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“la duda es bella” o mis dos días en el North East Conference on Science and Skepticism 2011

17 abril, 2011

NECSS

Hoy contamos con la colaboración de Luis Quevedo, productor, director y guionista de una iniciativa llamada “En Busca del Primer Europeo”, a quien ya tuvimos oportunidad de entrevistar en esta casa hace unos meses. Luis se encuentra actualmente viviendo con su mujer Marian (neurocientífica) en Nueva York, concretamente en Manhattan. Por ello, ha tenido la gran oportunidad de asistir a la North East Conference on Science and Skepticism 2011, una serie de conferencias sobre ciencia y escepticismo impartidas por grandes divulgadores o científicos. Os dejo pues, con la experiencia y las impresiones de Luis en este congreso.

Autor: Luis Quevedo.

En contra de la previsión meteorológica, este domingo en Nueva York ha sido particularmente luminoso. Puede que siga haciendo un frío de pelotas y que no haya salido el Sol pero lo que es iluminarnos, nos hemos iluminado un montón¹. Imagínate lo que ilumina estar dos días sentado ante He that getteth wisdom loveth own soul. He that keepeth understanding shall end good… Eso está grabado sobre el telón que hace de fondo a la sala de actos del Baruch College de Nueva York, donde la Conferencia del Noreste sobre Ciencia y Escepticismo -North East Conference on Science and Skepticism- ha tenido lugar este fin de semana.

¿Por qué tanto lío y tanto acento barroco para empezar un post? Pues porque creo que refleja bien el tema principal de estos días. No tanto el objetivo -pensar más claramente- con el proceso -el tedioso repasar, cada fragmento de cada argumento y contra-argumento, cada punto de vista, motivación o aparente falta de ella… ¡Metacognición al poder!
Ser un escéptico no es fácil, ni relajado. Eso sí, compensa sobradamente. O, como decía Voltaire, “la duda no es cómoda, pero la certidumbre es absurda”. Así que, con el susto en el cuerpo, no vaya a resultar que somos absurdos, nos hemos juntado 400 dubitativos Homo sapiens manhattensis -una fracción pequeña pero no por ello menos significativa- en el Baruch College for the Arts, donde se encuentran la calle 23 y Lexington Avenue, para aprender a dudar más y mejor.

El cartel, de lujo: Carl Zimmer, John Allen Paulos, Dan Gardner, John Rennie, Michael Plaitt… Las charlas fueron geniales, las mesas redondas, como suele suceder, no tanto. El sábado mejor que el domingo. El resultado final: un notable. (Que no está nada mal teniendo en cuenta que es la primera vez que organizan algo de dos días y en lo que incluyen diversas actuaciones artísticas.


A nivel personal, disfruté enormemente, no solo las charlas, sino todavía más la oportunidad de charlar con algunos de los ponentes.

Con Carl Zimmer hablé sobre América y el problema de la educación científica de la población, sobre la paradoja de que sean extranjeros la mayoría de los que vienen a hacer investigación porque a los locales no les resulta atractiva – ¿a alguien le suena la historia de la falta de vocaciones? Carl habló de su nuevo libro A planet of viruses que se acaba de editar en EEUU y me comentó que, acabando de preparar la edición del volumen sobre tatuajes científicos y escribiendo en el Times y Discover y revisando libros de texto… pues que no le da para más. En resumen, que no conseguí convencerlo para hacer algo audiovisual -lo pienso seguir intentando.

Dan Gardner habló sobre su nuevo libro Future Babble en el que analiza y echa por tierra los logros de supuestos futurólogos -hacerlo con los del tipo Rappel sería fácil, él se dedica a políticos y economistas de carrera. Tuve que admitir que todavía no había podido leerlo, de modo que hablamos más sobre su anterior -y EXCELENTE- libro The politics of Fear. Me contó que lo que le llevó al pensamiento crítico fue la conjunción de dos eventos.
Durante años se ha dedicado a cubrir la política de su Canadá natal, cada vez encontraba más difícil encajar opiniones, datos y pronunciamientos que el político de turno rociaba sobre su cabeza y la de todos los periodistas presentes en rueda de prensa… pero tan solo podía, llegado su turno de preguntas, decir lo de “¿qué evidencia soporta lo que nos está comunicando?” la mayoría de las veces con resultados que oscilaban entre el “no he entendido la pregunta” y el “no tengo tiempo para estas cosas, llame a la oficina y haga una petición oficial”.
La segunda pieza del mecanismo que lo llevaría a escribir The politics of fear fue que, durante una conferencia en las Islas Canarias sobre los esfuerzos internacionales por descubrir y seguir a posibles asteroides que hicieran peligrar la Tierra, escuchó hablar a Paul Slovic, profesor de Psicología de la Universidad de Oregon. Slovic, seguramente el único participante no astrónomo de la conferencia, se subió al estrado y les dijo a los asistentes que no iban a conseguir el dinero que siempre pedían y nunca llegaba. Que no importa si el riesgo potencial es tal o cual, lo que importa es cómo ese riesgo es percibido, por quién, y con qué lo compara. Una hora de psicología que deprimiría a más de uno en la audiencia… salvo a Dan. Él acababa de dar con la solución a su problema político: del mismo modo que el público no era capaz de evaluar correctamente el riesgo del impacto de un asteroide en la Tierra, tampoco podían entender el significado de las estadísticas que decoraban los programas políticos… y si no entiendes algo, tampoco te das cuenta de si ese algo carece por completo de sentido.
Y un gran libro nació. Lo recomiendo, mucho.

Hablé con John Allen Paulos. Algo que, para mí, fue como hablar con un personaje de ficción. ¿Os imagináis tomar un café con Raskolnikov y poder preguntarle por qué mató a la vieja, qué lo llevó realmente a hacerlo? En este caso no era Raskolnikov sino una mezcla de éste y Dostoievski, disculpadme la chapuza metafórica. El caso es que ahí estaba, tomando un café y preguntándole al gran John Allen Paulos que por qué había escrito su libro sobre ateísmo o qué lo llevó a, sin dejar su labor en la universidad, escribir divulgación.
La respuesta de Paulos fue genial, dice, “pues estaba en una fiesta con amigos. La mayoría eran de letras, ¿sabes? Abogados, empresarios y tal y estábamos todos viendo las noticias -te puedes hacer una idea de lo divertida que estaba resultando la velada- y, de repente, en la previsión del tiempo el tipo va y dice ‘hay un 50% de probabilidad de lluvia para el sábado … y para el domingo también tenemos un 50% de probabilidad de lluvia… así que, ya saben, 50 y 50, 100% de probabilidad de lluvia este fin de semana, no olviden el paraguas’” Mientras me lo cuenta no deja de balancearse en su silla y de gesticular con sus manos de un modo muy poco anglosajón que le da un aire familiar, cercano, desinhibido “y ¿te puedes creer que todo el mundo se lo tragó? Sin más, nadie movió una ceja. ¡No se habían dado cuenta porque no sabían que lo que acababan de oír no tenía ningún sentido!
Y un gran divulgador nació. No le hace falta que lo recomiende… precisamente, cuando nos sentábamos a charlar, me comentaba que tenía un montón de hits en su web desde España, al parecer, porque El País había publicado una reseña sobre su último libro².

Y, como dicen aquí, last but not least, John Rennie. ¡Toda una experiencia! Me explicaré. Al principio no sabía muy bien cómo plantear la entrevista porque ya hace unos años que dejó de ser el Editor Jefe de Scientific American y ahora es profesor en el Science, Health and Environmental Reporting Master de la New York University. Además, él condujo una mesa redonda (por cierto que el hombre anda sobrado de dotes de showmanship, un excelente comunicador y animador), no dio una charla, propiamente. Pues, de la misma manera que un día me puse, aburrido y descorazonado, a ver la enésima copia de los Simpsons porque no sabía qué hacer y acabé descubriendo la épica, inabarcable, inefable, prodigiosa y adictiva Family Guy… una tarde de sábado cualquiera descubrí a una de las mentes más brillantes de la divulgación. El tipo es, simplemente, genial. Porque no creo ser capaz de estar a la altura del personaje, prefiero dejaros con un link a su blog en PLoS One.
Y más, mucho más: George Hrab nos regaló los oídos con chistes y actuaciones musicales, Phil Plait, de Bad Astronomy, dio una charla plenaria sobre su experiencia -logros y fracasos- como escéptico y divulgador y, cómo no, cuando se juntan 400 escépticos, seguro que conoces gente interesante!

La lista completa de speakers la tenéis aquí.

No cuento más, mejor es verlo con vuestros propios ojos: Phil Plait y George Hrab, trobadores escépticos neoyorquinos!

Death From the Skies from NECSS on Vimeo.

George Hrab and Phil Plait performing a live version of “Death From the Skies” at NECSS 2011 in New York City, April 10, 2011.

1. Si seguimos el hilo etimológico y recordamos que iluminar, destapar o descubrir -ver donde antes no se podía- son las raíces de aletheia, la verdad en el griego antiguo que usaron Platón o Aristóteles… pues bien, ha habido mucho de eso en Manhattan estos dos días. http://es.wikipedia.org/wiki/Al%C3%A9theia

2. Cuando lo comprobé, me di cuenta de que se trataba de un magnífico artículo de Bernardo Marín sobre la cultura matemática española, en el que citaba El hombre anumérico, titulado El ‘anumerismo’ también es incultura.

Fuente: Probeta en Nueva York.


  1. AvA
    18 abril, 2011 en 15:12

    Muy interesante. Gracias. 😉

    ¿Se hacen este tipo de conferencias en España habitualmente?

  2. Jose Manuel
    18 abril, 2011 en 17:27

    ¡¡Magnífico Post!!

    Gracias a Gonn y a Luis Quevedo por compartirlo aquí, con nosotros y nosotras, muertos de envidia por la experiencia que NO hemos vivido 😦 , pero al menos la hemos conocido por vosotros dos 🙂 .

  3. 18 abril, 2011 en 18:25

    Gracias a Luis, que es quien se lo ha currado… 😉
    Ava, en España lo que yo conozco, a otro nivel, son las charlas y reuniones de Escépticos en el Pub. Yo de momento sólo he ido una vez, pero estuvo genial. Te paso el enlace: http://www.escepticos.es/?q=node/232
    Saludos!

  4. Felipe Aizpún
    18 abril, 2011 en 21:35

    Pero en qué quedamos…
    ¿No habíamos aplaudido a Carbonell hace unos días en este blog por desahogarse diciendo que hay mucho escepticismo porque hay mucho imbécil y mucho ignorante?
    A ver si me voy enterando: deduzco que ser escéptico es una actitud científica muy sensata siempre que no se sea escéptico del evolucionismo neo-darwinista, el cuál debe de ser tenido como un dogma frente al que no cabe la discrepancia ni la duda.
    ¿voy bien así?

  5. Darío
    18 abril, 2011 en 22:16

    Felipe Aizpún :
    ¿voy bien así?

    Ni en tus más dulces sueños, niño.

  6. Uri
    18 abril, 2011 en 22:39

    Una cosa es ser esceptico y otra muy diferente es ser negacionista.

  7. 19 abril, 2011 en 0:12

    Hola Felipe,
    Carbonell decía esto acerca del escepticismo sobre la ciencia en general. Fue su respuesta a esta pregunta:
    -Su conferencia trata el tema de la evolución humana. ¿Por qué el escepticismo frente a la ciencia es cada vez mayor en este asunto?

    Se puede ser escéptico de lo que te venga en gana. Eso no te hace más o menos imbécil si no aplicas ese escepticismo con criterio. ¿Que eres escéptico de que el cielo es azul? Pues nada, mira a ver si se te ocurre algún experimento que demuestre lo contrario.

    Y por último, ser escéptico del evolucionismo o de cualquier teoría científica es muy sano. Eso sigue sin darle la más mínima oportunidad al diseño inteligente, que precisa de sus propias pruebas para erigirse con un cuerpo de evidencias que la permitan denominarse, al menos, teoría.
    Saludos.

  8. Felipe Aizpún
    19 abril, 2011 en 6:59

    Uri,
    se es negacionista cuando se ecuestionan HECHOS. Se es esceptico cuando se cuestionan TEORiAS. Se puede ser esceptico frente a la teoría del big-bang, la inflación cósmica, la teoría de cuerdas, y también frente a la teoría neo-darwinista de la evolución. Eso no es negacionismo. negacionismo por ejemplo sería rechazar que el registro fosil es inequívocamente saltacionista.

  9. Felipe Aizpún
    19 abril, 2011 en 7:03

    Gonn
    Lo mismo te digo. No se puede ser esceptico sobre si el cielo es azul. Eso es negacionismo no escepticismo. Me alegro de leer que ser esceptico frente al evolucionismo (darwinista, puntualizo)es muy sano. Estoy de acuerdo, es sanísimo!! Sobre todo para la mente.
    Por supuesto el DI no se sustenta en la inconsistencia del darwinismo sino en la realidad de la complejidad y organización funcional de los organismos vivos. Es un argumento positivo no una conclusión por exclusión.

  10. 19 abril, 2011 en 10:35

    Felipe, ser escéptico con respecto a cualquier teoría científica no es que sea sano, es que es imprescindible para el funcionamiento de la propia ciencia.

    Pero no te congratules: ser escéptico no consiste en abrazar ideas peregrinas sobre seres mágicos y todopodeorosos que diseñan inteligentemente a los organismos vivos, eso no es escepticismo, son cuentos de hadas 😉

  11. 19 abril, 2011 en 12:10

    Buenas,
    Felipe, no te equivoques, negar que el cielo es azul es una cosa y ser escéptico al respecto es otra. Imagina donde estaríamos si Copérnico y Galileo no hubieran sido escépticos ante el aparente HECHO de que el Sol gira alrededor de la Tierra…
    Por ello, digo que el escepticismo debe ir acompañado de una buena dosis de criterio. No se puede, bueno, no se debe ser escéptico acerca de un tema del cual se es totalmente ignorante. El conocimiento te permite establecer un criterio que no te lleve, ni a dudar de todo, escepticismo absoluto ligado a ignorancia, ni a dudar de nada, credulidad absoluta ligada a ignorancia.
    El ejemplo sobre el azul del cielo es una reducción al absurdo, pero no deja de ejemplificar lo que quiero decir, que es que sin criterio, el escepticismo pierde todo sentido.
    Luego dices:

    Por supuesto el DI no se sustenta en la inconsistencia del darwinismo sino en la realidad de la complejidad y organización funcional de los organismos vivos.

    No, el DI no puede sustentarse en un hecho tan general. Igualmente, podríamos afirmar que la complejidad del Sol no puede ser explicada por los mecanismos que explica la física, o la formación de una piedra o la de un cometa. Todo cabe, si nos ponemos. Lo que precisa el DI son pruebas al respecto. Acepto que la complejidad de los seres vivos es la que te permite, por analogía con la complejidad de lo que crea el ser humano, establecer la pregunta: ¿hay un diseño? Bien, hasta ahí vale. Pero cuando luego vamos a las evidencias nos tenemos que comer con patatas nuestra idea y buscar otra.

    Saludos!

  12. AvA
    19 abril, 2011 en 16:27

    Gonn :
    Gracias a Luis, que es quien se lo ha currado…
    Ava, en España lo que yo conozco, a otro nivel, son las charlas y reuniones de Escépticos en el Pub. Yo de momento sólo he ido una vez, pero estuvo genial. Te paso el enlace: http://www.escepticos.es/?q=node/232
    Saludos!

    Gracias por la info. 🙂

  13. 21 abril, 2011 en 19:34

    AvA :

    Muy interesante. Gracias. ;)

    ¿Se hacen este tipo de conferencias en España habitualmente?

    Hay una serie de cursos muy buenos en la Universidad de La Laguna, bajo el título de “Ciencia y Pseudociencia”. El enlace es: http://www.cienciaypseudociencias.es/

    Saludos

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