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El poder del pensamiento

11 septiembre, 2010

Autor: Francisco J. González

Observé el cielo en su oscuridad infinita buscando el consuelo entre tanta estrella brillante tan cercana a mi corazón tan lejana a mis dedos estirados. Sabia quizás en lo más hondo de mi que mis pensamientos las colocaron allí hace treinta décadas, seguramente cuando las vi por primera vez.

En aquellos tiempos de observación sabia, en estos tiempos de sabiduría, observo.
Decidí pasear bajo aquellos pinos que con la luna se vestían de sombra y viajé, viajé muy dentro de mí. Una luz me llamaba, seguramente fue mi primera conciencia con la conexión, pues por entonces nació la felicidad.

Aquella noche caí en la cuenta de todos los errores de la humanidad. Tanto tiempo buscando un sendero mejor, en el mismo camino. Maldita ironía. Una voz llegó, no supe descifrarla, no tenía en mi diccionario inventado, palabras para representar tantos sentimientos, así que decidí abrir las puertas que mi civilización tanto empeño puso en regalarme. Y lo dejé pasar.

Las siguientes comunicaciones no tardaron en llegar. Pero tuve que justificarlas guardándolas en mi maleta vieja, la creatividad. Hasta que un día de frío buscando un motivo para arropar mi vida, la volví a abrir.

Volví a entender, a ser todo, a ser niño y descubrí que estaba vacía. ¿A dónde fueron a parar todos aquellos versos, deseos, mis sueños de grandeza?
Y descubrí que no había pasado, ni futuro por llegar. Que lo que llevo en mi corazón es solo el presente de que acompaña mi viaje. Todo pensamiento tiene una vida, muy corta, pero con su existencia. Esa fue la llave para comprender más profundamente que mi realidad nunca llegaría a ser mi sueño. ¿Qué necesitaba? ¿Convencerme de que mis pensamientos eran poderosos?, o ¿potenciar mis pensamientos?

Observando nuevamente a través de la luz la vida pasar y desgastarse para los que buscan irse, rejuvenecerse para los que viven sin tiempo, lo vi claro. Entre ambos existían millones de canales por los que cada pensamiento corría, pero ellos, ciegos, de tanto mirar eran incapaces de escuchar.

Volví sobre mis pasos y me encerré durante cientos de vidas hasta que un día vi brotar la gran idea. Buscar el modo de potenciar mis pensamientos, si en los canales, conocidos también por plasmas la frecuencia de intercambio era tan pequeña que apenas se podían compartir palabras, la frecuencia era mínima, debía comprimir el tamaño de mis deseos . Así, cuando quisiera llevar a cabo mi realidad deseada tendría una gran suma de ellos.

Y eso hice, los guardé, los empequeñecí tanto como pude y al final…los entregué al mundo.
Aquella noche la realidad fue mi pensamiento, desde entonces solo pienso cuando algo deja de ser real, pues hoy por hoy las 13 dimensiones son la suma de mis deseos.
Este será el primer paso para el gran cambio. La realidad en nuestras manos con solo imaginarlo. Una célula convencida una idea compartida…
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  1. 11 septiembre, 2010 de 17:38

    Buenas:

    Bien, volvió el concurso de relatos. La verdad es que éste es otra prueba del nivel que se había anunciado, no decepciona.

    Buen trabajo, Francisco.

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  2. KC
    11 septiembre, 2010 de 17:54

    Buen relato, Francisco.

    Espero que el poder del pensamiento no sea igual al pensamiento del poder, porque si no mal vamos.

    Saludos.

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  3. Jaime
    13 septiembre, 2010 de 15:41

    Me alegro mucho de volver a leer los relatos del concurso.

    Por cierto, muy buen relato.

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  4. 25 octubre, 2010 de 20:25

    Me parece un relato bonito. Si supieramos el poder que tienen nuestros pensamientos, deseariamos dedicarnos todas las mañanas una hora a potenciarlos. Nuestro pensamiento es nuestro mayor tesoro

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