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Ciencia o mito

19 junio, 2010

¿Ha prometido felicidad la ciencia?. Ha prometido la verdad, y la cuestión está en saber si conseguiremos ser felices con la verdad.
Émile Zola, Discurso a los estudiantes de París. 18 de mayo de 1893.

François Jacobs en un capítulo titulado Lo bello y lo verdadero de su libro El ratón, la mosca y el hombre escribió el siguiente pensamiento:

En cierto modo, la ciencia y el mito desempeñan un papel parecido. Ambas cosas responden a una exigencia del espíritu humano, al proporcionarle una representación del mundo y de las fuerzas que en él actúan. Para no desencadenar ansiedad y esquizofrenia, esta representación debe de estar unificada y ser coherente. Y en lo que se refiere a la unidad y la coherencia, no hay duda de que la ciencia no vale lo que el mito. La ciencia, en efecto, parece tener bastante menos ambición. No busca en modo alguno explicarlo todo a la primera. Se limita a las cuestiones definidas. Se dirige a los fenómenos circunscritos, que se esfuerza por explicar mediante una experimentación detallada. Sabe, en la actualidad, que sus respuestas no pueden ser sino parciales y provisionales.

Por el contrario, los otros sistemas de explicación –magia, mito, religión- pretender ser universales. Tienen respuestas para cualquier pregunta, en cualquier campo que sea. Sin dudar nunca, describen no sólo el estado actual del universo, sino también su origen e incluso su devenir. Cierto que mucha gente no acepta en modo alguno el género de explicación que proporcionan la magia o el mito. Pero, ¿quién podría negarles coherencia y unidad, si no tienen el menor reparo en utilizar un único e idéntico argumento a priori para responder a no importa qué pregunta o resolver cualquier dificultad?. Aunque muy distintos entre sí, todos los sistemas de explicación, la magia tanto como el mito o la ciencia, tienen el mismo punto de partida. Siempre se trata de explicar el mundo visible mediante fuerzas invisibles, de dar cuenta de lo que observamos por medio de algo que sólo imaginamos. Para algunos, el rayo traduce la cólera de Zeus; para otros, una diferencia de potencial entre tierra y nubes. Una enfermedad procede, según algunos, de algún hechizo; según otros, de una infección por un microbio o un virus. Pero, en todos los casos, el fenómeno en cuestión aparece como el efecto visible de una causa oculta perteneciente a una red invisible de fuerzas, a las que se atribuye la dirección del mundo.

Como ya hemos dicho, la ciencia parece, a primera vista, menos audaz que los mitos, tanto en sus preguntas como en sus respuestas. Por lo común se considera que la ciencia moderna comenzó verdaderamente cuando en vez de preguntar: ¿de dónde viene el universo?, ¿de qué esta hecha la materia?, ¿qué es la vida?, se preguntó: ¿cómo es la caída de una piedra?, ¿cómo fluye el agua por una cañería?, ¿cómo circula la sangre por el cuerpo?. Y el cambio fue sorprendente. Las preguntas generales no llevan más que a respuestas limitadas. Al contrario, las preguntas limitadas han demostrado llevar a respuestas cada vez más generales”.

Un texto lúcido para una mente lúcida.

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  1. Darío
    19 junio, 2010 a las 17:39

    E. Zola: una mente clara con un compromiso político claro y directo. Esta cita de él no la conocía, gracias, Manuel, por traerla. ¿Podrías decirnos la referencia? 🙂

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  2. 19 junio, 2010 a las 19:26

    Genial 😀

    Además añadiría que una vez te adentras en el mundillo de la ciencia, te das cuenta de la vastedad del mundo, de la cantidad de preguntas que existen, de la dificultad de obtener una respuesta clara… y entonces resultan muy graciosos los intentos de sacerdotes, magufos y demás fauna de intentar responderlo todo con una única premisa.

    O los de aquellos que intentan reducirlo todo a cuestiones filosóficas… tales cuestiones serán interesantes o incluso una forma de abrir la mente a otras posibilidades, sin embargo, friamente y en el mejor de los casos no dejarían de ser una colección de argumentos de autoridad.

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  3. 19 junio, 2010 a las 23:14

    Cnidus, completamente de acuerdo. Yo me muero de la risa cuando oigo eso de la riqueza espiritual que ofrece la religión “en contraposición con la pobreza materialista de la ciencia”. Pues… precisamente la religión es más simple que el mecanismo de un chupete, por más filigranas teológicas que se le dé. Se me cae la cara de vergüenza cuando musulmanes intentan afirmar que el Corán predijo todita la ciencia (eso me dijo una vez un amigo mío). Joder, ¿han visto alguna vez a la Biblia o el Corán afirmar que los microorganismos existen como tal? ¿O es más sencilla la afirmación de “son castigos y bendiciones divinas”?

    Si Opus Prima se maravilla ante la belleza del mundo creado por Dios (cuando sus textos teológicos sólo recogen una visión muy pobre del mundo), yo me voy a permitir el lujo de maravillarme con hechos: ¿no es alucinante ver cómo simples microorganismos nos mantienen con vida? ¿no es maravilloso que haya un vasto mundo oculto debajo de las patas de todo animal? Y eso sólo es la punta del iceberg: en un año de investigación científica, hay muchos más papers que aclaran muchas más cosas que la Biblia o el Corán, pésimos libros para descubrir evidencias.

    Saludos.

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  4. ralvar
    20 junio, 2010 a las 4:58

    La magia, el mito, la creencia, siempre puede ser reinterpretado para encajar en cualquier momento y circunstancia, pero la promesa de la libertad y la posibilidad de acceder a ella, como dijo el poeta, no tiene remedio, y la consecuencia inexorable es el fin de la ignorancia y el comienzo de la libertad.

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  5. ralvar
    20 junio, 2010 a las 7:26

    Donde se lee “pero la promesa de la libertad”, debe leerse, “pero la promesa de la verdad”

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