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Cuando Hahnemann intentó curar la escarlatina con homeopatía

8 abril, 2011


Samuel Hahnemann es considerado el padre de la homeopatía a la vez que un personaje que levanta pasiones, tanto a favor como en contra. Su aportación pseudocientífica basada en principios místicos que nadie ha podido demostrar se ha extendido a todos los niveles, entrando incluso en algunos colegios médicos. Muchos de sus simpatizantes afirman que la crítica desde el estamento médico hacia Hahnemann y la homeopatía es algo reciente y la misma se hace desde los intereses comerciales de las grandes farmacéuticas. Se equivocan en ambas afirmaciones.

La crítica viene por la falta de efectividad de la homeopatía al estar basada en un principio que no tiene ningún rigor científico. Recurrir a los intereses comerciales es bastante cínico teniendo en cuenta que la homeopatía también mueve cantidades ingentes de dinero y compra conciencias; por ejemplo los laboratorios Boiron cotizan en bolsa desde hace años, tiene millones de euros de beneficios, subvenciona cátedras, cursos y másters e incluso pagaba el sueldo de dos de los investigadores que publicaron el famoso artículo de la memoria del agua de Benveniste, que tuvo que ser retirado por recoger resultados falsos. Los intereses comerciales de la farma-industria, que son enormes, aquí están fuera de lugar, sobre todo cuando la otra parte utiliza métodos semejantes; lo que hay que hacer es mostrar la efectividad, y ahí flojea a todas luces.

En segundo lugar la crítica a Hahnemann no es algo nuevo ni mucho menos, ya en su época era fuertemente criticado como lo demuestra el siguiente texto:

En 1800, domiciliado [Hahnemann] en Mohín, publicó su “Cuaderno de secretos benéficos”. Con este cuaderno el lector podía enterarse, por un federico de oro, de cómo prevenirse contra una afección de escarlatina y cómo curar esta enfermedad una vez declarada. El remedio era “infalible”. Hahnemann se decía dispuesto a revelar el secreto a la humanidad si se le compraban 300 ejemplares de la obra mediante pago anticipado. Como por entonces había una grave epidemia de escarlatina, Hahnemann se figuraba que se haría muy pronto con sus 300 federicos de oro. Pero la clase médica se puso unánime en contra de esta especie de caza de clientela, condenó duramente la idea deliberada de mantener en secreto un medicamento que podía ser de gran importancia y exigió la revelación de la fórmula, apelando a las normas de la ética profesional.

Hahnemann no cedió. En una declaración pública, aparecida en las columnas del “Reichanzeiger”, defendía su pretensión, alegando que sólo pedía una justa recompensa para sus trabajos de investigación y prometía enviar una dosis del medicamento secreto, “suficiente para prevenir a 1.000 personas contra una afección de escarlatina”, a cuantos le mandara un federico de oro, libre de franqueo, para la adquisición de su folleto. Muy poco después, siquiera fuese para salvar su honor, Hahnemann reveló gratis la fórmula de su remedio. Este consistía en belladona (jugo de estramonio), en la dosis mínima de 1/24.000.000 de granos. Se probó la fórmula y resultó absolutamente ineficaz.

Sin embargo, Hahnemann se mantivo firme en la idea de que su medicamento era “infalible”, que curaba toda especie de escarlatina y que los médicos lo habían empleado erróneamente, tratando con él no la escarlatina sino la laringitis o calentura miliar. Los médicos sabían distinguir perfectamente la escarlatina de la faringitis o calentura miliar. Le dejaron que se enfureciera y gritara, pues ya estaban acostumbrados a la clase de hombre que era Hahnemann, de suerte no se dieron por enterados.

¿Pero qué había ocurrido en realidad? ¿Cómo se le había ocurrido a Hahnemann la belladona como medicamento adecuado para la escarlatina, y por qué se mantenía firme e impasible en su idea, a pesar de haberse hecho patente su ineficacia?

La escarlatina es una enfermedad entre cuyos síntomas figuran una erupción cutánea, fiebre e inflamación dolorosa de las amígdalas. El jugo de estramonio produce síntomas parecidos, a saber: eritema, aceleración del pulso y sequedad en la garganta. El eritema no es erupción cutánea, la aceleración del pulso no es tampoco fiebre, así como la sequedad de garganta no es una angina, pero en todo caso se daba entre tales síntomas la semejanza teóricamente requerida. Por eso, en uso del principio de semenjanza, la belladona tenía que prevenir, en pequeñas dosis, la aparición de la escarlatina. Hahnemann estaba tan absolutamente convencido de la exactitud de su principio que había proclamado la “infalibilidad” de su medicamento ante de haberlo ensayado de antemano.

Hahnemann desoyó a la pérfida realidad, que se negaba a confirmar su teoría, y se refugió en un mundo quimérico, donde sus principios gozaban de validez ilimitada. Como la ciencia no reconocía sus méritos, se creyó incomprendido y rodeado de enemigos.

Fragmento del libro “El laberinto de la medicina” de H.S. Glasscheib citado en el más que recomendable “La homeopatía, ¡vaya timo!” de V.J. Sanz (ed. Laetoli)

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Entradas relacionadas:


  1. 8 abril, 2011 en 8:04

  2. Selfish
    8 abril, 2011 en 8:13

    Jajaja, que bueno, cervezas homeopáticas!!!

  3. 8 abril, 2011 en 8:29

    ¡Muy bueno, no tenía ni idea de cómo se las gastaba el padre de la homeopatía! Lo que esto demuestra, una vez más, es que no hay nada nuevo bajo el Sol…

  4. Mirabilis
    8 abril, 2011 en 10:21

    Belladona y estramonio son plantas diferentes.

  5. 8 abril, 2011 en 10:26

    Belladona y estramonio son plantas diferentes

    Seguro que falló por eso 😀 😀

  6. mr_cenutrio
    8 abril, 2011 en 11:41

    Pues la pulsera esa que tiene un iman dentro (no digo el nombre por no hacer publicidad) esta demostrado que si funciona, hay datos irrefutables que demuestran su funcionamiento: Al que las comercializa se le quitaron todos los dolores y se encuentra muy bien, sobre todo cada vez que mira el saldo se su cuenta bancaria, asi que por lo menos en un caso esta demostrado que funciona

  7. Marino
    8 abril, 2011 en 12:29

    cenutrio, te olvidaste de su otro uso infalible, es implacable a la hora de detectar crédulos y gente apta para ser timada

  8. Jose Manuel
    8 abril, 2011 en 13:24

    Simplemente genial la entrada, Manuel. Una vez más, gracias.

    El vídeo es estupendo y divertido. Lo conocía ya, pero no me canso de verlo y de reírme con él. Se ve que “a mí me funciona” para combatir la indignación y el mal humor que me entra con las pseudomedicinas y pseudociencias. 😀

  9. Darío
    8 abril, 2011 en 13:44

    Vaya: desde el principio el fraude va asociado a la idea descabellada de los chochitos 😛

    Buena entrada.

  10. Isimac
    8 abril, 2011 en 15:22

    Os informo que Facebook ha bloquedado el enlace a ésta página.
    Me sale éste mensaje de error.

    “Este mensaje incluye contenido bloqueado que anteriormente se denunció como ofensivo o correo no deseado. Ponte en contacto con nosotros si crees que se trata de un error.”

  11. 8 abril, 2011 en 16:35

    Isimac, yo puedo acceder sin problemas.

  12. 8 abril, 2011 en 18:30

    Buena entrada… “El laberinto de la medicina”, aprovecho para apuntarme ese libro.

    Saludoss.

  13. Gregorovius
    8 abril, 2011 en 23:10

    Es como el origen de la CocaCola, pero en un estilo alemán, más sesudo. Pero la CocaCola se sigue vendiendo aunque nadie afirme ya que tenga poderes curativos.

    Sería un mal menor si la homeopatía se vendiese en los bares, en vez de en las parafarmacias e incluso en auténticas farmacias (como al principio la CocaCola, si no recuerdo mal).

    Muy interesante

  14. 9 abril, 2011 en 0:43

    @Gregorovius:

    Ya se hace. ¿No has pedido nunca un vaso de agua en un bar? :p

  15. 9 abril, 2011 en 8:24

    Javi :
    @Gregorovius:
    Ya se hace. ¿No has pedido nunca un vaso de agua en un bar? :p

    DIOS!!!!!!! CON LA DE MIERDA QUE HAY EN LOS BARES!!!! Si la dilución aumenta la potencia seguro que moriremos pronto. Fue un placer leer LCYD.

  16. 22 octubre, 2011 en 16:00

    Está bien que se les pida a quienes práctican la homeopatía las mismas responsabilidades que a los médicos: http://www.elmundo.es/elmundo/2011/10/22/internacional/1319284733.html

  17. gatameiga
    22 octubre, 2011 en 18:16

    Manuel :
    Está bien que se les pida a quienes práctican la homeopatía las mismas responsabilidades que a los médicos: http://www.elmundo.es/elmundo/2011/10/22/internacional/1319284733.html

    Y después que me venga el progre de turno a decir que la homeopatía no mata. Por si misma, evidentemente no, no tiene nada, pero por abandono y negligencia, sí lo hace. Llamadme monstruo, pero no me siento nada apenada cuando quien muere por practicar esas terapias sin validez demostrada es un adulto, realmente me importa nada, viva la selección natural, los que no sean aptos (Carentes de inteligencia) que no sobrevivan, cada cual es responsable de si mismo. Pero si quien lo sufre es un niño, que ha tenido la desgracia de caer en manos de unos padres irresponsables, se me rompen los ánimos. Se supone que, más allá de cualquier creencia y ideología, los padres se desviven por el bienestar de sus hijos, y que si una cosa no funciona y ves a tu hijo agonizar, acabes probando cualquier otra por desesperación (Y eso a menudo ocurre de manera contraria, al no tener la medicina respuesta a todo, padres desesperados acaban en las garras de cualquier desalmado que se llama a si mismo médico, dispuesto a aprovecharse de la desesperación por dinero y vendiendo agua embotellada).
    Así que no puedo creer como hay gente que permite que sus hijos mueran de ese modo.
    ¿Qué clase de desprecio es ese a la vida, a toda persona que ha dedicado todo su tiempo a investigar para mejorar la calidad de vida de otros, a la ciencia misma y a la razón?
    Nunca encuentro palabras suficientes para definir cuanto me horrorizan esas prácticas; deberían estar perseguidas y no tener que llegar a esos extremos para que alguien intervenga y sean llevados ante la justicia, con la salud no se juega.

  18. Rhay
    22 octubre, 2011 en 19:06

    Siento muchísimo la muerte de este niño, pero si os digo la verdad, esto es lo que hacía falta que ocurriera para que la Justicia comenzara a actuar contra esta panda.

    Desde hoy, Alberto Santacatterina forma parte de mi altar particular de santos varones.

    Por cierto, lo he colgado en el hilo del DNA cuántico, pero aquí también viene al pelo. Me acabo de enterar de que Steve Jobs sólo se arrepintió de una cosa antes de morir: de haber rechazado el tratamiento médico. Otro paso más que nos da la razón de por qué esta práctica pseudocientífica debería ser tan ilegal como el tráfico de heroína.

  19. Miolo
    6 noviembre, 2011 en 23:20

    “La homeopatía entra en las consultas de Primaria”
    http://www.elcomercio.es/v/20111106/asturias/homeopatia-entra-consultas-primaria-20111106.html

    ¿La ley permite a los médicos recetar placebos? Pues sí que estamos bien 😦

  20. hobr
    19 diciembre, 2011 en 16:43

    Que buen chiste, el texto extraído del libro dirigido por la ARP (vaya timo!) no solo saca citas que le convienen. Si bien es cierto que ya para la época de Hahnemann había médicos que decían que la homeopatía no funcionaba, su crítica era del típico teórico de sillón. Es una vergüenza que se saquen citas no directamente del archivo histórico, sino de un libro (que se forra de pasta por mala calidad), Sanz es médico y no tiene ni el mas mínimo rigor metodológico. La academia de ciencias históricas podría calificar su libro de basura pseudo histórica. No digo que la homeopatía funcione o no, simplemente que la editorial Laeotili es pseudociencia pura y linda.
    Lamentablemente este sitio apoya a varios pseudo científicos como Richard Dawkins. No me sorprende la argumentación ad-hominem.

  21. 19 diciembre, 2011 en 17:07

    Hobr, me sorprende mucho que acabes tu discurso diciendo No me sorprende la argumentación ad-hominem, y me sorprende porque tú lo único que has hecho es un ataque ad hominem contra Sanz en lugar de argumentar contra la tesis de que Hahnemann intentara curar la escarlatina con homeopatía y fracasó estrepitosamente. Pero claro, refutar eso es más complicado que soltar bilis contra Laeotili y Sanz, el cual se ha limitado a tomar un fragmento del tratado “El laberinto de la medicina” de H.S. Glasscheib. Supongo que a partir de ahora Glasscheib tampoco te caerá bien 😉

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