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La universidad española, ¿realidad o ficción?

3 marzo, 2011


A pesar de que intenten vendernos un vagón caluroso y atestado de gente con slogans comerciales atractivos, la única satisfacción que me produce el metro es la de poderme abstraer, durante un buen rato, en una lectura que me aleja de mis quehaceres diarios. Estoy terminando en estos momentos la lectura de una obra titulada “Un momento de descanso” de Antonio Orejudo, un relato agridulce de las vivencias personales de unos personajes que conocieron los ambientes universitarios de varios países. El libro contiene mucho cinismo, ironía y píldoras de grandes verdades camufladas en unas historias supuestamente ficticias. Y digo supuestamente porque cuando llega la hora de describir el funcionamiento de la universidad española se encuentra con relatos como el que os presento, que uno ha visto tantas veces, con otros personajes esta vez de carne y hueso, que bien podrían ser ciertos:

(…)En la universidad española por el contrario la grosería aparece tal cual, sin los ropajes de la buena educación. Una novela realista, cualquier libro sobre la universidad española, aunque sea un libro de investigación como el suyo, está condenado a convertirse en una astracanada. Los que no conocen el mundillo académico pensarán además que es inverosímil. Haga la prueba. Dele usted a una persona cualquiera el acta de una reunión de departamento, y no sólo pensará que usted se ha inventado ese documento; pensará también que ha perdido la cabeza. Yo por ejemplo nunca imaginé que aquella oposición pudiera resultar polémica. No pensé que pudiera haber discusión. Se presentaban dos candidatos, un catedrático con un volumen de publicaciones impresionante, Florencio Castillejo, y un estudiante recién licenciado que no tenía nada. Nada de nada. No me explicaba cómo le habían dejado presentarse. Echamos un vistazo a los dos expedientes y nos fuimos a cenar a un refinado restaurante que pertenecía a la universidad, invitados por el presidente y el secretario del tribunal.
Raquel Medina había estado antes en otras oposiciones, y nunca se había encontrado con un ambiente tan relajado como aquel. La desigualdad entre los candidatos era tan evidente, que hacía imposible la polémica. Pero a los postres el tono de la reunión varió. Bueno, no es que variara; es que Virgilio de pronto se puso serio y les dijo que el chaval joven que se presentaba era el candidato de la casa. Lo dijo a las bravas, sin ninguna sutileza, e intentó convencerlos de que la universidad necesitaba gente que estuviera empezando y no gente consagrada. Por tanto, lo que había que valorar no era un currículum ya hecho, sino un currículum por hacer. Un currículum por hacer. (…)

¿A que os suena cercano? Pues es uno de lo relatos que Antonio Orejudo nos muestra entre el realismo y la sorna en este más que recomendable libro.


  1. Víctor
    3 marzo, 2011 de 9:32

    Muy interesante Manuel. Todos los que hemos estado o estamos en esos ambientes académicos sabemos de historias como esas o peores. Puede que te interese este artículo de Sánchez Ron que apunta, en el ámbito científico, a lo contrario.
    http://www.elpais.com/articulo/opinion/Juventud/maldito/tesoro/elpepiopi/20110219elpepiopi_10/Tes

    Un saludo.

  2. Albireo
    3 marzo, 2011 de 9:36

    Lo de la endogamia y el nepotismo de la universidad española lleva años siendo algo chocante. Chocante tanto por la desverguenza de los que practican estas actividades como por la permisividad del resto de autoridades. Lo malo es que la universidad en esto no es mas que un fiel reflejo de la sociedad en general.

  3. 3 marzo, 2011 de 9:54

    Victor, gracias por el enlace, no había leído ese artículo y me parece interesantísimo, como casi todo lo que he leído de Sánchez Ron. Pero matizaría una cosa, tal como veo que está nuestra ciencia, y nuestras universidades, quizás en este momento necesitemos de una mezcla de personas consagradas, que han pasado la mayor parte de su carrera fuera (con vicios diferentes a los de aquí), y de apuestas por los que Ron llama “nuevos Thompson”.

    Muchos de los vicios de los que habla la novela podrían acabarse copiando medidas drásticas de las grandes universidades del mundo: quien se licencie en una universidad no puede hacer la tesis en ella, y quien haga la tesis en ella no puede hacer el posdoc en la misma. Eso corta la endogamia de raíz. Claro que también exige una fuerte inversión en ayudas que permitan la movilidad de estudiantes entre distintos campus y para salir al extranjero.

  4. josemi
    3 marzo, 2011 de 10:00

    Cualquiera que haya estado un poco metido puede contar de muchas de estas historias. Hay que aceptarlo, la universidad española aunque dentro puede tener alguna gente valida es mala como organizacion.

  5. 3 marzo, 2011 de 10:04

    Albireo, sí la universidad no es la única que forma parte del esperpento nacional. Os dejo unas palabras del concejal de turismo de la Puebla de Don Fadrique (Granada):

  6. Uno
    3 marzo, 2011 de 10:32

    Muy interesante. Victor, gracias por el enlace. Sanchez Ron me dio clases en la universidad y me interesa mucho lo que opina. Yo creo que el intentar recuperar científicos “algo mayores” que ya habían emigrado tiene como efecto secundario que los jóvenes ven que hay interés por la ciencia y se queden…

  7. Víctor
    3 marzo, 2011 de 11:14

    Concuerdo en todo Manuel. Me alegra aportar algo útil a un sitio que nos aporta tanto a los demás.
    Uno: Ya que ha sido profesor tuyo, ¿alguna recomendación de alguno de sus libros?

    Un saludo.

  8. 3 marzo, 2011 de 16:11

    Lo ha clavado.

  9. Víctor
  10. Uno
    3 marzo, 2011 de 22:55

    Victor, sólo he leido “Como al león por sus garras” y “A hombros de gigantes” y los encontré muy recomendables. Sé que también ha escrito un primer volumen de la historia de la mec. cuántica del que me han hablado muy bien, pero no sé si el segundo volumen ya ha salido.

    Como curiosidad comento que la manera que tiene de expresarse oralmente es completamente diferente a la manera de escribir.

  11. 7 marzo, 2011 de 16:30

    Pues en Argentina suele pasar lo mismo. Claro es que descendemos de españoles en su mayoría. Así que es lógico que las universidades tengan una filosofía parecida. Aquí al menos nos pasa lo mismo con el dinero y la apuesta a inversiones grandes para que se formen afuera. No hay incentivos y la gente además duele tner miedo de irse o desarraigarse.
    Como dice Manuel, la endogamia en las instituciones es peligrosa. Especialmente porque los profesioanles no adquieren la experiencia de como se publica en otros sitios, como se trabaja, como incluso se incentiva el pensamiento, por ende los que nunca han salido del país tiene una visión parcializada de como “hacer” ciencia. Sim embargo se creen los dueños del lugar. Sólo por haber “sentado el culo en la silla” o cumplir a rajatabla los horarios.
    Son pensamientos bastante negros desde mi punto de vista. Porque como dice Manuel debería haber un balance entre jóven “Thompson” y gente realmente formada que puede a su vez formar a los jóvenes investigadores y audarlos a entender que habrá una etapa donde deberán deambular y absober todo lo que puedan y luego volver para formar a otros. Al menso ese es mi puento de vista.

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