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Cuando los premios Nobel se acordaron de la microbiología

20 octubre, 2010

La microbiología es la especialidad científica que estudia seres vivos de muy pequeño tamaño, aquellos que precisan de aparatos de magnificación para poder ser observados. Clásicamente esta rama de la biología y de la medicina ha estudiado seres eucariotas unicelulares (algas, hongos, protozoos), seres procariotas como bacterias y arqueas, y organismos como los virus. La microbiología, y en especial la bacteriología, no está pasando su mejor momento a nivel de inversión, debido a que muchas entidades financiadotas pensaron que con la aparición de los antibióticos, las grandes plagas causadas por bacterias están en camino de desaparecer. Pocos parecían intuir que las bacterias tenían una capacidad de evolucionar muy elevada, lo que las ha llevado a generar resistencias a esos antibióticos que están haciendo caducar nuestro más preciado arsenal farmacológico.

A lo largo de la historia la microbiología ha jugado un papel importantísimo en el conocimiento de los seres vivos, y no sólo a nivel de patogénesis, sino a un nivel general. Las bacterias y los bacteriófagos (virus que infectan bacterias) se han empleado para entender mejor los conceptos de herencia, de mutación y los principios básicos de genética y evolución. La bacteria intestinal Escherichia coli se ha empleado como modelo tanto en estudios de genética como de bioquímica y fisiología, siendo uno de los primeros organismos donde se empezaron a entender las complejas rutas metabólicas que poseemos la mayoría de los organismos.

En los últimos dos siglos un buen número de microbiólogos han aportados a la humanidad descubrimientos de gran interés siendo algunos de ellos reconocidos por toda la comunidad científica y reconocidos por la Academia de Suecia como dignos a recibir el premio Nobel, el máximo galardón diseñado para premiar las contribuciones de los científicos.

En el año 1905 Robert Koch fue honrado con el Nobel por el descubrimiento del microorganismo que produce la tuberculosis, además del reconocimiento de los postulados que llevan su nombre, los cuales han servido para identificar los agentes etiológicos de las enfermedades infecciosas. Otros premios Nobel fueron a parar a investigadores que identificaron el origen de algunas enfermedades. Así Ronald Ross recibió el premio en 1902 al demostrar que un mosquito es el vector de la malaria, mientras que en 1907 Alphonse Laveran lo recibió por identificar al parásito que produce la enfermedad. En 1928 Charles Nicole mereció el premio al demostrar que los piojos son los agentes que transmiten el tifus. Ya en este siglo los doctores Barry Marshall y Robin Warren fueron galardonados en el año 2005 por demostrar que Helicobacter pylori es responsable de gastritis, úlcera estomacal y en último término de cáncer de estómago y en el año 2008 Luc Montagnier y Françoise Barré-Sinoussi lo recibieron por descubrir el virus VIH que produce el SIDA, que compartieron con Harald zur Hausen descubridor del virus del papiloma humano que provoca cáncer de cuello de útero.

El descubrimiento de sustancias con las que combatir a los patógenos también ha merecido el reconocimiento de la academia sueca. Así en 1939 Gerhard Domagk recibió en premio al demostrar el efecto antibacteriano del Prontosil; pero fueron Alexander Fleming, Ernst Chain y Howard Florey quienes nos introdujeron en la era antibiótica al descubrir y purificar la penicilina, lo que les valió el galardón en 1945. En 1952 Selman A. Walksman lo recibió por el descubrimiento de la estreptomicina.

Algunos de los principios básicos de la biología han sido descubiertos en trabajos con microorganismos. Joshua Lederberg recibió el premio en 1958 por su descubrimientos relacionados con la recombinación genética y la organización del material genética en bacterias. En concreto es el descubridor de la conjugación y la transducción. Peyton Rous recibió el galardón en 1966 tras descubrir que algunos virus pueden inducir la formación de tumores. Este premio fue compartido con George Beadle y Edward Tatum que introdujeron el concepto “un gen-un enzima”. En 1969 Max Delbrück, Alfred Hershey y Salvador Luria recibieron el premio por los descubrimientos acerca de la organización genética y los mecanismos de replicación de los virus, mientras que en 1997 Stanley Prusiner lo recibió por su descubrimiento de los priones, agentes que causan el llamado “mal de las vacas locas” y otras enfermedades neurodegenerativas.

Pero como siempre ocurre en esto de los premios, entre los microbiólogos también hay una lista de olvidados, de grandes aportes a la humanidad que cayeron en el olvido de la academia sueca. Louis Pasteur no pudo recibirlo, ya que murió en 1895 y el primer premio en Medicina se otorgó en 1901, pero microbiólogos de la talla de Martinus Beijerinck (uno de los padres de la virología y descubridor de la fijación del nitrógeno, uno de los procesos más importantes en la biosfera); de Dimitri Ivanovski (descubridor del primer virus, el que provoca el mosaico del tabaco), Sergei Winogradsky (estableció el ciclo del nitrógeno en la biosfera y realizó extraordinarias contribuciones al conocimiento del metabolismo microbiano, además de ser considerado uno de los padres de la microbiología ambiental) o Oswald Avery , Colin MacLeod y Maclyn McCarty (que identificaron la molécula del ADN como la portadora de la herencia; este trío de investigadores quizás suponga uno de los mayores descuidos de la academia a la vista del impacto de su descubrimiento) se quedaron sin el premio.

Haciendo un repaso de los laureados uno percibe el tremendo progreso que se ha hecho en el campo de la microbiología en los últimos 110 años, desde el descubrimiento de los agentes productores de enfermedades, así como sus mecanismos moleculares, hasta fundamentos básicos de todos los seres vivos. Pero aunque el camino recorrido ha sido enorme, mucho mayor es el que aún nos queda por recorrer.

  • Artículo basado en un Editorial de la revista Nature Reviews Microbiology (2010) 8:755. Enlace aquí.

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  1. 20 octubre, 2010 de 13:05

    Es una lástima, pero siempre hay que elegir entre todos los científicos que hacen trabajos. Así que siempre hay grandes olvidados en todas las disciplinas. Un saludo

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  2. WOLFLink
    21 octubre, 2010 de 3:13

    ¡Yo quiero estudiar microbiología! =D

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  3. Yagoveloz
    21 octubre, 2010 de 5:11

    La escala micrométrica nos hace obligado reconsiderar el tiempo y “Arquea” es difícil de asumir.Matar cosas a cañonazos nos està saliendo caro y con los virus vamos a tener un disgusto cualquier día con el cuento del pastor y los lobos como modelo…Es complicado entender que lo pequeño es no sólo hermoso, sino además, antiguo y propio…Saludos.

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  4. 21 octubre, 2010 de 13:35

    Una pequeña corrección: el nombre de la revista es “Nature Reviews Microbiology”, no “Nature Reviews” 😉

    Y esto es un enlace al artículo original:
    http://dx.doi.org/10.1038/nrmicro2470

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