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Imágenes de la ciencia y naturaleza: Filosoma, exquisito monstruo

23 mayo, 2010

Los océanos son un universo fascinante, un Edén inexplorado en su mayor parte, poblado de criaturas extrañas y estrafalarias. Los fondos abisales, perpetuamente sumidos en las tinieblas, son el símbolo por excelencia de lo desconocido, de lo extraño, de lo mágico. Sin embargo, en contraposición al mismo hay otro universo del que apenas conocemos nada y con seres que parecen sacados de un relato lovercraftiano, no es el fondo del abismo, sino su superficie, los primeros metros del nivel de las aguas. Es en el rostro de las profundidades donde encontramos al plancton, amalgama de estrambóticas criaturas entre las que hallamos algunas tan raras como las de la imagen de esta semana.
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La dantesca criatura que hoy encabeza esta serie recibe el nombre de filosoma. Como algunos de nuestros lectores habrán adivinado al ver sus simpáticos ojos, estos animales no son otra cosa que crustáceos decápodos, como nuestras gambas, langostinos y cangrejos. Sin embargo, las filosomas son criaturas que forman parte de la comunidad habitual del zooplancton, esa miríada de criaturas que viven errantes sobre la superficie de las celestes aguas de los océanos. Aunque si quieres encontrar filosomas, también puedes buscar en la columna de agua, sin ir más lejos, al suroeste de Inglaterra los biólogos han encontrado picos de abundancia entre los 30 y 50 metros de profundidad.

Con los datos de laboratorio y de campo, los científicos han averiguado que esta criatura es realmente voraz, se alimenta de algas unicelulares, medusas de pequeño tamaño, larvas quasi-microscópicas de otros crustáceos, huevos planctónicos de cualquier clase e incluso homogeneizados de proteínas. Con esta dieta pueden hacerse realmente grandes, en algunas especies encontramos tallas de hasta 69 mm de longitud ¡Y mucho más de envergadura! (sí, es un tamaño grande, el habitante habitual del zooplancton no suele superar el milímetro de longitud).

Filosoma gigante capturada a 1 metro de profundidad en las aguas norteñas de las islas Bermudas (Atlántico).

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En realidad, tales seres no solo son interesantes desde un punto meramente científico. Hay gente,  empresarios concretamente, que venderían su alma al diablo por conocer a la perfección el ciclo y la biología íntima de estas criaturas. ¿Por qué? ¿Qué tienen tan interesante para gente cuyo objetivo principal son los beneficios?

Pues eso, porque dan muchos beneficios. Es que da la casualidad de que estas criaturas son un manjar muy apreciado en la alta cocina. Y estoy seguro de que más de alguna vez, si no eres vegano, habrás pensado que no estaría mal merendarte alguna. Sí, no me mires así, porque estos monstruitos no son otra cosa que langostas, sí, langostas de esas con tanta carne magra, pero muy jovencitas. Siendo más precisos, las filosoma son la fase larvaria del infraorden Achelata, un grupo que crustáceos que incluyen a la familia Palinuridae (nuestras langostas espinosas tan ricas), Scyllaridae (cigarras marinas, o zapateras) y las Synaxidae (langostas peludas o coralinas), las cuáles tienen en común estas larvas provistas de apéndices plumosos que baten el agua con rápidos movimientos.

Si descontamos los huevos, la primera faceta de la vida de las langostas (de las familias Palinuridae y Scyllaridae) son las larvas nauplisoma (o naupliosoma). Estas larvas se caracterizan por su abdomen ridículo carente de apéndices y por sus grandes antenas “natatorias” que, al igual que sucede con las larvas de otros muchos decápodos, tales antenas son muy útiles para nadar. Existe una fase larvaria previa que no suele ser tomada muy en cuenta, ya que es anterior a la fase naupliosoma y tiende a darse antes de la eclosión (¡hasta 8 horas en algunas especies!). Se trata de la fase prenaupliosoma, una de sus características, es el hecho de que nade mediante arrítmicos movimientos y contracciones de su cuerpo.

Pero es una etapa muy breve. Al cabo de unas horas mudan la piel convirtiéndose en larvas filosoma. Las filosoma, pasarán durante los próximos meses (hasta 18 en algunas especies) por 10 u 11 estadios (enumerados del I al XI), separados por sucesivas mudas. Vivirán como nadadoras de vida libre y voraces depredadores de todo tipo de criaturas, incluso se ha observado que gustan de utilizar las medusas como vehículos temporales sobre los que viajar… mientras las devoran lentamente. Ni siquiera se libran las simpáticas medusas del género Aurelia, que resultan ser todo un manjar para ellas.

Una etapa larvaria viajera del plancton es algo común de los organismos marinos, sobre todo si viven asentados sobre el fondo. Después de todo esta es la forma ideal para cubrir grandes distancias y viajar hasta nuevos fondos. Sin embargo, también es una etapa llena de grandes peligros, si eres un pequeño viajero de superficie, ¡prácticamente todo el que sea más grande que tú puede devorarte!

Las filosoma, al final de su etapa como tales, metamorfosean convirtiéndose en un nuevo tipo de larva, llamada puerulus, semejante a un adulto en miniatura pero nadador de vida libre. En breve, mudará la piel convirtiéndose en un juvenil que rápidamente migrará al fondo marino. Los juveniles no son “semejantes” a los adultos, sino que son idénticos a ellos, salvo en el tamaño. Desde entonces, para estos animales el fondo marino será para siempre su hogar… hasta la llegada del próximo pescador.

A continuación tenemos una rápida revisión sobre los estadíos larvarios de estos animales:

Acabamos con otro fascinante ciclo vital, donde la larva se parece bien poco, o incluso más bien nada, al adulto resultante. Esta es la vida de un erizo de mar asimétrico del género Clypeaster.

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REFERENCIAS.

  • Wenner, A. M. Larval growth. Volumen 2 de Crustacean issues, Robert H. Gore, CRC Press, 1985, ISBN 9061912946, 9789061912941, 236 páginas

  1. 23 mayo, 2010 en 10:31

    Qué guapo el vídeo, a ver si pones más de ese estilo, me molan mucho.

  2. 23 mayo, 2010 en 10:40

    En serio en este caso las larvas nauplio no utiliza las antenas para nadar!!!!
    Las larvas nauplios de los crustéceos se caracterizan porque su movimiento se lleva a cabo por los apéndices cefálicos pero esto de las flexiones…, de verdad que no lo sabía.

    PD: las fases larvarias de los crustáceos…¡qué gran paranoia!

  3. 23 mayo, 2010 en 20:40

    Ag, merde! Gracias Belizón por sacarlo a relucir, vaya fallo! 😦
    Acabo de releer el párrafo donde lo leí y la verdad es que era un texto donde metían las prezoeas sin venir a cuento. Ahora lo corrijo!!!

    PD: las fases larvarias de los crustáceos…¡qué gran paranoia!

    Sip 😀

    Addendum. Ahora resulta que las que nadan a base de flexiones son las prenaupliosoma, cohones vaya bichos! 🙄

  4. 23 mayo, 2010 en 22:12

    Je je, ya me parecía a mi “raro”, porque si una cosa tenía clara era que la fase naupliosoma es característica por el movimiento en los apéndices cefálicos, pero como en Biología todo son excepciones …, pensé que era la excepción. En cualquier caso, he disfrutado como un “cochino en un charco” desconocía muchas cosas de los filosomas, excelente post!

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