por su capacidad para alimentarse de algas (su preferida es Vaucheria litorea) y almacenar los cloroplastos de tales algas en su cuerpo, lo cual le otorga ese hermoso color esmeralda. Pero esta babosa ha ido mucho más lejos. También es capaz de mantener funcionales los cloroplastos durante al menos… ¡6 meses! Sin mantener ningún contacto con el alga (Ref. 6 y 7).

Algo así solo es posible si tienes la maquinaria genética necesaria para ello. Lo cual no es moco de pavo, son rutas bioquímicas bastantes complejas. Los biólogos profundizaron en la verde naturaleza de este animal y descubrieron, sorprendidos, que era capaz de integrar para sí mismo los genes requeridos para el mantenimiento y funcionamiento de los cloroplastos, extrayéndolos desde el núcleo del alga. Las investigaciones llegaron aún más lejos, consiguiendo demostrar que realmente, la babosa era capaz de utilizar y activar aquellos genes. Incluso podía sintetizar clorofila, ese pigmento indiscutiblemente fotosíntético (Ref. 6 y 7).

Ciclo vital de Elysia chlorotica. (A) Larva veliger de vida libre, escala de 100 μm. (B) Juvenil recien metamorfoseado sobre filamentos del alga Vaucheria litorea, escala de 500 μm. (C) Juvenil 5 días tras haberse alimentado, escala 500 μm. (D) Adulto, escala 500 μm. Crédito: Ref. 7

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Transferencia Horizontal de Genes o «Transgénicos naturales». Un fenómeno habitual en el mundo microbiano y aunque raro en el reino animal, cuando aparece su impacto es mucho mayor al que previamente podría imaginarse. Prácticamente encontramos juegos de genes activos y funcionales que terminan por adquirir una gran importancia sobre la biología de las especies implicadas. Desde luego, un tema apasionante donde los haya y sin embargo, aún en pañales. Todavía la genómica tiene mucho que decir, así que, como siempre digo, son requeridos más estudios!

Terminamos con una nota curiosa más sobre los pulgones. Si somos aficionados a los detalles del mundillo biológico, si observamos el microcosmos que nos rodea, es fácil encontrar cosas como esta:

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Curiosos cascarones vacíos, ¿no? Realmente son pieles huecas de pulgón, mucho más infladas que sus compañeros y usualmente, acompañadas de un agujero en el abdomen. ¿Que podrían ser? Nosotros sabemos que muchos insectos, como las libelulas, dejan atrás sus mudas tras la metamorfosis que las convierte en las reinas del cielo. ¿Podría ser este un caso similar? ¿Son las mudas de los pulgones?

¡Pues no! En realidad son los restos de la actividad de diminutas avispas parásitas, generalmente del género Aphidus. Estas avispitas, en un acto de amor celestial, inyectan sus huevos en el interior de los indefensos pulgones. Acto seguido eclosionarán las larvas, que devorarán a su hospedador desde dentro y vivo, antes de metamorfosearse y emerger cual hambriento Alien desde el interior del abdomen de su víctima.

Aunque pensándolo mejor, quizás el pulgón en tales circunstancias le menta a su himenóptero enemigo: «Esto es mi Cuerpo, que será entregado por vosotros». Visto así, o ciertos insectos son demasiado divinos, o quizás ciertos dioses son demasiado banales… En cualquier caso, este espectáculo se resume en el siguiente vídeo. ¡No se lo pierdan! 😀

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Entradas relacionadas:

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REFERENCIAS:

  • 1.- Braendle, C. et al (2006) Wing dimorphism in aphids. Heredity (2006) 97, 192–199. doi:10.1038/sj.hdy.6800863. Artículo completo disponible aquí.

  1. 11 mayo, 2010 en 7:39

    Jo, Cnidus, cuando ví el artículo de Science pensé en escribir una nota, pero te has superado. Estupendo artículo. 😀
    La variante anaranjada más le vale no pasearse mucho por las partes verdes de la planta, menudo cante para los depredadores.

  2. Fran
    11 mayo, 2010 en 9:31

    Cnidus, fantastica entrada… solo puedo decir guauuuu y gracias

  3. Warradir el Warro
    11 mayo, 2010 en 15:02

    Saludos a toda la gente que colabora en este blog, que increiblemente, acabo de conocer. Aunque no estoy relacionado con las ciencias, me encantan estos temas, y sobre todo, la manera en que ustedes los presentan.

    Y qué excelente información la de este pulgón que es tan grande como Monesvol. Incluso se sacrifica, bueno lo obligan, para que otros puedan vivir.

  4. AvA
    11 mayo, 2010 en 17:34

    Interesantísimo artículo. Gracias.

  5. 11 mayo, 2010 en 18:19

    Muy buena historia. La transferencia horizontal en áfidos y a estaba en el punto de mira de la investigación. En un número de hace varios años de investigación y ciencia, un especial sobre genética ¿? se barruntaba ya este asunto.

    Margulis estará apuntándose en su agenda un punto para ella.

    Saludos

  6. 11 mayo, 2010 en 19:32

    Graxias! 😀
    Ciertamente es sorprendente que un juego de enzimas pueda aparecer en un organismo gracias a la mera transferencia horizontal. Si algo así es posible,¿que no será posible entonces para los seres vivos?

    Y sospecho que una vez llegados tales genes al nuevo organismo, sus futuras funciones se verán encauzadas por las vías generales evolutivas, selección natural y deriva.

    Warradir, me acabas de dar una idea para introducir unas líneas en el párrafo final de la serie. Gracias de nuevo!

    Saludos!

  7. 11 mayo, 2010 en 20:35

    Excelente, Cnidus. El tema es apasionante y encima, habiendo insectos de por medio, me toca la fibra sensible 😉

  8. WOLFLink
    11 mayo, 2010 en 23:43

    Me eh dado cuenta de algo, quizás Peter Parker (El Hombre Araña) tenía la habilidad de conseguir genes de la araña que lo pico y aderirlos en su adn (como en la película) como la Babosa Marina, y así tiener las mismas caracteristicas que la araña y tal vez adquirio esa habilidad por medio de la Transferencia Horizontal de Genes ¬¬
    ¿Ustedes que piensan? O_O

  9. Warradir el Warro
    12 mayo, 2010 en 0:15

    Es que si los guionistas de Joligüd supieran algo de ciencia…

    Cnidus, tu nick se me hace conocido, ¿Youtube quizá?

  10. 12 mayo, 2010 en 7:57

    WOLFLink, pienso que la ciencia ficción realiza hipérboles de los fenómenos naturales. En ocasiones es visionaria y acierta, y en ocasiones se pasa de largo y queda en mera ficción. Fíjate la de películas que pintaban el año 2000 con gente viajando entre planetas y coches voladores.

  11. 12 mayo, 2010 en 17:59

    Cnidus, tu nick se me hace conocido, ¿Youtube quizá?

    Quizá 😀
    Tenía un canal, digo tenía, porque bastante abandonado está 🙄

  12. 12 mayo, 2010 en 19:57

    Jo, con el pdf original de Science y todo. Menudo lujo, gracias, Cnidus ! 😀

    La verdad es que lo de GenBank como herramienta es la leche. Una de las cosas más curiosas del artículo es que en el árbol filogenético de las enzimas los pulgones (en azul) están relacionados muy directamente con los hongos (en marrón), pero solo indirectamente con las bacterias (en negro).

    La historia evolutiva que sugiere el gráfico para esos genes sintetizadores de carotenos es la de un origen bacteriano desde donde pasaría a plantas y a hongos en eventos independientes de transferencia horizontal. Lo chocante es que luego esos mismos genes aparentemente saltan de hongos a pulgones en otra transferencia mucho más “heavy”, puesto que no parece haber bacterias que hagan de intermediarias en esta tercera transferencia (o su genoma aún no se ha encontrado).

    Apasionante. Esperaremos a ver que nos deparan los próximos descubrimientos.

    PD: Sobre los Aphidus y demás avispas parásitas que devoran a sus presas vivas lentamente desde dentro (y son cientos de miles de especies, muchas más que todos los vertebrados juntos), habría que concluir que si su actividad fuera producto de un designio inteligente el diseñador debería ser forzosamente un sádico bastardo. 🙂

    Saludos.

  13. gustavo
    14 mayo, 2010 en 22:06

    Cnidus, es un excelente artículo, reabre el tema de la transferencia de genes entre especies de reinos distintos, en forma natural, la verdad, ese hecho no es sorprendente y además reafirma la necesidad de que este tipo de realaciones continúe siendo un hecho matural. Por lo tanto, a partir de hoy debemos definir la diferencia entre transgénico natural y transgénico artificial o no natural, no se, porque que existan transgénicos naturales no quita que la Soja RR, el maíz BT y demás, no tienen nada de naturales, verdad?

  14. 14 mayo, 2010 en 22:28

    No, si entendemos que la presencia de los genes RR y los genes BT en soja y maiz respectivamente, debe ser mediada por un organismo no humano para considerarlo natural.

  15. 14 mayo, 2010 en 22:44

    Cnidus, veo que sigues incrementando tu índice de impacto… 😉 Impresionante artículo. Poco a poco me voy poniendo las pilas y con artículos así da gusto.

  16. 7 agosto, 2010 en 8:20

    Gracias por la entrada, he aprendido mucho.
    Creo que la distinción entre los transgénicos agrícolas y la transgénesis natural se resuelve fácilmente acortando la definición que has puesto al principio de la entrada: “organismos creados artificialmente en laboratorio, al introducir genes de unas especies a otras.” El resto de la definición que has puesto se puede dejar fuera de la definición, para evitar confusiones, sin que deje de ser cierto: “Así se obtienen seres vivos que no existirían de forma natural.” (porque es improbable que la construcción genética que se realiza en el laboratorio se crease de forma espontánea en la naturaleza; aunque sea rizar el rizo, porque el gen de resistencia al herbicida podría pasar naturalmente a otras especies vegetales de forma espontánea pero sin la construcción plasmídica que se usa en el laboratorio). Y: “Es un experimento a gran escala con una tecnología llena de efectos imprevistos y no deseados”. (pues hay muchos ejemplos de estos efectos imprevistos y no deseados).

  17. titopuentes
    13 mayo, 2012 en 20:45

    jajaja, esta escrito como para decir.. “POBRECITOS LOS PULGONES”

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