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Imposturas Intelectuales: cuando la charlatanería y el fraude se visten de Academia.

21 mayo, 2010

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Autor: Darío

Cuando hace una década, J. Bricmont y A. Sokal escribieron Imposturas Intelectuales sabían que esta respuesta que proporcionaban a una versión del mundo en construcción en ese momento (todavía vigente en ciertos sectores de la izquierda esotérica y antirracionalista, y del discurso social de derecha que tiene como función justificar al precio que sea el orden económico, social y político vigente) generaría mucha polémica y muchos debates amargos. Y no era para menos: lo que en su libro ambos físicos estaban haciendo eran dos cosas, una inmediata y muy importante, y la otra fundamental. La inmediata: desenmascarar el uso faccioso que varios intelectuales de las humanidades y las ciencias sociales hacían de conocimientos científicos que no conocían más que por segundas referencias en el mejor de los casos. Y la fundamental: quitaban el sustento a una visión ideológica del mundo que en aquellos años se estaba generando y consolidando como alternativa al de la polaridad capitalismo-socialismo que desapareció con la caída de la URSS y lo que se conocía como el socialismo realmente existente. Y entre lo inmediato y lo fundamental, un grupo o sector de intelectuales de varias partes del mundo, ya sea ellos mismos o permitiendo que se realizara en su nombre cuando eran conscientes de esto, no dudaron en tergiversar y manipular a su antojo conceptos de la ciencias físicas, matemáticas, computacionales, de la teoría de la información o biológicas, es decir, de lo que genéricamente se conoce como “Ciencias Duras”, para darle sustento al discurso que necesitaban construir para explicar, según ellos, y mal, además, las “nuevas realidades” sociales que “emergieron” con el fin de la así conocida Guerra Fría.

Y pongamos las cosas claras. No es la primera vez en la historia de la ciencia moderna que individuos de otras áreas del conocimiento humano intentaron apropiarse de conocimientos del área científica para tratar de adecuarlos al estudio que se genera en ciencias sociales, políticas o incluso en cuestiones estéticas. Pero esta quizás sí sea la primera vez que este uso se hace de manera generalizada, lo que dio origen a posiciones filosóficas que se conocen con el nombre de Postmodernismo, o en el área social dio origen a lo que Marcos Roitman Rosenmann en su libro “El Pensamiento Sistémico” llama “pensamiento débil” o “pensamiento social-conformista”. Como quiera que sea, entonces y actualmente, es frecuente ver en textos de ciencias sociales o de filosofía obscuras invocaciones a “teorías de sistemas”, o “conocimientos topológicos”, o “evolución de sistemas sociales” como si la sociedad en su conjunto y los individuos “evolucionaran” igual que los seres vivos en la teoría biológica de la evolución. En fin, da la impresión de que en algún momento dado, ciertos discursos y ciertos intelectuales necesitaran del prestigio de las ciencias exactas para justificar y sustentar su trabajo, como ya lo comentamos anteriormente.

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¿Por qué traer la reseña de Imposturas Intelectuales a los amables lectores de La ciencia y sus Demonios, y además alentar la lectura del libro?

Aunque el libro es una respuesta social y política a una actitud social y política que sostienen todos aquellos que de una manera u otra comparten el antirracionalismo posmodernista y del “pensamiento débil”, no hay que perder de vista que el fondo del libro es la ciencia, su mala interpretación y la necesidad que hay de evidenciar esto. En un post anterior, Antonio Tormo mencionó la importancia de que los científicos salgan de sus cubículos y laboratorios y se involucren, por muchas razones, en lo que está aconteciendo en sus sociedades. Bueno, pues este libro cumple con ese propósito y lo hace con creces. Y además es importante mencionar que si bien existe un cierto desprestigio del antirracionalismo posmodernista éste todavía se encuentra vigente de una manera u otra en los medios de comunicación (como ya se ha evidenciado varias veces aquí), en las aulas de las facultades de humanidades y ciencias sociales, y que en su versión social de “pensamiento débil” actúa como marco teórico en las justificaciones que hay detrás del famoso Plan Bolonia contra la educación superior, o en el plan de educación en México. También se encuentra en muchas de las manifestaciones políticas de la izquierda esotérica que cree que el ataque a la racionalidad y la Ilustración es equivalente a realizar una revolución en el Palacio de Octubre del pensamiento, o una guerra de guerrillas en las aulas universitarias. Y finalmente quizás varios de los lectores habituales de La Ciencia y sus Demonios encuentren, como lo ha encontrado quien esto escribe, sorprendentes analogías entre los alucines esotéricos que los predicadores avientan aquí y en blogs amigos un día sí y otro también sobre todo contra la Teoría Sintética de la Evolución (pero no sólo), y los estrambóticos comentarios que los autores del libro nos regalan cuando señalan a los intelectuales que son el objeto de su análisis.

Creemos que todas estas son razones más que suficientes para que se haga una reseña del libro Imposturas Intelectuales: juzguen los lectores si estamos en lo cierto o no leyendo esta breve reseña y el libro en sí.

Todo lo que leeremos a continuación está relacionado con la física y las matemáticas, que son las áreas de formación de los autores del libro. Aquí, en La Ciencia y sus Demonios, hemos visto como constantemente los creacionistas de distinto signo manipulan y tergiversan a su antojo las definiciones biológicas, antropológicas, arqueológicas y geológicas, entre otras, para tratar de acomodarlas a sus particulares deformaciones. Seguramente alguno de nuestros lectores que estén estudiando y/o trabajando en cuestiones computacionales o de la teoría de la información pudieron en algún momento llegar a sentirse incómodos cuando en algún libro o periódico leyeron, o en la televisión escucharon como alguno de los fundamentos de esas ciencias fueron utilizados para justificar algo que no venía al caso. No estaría mal que lo comentaran.

También, solamente haremos un breve recorrido por el Capítulo 1 (Jaques Lacan), y el 10 (Algunos abusos del Teorema de Gödel y de la Teoría de conjuntos), y mencionaremos algunos textos extras que apoyan la crítica que aquí se pretende contra el irracionalismo moderno, dejando los otros 9 capítulos del libro, así como el Prefacio, la Introducción y los tres Apéndices para que ustedes los lean una vez que adquieran el libro.

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* EL ANÁLISIS MATEMÁTICO ES LO QUE YO TE DIGO, O EL SEXO Y LA COMPACIDAD TIENEN SUS PROBLEMAS COMUNES.

Pregunta: ¿Qué tienen en común el psicoanálisis, las enfermedades mentales y las relaciones sexuales, con la topología, los conjuntos compactos y los números reales?

Respuesta: Nada… a menos que seas terapeuta de la escuela de Lacan o Jacques Lacan mismo.

¿Funciona o no la terapia? ¿Es válido o no el psicoanálisis? ¿Son éstos dos cosas diferentes? Independientemente de las respuestas que tengamos a estas últimas preguntas y que salen de los alcances de esta reseña y, como dicen Sokal y Bricmont, del libro también, Jacques Lacan es el clásico ejemplo de los abusos que se hacen de un conocimiento que no se tiene más allá de su existencia, para tratar de dar sustento teórico a un discurso que quien sabe sí por si mismo podría pararse. “No vamos a entrar -dicen Sokal y Bricmont- en el debate sobre la parte propiamente psicoanalítica de sus trabajos (de Lacan) sino que nos limitaremos a analizar sus numerosas referencias matemáticas con el fin de demostrar que Lacan ilustra a la perfección, en diferentes pasajes de su obra, los abusos citados en la introducción.”

Entonces, dejando a un lado las cuestiones estrictamente psicoanalíticas, ¿es correcto pretender usar referencias matemáticas dentro del discurso psicoanalítico? “Los defensores de Lacan, Deleuze y otros podrían argumentar que estas referencias a conceptos científicos son válidas e incluso profundas, y que nuestra crítica yerra el tino porque no comprendemos el contexto. Después de todo, estamos dispuestos a admitir que no siempre entendemos el resto de las obras de estos autores. ¿No seríamos científicos arrogantes, de mentes estrechas, que hemos pasado por alto algo sutil y profundo?”

¿A que esta última pregunta la hemos visto en nuestros amigos creacionistas? Continúan los autores: “Ante todo, responderíamos que cuando conceptos matemáticos o físicos aparecen en ámbitos de estudio distinto, es preciso aportar algún argumento para justificar su pertinencia. En todos los casos citados aquí acabamos comprobando la ausencia de semejantes argumentos, ya sean junto a los textos citados o en cualquier otro lugar del artículo o libro.”

Tratemos de no ser tan duros con Lacan (y con Deleuze, Kristeva y demás) y preguntemos ahora: ¿cómo saber si estoy ante algo que vale la pena o ante algo que parece un fraude? Sokal y Bricmont nos proporcionan algunas reglas básicas que podemos seguir cuando no hay argumentos justificativos: “Hay ciertas «reglas empíricas» que se pueden usar para decidir cuando los conceptos matemáticos han sido introducidos con un auténtico propósito intelectual y cuando solo para impresionar al lector. Ante todo, en caso de uso legítimo, el autor necesita tener un conocimiento adecuado de las matemáticas que se propone aplicar -en particular, no ha de incurrir en groseros errores- y tiene la obligación de explicar lo más claramente posible las nociones técnicas necesarias en términos comprensibles para el lector (que presumiblemente no será un científico). Segundo, puesto que los conceptos matemáticos tienen asimismo significados precisos, las matemáticas son útiles sobre todo en ámbitos en el que los conceptos tienen asimismo significados más o menos precisos. Es muy dudoso que la noción matemática de espacio compacto pueda ser aplicada fructíferamente a algo tan poco definido como el «espacio de goce» en psicoanálisis. Tercero, resulta particularmente sospechoso que conceptos matemáticos abstrusos (como el axioma de elección de la teoría de conjuntos), usados raramente en física -y ciertamente nunca en química y biología-, se vuelvan milagrosamente pertinentes en las humanidades o en las ciencias sociales.

Les proponemos a nuestros lectores de La Ciencia y sus Demonios que tomen estos tres puntos como norte que no perderán en toda la lectura de esta reseña.

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Regresemos a Lacan.

El interés de Lacan por las matemáticas, escriben Sokal y Bricmont, “se centra principalmente en la topología, rama que estudia (entre otras cosas) las propiedades de los objetos geométricos -superficies, sólidos, etc.- que se mantienen inmutables cuando el objeto se deforma sin romperse ni desgarrarse. (…) En los escritos de Lacan en los años cincuenta existen ya varias referencias a la topología, pero la primera discusión extensa y publicada data de 1966, en ocasión de una célebre conferencia sobre The Languages of Criticism and the Sciences of Man, celebrada en la Universidad de Johns Hopkins (Estados Unidos). Veamos un extracto:

“Este diagrama (la cinta de Moebius) se puede considerar la base de una especie de inscripción fundamental en el origen, en el nudo que constituye el sujeto. Esto llega bastante más lejos de lo que imagináis a primera vista, ya que podéis buscar el tipo de superficie capaz de recibir esta clase de inscripciones. Quizás veréis que la esfera, aquel viejo símbolo de totalidad no se presta a ello. Un toro, una botella de Klein, una superficie entrecruzada (cross-cut), son capaces de recibir un corte de estas características. Y esta diversidad es muy importante, por qué explica muchas cosas acerca de la estructura de la enfermedad mental. Si se puede simbolizar el sujeto mediante este corte fundamental, del mismo modo se puede mostrar que un corte en un toro corresponde al sujeto neurótico, y en una superficie entrecruzada, a otro tipo de enfermedad mental (Lacan, 1970, págs. 192-193.)”

Seguramente aquellos lectores de La Ciencia y sus Demonios con conocimientos matemáticos en topología se quedaron sorprendidos de lo aquí citado: ¿qué tienen que ver las enfermedades mentales con la topología? Y los lectores que no tienen los conocimientos en matemáticas seguramente toda la cita no se presenta más que como una galimatías sin sentido, incluso aunque tengan conocimientos biológicos del funcionamiento del cerebro y el proceso de las enfermedades mentales. En ambos casos solicitamos su paciencia y sigamos a Sokal y Bricmont (qué también tiene sus dudas) en su exposición, esperando encontrar una respuesta sensata a las mismas.

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Después de la exposición se genera un debate en el que se encuentra la siguiente cosa:

“Harry Wolf: ¿Puedo preguntar si esa aritmética fundamental y esa topología no son, en si mismas, un mito, o simplemente, en el mejor de los casos, una analogía para explicar la vida de la mente?

Jacques Lacan: ¿Analogía de qué? “S” designa a algo que puede ser escrito exactamente como S. Y he dicho que la “S” que designa al sujeto es instrumento, materia, para simbolizar una pérdida. Una pérdida que tú experimentas como sujeto (y yo también). En otras palabras, ese hiato que existe entre una cosa que tiene unos significados marcados y esa otra cosa que es mi discurso real, el que intento colocar en el lugar en el que estáis, vosotros no como otros sujetos, sino como personas que sois capaces de comprenderme. ¿Dónde está lo análogo? Esta pérdida existe o no existe. Si existe, sólo es posible designarla mediante un sistema de símbolos. En todo caso, la pérdida no existe antes de que esta simbolización indique su ubicación. Esto no es una analogía. Es realmente, en alguna parte de las realidades, una especie de toro. Este toro existe en la realidad y constituye exactamente la estructura del neurótico. No se trata de un análogo; tampoco es una abstracción, pues una abstracción es una reducción de la realidad, y yo pienso que es la mismísima realidad. (Lacan, 1970, págs. 195-196.)”

¿Entendieron?

En esta parte Lacan realiza varias barbaridades que son comunes a todos aquellos que pretenden hacer, según ellos, ciencia, sin respetar los métodos del conocimiento científico y sin explicar para que utiliza conceptos que ni entiende ni al parecer le importó entender. Por un lado pretende anular el concepto de “abstracción”, en una manera que recuerda a los esfuerzos creacionistas y de la izquierda irracional (sinceramente creemos que estos imitaron a aquel, pero no es seguro), y por el otro hace uso de elementos matemáticos como el toro, sin explicar ni que es (los que no saben topología se quedarán sorprendidos cuando lo conozcan), ni explicar que tiene que ver este en una discusión psicoanalítica. ¿Qué es en topología un toro, una botella de Klein y esa mítica “superficie-entrecruzada”? Lacan no hace ningún intento por explicarlo: “Una vez más -escriben Sokal y Bricmont-, Lacan no aporta ningún argumentación perentoria, según la cual el toro “constituye exactamente la estructura del neurótico (signifique esto lo que signifique). Además, cuando se le pregunta explícitamente, ¡niega que se trate simplemente de una analogía!”.

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Y tenemos todavía más: “A medida que pasaban los años, el gusto de Lacan por la topología iba en aumento. Una conferencia de 1972 empieza jugueteando con la etimología del término (del griego topos, lugar + logos, palabra):

“En este espacio de goce [jouissance], tomar algo acotado o cerrado [borné, fermé] constituye un lugar [lieu], y hablar de ello constituye una topología (Lacan, 1975a, pág 14; seminario celebrado en 1972).”

“En esta frase -escriben los autores del libro-, Lacan utiliza cuatro términos matemáticos (“espacio”, “acotados”, “cerrados” y “topología”), pero sin tener en cuenta su significado. Desde un punto de vista matemático, esta frase no quiere decir nada. Por lo demás -y ello es lo más importante-, Lacan no explica nunca la pertinencia de estos conceptos matemáticos para el psicoanálisis. Aunque el concepto de “goce” tuviera un significado claro y preciso, Lacan no aporta ninguna razón que permita considerarlo como un “espacio”, en el sentido técnico de la palabra en topología.

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Aún así, prosigue diciendo:

“En un escrito que pronto será publicado y que es el filo del cuchillo de mi discurso del año pasado, creo demostrar la estricta equivalencia de topología y estructura. Si nos guiamos por esto, es una geometría lo que distingue al anonimato de aquello de lo que hablamos como goce, o sea de lo que el derecho ordena. Una geometría es la heterogeneidad del lugar, es decir, que hay un lugar del Otro. De este lugar del Otro, de un sexo como Otro, como Otro absoluto, ¿qué nos permite afirmar el desarrollo más reciente de la topología?”

“Introduciré aquí el término de “compacidad”. Nada más compacto que una falla, suponiendo aceptado que la intersección de todo lo que allí se encierra existe en un número infinito de conjuntos, de donde resulta que la intersección implica a ese número infinito. Esta es la definición misma de compacidad. (Lacan, 1975a, pág. 14)”

Ante todo estos absurdos, escriben Sokal y Bricmont: “En absoluto: aunque Lacan usa varias palabras claves de la teoría matemática de la compacidad, (…), las mezcla arbitrariamente y sin preocuparse por su significado. Su “definición” de la compacidad no sólo es falsa, sino que está desprovista de sentido. Por lo demás, este “desarrollo más reciente de la topología” se remonta a 1900-1930.”

Podríamos seguir citando, queridos lectores de La Ciencia y sus Demonios, más disparates de Lacan, y los atinados comentarios que realizan Sokal y Bricmont acerca de aquellos, pero sugerimos la lectura completa del libro y del capítulo. Los disparates de Lacan no solamente, como si no fuera suficiente, están relacionados con la topología y los conjuntos, sino que abarcan una confusión increíble entre los números irracionales y los números imaginarios (llega al nivel de, según Lacan, decir que ¡el símbolo de la raíz cuadrada de menos uno y el órgano sexual masculino están relacionados!, vaya uno a entender cómo), el álgebra, la lógica matemática y la lingüística.

Vaya que el Doctor estaba disparado.

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Quisiéramos aquí, queridos lectores, darles, sobre todo a los que carecen de una instrucción matemática fuerte, definiciones relativamente sencillas que permitieran una mejor comprensión de por qué Sokal y Bricmont consideran charlatanería o nueva religión laica lo que Lacan hace con sus “matemáticas” en conceptos como compacidad, espacio, topología, límites y acotado, más esto no es posible hacerlo esto sin tener que invocar conceptos claros y bien definidos de matemáticas avanzadas que salen tanto del alcance de esta reseña como del libro mismo. Para aquellos lectores con conocimientos fuertes de Cálculo, al final de la reseña pondremos una referencia bibliográfica básica sobre topología, y agregaremos que en una próxima reseña sobre puras matemáticas (topología) nos ocuparemos de un libro que a base de imágenes procura, en la medida de sus posibilidades, prescindir de las definiciones técnicas. Por si alguien se interesa por verlo en un futuro cercano y no esperar la reseña, también lo pondremos al final.

Remitimos a las buenas explicaciones que proporcionan Sokal y Bricmont sobre estos temas en su libro.

Quisiéramos terminar estos comentarios sobre el Capítulo 1 dedicado a Lacan con otros comentarios sobre él, tomados de otro libro, debido a la pertinencia del tema. En “La Arquitectura del Lenguaje”, de Noam Chosmky, aparecen dos comentarios de este autor acerca de Lacan, que vale la pena reproducir:

Respondiendo a una pregunta en un coloquio sobre lingüística en la India, Chomsky dijo lo siguiente: “Conocí y trate personalmente a Lacan y jamás entendí una sola palabra de todo lo que decía, de modo que no puedo responder a la pregunta. De hecho, tengo más bien la intensa sensación de que Lacan gastaba bromas a diestro y siniestro, de que trataba de calibrar su propia locura, a pesar de lo cual conseguía -y deseaba- que se le tomara muy en serio. No puedo demostrar la veracidad de lo que digo, pero sigue siendo mi sospecha. Nos llevábamos muy bien, hablábamos de toda clase de temas, pero nunca abordamos estas cuestiones.”

Bueno: al menos en matemáticas, su intento de pasar en serio no funcionó. El Rey va Desnudo, ¡y de qué manera!

En otro comentario, que aparece en el mismo libro, Chomsky dice:

“En el caso de Lacan, por ejemplo -y aunque va a sonar mal-, tengo la sincera impresión de que era un charlatán deliberado y de que solo trataba de jugar con la comunidad intelectual parisina para ver cuántos disparates podía decir sin que dejaran de tomarlo en serio. Digo esto en un sentido bastante literal. Lo conocí personalmente.”

Pues sí: al parecer era un charlatán en matemáticas. Y de los mejores.

Sobre las cuestiones estrictamente psicoanalíticas no hay algo que decir, ya que no es interés de la ciencia ni de las matemáticas.

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* A LA IZQUIERDA DE LA CHARLATANERÍA

Uno de los temas favoritos de todos aquellos que tienen la intención de “demostrar los límites del conocimiento científico” cuando no su inutilidad total, es el Teorema de Gödel: “El teorema de Gödel es una fuente casi inagotable de abusos intelectuales. (…) En este capítulo -escriben Sokal y Bricmont- daremos algunos ejemplos realmente extraordinarios, en los que el teorema de Gödel y otros conceptos tomados de los fundamentos de las matemáticas se extrapolan con absoluta arbitrariedad para aplicarlos al ámbito político y social.

El crítico social Régis Debray dedica un capítulo de su obra teórica Critique de la raison politique (1981) a explicar que “la demencia colectiva encuentra su última razón de ser en un axioma lógico que carece en sí mismo de fundamento: la incompletitud”. Este “axioma”, llamado también “tesis” o “teorema”, se presenta en forma más bien grandilocuente:

“El enunciado del “secreto” de los infortunios colectivos, es decir, de la condición a priori de toda la historia política pasada, presente y futura, se expresa en unos cuantos términos sencillos e infantiles. Si nos en que las definiciones del sobretrabajo y del inconsciente, se limitan, cada una de ellas, a una sola frase (y, en ciencias físicas, la ecuación de la relatividad general a tres letras), nos guardaremos de confundir simplicidad con el simplismo. Este secreto tiene la forma de una ley lógica, generalización del teorema de Gödel: no existe ningún sistema organizado sin clausura, y ningún sistema se puede clausurar exclusivamente con ayuda de sus elementos interiores. (Debray, 1981, pág 256; remarcado en el original.)”

Dejemos de lado la alusión a la relatividad general, puesto que es mucho más grave la invocación del teorema de Gödel (que se refiere a las propiedades de ciertos sistemas formales de lógica matemática), para explicar “el secreto de los infortunios colectivos”, cuando es cierto que no existe la menor relación entre dicho teorema y la sociología.

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Sin embargo, las conclusiones que Debray extrae de su “generalización del teorema de Gödel” son bastante espectaculares. Por ejemplo:

“Al igual que el acto de engendrarse un individuo a sí mismo sería una operación biológicamente contradictoria (¿de “clonación” integral como aporía biológica?), el gobierno de un colectivo por si mismo -verbi gratia, “del pueblo por el pueblo”- sería una operación lógicamente contradictoria (de la “autogestión generalizada” como aporía política) (Debray, 1981, pág. 264)”

Y también:

“Por consiguiente, es racional que exista lo irracional en los grupos, pues de no haberlo, tampoco existirían los grupos. Es positivo que haya mítica, ya que una sociedad desmitificada sería una sociedad pulverizada. (Debray, 1981, pág. 262)”

De esto último, comentan Sokal y Bricmont: “De lo que, según Debray, se deduce que no son posibles un gobierno “del pueblo por el pueblo” ni una sociedad desmitificada, y esto, al parecer, debido a razones estrictamente lógicas.

A lo que, quien esto escribe, también agregaría: Vaya manera retrucada de asumir el relativo fracaso de los sueños y las revoluciones de los años sesenta y setenta del Siglo XX.

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Hemos visto en estos pocos párrafos, estimados lectores de La Ciencia y sus Demonios, unos breves ejemplos de la forma en que un autor, identificado con el sector “progresista” de la sociedad francesa, en este caso, hace uso de un teorema que ni entiende ni aclara de que manera lo está utilizando para explicar los comportamientos humanos que a él particularmente le interesan, en una “forma de explicación” que ha hecho escuela al grado de que actualmente varios sectores de la izquierda que se identifica a sí misma como radical o alternativa utilizan, entre otras cosas, el teorema de Gödel para negar incluso la posibilidad de cualquier conocimiento racional y negar incluso la importancia de la Ilustración. El caso es que ni Debray (quien por cierto en años posteriores matizó muchísimo lo que escribió y que analizan Sokal y Bricmont en este capítulo, al grado de hablar de la enfermedad de la “gödelitis” y sus extrapolaciones absurdas) ni quienes actualmente usan a Gödel para justificar sus posiciones antirracionales, explican ni en que consiste el teorema ni por qué es válido usarlo en cuestiones sociales: “El fondo del problema -escriben Sokal y Bricmont- está en que Debray nunca explica la función que atribuye al teorema de Gödel en su argumentación. Si pretende usar directamente en razonamientos sobre la organización social, entonces se equivoca sin más. Si, por el contrario, se trata de una simple analogía, puede ser sugestiva, más no demostrativa. Para apoyar sus tesis sociológicas e históricas tendría que utilizar argumentos acerca de los seres humanos y de su conducta social, no de lógica matemática.”

Y quien esto escribe no puede dejar de preguntarse, nuevamente, si este uso irracional de la lógica matemática no es más que una manera de manifestar, ocultando, la aceptación de que ciertas concepciones políticas y sociales fracasaron con la llegada del pensamiento social-conformista y el discurso de falta de alternativas a la depredación capitalista neoliberal. Quizás sale más barata la opción de usar conceptos que pocos realmente entienden pero que si apabullan y asombran cuando aparecen, que practicar una real autocrítica con los elementos que se tienen a mano (en teoría, el marxismo) y que siempre fueron utilizados hasta que este tipo de disparates empezaron a hacerse frecuentes en los discursos de las ciencias sociales, sobre todo por aquellos que decían sostener un discurso crítico frente a la realidad social, política y económica. Quizás, también, esto pueda explicar por qué muchos autores que en los años sesenta y setenta del siglo pasado eran, en sus textos e intervenciones públicas y académicas, totalmente entendibles se estuviera o no de acuerdo con ellos, y en los años ochenta y posteriores son francamente pesados y casi crípticos, al grado de dar la impresión de que el mismo intelectual está doblado en personalidades totalmente ajenas.

Y la utilización de conceptos como el teorema de Gödel no tiene, entonces, más que la función de darle un recurso de respetabilidad a algo que quizás por si mismo quizás no lo tendría: “Dentro de diez mil o un millón de años -escriben Sokal y Bricmont-, el teorema de Gödel seguirá siendo verdadero, pero nadie puede decir a qué se parecerá la sociedad humana en un futuro tan lejano. En consecuencia, la invocación de este teorema da una apariencia de valor “eterno” a tesis que, en el mejor de los casos, son válidos en un contexto y en una época dados. Además, la alusión a la “contradicción biológica” supuestamente inherente a la “clonación integral” parece hoy en día un poquito desfasada (si ya lo era en los ochenta, lo es más hoy), lo que demuestra la necesidad de ser prudente con las “aplicaciones” del teorema de Gödel.”

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Pero como si esto no fuera suficiente, el filósofo Michel Serres nos regala las siguientes perlas, usando precisamente los disparates de Debray:

“Regis Debray aplica a los grupos sociales o redescubre en ellos el teorema de la incompletitud válido para sistemas formales, y demuestra que las sociedades sólo se organizan con la condición expresa de fundarse en algo distinto de ellas mismas, fuera de su definición o frontera. Son incapaces de bastarse por sí mismas. Debray denomina religiosa esta fundamentación y, a través del teorema de Gödel, da cumplimiento a los enunciados de Bergson, cuya obra “Les Deux Sources de la morale et de la religion” oponía las sociedades abiertas a las cerradas. No, dice Debray, la coherencia del interior se garantiza mediante lo exterior, el grupo solo se cierra si se abre. Los santos, los genios, los héroes, los modelos y los campeones de todo tipo no quiebran las instituciones, sino que las hacen posibles”. (Serres, 1989, pág 358.)

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Y agrega Serres:

“Ahora bien, a partir de Bergson, los historiadores más celebres no cesan de copiar Les Deux Sources (…) Lejos de transcribir un modelo, como ellos, Regis Debray, en cambio, resuelve un problema. Allí donde los historiadores describen superaciones o transgresiones de límites sociales o conceptuales, sin comprenderlos, por qué han tomado prestados sin más un esquema ya hecho que Bergson elaboró basándose en Carnoty la termodinámica, Regis Debray construye directamente, y comprende, por tanto, un nuevo esquema, basado en Gödel y los sistemas lógicos.

La aportación de Gödel-Debray, decisiva, nos libera de los modelos antiguos y de su repetición. (Serres, 1989, pág. 358.)”

Como pueden ver los lectores habituales de La Ciencia y sus Demonios, no solamente los creacionistas de línea dura usan a la Termodinámica para “explicar” sus alucinaciones.

Pero para que no se diga que solamente cargamos las tintas contra el irracionalismo de la izquierda, traemos, para finalizar, otra perla del libro Imposturas Intelectuales en el que se usa, o más bien, se pretende usar a las matemáticas para atacar a los inmigrantes y al sindicalismo, cortesía del irracionalismo académico de derechas, que también tiene lo suyo, y muy divertido, como podremos ver a continuación:

“En Theorie du suject -escriben Sokal y Bricmont-, Alan Badiou mezcla alegremente la política, el psicoanálisis lacaniano y la teoría de conjuntos. El siguiente fragmento del capítulo titulado “Lógica del Exceso” da una idea de cual es su tono. Tras exponer brevemente la situación de los trabajadores inmigrantes, Badiou cita la hipótesis del continuo y añade:

“Lo que está en juego es nada más y nada menos que la fusión del álgebra (sucesión ordenada de los cardinales) y la topología (exceso de lo participativo sobre lo elemental). La verdad de la hipótesis del continuo haría ley [ferait loi] del hecho de que el exceso de lo múltiple no tiene ninguna otra misión que la ocupación del lugar vacío, que la existencia de lo inexistente propio de lo múltiple inicial. Existiría esa filiación sostenida de la coherencia, es decir, que lo que excede interiormente el todo no va más allá de nombrar el punto límite de ese todo.

Pero la hipótesis del continuo no es demostrable.

Triunfo matemático de la política sobre el realismo sindical. (Badiuo, 1982, págs 282-283)”

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“Triunfo matemático de la política sobre el realismo sindical.” Sokal y Bricmont nos traen a recuerdo una actitud del izquierdismo maoísta de los sesenta: “El discurso maoísta francés de finales de los sesenta insistió en la brusca oposición existente entre la “política”, que supuestamente se debía colocar en una posición dominante, y el sindicalismo”.

Vaya manera de concatenar la topología y el antisindicalismo.

“Pero la hipótesis del continuo no es demostrable.” Badiou aquí lleva razón: no se ve como hacerlo dentro de este galimatías matemático-lacaniano-político.

“Triunfo matemático de la política sobre el realismo sindical.”

¡Hocico de mono! (de: ¡Oh sí, cómo no!)

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* CONCLUSIONES

Si los sueños de la razón pueden dar lugar a atrocidades, su abandono, tal y como lo practican el irracionalismo tanto de derechas como de izquierdas, da pié sencillamente a ridiculeces.

En este blog constantemente hemos visto como una visión religiosa del mundo (ya en su forma dura: creacionismo bíblico; ya en su forma edulcorada: diseño inteligente) trata por todos los medios posibles de desprestigiar y negar conocimientos científicos perfectamente establecidos como la Teoría Sintética de la Evolución, la genética y demás áreas que identifican el quehacer biológico actual. Para hacerlo no dudan en retorcer hasta lo ridículo tanto definiciones perfectamente establecidas como el significado de la palabra Teoría en ciencia, cuando no de plano negarle validez alguna en el momento que ven que sus tonterías sencillamente no proceden. Pues bien: no se necesita tener religión para realizar estas piruetas “intelectuales”; hemos visto unos pocos ejemplos del libro que reseñamos en los cuales, intelectuales que se consideran a si mismo ateos, no dudan en crear parecidas piruetas con tal de ajustar la realidad a sus conceptos preconcebidos sobre la ciencia y su quehacer, creando, como bien lo indican los autores del libro, una especie de nueva religión laica con todo y sacerdotes (ellos mismos), feligresía fanática que los sigue a ultranza (hay varios ejemplos en internet) y mitos que pretende esconderse tras una, por llamarla de alguna manera, “razón irracional”, en donde su dios quizás sean ellos mismos o el irracionalismo que dicen practicar, que llevado al extremo, recuerda muy bien lo que Russell cuenta acerca del solipsismo también extremo.

Si bien es cierto que en La Ciencia y sus Demonios solamente hemos tenido que lidiar con los irracionales de la primera especie (los religiosos), y que casi no tenemos visitas de los de la segunda (lo más cercano a esta definición de seguidores de la religión laica son los que veneran a Sandín y que piensan que Lamarck es mucho mejor y más grande que Darwin), no hay que perder de vista que muchos de los seguidores de la segunda especie tienen, en este momento, puestos de responsabilidad tanto en los gobiernos, como en las universidades, como en las empresas y en los medios de comunicación masiva. Marxistas vergonzantes de su pasado revoltoso muchos de ellos, ahora abrazan la nueva fe irracionalista y anticientífica con la misma pasión que hace 20, 30 o 40 años abrazaron irracionalmente el leninismo o el maoísmo o el anarquismo, cuando no de plano se pasaron totalmente “al lado del enemigo”.

Si bien es cierto que no se trata de juzgar su actitud ni sus cambios políticos, sus razones habrán tenido, también es cierto, para los fines que la reseña que nos ocupa, que la actitud de ataque contra el racionalismo, la Ilustración y la ciencia en particular que tienen estos conversos es más que preocupante por qué, habría que preguntarse, si detrás de este desprestigio (según ellos) de la ciencia y el conocimiento racional (pero no solo, sino también de las humanidades y de las ciencias sociales en general) se arman las justificaciones que permiten elaborar aberraciones educativas como el Plan Bolonia o los “cambios educativos” de México. Quizás la base de estas tonterías educativas se encuentre en las justificaciones que el posmodernismo y las teorías del pensamiento sistémico crean para irnos quitando derechos en todos los ámbitos de la vida decente, o al menos para justificarlas, que para esto hay intelectuales que se pintan sólos. El lenguaje criptográfico con el que varios intelectuales escriben sus textos (en el libro reseñado abundan), las explicaciones que no explican algo, la invocación al recurso de autoridad (algo que los irracionales de izquierdas tienen muy en común con los religiosos) y el alegar conceptos que no comprenden, parece que solamente están para marear al respetable mientras algunos vivos se llevan la mayor parte de la tarta.

En suma: quizás sea necesario preguntarse si la función actual del irracionalismo laico no es más que la de ocultar la realidad para que no exista quien proteste.

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¿Por qué nos preguntamos esto?

Por qué hemos visto a muchos irracionales de derecha religiosa negar validez a la medicina, por ejemplo. No hace mucho un debate interesante y divertido contra los que se oponen a la vacunación masiva y a la medicina “oficial” se dio en este blog y en un blog amigo. Pero a todos los que cuestionamos este alucine antivacunas nos ha quedado claro que sí alguno de esos defensores de los “medios naturales” de salud se enferma gravemente de cáncer, por poner un ejemplo, inmediatamente irá a una institución de la depravada medicina oficial para ver si tiene remedio su enfermedad. Pero, ¿que hace la izquierda irracional?

“Por desgracia, escriben Sokal y Bricmont en el capítulo titulado “Intermezzo: El Relativismo Epistémico”, las ideas posmodernas no están confinadas en los departamentos de filosofía europeos o en los de literatura de las universidades norteamericanas. Nos parece que donde más daño hacen es en el Tercer Mundo, precisamente allí en donde vive vive la inmensa mayoría de la población mundial (…)

Meera Nanda, una bioquímica india que ha militado en los movimientos de “ciencia para el pueblo” de la India y que actualmente estudia sociología de la ciencia en Estados Unidos, relata la siguiente historia a propósito de las supersticiones tradicionales védicas que rigen la construcción de edificios sagrados y que están destinadas a potenciar al máximo la “energía positiva”. A un político indio, que estaba metido en grandes dificultades, le advirtieron:

“que sus dificultades desaparecerían si entraba en su oficina, por una puerta orientada hacia el oriente. Sin embargo, aquel acceso estaba bloqueado por un barrio de chabolas y era imposible atravesarlo en automóvil. De ahí que ordenara la demolición del barrio. (Nanda, 1997, pág. 82)”

Con mucho acierto, Nanda señala lo siguiente:

“Si la izquierda india se hubiese mantenido tan activa en los movimientos de ciencia para el pueblo como lo había sido en el pasado, hubiera emprendido el combate no solo contra la demolición de las viviendas, sino también contra la superstición que se había utilizado para justificarla (…) Una izquierda que no se hubiese preocupado tanto de garantizar el respeto por el conocimiento no occidental nunca habría dejado esconderse a quienes se ostentan detrás de los “expertos” indígenas.”

Pero, decimos nosotros, lo ridículo todavía estaba por venir, tal como nos lo traen los autores de acuerdo al relato de Nanda:

“Conté esta historia a mis amigos partidarios del constructivismo social en Estados Unidos. (…) [Me contestaron] que meter en un mismo costal dos descripciones tan diferentes del espacio, estando las dos, como están, vinculadas a distintas culturas, es una acción progresista en sí misma, pues entonces ninguna de ellas puede aspirar a la verdad absoluta y, de este modo, la tradición acabará perdiendo el control que ahora posee sobre la mentalidad de la gente. (Nanda, 1997, pág. 82)”

“… meter en un mismo costal dos descripciones tan diferentes del espacio…” … Ni duda cabe que Lacan hizo escuela, pero no solo él, como lo descubrirán los lectores cuando tengan el libro.

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Y comentan los autores del libro: “El problema con este tipo de respuestas es que hay que hacer elecciones prácticas: ¿qué fármaco hay que utilizar o en que sentido conviene orientar las viviendas? En estos casos, el laxismo teórico se hace insostenible. El resultado es que los intelectuales caen en la hipocresía de emplear la ciencia “occidental” si es indispensable (por ejemplo, cuando están gravemente enfermos), mientras que recomiendan al pueblo que se confíe a las supersticiones.”

Ciencia Occidental, malvadas empresas de la industria farmacéutica, científicos vendidos al establecimiento, ciencia malévola, científicos obcecados y cerrados ante “las alternativas”, “defensa de las tradiciones” frente a los “ataques de los occidentales”, …, las mismas tonterías se pueden intercambiar con la derecha religiosa, ya que al menos una parte de la izquierda que se presenta además con carácter de “radical” ha decidido abdicar de su responsabilidad para con el pueblo, los trabajadores, y para con ella misma.

Del relato de la bioquímica uno no puede dejar de traer este comentario de Noam Chomsky: “Me resulta deprimente, francamente, leer discursos izquierdistas y cultos sobre ciencia y tecnología como una reserva de lo masculino y lo blanco, y luego salir por los pasillos del MIT y ver los resultados significativos de tantos esfuerzos por cambiar ese patrón tradicional por parte de científicos e ingenieros, muchos de los cuales distan del planteamiento de los “resultados positivos de lo social”, que en gran medida compartimos. (…)

(…) [Muchos científicos], no hace tanto tiempo, tomaron parte activa en la animada cultura de la clase obrera de su tiempo, tratando de hallar compensaciones del carácter de clase de las instituciones culturales por medio de programas de educación destinadas a la clase obrera, o bien escribiendo libros de matemáticas, ciencias y otros temas para el público en general. (…) Me sorprende, por lo notable, que los izquierdistas que hoy serían sus equivalentes más bien parezcan aspirar a privar a los pueblos oprimidos no sólo de las alegrías de la comprensión y del saber, sino también de las herramientas de la emancipación, informándonos de que el “proyecto de la Ilustración” ha muerto, de que debemos renunciar a las “ilusiones” de la ciencia y la racionalidad, mensaje que sin duda alegrará a los poderosos, encantados de monopolizar tales instrumentos para su uso exclusivo.” (Noam Chomsky: “Sobre democracia y educación.” Volumen I)

Y otra forma de alejar a la gente de la ciencia, pero no solamente de la ciencia sino también del necesario discurso filosófico y social, es escribir tonterías como las que desmontan Sokal y Bricmont en su libro: si la mayoría de la gente entiende que la ciencia es la palabrería que se denuncia (con todo y sus límites) en Imposturas Intelectuales, entonces los poderosos y algunos más podrán seguir decidiendo que hacer en ella y seguir disfrutando de los beneficios que le corresponden a todos. Y todo esto, por desgracia, con aval de cierta izquierda radical. Lamentable.

Es necesario ya aventar por la borda todo este discurso irracional de derecha e izquierda. Ha hecho mucho daño. Leer Imposturas Intelectuales es un buen comienzo. Informarse e informar es un buen comienzo.

  • Alan Sokal, Jean Bricmont. Imposturas Intelectuales. Prefacio, Introducción, Once Capítulos, Epílogo y Tres Apéndices, 309 páginas. Ediciones Paidós Ibérica, Paidós Transiciones. Barcelona, España, varias ediciones.

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* Los otros libros citados son:

  • Noam Chomsky. La Arquitectura del Lenguaje. Editorial Kayros, Barcelona, España, 2003, 106 páginas.
  • Noam Chomsky. Sobre Democracia y Educación. Escritos sobre ciencia y antropología del entorno cultural. Ediciones Paidós Ibérica, Paidós Estado y Sociedad 128, Barcelona, España, 2005, 417 páginas.
  • Marcos Roitman Rosenmann. El Pensamiento Sistémico. Los orígenes del social-conformismo. Editorial Siglo XXI – UNAM, México, 2003. 125 páginas.

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* La propuesta de libros de introducción a la topología:

  • M. A. Amstrong. Topología Básica. Editorial Reverté, Madrid, España, 1987. 281 páginas.
  • Bert Mendelson. Introduction to Topology. Dover Publications, Dover Books on Mathematics. Estados Unidos, 1990, 206 páginas.

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* El libro sobre topología que se reseñará próximamente:

  • Alejandro Illanes Mejía. La caprichosa forma de Globión. La Ciencia para todos, número 168, Fondo de Cultura Económica, México, 1999. 137 páginas.

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Entradas relacionadas:

  • Entrevista. Antonio Tormo. “El científico tiene la obligación de salir de su laboratorio y de las bibliotecas. Tiene que entrar en la Sociedad

  1. KC
    21 mayo, 2010 en 11:56

    Buenísimo lo que dice Chomsky, y creo que no le falta razón. Quizás Lacan fuera un bromista que ponía a prueba a los demás en un intento por colar teorías disparatadas. También podría ser que tuviera alguna patología que, envuelta en su doctorado, fuera más complicada de diagnosticar. De todos modos, Lacan puso su pequeño grano de arena en la linguística, y eso Chomsky también lo sabe. Además de sus aportes a la psicología, como el tema del espejo que Gallup probó años después con monos y del que Jose -comentarista de por aquí- es gran fanático.

    Saludos.

  2. 21 mayo, 2010 en 13:03

    Buenísima la reseña, mil gracias por resumir tan bien los conceptos explicados en el libro. Intenté hacer algo remotamente parecido en mi blog y no llegué ni a la altura de los zapatos.

  3. Carl Cox
    21 mayo, 2010 en 13:13

    Darío… eres un crack!

  4. 21 mayo, 2010 en 17:27

    No, Lacan no era un bromista. Era… psicoanalista. (Jejejeje). El psicoanálisis, pseudociencia en estado puro.

  5. KC
    21 mayo, 2010 en 17:53

    José Manuel, lo que le he comentado a Ferreira alguna vez: cuando alguien me argumente con consistencia qué tiene de poco probado Psicología de las masas de Freud, le daré la razón 😛

    Tendrán sus cosas, más o menos acertadas, pero no habría que comparar a Freud y Lacan con los pseudocientíficos absolutos, esos que no han aportado nada a la Ciencia, ni siquiera un grano.

    Saludos y buen fin de semana.

  6. Darío
    21 mayo, 2010 en 18:04

    El problema central del libro (y de la reseña) no es el psicoanálisis, sino la forma en que otra clase de conocimiento, relacionado con las ciencias, es mal utilizado por diferentes razones.

  7. mikemarlowe
    21 mayo, 2010 en 22:54

    Buenas.

    Tengo que dar las gracias al autor de esta entrada por confirmarme algo que sospechaba cuando dimos las teorías de Lacan aplicadas al análisis de textos literarios: era un bocazas, mucho discurso florido y retórico y poca sustancia.

  8. Javi
    23 mayo, 2010 en 23:33

    Juro que lo leeré. Lo único que ocurre es que no habéis mencionado la editorial. ¿Puedo encontrarlo en la biblioteca pública? Los comentarios de Chomsky son impagables. Si Chomsky no entendía una mierda de lo que decía Lacán, me quedo mucho más tranquilo. A mí al leer sus delirios me entraba complejo de idiota.

  9. Darío
    24 mayo, 2010 en 14:58

    * Alan Sokal, Jean Bricmont. Imposturas Intelectuales. Prefacio, Introducción, Once Capítulos, Epílogo y Tres Apéndices, 309 páginas. Ediciones Paidós Ibérica, Paidós Transiciones. Barcelona, España, varias ediciones.

    Pues no sé si esté en una biblioteca pública pero a ver que te parece esto:

    http://www.quedelibros.com/

  10. 5 junio, 2010 en 23:41

    Todo muy bien en cuanto a las críticas a ciertos pasajes de obras de ciertos autores. Pero la cosa es más compleja que invocar un par de citas disparatadas, hay que atacar la base de lo que aquí llaman irracionalismo de izquierda, que proviene de las filosofías del giro lingüistico, también llamado hermenéutica o pensamiento débil. Si uno se introduce en estas orientaciones, por ejemplo la de Rorty o la de Derrida, podrá estar o no en desacuerdo, pero la cosa se vuelve un poco más complicada y mucho más interesante. En palabras de Dardo Scavino:
    “…Sokal parece invertir los términos del problema: piensa que este constructivismo lingüistico se basa en una serie de imposturas intelectuales, es decir, en una utilización aberrante de los enunciados científicos, cuando la cuestión es más bien la inversa: son las hipótesis de ese constructivismo lingüistico las que permiten la utilización aberrante de aquellas proposiciones.”
    Por lo demás cabe hacer una observación sobre la buena dosis de ingenuidad de que adolecen, a estas alturas de la epistomología, las continuas invocaciones al objetivismo y el sentido común, por parte de Sokal y cía.

  11. Darío
    6 junio, 2010 en 7:35

    Isaac:

    Gracias por el comentario.

    No estaría mal que en un blog de filosofía plantearas estos problemas lingüìsticos, ya que, aunque de entrada puedo estar de acuerdo con lo que dices, hasta no ver algo más claro del asunto no tendría una posición acerca de esto. El asunto incluye lo que planteas acerca de la epistemología.

    Cuando lo tengas, ¿nos avisas?

    A los demás comentaristas: que bien que les gustó el artículo.

    Saludos.

  12. 6 junio, 2010 en 8:00

    Isaac: tu comentario me parece acertado. Sin embargo el problema, visto desde la ciencia, es otro: ¿cómo se atreve una feminista a calificar de sexista el celebérrimo E=mc2? ¿Desde dónde? ¿Por qué la descalificación? ¿Tendrá idea de lo que significa?

    Los fenómenos naturales existen, nos guste o no…

  13. 6 junio, 2010 en 20:06

    Con mucho gusto Darío. Pensaba hacer un bosquejo aquí mismo pero resultaría quizás un poco largo.
    Zenon, lo que trato de decir es que ese tipo de disparates, sólo los hace posible la filosofía del giro lingüistico, según la cual, esquemáticamente, la ciencia es un discurso, todo discurso se construye en un lenguaje que está determinado por su naturaleza social, histórica y cultural. Por lo tanto las descripciones y explicaciones de la ciencia acusan esas mismas determinaciones. Creo que no se puede atacar el problema desde la propia ciencia, pues la física no dice nada acerca del falocentrismo o a-falocentrismo de sus teorías, sólo la filosofía puede encarar el problema desde su base.

  14. 7 junio, 2010 en 8:18

    De mi parte, sería una locura el negar la presencia del horizonte en el discurso, por supuesto, Isaac. Pero no sé hacia dónde vas, más bien… la ciencia no puede hablar en esos términos, es obvio. Pero no veo por qué la filosofía ha de hablar así de la ciencia. Siento que a veces la filosofía olvida que una teoría se formula en ciertos términos porque los fenómenos naturales no ofrecen muchas opciones.

  15. 9 junio, 2010 en 7:17

    La filosofía intenta desentrañar qué es esa cosa llamada ciencia, más allá de que les gusten o no a los científicos las conclusiones a las que llega. Irigaray sería un ejemplo de los extremos irrisorios a los que puede llegar el relativismo lingüistico, pero esa orientación filosófica, en sí misma, parte de unos principios que ciertamente son mucho más serios y rigurosos.
    En cuanto a las opciones que ofrecen los fenómenos naturales para la formulación de las teorías, discrepo con vos en atención del imprescindible componente creativo, heurístico, imaginativo, en el proceso de formulación de las teoríasl. El mismo Einstein dijo que la imaginación es más importante que la inteligencia

  16. 9 junio, 2010 en 8:17

    Hombre, me da gusto platicar contigo, de veras. Pues sí, en efecto, somos y nos debemos a un horizonte y nuestras palabras involucran muchísimas cosas (y digo “cosas” por no meterme en honduras).
    Creo que no es un asunto de gusto, más bien. Cuando estudié filosofía no me gustaba la opinión de muchos científicos sobre ésta, pero tampoco por ello me iba sobre el lado tecnofóbico de ciertas corrientes de pensamiento. Más bien trataba de ejercer un justo medio.
    De nueva cuenta, por supuesto que se atiende al “imprescindible proceso creativo, heurístico, imaginativo, en el proceso de formulación de teorías”. Pero, insisto, a veces no hay muchas opciones en cuanto a lo que se trata de explicar. La evolución, por ejemplo. Hay divergencias, encuentros, polémicas y un ejercicio discursivo fascinante a su alrededor, recordemos tan sólo la polémica Gould-Dawkins o las gravísimas consecuencias que tuvo para la ciencia (y hasta para la economía) soviética la preferencia que el estalinismo dio a Lysenko y sus métodos lamarckianos. Pero la evolución misma no veo cómo negarla.
    Un saludo…

  17. 10 junio, 2010 en 6:19

    Igualmente Zenon. Saludos

  18. Darío
    16 julio, 2010 en 23:03

    Buscando información para unas clases de matemáticas, me encontré con esto:

    http://www.comunidadrussell.com/default.asp?cursos/archivos/descripcion/PA-c3-matematica.html

    Por si a alguien le queda alguna duda de los alucines lacaniano-matemáticos, hay perlas como las siguientes:

    Las dos primeras clases están dedicadas a la Teoría de Conjuntos, cuya problemática constituye uno de los ejes fundamental en el recorrido lacaniano. Temas tales como la paradoja de Russell, el Universo, el lenguaje y los metalenguajes se ven reflejados en conceptos de suma importancia tales como el no todo, el objeto a, etcétera. Por otra parte, la construcción del número natural apoyada en el conjunto vacío es el objeto de aquella celebrada exposición de Recanati del Seminario 19. Veremos algunas nociones básicas de la teoría original de Cantor -denominada ingenua- y luego presentaremos, paso por paso, los axiomas de la teoría axiomática de conjuntos par excellence, desarrollada por Zermelo y Fraenkel a principios del siglo XX. En particular, esto nos permitirá comprender algunas cuestiones importantes como la del infinito actual y aquella célebre demostración diagonal, a la que Lacan se refiere en El saber del psicoanalista del siguiente modo: “me parece absolutamente maravillosa.”
    Sin duda, esta y muchas otras “maravillas” son las que lo han llevado un día a anunciar: “Finalmente reduje el Psicoanálisis a la Teoría de Conjuntos.”

    Y, qué les digo, la bibliografía está genial. ¿Quién es el duro que encuentra un solo libro de matemáticas de verdad en todos los libros que se usan en el curso? :mrgreen: :mrgreen:

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