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Migraciones

30 octubre, 2010

Autor: Daniele

Nota: Este es un relato corto de ciencia ficción

Todo empezó con un anuncio colgado en el pasillo de la facultad: se ofrecía una beca para estudiar el comportamiento de unas aves sedentarias, en Islandia. Traducción: un año de proyecto pagado en tierras lejanas.

La esterilidad de mi vida personal y la oferta de un buen argumento para la tesis de doctorado me convencieron a participar en la selección. Con mi gran sorpresa pasé todas las pruebas y unos meses después estaba aterrizando en Reykjavik, pocas semanas antes de la época de la reproducción.

Los primeros días pasaron cómo un sueño febril: papeleos administrativos, curso acelerado de idioma, seminarios sobre la fauna local, curso básico de supervivencia y preparativos para mi estancia solitaria.

Fue un alivio tomar posesión de mi refugio y empezar finalmente el trabajo, en aislamiento total y absoluto: mi única compañía eran las aves, y la visita ocasional del cartero con correo y víveres.

Pocas semanas de estudio despertaron mi interés hacía el objeto de la investigación. Al principio cometí el error, típico de todo estudiante y aficionado, de ver reflejado por todas partes el carácter humano. Tardé tiempo en deshacerme de mis icónicas gafas rojas y así poder observar la conducta de las aves en toda su peculiar unicidad.

Empecé a acumular gran cantidad de datos y anotaciones. Podía reconocer todos los pájaros del área y, sobre todo, entender las interacciones entre ellos. Una intrincada red de relaciones basadas en parejas, familias y vecindad geográfica, iba a formar parte de una estructura más grande y compleja. Vi emerger, desde una serie de individuos que actúan en cada momento de forma independiente en función de los instintos básicos de supervivencia propia y de su prole, el comportamiento cíclico y previsible de la colonia.
Los meses de estudio terminaron con abundante material, suficiente para mi tesis y posiblemente alguna publicación.

Estaba eufórico en el viaje de vuelta.
Aún no sabía que había perdido más de lo que pensaba haber ganado.

Fue algunos días después, en una fiesta de bienvenida en mi honor, cuando me di cuenta de lo sucedido. Por mucho que escuchara los discursos de mis amigos y mirara la gente presente, no lograba interpretar lo que pasaba a mi alrededor. Me asombraba no poder entender las personas y sus relaciones, cómo había hecho antes con las aves.

La cosa empeoró ulteriormente con los colegas en el comedor de la facultad. A pesar de mis esfuerzos, no encontraba orden ni lógica a mi alrededor. Hasta las palabras empezaron a perder forma y deshacerse, cómo anillos de humo, antes que mi cerebro pudiera agarrarlas y dar un significado a la escena observada. No podía ver ningún conjunto armonioso por encima de aquellas partículas enloquecidas, ni coherencia en sus actos.

Desde entonces paso gran parte de mi tiempo en el parque.
Sentado en un banco al lado del estanque.
Observo atentamente aves y personas.
Busco en aquéllas una ayuda para volver a entender el comportamiento de éstas.

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  1. 30 octubre, 2010 a las 10:12

    ¡Qué bueno! Reconozco que al principio me creí lo del estudio…

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  2. 30 octubre, 2010 a las 14:34

    Buenas:

    Excelente!

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  3. 30 octubre, 2010 a las 14:42

    Muy buen relato.

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  4. Metalicus
    30 octubre, 2010 a las 15:19

    Me parece que la historia es buena, pero a modo de recomendación, te diré dos cosas:
    Hay que cuidar la redacción en algunas partes, de pronto el uso de las comas y de los puntos es inadecuado.
    La segunda es que, en mi opinión, deberías darla mas énfasis a la etapa en la cual se relaciona con las aves.
    Espero te sirvan mis consejos, excelente historia.

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  5. Txema M
    31 octubre, 2010 a las 1:56

    Daniele, me ha gustado mucho. Y me ha sorprendido, pues creía estar leyendo una entrada más; hasta casi el final no me he dado cuenta de que era ficción. ¡Me había interesado muchísimo lo de las relaciones familiares de las aves!

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  6. 31 octubre, 2010 a las 10:40

    Muy buen relato 🙂

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