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La toxicidad de las “medicinas artificiales”

13 septiembre, 2010

¿Cuántas veces hemos oído eso de “prefiero no tomar medicamentos que no son más que química artificial”? Incluso algunas revistas, que pasan por ser el paradigma de los tratamientos naturales llegan a decir Los medicamentos son artificiales y por tanto tóxicos (editorial de José Antonio Campoy director de DSalud para el número de agosto del 2010 de dicha revista).

Pero el caso es que cuando se presenta una enfermedad se ha de proceder, tomar alguna decisión: o bien se suministra algún tipo de remedio, o bien no se toma ninguno y se conforma con una buena alimentación e hidratación esperando que el mal pase. En el caso de que decidamos tomar algún medicamento de los que la industria farmacéutica suministra, ¿acaso estaremos tomando sustancias artificiales y por tanto nos estaremos envenenando?. Si adoptamos alguna terapia de las anuncian las revistas de medicina alternativa, ¿estaremos siguiendo un remedio natural y por tanto no corremos ningún peligro? La respuesta no es tan simple como nos quieren hacer las farmacéuticas o los seguidores “new age” de potingues de dudosa validez.

¿Son los medicamentos de la industria farmacéutica artificiales?

La Real Academia de la Lengua da cuatro definiciones para artificial: (1) Hecho por mano o arte del hombre, (2) No natural, falso, (3) Producido por el ingenio humano y (4) adj. ant. Artificioso (disimulado, cauteloso). Recurriendo a términos de farmacología y acercándonos lo más posible a la definición de la RAE creo que podemos definir el concepto artificial como aquello que está generado por la mano del hombre y que por tanto no está presente en la naturaleza como tal. También podemos pensar que modificaciones de compuestos naturales, o bien mezclas de ellos deberían ser calificados de artificiales.

Basta darse una vuelta por la farmacopea, tomando como referencia a algunos de nuestros medicamentos más usados para comprobar que la inmensa mayoría tienen un origen natural: plantas, hongos o bacterias producen sustancias con efectos terapéuticos que son consumidos a diario. Veamos tres ejemplos muy conocidos:

  • La clásica aspirina, que no es más que ácido acetilsalicílico se extrae a partir de la corteza de sauce, la cual ya era conocida por Hipócrates en el siglo V a.C., usándose para el dolor. Edward Stone en 1703 encontró que también podía ser empleada para combatir las fiebres.
  • La quinina es un alcaloide natural producido por la planta de la quina (Cinchona pubescens) y es empleado como medicamento contra la malaria. Se viene usando desde hace bastantes siglos y su uso se extendió por todo el mundo cuando los “conquistadores” de tierras americanas comprobaron que la población indígena la empleaba como terapia contra las fiebres palúdicas.

Fórmula química de la quinina (izquierda) y planta de la que se extrae (quina) (derecha)

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  • El eucaliptol, que se extrae de las hojas del eucalipto se emplea como tonificante de las vías respiratorias y forma parte de muchos jarabes o vaporizadotes que ayudan a respirar durante procesos catarrales.

Estos son tres ejemplos típicos, pero tal y como muestran los tratados de farmacología hay muchísimos más, algunos de ellos quizás no tan evidentes para personas que no han estudiado farmacia: los antibióticos son producidos por hongos y algunos grupos de bacterias; el tamiflú empleado contra la gripe se obtiene del anís estrellado, el taxol (un agente anticancerígeno usado en quimioterapia) se obtiene de la corteza del tejo. Los complejos vitamínicos, cofactores, enzimas, así como una larga lista de medicina que son recetadas de continuo proceden de compuestos naturales.

Muchos de los compuestos naturales de partida son extraídos, modificados y presentados para que sea más sencilla su administración, así como el control de sus dosis. Otros son ligeramente modificados de forma química para hacerlos más o menos solubles, o como en el caso de los antibióticos, para burlar a los microorganismos resistentes. Este es un tratamiento muy habitual hoy en día y puede que alguien encuentre aquí el término “artificial” que se critica al inicio. Volveré sobre este punto.

Por supuesto también hay medicamentos que se obtienen por síntesis química “de novo”, compuestos que no existían previamente en la naturaleza. Eso se puede hacer gracias al profundo conocimiento de química y de biología molecular que permite diseñar fármacos cada vez de una forma más racional. Estos medicamentos son más caros de producir ya que requieren una fuerte inversión en investigación para dar con ellos. Uno puede pensar que estos son los medicamentos que se critican en esas revistas de “medicina alternativa”, pero basta leer los contenidos de los artículos para ver que no es así, que la crítica es grosera, va dirigida hacia todos los productos de la industria farmacéutica.

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Cómo es natural no es tóxico

Una de las “gracias” estriba en hablar de terapia natural o medicina natural como sinónimo de bueno. Pero el axioma natural igual a no tóxico no es siempre cierto. En primer lugar muchos de los productos ofertados por estas revistas de natural no tienen un pelo, sufren los mismos tratamientos que aquellos que ofertan las grandes compañías farmacéuticas. De hecho, muchos de los medicamentos “naturales” proceden de empresas farmacéuticas que también facturan sumas más que considerables.

Pero además creo que no es necesario extenderme mucho al recordar la cantidad de compuestos tóxicos que son de origen natural. De hecho la mayoría de los venenos más potentes conocidos son de origen natural. Toxina botulínica, curare, cianuro, fenol…. Pero claro, los fabricantes de productos “naturales” no se refieren a ellos cuando hablan de toxicidad, sino a que los medicamentos de la farmacia tienen un enorme listado de contraindicaciones y de efectos secundarios. Efectivamente, es así y tiene una clara razón de ser. Los medicamentos antes de poder ser puestos a la venta han de ser testados, comprobando su efectividad en ensayos de toxicidad, y eficacia (placebo y doble ciego). Todas las reacciones adversas (aunque sólo se hayan producido una vez) se han de anotar. Y si el medicamento es aprobado, las reacciones adversas futuras han de ser registradas. Eso no ocurre con esas “medicinas naturales” muchas de las cuales no pasan por la agencia del medicamento porque son vendidas como “complementos”, aunque en realidad se estén vendiendo claramente con otro fin. Muchos de esos productos no han pasado rigurosos controles y, en el mejor de los casos, basan su efectividad en estudios teóricos o tomando como suyos datos que otros han obtenido con sustancias análogas. No hay listado de efectos secundarios porque para muchos no hay seguimiento de los mismos. Sólo cuando se produce un problema sanitario grave nos enteremos de esos efectos. En resumen los supuestos “medicamentos naturales” pueden producir exactamente los mismos problemas que esos otros que llaman tóxicos, porque los principios activos muchas veces son los mismos.

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¿Todo lo artificial es tóxico?

La frase del editorial de DSalud que dice “los medicamentos son artificiales y por tanto tóxicos” es bastante curiosa. ¿Los alimentos artificiales también son tóxicos? El producto natural es la leche, pero de forma artificial (y milenaria) fabricamos artificialmente yogurt o queso. La uva es un producto natural del que artificialmente fabricamos mosto, vino y vinagre. Y cientos de ejemplos más. Creo que personas que no pueden vivir sin coche ni móvil deberían más cuidadosos al elegir mejor sus frases y su grado de cinismo. O eso o elegir mejor los anuncios presentes en su revista que dirigen, ya que no hacen más que anunciar medicamentos “artificiales” tal y como mostraré ahora. ¿O acaso permite publicitar a sabiendas productos tóxicos?

Alimentos fabricados artificialmente: yogures, pasta, mermeladas, pan.... ¿Serán también tóxicos?

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¿En qué consiste exactamente un fármaco natural?

Consultando la definición de la wikipedia de medicina natural, donde se incluye la definición de la OMS, podemos leer

aunque se dice medicina natural para distinguirla de la medicina reglada, muchos preparados naturales utilizados en la medicina natural contienen el mismo principio activo o fármaco que los usados en la medicina convencional, pero preparados al margen de los procedimientos industriales, usando formas tradicionales como la maceración, la infusión o la cocción.

Bueno, bueno, aquí ya tenemos algo muy distinto a lo que nos quiere hacer llegar algunos que se dicen seguidores de la “medicina natural”. El principio activo es el mismo, luego la toxicidad debe de venir del proceso de preparación. Pero si recurrimos a muchos medicamentos veremos que éstos siguen sistemas de maceración y cocción similares a los de la medicina “natural”, los excipientes que emplean son similares (como lactosa, fructosa, algún colorante natural, etc) y ambos, tanto el natural como el “artificial”, compiten en la estantería de la farmacia por los clientes.

¿Entonces a qué viene el emplear un término tan duro como tóxico en la editorial de esta revista? Quizá haya un intento de concienciar al uso exclusivo de medicina “natural” y huir así de productos tóxicos. Esto hace suponer que todo lo que se anuncia en esta revista deben de ser forzosamente ese tipo de productos, sin ninguna artificiosidad. Analizando la revista del mes de agosto de DSalud en su página 53 nos encontramos con un “maravilloso complemento” dietético que se obtiene a partir de un extracto de mejillón de labio verde de Nueva Zelanda. Se nos informa que este compuesto no puede ser tomado en cantidades suficientes mediante la simple ingestión de un plato de mejillones, ni mediante la pulverización y concentración del mismo, ya que la oxidación que se produce hace que el principio activo pierde hasta 175 veces su actividad. Por ello se informa de que se hace una extracción química con CO2 supercrítico para aislar y estabilizar ese principio, que no es más que un lípido. Además en el proceso de purificación se eliminan las proteínas que podrían provocar reacciones alérgicas a los potenciales consumidores. Este proceso es muy típico en farmacia, los principios activos (vitaminas, cofactores, inhibidores de enzimas, tamponadores del pH, etc) están a concentraciones muy bajas en los organismos productores, tanto que la simple ingestión de la fuente primaria, por muy natural que sea (planta, hongo…), no suele ser suficiente para alcanzar una dosis terapéutica, por lo que hay que extraerlo y purificarlo. Y posteriormente hay que presentarlo en la dosis adecuada (cápsula, pastilla, vial inyectable…) con compuestos que lo estabilicen y permitan su paso por el tracto digestivo, si por ejemplo se ingiere. No sé si el compuesto que se anuncia es eficaz o no, de eso no va este artículo, pero lo que está claro es que sí sufre un tratamiento similar al que se emplea para obtener cualquier medicamento, principio activo o complemento nutritivo. Este producto es tan naturales o tan artificial como muchos que encontramos en cualquier farmacia.

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Epílogo

Este artículo no es un alegato a favor de la industria farmacéutica, ni de los compuestos que se emplean, ni de los procesos industriales que se siguen en su fabricación. Es una reflexión acerca del cinismo e hipocresía de algunas revistas que quieren hacernos creer que lo suyo es menos dañino que lo que vende la industria farmacéutica, al afirmar de forma torticera que su producto es natural, y el resto es artificial (y por tanto tóxico). Visto lo visto lo que están diciendo es un simple “no le compres a ellos sino a nosotros”, pero sin estar avalado por lo que ellos mismo dicen defender. En resumen esto es un quítate tú para que me ponga yo.

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Entradas relacionadas:



  1. Manuel Abeledo
    13 septiembre, 2010 en 14:08

    Genial artículo, poniendo los puntos sobre las íes en el discursito “lo natural es bueno”. Que digo yo, ¿el opio, los hongos venenosos o el peyote son “buenos”? Tendrán el valor de decir que sí.

  2. 13 septiembre, 2010 en 14:24

    Realmente la diferencia entre natural y artifical es semántica… :-S

    Lo que es evidente es que ya sean remedios de la abuela, ya sean fármacos, si son inocuos no van a producir beneficio alguno al tomarlos y por tanto son inútiles.

    Para que algo ayude a sanar debe afectar al organismo. Si no lo afecta… apaga y vamonos.

  3. 13 septiembre, 2010 en 14:34

    Artículos como éste son los que hacen de esta web que sea una de mis favoritas. Genial!

  4. Cronopio
    13 septiembre, 2010 en 20:56

    Manuel Abeledo :
    Genial artículo, poniendo los puntos sobre las íes en el discursito “lo natural es bueno”. Que digo yo, ¿el opio, los hongos venenosos o el peyote son “buenos”? Tendrán el valor de decir que sí.

    El Peyote si. 🙂

  5. 13 septiembre, 2010 en 21:25

    zas y en toda la boca!! muy buen articulo. esos pinches naturistas solo desinforman a la gente para vender sus charadas. aqui en mexico hay muchos de estos tipos y hasta uno de ellos me amenazo en demandarme

    hablando de toxicidad. ustedes me diran. pero lei por alli que se estan desarollando farmacos para calmar el dolor a base del veneno de serpientes ¿eso es verdad?

    saludos.

  6. 14 septiembre, 2010 en 8:47

    Gracias por los comentarios. Hay mucho vividor suelto que con cuatro conceptos verdaderos, cinco sacados de contexto y decenas de ideas falsas se ha montado una película para llegar con garantías a fin de mes aprovechando que hay mucha gente poco informada. Picaresca del siglo XXI.

  7. 14 septiembre, 2010 en 23:53

    Siempre me he preguntado como se determina exactamente la supuesta “dosis de principio activo” en los mejunjes de herbolario. La dosificación se hace en términos macroscópicos pero no alcanzo a saber como la determinan.
    Quiero decir que, suponiendo que la planta -por poner un ejemplo- en cuestión tenga el principio activo alegado, ¿cómo se sabe cuanto contiene? Si tenemos en cuenta que tanto las condiciones de crecimiento -año de sequía o de lluvias, terreno con más nutrientes o menos; etc- o circunstancias de recolección -maduración óptima, exposición a los elementos tras la recogida, etc…- pueden afectar al contenido de la sustancia en cuestión ¿cómo demonios lo determinan si no lo somenten a un procesado? Está claro. Simplemente no lo hacen.

    Ahora bien, si tenemos en cuenta que hay sustancias que tienen un estrecho margen entre lo terapéutico y lo venenoso, insisto ¿Cómo demonios lo dosifican?

    El viejo dicho de “todo es veneno dependiendo de la dosis” también es de aplicación aquí.

    Por eso no entro jamás en un herbolario. Me dan yuyu.

    Otra cuestión es que los propagandistas de estas terapias se merecen en muchos casos un pleito por difamación desde la industria farmacéutica. Siempre me he preguntado porqué no lo harán… ¿por no darles más publicidad a sus delirios? No sé.

  8. 15 septiembre, 2010 en 2:12

    Excelente post!…
    Le agregaría al final: Los medicamentos (naturales, sintéticos, semisintéticos, etc…) son una herramienta y por tanto los podemos usar de diversas formas. Si todos nos pusieramos de acuerdo (médicos, fármacéuticos, la industria y más importante aún, los pacientes) en usarlos de forma correcta nos ahorraríamos muchos problemas. Y callaríamos de una vez por todas a los magufos en este aspecto.
    Saludos!

  9. golbach
    27 octubre, 2010 en 22:18

    Muy bueno el artículo, se me había pasado.

  10. 28 octubre, 2010 en 2:22

    Hola. Me ha gustado tu artículo.

    Estoy haciendo un doctorado en plantas medicinales, y hay algunas cosas interesantes que se ignoran, y muchas, muchísimas falsas leyendas en favor y en contra de ambas formas de medicarse: por fitofármacos y por medicamentos de síntesis química.

    “Lo natural es sano” me han dicho, y yo les he dicho… “Pues ensalada de Cicuta y Heléboro con Tejo y Amanita phalloides”.

    Me encantaría que alguien con un blog como el tuyo echara un vistazo de vez en cuando a uno tan pequeñito y humilde como el mio. Esto es una invitación. ¿Por qué? porque te he mencionado en mi última entrada.

    Aunque eso te lo pondré en el tema que corresponda.

  11. 28 octubre, 2010 en 2:29

    uno de tantos :
    Siempre me he preguntado como se determina exactamente la supuesta “dosis de principio activo” en los mejunjes de herbolario. La dosificación se hace en términos macroscópicos pero no alcanzo a saber como la determinan.
    Quiero decir que, suponiendo que la planta -por poner un ejemplo- en cuestión tenga el principio activo alegado, ¿cómo se sabe cuanto contiene? Si tenemos en cuenta que tanto las condiciones de crecimiento -año de sequía o de lluvias, terreno con más nutrientes o menos; etc- o circunstancias de recolección -maduración óptima, exposición a los elementos tras la recogida, etc…- pueden afectar al contenido de la sustancia en cuestión ¿cómo demonios lo determinan si no lo somenten a un procesado? Está claro. Simplemente no lo hacen.
    Ahora bien, si tenemos en cuenta que hay sustancias que tienen un estrecho margen entre lo terapéutico y lo venenoso, insisto ¿Cómo demonios lo dosifican?

    En principio, las dosificaciones de los productos de herbario en bruto (o como también se llaman en seco, o en trociscos, es decir, las que se usan en infusión o en decocción o maceración) no son lo suficientemente elevadas, dadas las plantas que encuentras y la concentracion media de principio activo en ésta. El café es un excitante, pero sufrir una sobredosis de cafeina consumiendo una infusión del grano del café molido (que es lo que viene siendo un café) es prácticamente imposible, ya que necesitarías una concentración de cafeina aproximadamente 12 veces mayor a la habitual.

    Por otro lado, los llamados fitofármacos son extractos de estas plantas en diferentes formas de presentacion, desde aceites esenciales hasta extractos fluidos en medio de aceite, alcohol o agua, extractos secos en polvo, en comprimidos, etc; todos estos SÍ están cuantificados. En estos fitofármacos se cuantifican las concentraciones de principio activo, y se dosifican en funcion de una concentracion estandarizada; de ahí que haya veces que un comprimido tenga más o menos materia vegetal que otro, o que sobre un extracto acuoso, en fábrica, añadan más cantidad de agua (para diluirlo) que sobre otro de la misma planta.

  12. Rhay
    28 octubre, 2010 en 9:12

    Yo siempre me he preguntado una cosa. ¿Por qué me voy a gastar una pasta en píldoras de cola de caballo cuando resulta que la Seguridad Social provee de diuréticos con el mismo principio activo pero un 60% más baratos? Es decir, ¿por qué la planta entera, aunque sea molida y metida en pildoritas, es más eficaz y menos tóxica que el principio activo sintetizado, aislado y esterilizado?

  13. Uno
    28 octubre, 2010 en 11:58

    Rhay, por el efecto placebo. Si eres de esos a los que le mola lo natural, entonces el efecto placebo potencia el resultado positivo y “noceba” los secundarios. En mi caso prefiero lo sintético. Los controles en un laboratorio son enormes y eso influye en mi psique haciendo que me cure mejor que con lo mismo pero “natural”.

  14. 28 octubre, 2010 en 14:11

    Rhay :
    Yo siempre me he preguntado una cosa. ¿Por qué me voy a gastar una pasta en píldoras de cola de caballo cuando resulta que la Seguridad Social provee de diuréticos con el mismo principio activo pero un 60% más baratos? Es decir, ¿por qué la planta entera, aunque sea molida y metida en pildoritas, es más eficaz y menos tóxica que el principio activo sintetizado, aislado y esterilizado?

    Existen unas sustancias que se denominan principios coadyuvantes. Estas moléculas actuan modificando, modulando y, en ocasiones, mejorando los efectos de la molécula que es el principio activo, y también en ocasiones reduciendo los efectos secundarios, la potencial toxicidad o las interacciones y contraindicaciones, según el caso. Estas moléculas se encuentran en la planta, y por tanto también en los fitofármacos. Sin embargo, en los medicamentos de síntesis química no aparecen. Eso hace que, en casos generales –aunque hay excepciones–, por un lado, el efecto de los medicamentos de síntesis sea más inmediato, teniendo un óptimo de efecto a corto plazo, y perdiendo efectividad a largo plazo, mientras que el de los fitofármacos sea más suave y también paulatino, haciendo un efecto óptmo a medio-largo plazo.

    No es uno mejor que otro, ni otro mejor que uno. Son diferentes. Para afecciones leves puntuales va mejor el farmaco sintético. Para afecciones leves crónicas va mucho mejor el fitofármaco, por lo ya dicho. Pero como digo, eso es en casos bastante generales.

    Y si lo que buscas son diuréticos, los hay mejores que el Equisetum. Prueba la ortiga (Urtica dioica) y los rabos de cereza.

    Por cierto, me tomo la licencia de invitaros a la página adjunta, que habla sobre el efecto de medicamentos vegetales y la diferencia con los fármacos de síntesis.

    http://varyingweion.blogspot.com/2009/06/las-virtudes-de-las-plantas-fitoterapia.html

  15. 28 octubre, 2010 en 14:13

    Uno :
    Los controles en un laboratorio son enormes y eso influye en mi psique haciendo que me cure mejor que con lo mismo pero “natural”.

    Con los fitofármacos, los sistemas de control, purificación y cuantificación son equivalentes. O deberían serlo, por ley.

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