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Redibujando a Darwin III: El anticristo

13 agosto, 2010

Algunas teorías científicas calan hasta el público menos aficionado a la ciencia. Esto se debe a que tratan sobre aspectos que parecen afectarnos muy directamente como seres humanos. Indudablemente, se trata de una apreciación parcial: nos afecta de igual modo -o incluso más- la existencia o inexistencia de las supercuerdas que la estructura del árbol evolutivo de los primates. Sin embargo, poca gente siente inquietud por las partículas elementales que forman los átomos de los que se compone su cuerpo, pero sienten un irrefrenable interés por saber si el Homo sapiens desciende de un ancestro común con los chimpancés.

En el caso del darwinismo (o por ser más correctos, de la teoría de la evolución mediante selección natural), este fenómeno se produjo desde el mismo día de la publicación de “El Origen de las Especies”. La simple idea de que el ser humano no fuera un ser único, distinguido y radicalemnte separado de las apestosas bestias, es algo que muchas mentes acomodadas en la autoproclamada superioridad de nuestra raza no eran, ni son, capaces de asimilar.

De igual forma, aunque situados en el equipo contrario, numerosos fanáticos antireligiosos ven en las tesis darwinistas un arma contra la espiritualidad que aborrecen. Para ellos, nada mejor que una supuesta demostración científica de que dios no existe, o al menos una explicación sobre el origen del ser humano que no requiera de ninguna deidad modelando barro primigenio.

También es común leer que el bueno de Sir Charles no sólo no olía a azufre, sino que fue un pertinaz creyente hasta el final de sus días, no abandonando nunca el cristianismo y acoplando sus teorías a la existencia indudable de los reinos celestiales. En un curioso punto intermedio, circula la leyenda de que si bien abandonó la fe a lo largo de sus investigaciones, se retractó en su lecho de muerte lamentando todo el mal que había infringido a la cristiandad y renegando de sus «creencias» evolucionistas.

Sin embargo, para decepción de unos y de otros, todos estos tópicos son radicalmente falsos. Darwin no tenía como objetivo derrocar a ningún dios, pero tampoco pretendió armonizar la evolución con la Biblia. Darwin se limitó a emitir una teoría para explicar la biodiversidad, lo demás son solo frutos de la inmadurez e inseguridad de aquellos que a lo largo de la historia de la humanidad, han necesitado militar irracionalmente en cualquier tipo de creencias que aporten el sentido a su existencia, sentido que son incapaces de encontrar mediante la razón. El ateismo o -como él prefería denominarlo- agnosticismo de Darwin fue algo méramente circunstancial y completamente irrelevante para la contribución que el naturalista inglés realizó al conocimiento biológico. Charles Darwin fue uno de tantos creyentes pasivos que acabó abrazando el agnosticismo sin ningún tipo de fanatismo o radicalidad.

El Darwin religioso

El Christs College de Cambridge, donde Darwin estudió Teología

El Christs College de Cambridge, donde Darwin estudió Teología

A pesar de que Darwin cursó estudios de Teología en el Christ’s College de la Universidad de Cambridge y se preparaba para convertirse en ministro de la Iglesia, no podemos decir que fuera especialmente religioso. Es necesario entender la sociedad de la época para comprender como el sacerdocio podía representar una cómoda salida profesional que permitiera otras actividades más placenteras, como el estudio de la historia natural, que era uno de los temas que más atraía nal joven Charles en aquellos años, además de otras ocupaciones menos académicas. Únicamente el ofrecimiento de un puesto de naturalista sin remunerar en el HMS Beagle, tras graduarse en 1831, evitó que Darwin acabara de párroco rural como tantos otros indecisos estudiantes acomodados de la Inglaterra previctoriana. La familia de Darwin no era especialmente religiosa, simplemente consideró la salida sacerdotal como un porvenir seguro y aceptable para el joven Charles, al igual que ocurría en otras muchas familias acomodadas.

Annie Darwin (1841 - 1851)

Annie Darwin (1841 - 1851)

Tras el viaje por sudamérica, no volvió a sentir ningún tipo de interés por la carrera religiosa, aunque tampoco rechazó su fe cristiana hasta mucho después, a pesar de que el cristianismo irracional del Capitan Fritzroy, comandante del Beagle le produjera un gran rechazo. El mismo Darwin reconoció que no dejó de ser creyente hasta los 40 años y sin duda se trató de un proceso gradual, en el que resulta difícil saber que papel jugaron sus investigaciones sobre evolución y cuál otros factores personales, como la particular repulsa que le producía una doctrina que condenaba al tormento eterno a librepensadores como su abuelo o su propio padre. Lo que culminó el abandono definitivo de la fe cristiana fue el fallecimiento de su hija Annie, a los 10 años de edad, tras una enfermedad que afectó profundamente a Darwin y le hizo replantearse el sentido de la existencia humana. En palabras de su biógrafo -y tataranieto- Randal Keynes, «[su descreimiento] fue muy lento, gradual hasta llegar a la duda profunda. Antes de la muerte de Annie empezó a dudar sobre el mensaje de salvación del Nuevo Testamento. Consciente de las aferradas creencias de Emma, quiso creer en un Dios bueno, pero la muerte de su hija se lo puso muy difícil».

El Darwin agnóstico

Sin embargo, Darwin no demostró jamás un radicalismo antirreligioso, ni siquiera tras la muerte de su hija Annie. Según sus biógrafos, la excelente relación con su esposa Emma, cristiana devota y veneradora de la Biblia, pudo moderar considerablemente su posición religiosa. A los 62 años, en 1871, escribía: «nunca había sido ateo en el sentido de negar la existencia de un Dios […] Creo que en general (y más cuanto más viejo me hago) aunque no siempre, creo que “agnóstico” sería una descripción correcta de mi pensamiento».

Charles Darwin y Emma Wedgwood

Charles Darwin y Emma Wedgwood

Sin una fe sólida desde la infancia, educado en el seno de una familia no especialmente religiosa, con serias evidencias contradictorias con el literalismo bíblico y profundamente afectado por la muerte de su hija, el agnosticismo de Charles Darwin puede calificarse prácticamente de lógico. No obstante, en otras circunstancias diferentes, el brillante naturalista podría haber realizado la misma labor científica sin abandonar su fé, tal y como hicieron muchos otros evolucionistas como Wallace, Gray o Kinsley. En 1879 escribía «un hombre puede ser un ardiente teísta y un evolucionista», citando como ejemplos a Charles Kinsley y Asa Gray.

Pero el mito de su arrepentimiento y rechazo a la teoría evolutiva en el lecho de muerte es otra leyenda sin ningún tipo de fundamento. Tal confesión se cuenta que la realizó a una dama llamada Lady Hope, publicada posteriormente en el Boston Watchman Examiner. Sin embargo, los familiares de Darwin aseguraron que la pretendida confidente no solo no había estado presente en el lecho de muerte de Sir Charles, sino que ni siquiera había llegado a conocerle en persona.

Cuando murió en 1882, Darwin era un agnóstico de facto, desengañado de una fé que no cubría sus espectativas, y ante la que encontraba serias dificultades morales y racionales. Una situación a la que llegó gradualmente y espoleado por diversas cuestiones personales y científicas. De ningún modo desarrolló su teoría con el objetivo de derribar a un dios; por el contrario, su abandono fue consecuencia -al menos en parte- del desarrollo de ésta.

¿De quién es el problema?

Ciencia y religión no tienen porqué entrar en conflicto si la una no se inmiscuye en el terreno de la otra. La evolución no demuestra la inexsitencia de dios, de igual forma que tampoco la apoya. Dios no es un objeto de estudio de la ciencia, y la biología evolutiva como disciplina científica no tiene nada que decir sobre algo con lo que no puede trabajar. Dos cuerpos que no pueden tocarse difícilmente pueden pelear.

Una creencia basada en un ser superior indetectable no podrá jamás ser refutada por experimento ni evidencia alguna, simplemente no podemos trabajar científicamente con esa idea de igual forma que no podemos medir la capacidad de un bidón de gasolina con unas tijeras.

El problema aparece cuando dejamos el ámbito propio de una disciplina para arroyar un campo que corresponde a otro tipo de estudio. Si en lugar de postular la existencia de una personalidad supraterrena e inmensurable, me empeñara en afirmar que en el centro de la Ciudad de México existe una pirámide con tres dinosaurios bailando en el ápice, tardaría poco en ver contradicha mi fé: bastaría con viajar a México para comprobar la veracidad o falsedad de mi creencia.

Y eso es lo que ocurre, no con la religión, sino con el literalismo religioso. Basar el sentido de la vida en hechos como la existencia de Adán y Eva, la creación simultánea e independiente, o una edad de 6.000 años para el planeta, es saltar fuera del campo y sin red. Estos hechos sí son comprobables, y en caso de no ser ciertos, ponen en serio peligro la estabilidad emocional de quien ha fundamentado su salvación eterna en ellos.

El darwinismo, la evolución, la biología o la física no ponen en peligro la fe de un creyente; únicamente hacen tambalear las mentes irracionales que pretenden transformar viejos mitos en hechos incuestionables, más allá de toda lógica y raciocinio. El problema es suyo, de igual forma que el paranoico sufre la persecución únicamente en su alterada cabeza. Los fantasmas y los demonios sólo existen en su retorcida imaginación, al igual que el olor a azufre de Sir Charles Darwin.

Artículo publicado originalmente en el blog del autor “¿Qué me estás contando?”, el 20 de diciembre de 2008

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  1. AvA
    13 agosto, 2010 en 16:42

    Estáis recabando una información muy interesante con esta serie de Redibujando a Darwin. Gracias. Sería interesante que cuándo se estudia (a grandes rasgos) la evolución en la ESO, se hiciera un importante inciso en la época de Darwin, sus antecedentes y las consecuencias en el pensamiento científico. Sería maravilloso. Y no tanto demonizarlo como les gusta a muchos ¬_¬

    PD: Aprovecho para recomendar un libro que leí hace poco y que me encantó: El Reloj de Mr Darwin de Juan Luis Arsuaga.

    Saludos.

  2. 14 agosto, 2010 en 5:33

    Excelente artículo. Me parece correcta la separación de las afirmaciones científicas y teológicas. Una no nos dice mucho dela otra.

    Aunque razones hay para pensar que el cualquier teología es incorrecta

  3. corazondepatata
    14 agosto, 2010 en 17:08

    “al menos una explicación sobre el origen del ser humano que no requiera de ninguna deidad modelando barro primigenio”
    Bueno, es que es justamente eso.

  4. Edmundo
    14 agosto, 2010 en 21:48

    Dice Stephen Hawking en Historia del tiempo, que el tiempo se creó con el nacimiento del Cosmos, ya que antes del Big Bang no había posibilidad temporal, y se pregunta que “no había donde situar a un Creador”, y deduce que este tiempo era posterior al inicio universal.
    Una equivocación trascendente, por cuanto se sabe que Dios está fuera del tiempo, que su entropía es permanentemente cero, y por tanto no tiene edad ni forma alguna. O como decía Victor Hugo “Dios es la evidencia invisible”.

    Saludos.

  5. 14 agosto, 2010 en 23:14

    “Dios es la evidencia invisible”. O el comodín permanente 😉

  6. Dario
    14 agosto, 2010 en 23:38

    O la nada que sirve para justificar lo que sea y su contrario. 😛

  7. 15 agosto, 2010 en 13:21

    Sin querer entrar en el debate sobre una frase aislada de Hawking -que se desvía del protagonista del artículo- quiero disentir con el artículo en sí.

    Ciencia y religión entran en conflicto frontalmente y de lleno cuando el “terreno” sobre el que se desarrolla esa lid es la mente humana. Sin meternos en consideraciones colatereales de la “evolución de la religión” (instrumento de poder, amansamiento, explotación, discriminación, …), sus orígenes están en el intento de la mente humana más primitiva -o primaria e infantil más bien- de dar una explicación a la realidad circundante. Una tendencia enfermiza la ha degenerado en explicaciones supersticiosas y fantasiosas. Otras fuerzas la han convertido en la herramienta social que hoy conocemos. Pero su origen está arraigado en el fondo de la maquinaria biológica que llamamos cerebro, que maneja mal la incertidumbre, el pobre, y tiende a buscar salidas a la ansiedad que esta le genera. Antaño bastaba con explicaciones infantiles, porque eramos más ignorantes. Hoy también somos ignorantes, pero con mucho esfuerzo hemos andado un pequeño trecho del conocimiento. Renunciar a él por creencias infundadas o compromisos emocionales con la tradición no está justificado.

    No voy a pretender conocer las intenciones de Darwin porque no está en nuestra mano, pero sí puede verse claramente las consecuencias de su teoría. Lo que afirma una religión concreta -cristiana- en cuanto a un terreno concreto -Génesis- se demuestra equivocado. Ahí ya hay un conflicto, creo yo, sin necesidad alguna de entrar a “medir” a ente barbiluengo o trinitario alguno. Si además esas afirmaciones pretenden fundamentar supuestamente la legitimidad de ese supuesto dios para decidir sobre nuestros actos -a través de sus autoproclamados mensajeros, claro- pues entonces está minando todo ese sistema de creencias subsiguientes.

    Por esto opino simplemente que Darwin montó una buena, intencionadamente o no, entre ambas posturas. Se le puede querer quitar hierro al asunto en este artículo -por otra parte bien documentado e ilustrador, eso sí- pero no dejará de tener su enjundia.

    Así religión y ciencia se presentan como polos opuestos de una misma necesidad humana insatisfecha. Unos se conforman con lo fácil, heredado y rumiado aunque DEMOSTRADAMENTE falaz y absurdo en muchos aspectos. Es deshonesto intelectualmente porque está repleto de incongruencias, pero tranquilizador emocionalmente y en algunas circunstancias conveniente socialmente (como el comportamiento de Darwin ante la postura de su señora).
    Otros nos esforzamos un poco más para seguir descubriendo como funciona la realidad que nos rodea sin creer estupideces inventadas por la ignorancia primitiva y reinventadas para beneficio del poder factico de turno. Aunque sea duro y sesudo, es intelectualmente más tranquilizador saber que uno hace todo lo que puede por no creer irracionalmente. Aunque emocionalmente pueda ser menos tranquilizador porque no promete paraísos ficticios como soborno.

    Que cada cual escoja su lugar, porque tienen pinta de ser bastante incompatibles.

  8. Cronopio
    15 agosto, 2010 en 16:40

    “Que cada cual escoja su lugar, porque tienen pinta de ser bastante incompatibles”.

    Lo son, sin duda. Buen análisis.

  9. 15 agosto, 2010 en 17:03

    Son incompatibles, como bien decís. Sin embargo me parece (ignoro mucho sobre estas cosas) que el conflicto no es tal, sino simplemente el pataleo de una doctrina terriblemente institucionalizada que de a poco es desplazada de un terreno que no le corresponde, y en el que demasiados estragos ha hecho ya.

  10. 15 agosto, 2010 en 21:16

    Uno de tantos, coincido plenamente en el aspecto práctico del conflicto ciencia-religión, aunque no tanto en el plano teórico, y me explico:

    Un cristianismo que interprete el Génesis como una fábula en la que ni los hechos ni los tiempos deban tomarse literalmente no encontrará conflicto con el Big-bang ni con la evolución humana. Sin embargo, aquél que se inmiscuye en un terreno que no es el suyo y trata de definir la edad del planeta o la forma en la que el Homo sapiens apareció en la biosfera, si lo encontrará, y mucho. De ahí la frase “Ciencia y religión no tienen porqué entrar en conflicto si la una no se inmiscuye en el terreno de la otra”.

    Sin embargo, es cierto que en la práctica suele ser muy distinto. ¿Porqué? pues no tanto porque la existencia de un ser superior e inmaterial se vea amenazada por los descubrimientos científicos como porque a una mente racional, educada en un pensamiento lógico y acostumbrada a trabajar de forma crítica le cueste cambiar el chip y creer algo que carece de base alguna, justificación y sentido.

    Señalas un ejemplo muy bueno con el origen de la mitología (incluyendo en ella a las religiones) como una forma de manejar la incertidumbre por parte del cerebro de los homínidos. Muchas evidencias apuntan a esta idea, y somos muchos los que pensamos que es la explicación más plausible. Lógicamente, esto sí resulta incompatible: no puedes pensar que la religión es una estrategia cerebral ante lo desconocido y luego creer que esos dioses imaginarios son reales.

    Esto lo saben muy bien los evangelizadores: la única manera de seguir manteniendo su púlpito es que existan cosas que no podamos explicar, único resquicio donde puede colarse un ser sobrenatural. De ahí su empeño, no en permanecer en su lugar, sino de negar los descubriientos científicos, de no reconocer la realidad del universo y de demonizar a aquellos que ofrecen explicaciones donde antes solo reinaba la superchería. De ahí su empeño en inmiscuirse, es la única forma de conservar el chiringuito.

    Y precisamente a eso es a lo que me refiero en el artículo, no digo que Darwin no la montara buena, en absoluto. Lo que quiero decir es que las motivaciones del naturalista inglés no fueron las de destruir a Dios, sino explicar la naturaleza de la biodiversidad. Si una religión no es capaz de mantener su coherencia porque cada vez sepamos mejor como funciona el mundo, no es problema del científico, sino del creyente.

    Saludos.

  11. jose
  12. Cronopio
    15 agosto, 2010 en 23:10

    ” Sin embargo, aquél que se inmiscuye en un terreno que no es el suyo……”
    El problema JM, es que para las religiones todos los terrenos son suyos y TODO se explica a través de la fe. La incompatibilidad es manifiesta y el conflicto se presenta cada vez que se usa la razón, se quiera o no.
    Jose, todo eso es dogma de fe. Añade lo de la infalibilidad del Papa. El conflicto no es sólo con la ciencia.

  13. 15 agosto, 2010 en 23:50

    Obviamente, todos esos ejemplos son fenómenos en los que nuestro conocimiento nos puede inclinar a creer o no creer, pero nada más. No podemos aplicar el método científico ni utilizar la ciencia para negar que ocurrieran.

    A ver si somos capaces de ver la diferencia: el hecho de que creamos que un personaje mitológico con superpoderes conviertiera el agua en vino en una boda de hace 2.000 años es un hecho infalsable. Va en contra de nuestros conocimientos científicos, pero no contradice nada de lo que vemos hoy día o nos dice el registro fósil. Es decir, se trata de una tetera de Russell. No es un fenómeno evaluable desde un punto de vista científico y, por lo tanto, cae fuera del terreno de la ciencia.

    Sin embargo, afirmar que un diluvio cubrió por completo el planeta extinguiendo a todo ser viviente salvo aquellos que se alojaron en un barco de madera y que posteriormente repoblaron el planeta, es algo muy diferente. Esto sí es una hipótesis evaluable desde un punto de vista científico, y utilizando pruebas geológicas, moleculares, biogeográficas, etc. podemos deshechar la hipótesis por incongruente.

    De igual forma, afirmar que el Homo sapiens fue creado junto al resto de especies vivas y extintas, también es una hipótesis evaluable, y también existen multitud de evidencias que nos hacen deshecharla.

    En el ejemplo del agua y el vino, ciencia y mito no chocan, porque van por carreteras diferentes. Sin embargo, en el diluvio y la creación coetánea, chocamos de frente contra un trailer.

    A lo que me refiero en el artículo, insisto, es que Darwin no se cambió de carretera para buscar un vehículo que venía de frente. Muy al contrario, sin salir de su carril y sin cometer infracciones, un conductor suicida fue el que produjo el coche al circular en dirección contraria.

    No se si he sido capaz de explicarme.

  14. 16 agosto, 2010 en 0:17

    @Nicolás. El conflicto es inherente a los seres vivos. Más cuanto más complejos. El grado de beligerancia en que se sobrelleve ese conflicto es algo que diferencia a las distintas sociedades de los mismos. Los modales, vamos. Aquí el problema está en que el conflicto dialéctico ha sido llevado desde siempre por los creyentes a otros terrenos. Así en cuanto empezaron a ver que podían perder cuota de poder, decidieron quemar gente o lapidarla o cualquier otra exquisitez de su comportamiento grupal -aunque no les pertenezcan en exclusividad-. Lo que me da miedo es que vuelvan a las andadas.

    @JM, sí, posiblemente en el fondo estamos de acuerdo en casi todo, creo, salvo en el margen que le concede cada uno a la religión. Son concepciones prácticas o teóricas como dice, en definitiva.

    Para mí es un lote completo, porque suelo ser muy descreído o porque en general ellos vienen demostrando ser así. El pack de creyente incluiría pensamiento infantil y mágico, falta de rigor y rigidez de pensamiento -en sentido psicopatológico-, amén de cierta prepotencia mitómana -es lo que tiene sentirse “redempto”- que les lleva desde el proselitismo light evangelizador a las más brutales expresiones de purificación violenta. Todo siempre desde una postura de creencia irracional porque es condición y consecuencia para ello. Este cóctel es conflictivo per sé, con la ciencia, con otras religiones o incluso con los paganos que no se planteaban seriamente en qué creer (o sí, lo mismo da para el caso), que también señala Cronopio de otro modo.

    Para ud., JM, me da la sensación que los concibe con mayor tolerancia, dándoles cierto margen de credibilidad o esperanza en que pueden interpretar metáforas y trascender de lo literal. Cuando lo que les inculcan desde chiquititos es todo lo contrario. El dogma y toda esa programación de la que no pueden -porque no saben o no quieren- salir. La historia de las religiones nos demuestra que eso siempre les cuesta mucho y terminan hartándose y llegando a las manos, las piras o las cruzadas. O el escarnio y descrédito público como a Darwin.

    Está el tema de la intromisión que cita ud., que ellos creen hacer en “legítima defensa” cada vez que la ciencia les come un palmo de terreno desentrañando algún misterio de la naturaleza antes explicado con charlatanismo y abalorios rituales. El dios de los huecos, de nuevo.

    Completamente de acuerdo en que el problema es de ellos. Lo malo es cuando nos crean problemas a los demás por su problema de ellos.

    Reconozco que planteando esta tesitura también aparto el debate un poco del protagonista del artículo y me centro en la cuestión del conflicto puramente. En lo que dice de Darwin ya le digo, estoy de acuerdo con ud. y me ha aportado información que tenía confusa. Para la época que le tocó al pobre, ya hizo lo suyo.

  15. jose
    23 agosto, 2010 en 14:35

    ¿El agua convirtiéndose en vino no contradice nada de lo que vemos hoy día? Me he quedado con este gesto.

  16. 23 agosto, 2010 en 16:22

    Sí, el agua convirtiéndose en vino contradice nuestros conocimientos de química y física actuales. Lo que digo, es que si alguien afirma que hace 2.000 años alguien lo hizo, no es posible falsar ni confirmar la hipótesis, es un matiz, pero muy importante.

    Explicar las extinciones de los dinosaurios y la estructura geológica del planeta mediante un diluvio universal hace 4.000 años también contradice nuestros conocimientos actuales, pero si alguien lo afirma, sí podemos falsarlo, a diferencia de lo del vino.

    Me refiero exclusivamente a la posibilidad de contrastar una hipótesis, no a la credibilidad de la afirmación.

    Saludos.

  17. melina
    23 febrero, 2011 en 2:40

    hola. quería saber si conoces las teorías de máximo sandin y si tenias alguna crítica al respecto. y también quería contar que Darwin estuvo dentro y a favor de la “ayuda del hombre a la bienaventurada selección natural” mediante la eugenesia.
    un saludo. me quedo leyendo más cosas por acá.

  18. 23 febrero, 2011 en 8:29

    melina :

    hola. quería saber si conoces las teorías de máximo sandin y si tenias alguna crítica al respecto.

    Hola Melina, no solo las conocemos, sino que hemos entrevistado al propio Sandín en exclusiva para La Ciencia y sus Demonios:

    https://cnho.wordpress.com/2010/09/15/%E2%80%9Clos-virus-no-son-patogenos-por-definicion%E2%80%9D/

    melina :
    y también quería contar que Darwin estuvo dentro y a favor de la “ayuda del hombre a la bienaventurada selección natural” mediante la eugenesia.

    No lo se, lo único que he oido es que era del Manchester United, será posible!

  19. 23 febrero, 2011 en 9:20

    Darwin estuvo dentro y a favor de la “ayuda del hombre a la bienaventurada selección natural” mediante la eugenesia.

    No hay ninguna prueba concluyente de que Darwin apoyara la eugenesia, algún familiar suyo sí. Pero, ¿eso qué tiene que ver con su aportación a la ciencia? Si hubiese apoyado la eugenesia, hubiese sido marxista, bombero, o como dice J.M. del Manchester U., ¿invalidaría su teoría? Lo único que invalida una teoría científica son las evidencias científicas que se puedan encontrar para refutarla. La vida privada o las ideas políticas del descubridor no tienen ninguna relación. ¿O acaso invalidamos las aportaciones científicas de los investigadores que apoyaron activamente que una bomba atómica volatirizaran a 200.000 civiles en unos segundos?

  20. Víctor
    23 febrero, 2011 en 10:04

    Melina: contexto de descubrimiento / contexto de justificación. Anda, búscalo.

  1. 21 agosto, 2010 en 14:04
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