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Un mundo feliz

18 diciembre, 2010


Autor: Aldous Huxley

Un edificio gris, achaparrado, de sólo treinta y cuatro plantas. Sobre la entrada principal se lee: “Centro de Incubación y Condicionamiento de la Central de Londres”, y, en un escudo, la divisa de Estado Mundial: “Comunidad, Identidad, Estabilidad.”
La enorme sala de la planta baja se hallaba orientada hacia el norte. Fría a pesar del verano que reinaba en el exterior y del calor tropical de la sala, una luz cruda y pálida brillaba a través de la ventana buscando ávidamente alguna figura yacente amortajada, alguna pálida forma de académica carne de gallina, sin encontrar más que el cristal, el níquel y la brillante porcelana de un laboratorio. La invernada respondía a la invernada.

Las batas de los trabajadores eran blancas, y éstos llevaban las manos embutidas en guantes de goma de un color pálido, como de cadáver. La luz era helada, muerta, fantasmal. Sólo de los amarillos tambores de los microscopios, lograba arrancar cierta calidad de vida, deslizándose a lo largo de los tubos y formando una dilatada procesión de trazos luminosos que seguían la larga perspectiva de las mesas de trabajo.

-Y ésta- dijo el director, abriendo la puerta- es la Sala de Fecundación.

Inclinados sobre sus instrumentos, trescientos fecundadores se hallaban entregados a su trabajo, cuando el director de incubación y condicionamiento entró en la sala, sumidos en un absoluto silencio, sólo interrumpido por el distraído canturreo o silbar solitario de quien se halla concentrado y abstraído en su labor. Un grupo de estudiantes recién ingresados, muy jóvenes, rubicundos e imberbes, seguía con excitación, casi abyectamente, al director pisándole los talones. Cada uno llevaba un bloc de notas, donde garrapateaban desesperadamente cada vez que el hombre decía algo. Directamente de labios de la ciencia personificada. Era un raro privilegio. El DIC de la central de Londres tenía siempre un gran interés en acompañar personalmente a los nuevos alumnos a visitar los diversos departamentos.

-Sólo para darles una idea general- les explicaba.

Porque, desde luego, alguna especie de idea general debía tener si había de llevar a cabo su tarea inteligentemente; pero no demasiado grande si habían de ser buenos y felices miembros de la sociedad, a ser posible. Porque los detalles, como todos sabemos, conducen a la virtud y la felicidad, en tanto que las generalidades son intelectualmente males necesarios. No son los filósofos sino los que se dedican a la marquetería y los coleccionistas de sellos los que constituyen la columna vertebral de la sociedad.

-Mañana-añadió, sonriéndoles con campechanía un tanto amenazadora- empezarán ustedes a trabajar en serio. Y entonces no tendrán tiempo para generalidades. Mientras tanto…

Mientras tanto, era un privilegio. Directamente de los labios de la ciencia personificada al bloc de notas. Los muchachos garrapateaban como verdaderos locos.
Alto y más bien delgado, muy erguido, el director paseó por la sala. Tenía el mentón largo y saliente, y unos dientes grandes, apenas cubiertos por unos labios gruesos. ¿Viejo? ¿joven? ¿treinta? ¿cincuenta? ¿cincuenta y cinco? Hubiese sido difícil decirlo. En todo caso la cuestión no llegaba siquiera a plantearse; en aquel año de estabilidad, el 632 después de Ford, a nadie se le hubiese ocurrido preguntarlo.

-Empezaré por el principio- dijo el director.

Y los más celosos estudiantes anotaron la intención del director en sus blocs de notas: “Empieza por el principio.”


  1. Ignacio
    18 diciembre, 2010 de 16:40

    Por lejos, lo mejor que se ha publicado en este año 2010.

  2. Rawandi
    18 diciembre, 2010 de 16:58

    Y si manipulando únicamente la “nutrición” ya puede conseguirse un “mundo feliz”, no digamos ya lo que podría lograrse metiendo mano en la “naturaleza”, o sea, mediante la ingeniería genética… 😉

  3. 18 diciembre, 2010 de 17:14

    Ignacio :
    Por lejos, lo mejor que se ha publicado en este año 2010.

    ¿Te refieres al post en sí o a “Un Mundo Feliz”? Porque la novela es de 1932 🙂 Imagino que te referirás al post en sí.

    Un clásico, muy recomendable la lectura de esta novela. Un buen regalo para estas fechas.

  4. 18 diciembre, 2010 de 23:39

    Hace 4 días termine de leerlo, hay una parte del libro donde la ciencia, la verdadera ciencia conduce a la verdad. La ciencia en el libro esta capada bien sabemos que representa un peligro para cualquier sociedad primitiva donde la verdad revelada del sistema político y/o religioso no puede ser cuestionado, la ciencia es útil siempre y cuando esté al servicio de la verdad parcial del que gobierna. La verdad, el conocimiento y la belleza que ofrece la ciencia es un bien superior que fue suprimido y sustituido por la comodidad y la felicidad.

    No me gusto mucho el final, en lo personal hubiera preferido una tercera opción.

  5. Gregorovius
    20 diciembre, 2010 de 0:02

    Ese libro fue escrito a principios de la ERA FORD.

    A partir del martes entraremos en la nueva ERA SINDE (Ley Sinde Mocracia).

    Internet será por fin una Brave New Web.

  6. Cho I.N. Riu-Tao
    20 diciembre, 2010 de 20:09

    Hmm, como me recuerda mi universidad…

  7. 21 diciembre, 2010 de 20:30

    La novela es excelente, pero la traducción es muy mala. Léanla en inglés.

  8. 25 diciembre, 2010 de 23:03

    Una única puntualización sobre la traducción:

    ¿Garrapatear? Será garabatear, ¿no?

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