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Redibujando a Darwin. I

7 agosto, 2010

Charles Darwin

Charles Darwin

Posiblemente, Charles Darwin sea el naturalista sobre el que más literatura se ha escrito a lo largo de la historia. Resulta realmente difícil encontrar a alguien que no conozca al autor de “El Origen de las Especies”, aunque ni siquiera sea aficionado a la naturaleza ni haya oído hablar jamás de Lamarck, Bolívar, Buffon o Cavanilles. Sin embargo, y como suele ocurrir con personajes muy populares, ni todo lo que se atribuye a Darwin es cierto, ni su obra o sus implicaciones son tan bien conocidas como su nombre, y éste es uno de los factores que contribuyen de forma más importante a que mucha gente asuma o critique el darwinismo sin comprender realmente su significado.

Charles Robert Darwin fue, sin duda alguna, un gran naturalista. Poseyó las cualidades fundamentales para la labor científica: la paciencia, la constancia y un método implacable tanto en la observación como en la elaboración de conclusiones a partir de ésta. Tal minuciosidad, calificada por algunos de sus biógrafos como patológica, le llevó a retrasar más de 20 años la publicación de la teoría de la selección natural tras regresar de su viaje en el Beagle. Algunos autores opinan incluso que si no se hubiera sentido espoleado por una carta de Alfred Rusell Wallace, recibida en 1858 y donde exponía una teoría similar a la de Darwin desarrollada de modo independiente, nunca hubiéramos tenido la ocasión de leer “El Origen de las Especies”. Y quizá en este punto se encuentre uno de los mayores mitos sobre Darwin: lo irremplazable de su figura.

No viajamos solos

Nada más lejos de mi intención el restar ni un ápice del mérito ni de la genialidad que el naturalista inglés derrochó para alcanzar sus conclusiones sobre el mecanismo evolutivo de la selección natural, ni al resto de su incansable e impecable trabajo científico. No obstante, también es cierto que nos gustan demasiado los genios; nos agrada pensar que debemos nuestra civilización y nuestro bienestar al sacrificio de grandes héroes capaces de hazañas vetadas para el resto de los mortales.

Sin duda, en parte es así, pero estas visiones idealizadas suelen olvidar algunos factores fundamentales: los héroes parten del trabajo de otros que les precediron y se sustentan sobre la labor de innumerables mortales anónimos. En ciencia, como en otros muchos aspectos de la vida, una idea innovadora es el producto no solo de una personalidad genial, sino del conjunto de circunstancias y conocimientos del momento. De esta forma, la llama del descubrimiento no es portada alrededor de mundo por un único corredor solitario y excepcional, sino transportada por numerosos relevos que permiter alcanzar distancias inimaginables. Si alguno de ellos flaquea, otro puede recoger la antorcha; aunque únicamente uno de ellos alcanza el pebetero.

Pretendo decir con esto que, si Darwin hubiera aceptado el destino planificado por su padre, convirtiéndose en un modesto párroco rural, si no hubiera embarcado nunca en el Beagle o si hubiera acabado sus días sin haberse atrevido a publicar su obra, una teoría equivalente a la de la selección natural darwinista hubiera sido publicada por otro relevo. Ahora no recordaríamos a Darwin, pero posiblemente estaríamos discutiendo los mismos mecanismos bajo el nombre de “teoría de Wallace” o cualquier otro.

No es la primera vez que este hecho se demuestra históricamente: la teoría mendeliana de la herencia fue ignorada y redescubierta décadas después de forma independiente y casi simultánea por tres botánicos (de Vries, von Tschermak y Correns) y casos similares se han dado en numerosas ocasiones, no solo en biología, sino en otros muchos campos como las matemáticas, la física o la economía.

Así pues, no hagamos descender a Charles Darwin del lugar que ocupa muy merecidamente en la tribuna de la historia de la Ciencia, más bien al contrario, miremos a su alrededor y honremos de igual forma a todos aquellos que le ayudaron a alzarse, y a cuyo trabajo debemos igualmente nuestra actual comprensión de la biología.


Artículo publicado originalmente en el blog del autor “¿Qué me estás contando?”, el 2 de diciembre de 2008

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  1. 7 agosto, 2010 en 13:09

    Cuanta razón!!!, cuantos naturalistas tan poco conocidos desde los prelinneanos hasta los postdarwinianos tenemos, y sin embargo tan poco conocidos.
    Muy buena reflexión, Saludos.

  2. Rhay
    7 agosto, 2010 en 15:49

    Muy buen artículo, sí señor. Felicitaciones.

  3. Jon
    7 agosto, 2010 en 16:31

    Las entradas de J.M. Hernández suelen resultar muy interesantes.
    Al hilo del artículo, otro de los grandes ejemplos históricos que ilustran cómo el conocimiento científico suele brotar de diversas fuentes es el famoso caso de los coetáneos Newton y Leibniz, quienes desarrollaron el cálculo infinitesimal de manera independiente y simultánea (aunque el primero lo llamaba “método de las fluxiones”).

    Tristemente, el ego humano los llevó a una agria disputa por la autoría de la invención.

  4. 7 agosto, 2010 en 17:23

    “es cierto que nos gustan demasiado los genios”. Imposible negarlo. Muy bueno el artículo J.M.

    Y respecto de los casos en otros campos, creo que el más parecido fué el de Einstein.

  5. Unodetantos
    7 agosto, 2010 en 20:42

    Tras este excelente artículo de J. M. Hernández, tal vez alguien se anime a coger el testigo y escriba otro sobre nuestra desmedida querencia por los genios.

  6. 8 agosto, 2010 en 2:09

    Jon :
    Las entradas de J.M. Hernández suelen resultar muy interesantes.
    Al hilo del artículo, otro de los grandes ejemplos históricos que ilustran cómo el conocimiento científico suele brotar de diversas fuentes es el famoso caso de los coetáneos Newton y Leibniz, quienes desarrollaron el cálculo infinitesimal de manera independiente y simultánea (aunque el primero lo llamaba “método de las fluxiones”).
    Tristemente, el ego humano los llevó a una agria disputa por la autoría de la invención.

    Es interesante el tema. Las cosas parecen bastante obvias mirando en retrospectiva, pero así y todo resulta extraño que la disputa haya alcanzado el nivel que alcanzó. Si bien ambos tomaron la geometría como punto de partida, los dos encares tienen diferencias suficientemente notables como para afirmar terminantemente que hubo plagio. Mientras Newton buscaba el rigor lógico definiendo el cociente incremental (aunque sin llegar a la idea de límite), Leibniz planteó una formulación más intuitiva sin prestar mayor atención al problema de dividir cantidades infinitamente pequeñas, lo que devino en el desarrollo de su famosa notación.

  7. Rawandi
    8 agosto, 2010 en 19:41

    Darwin dedicó 20 años (de 1838 a 1858) a perfeccionar su teoría, pero esa prudencia aparentemente extrema resulta bastante comprensible cuando recordamos el tremendo poder que ostentaba entonces la Iglesia anglicana en todos los aspectos de la vida británica, incluyendo el ámbito estrictamente científico. Sirva como ilustración el siguiente pasaje del libro ‘Astrobiología’ (2009), escrito por Bartolo Luque y otros, que se refiere a la exitosa campaña del gran físico William Thomson (Lord Kelvin), cristiano y antidarwinista, en defensa de una Tierra demasiado joven para permitir la evolución biológica:

    Había una abierta contradicción entre la física y las ciencias naturales [geología y biología]. Thomson rechazó duramente las necesidades de estas ciencias y las ridiculizó, criticando sin piedad sus métodos y deducciones. (…) la figura de Thomson acabó imponiéndose. Hasta tal punto que Darwin, en su última edición de ‘El origen de las especies’ retiró toda mención a la edad de la Tierra, y escribió lamentándose a su colega Alfred Russel Wallace (codescubridor de la teoría de la evolución) que “las opiniones de Thomson sobre la edad del mundo han sido uno de mis más dolorosos problemas”.

  8. Jon
    8 agosto, 2010 en 19:47

    Con todos los respetos, no estoy de acuerdo con la frase: “Si bien ambos tomaron la geometría como punto de partida, los dos encares tienen diferencias suficientemente notables como para afirmar terminantemente que hubo plagio”.

    En matemáticas, probablemente más que en ninguna otra disciplina, con frecuencia hay más de un camino para llegar a la misma solución y no creo que el hecho de desarrollar un instrumento científico por diferentes caminos implique necesariamente que haya existido plagio.

    Con esto no digo que Leibniz no plagiara a Newton porque no lo sé, sino que si alguien afirma que existió plagio deberá basar su conclusión en otros argumentos (por ejemplo, que la Royal Society of London estudió el caso y confirmó tal sospecha basándose en las epístolas que Newton envió a Leibniz por medio de Oldenburg,…).

    En cualquier caso, hechos como el comentado y el resto de disputas entre científicos e inventores que han existido a lo largo de la historia, ponen de manifiesto que estas luchas de egos no son buenas para el avance de la ciencia ya que desvía el esfuerzo y la energía de estas mentes geniales hacia menesteres muy terrenales pero poco prácticos en lo tocante a la ciencia como método de conocimiento y búsqueda de “verdad”.

    Yo concibo la ciencia como un continuo en el que los pensadores de cada época van aportando un poco más al avance de la misma.
    Habrá quien aporte más y quien aporte menos pero todos y cada uno de ellos son necesarios mas no suficientes.
    Incluso los científicos desconocidos que han dedicado su vida a la investigación sin llegar nunca a descubrir nada original e innovador son necesarios y valiosos, ya que su trabajo facilita el de sus relevos, al menos para desechar líneas de investigación fallidas.

    He ahí el riesgo de divinizar a los genios, que se puede caer en el error de creer que todo empieza y acaba con ellos, cuando la realidad se parece más a la famosa cita de Newton: “Si he visto tan lejos es porque he estado subido en los hombros de gigantes”.

    En la medida de lo posible deberíamos admirar el trabajo del genio y no tanto al genio (a mí me cuesta mucho), ya que las mentes brillantes vienen y se van, pero es su trabajo el que permanece y sirve de testigo para las siguientes generaciones (siempre que no se destruya como la Biblioteca de Alejandría).

    Saludos cordiales.

  9. 8 agosto, 2010 en 20:35

    Darwin estaba muy preocupado no solo por demostrar empíricamente con innumerables ejemplos el mecanismo de la selección natural, sino también porque ningún aspecto “colateral” sirviera para destruir el razonamiento principal. Así, a lo largo de las sucesivas ediciones de El Origen de las Especies, cedió en diferentes aspectos conflictivos, llegando a admitir mecanismos lamarkistas como fuente de variación o, como dice Rawandi, a obviar la edad de la tierra, que fue precisamente uno de los aspectos que inspiró la idea de evolución lenta y gradual tras estudiar los Principios de Geología de Lyell.

  10. 8 agosto, 2010 en 21:53

    Tal vez me faltó claridad. Justamente lo que quería era remarcar las fuertes diferencias entre el trabajo de Newton y Leibniz, porque creo que son tales que no permiten asegurar que haya habido plagio. De hecho, actualmente se considera que no lo hubo (por lo menos según lo que yo he leido).

  11. Jon
    9 agosto, 2010 en 1:50

    Interpreté la frase de Nicolás como una afirmación rotunda de que había existido plagio. Error de interpretación mío. Mea culpa.

    P.D. Supongo que era esto mismo (malentendidos del lenguaje y del razonamiento) lo que pretendía evitar Leibniz cuando se propuso desarrollar un lenguaje simbólico capaz de expresar, sin ambigüedad, todos los pensamientos humanos, de manera que al surgir una controversia entre dos filósofos, éstos la zanjasen a la manera de los calculistas.

  12. 9 agosto, 2010 en 2:23

    Totalmente de acuerdo… y se podria pensar en una ciencia globalizada (los principios del discurso cientifico ) como componente natural de la gestion humana…es decir podra converger la especie hacia un proceso de investigacion globalizada…(la evolucion no tiene direccion, este principio es el principio basico que no puede ser trasgredido)… lo anterior no tiene que ver con una proyecto de investigacion pero, luego: [se puede crear una masa media cientifica]…

  13. 9 agosto, 2010 en 18:04

    Supongo que hablas de la monadología. Si bien quedó en la nada,la idea por si misma es muy buena. Tengo pendiente un post al respecto.

  1. 10 agosto, 2010 en 11:55
Los comentarios están cerrados.
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