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El diseñador poco inteligente VIII: Historias para no morder

4 mayo, 2011

Prácticamente todos los vertebrados presentan dientes en sus mandíbulas, los cuales tienen una función principal relacionada con la alimentación, sea para masticación, para sujección de las presas, o una combinación de ambas.

Los dientes y las mandíbulas articuladas que permiten la masticación constituyen un avance adaptativo importante, al permitir desmenuzar los alimentos, facilitando la digestión. Esta adaptación tiene su mayor expresión en los mamíferos, donde los dientes presenta una gran diferenciación en diversos tipos dependiendo de su ubicación en la mandíbula, lo que se conoce como dentición heterodonta. Fundamentalmente aparecen dos series de dientes: los anteriores, especializados en cortar y rasgar (incisivos y caninos) y los posteriores, especializados en masticar (premolares y molares).

No obstante, la fórmula dentaria (número y tipo de dientes) varía mucho entre las distintas especies, así como la conformación de la corona. Esto, unido al hecho de que estas piezas son las que mejor fosilizan, confiera a los dientes un enorme  valor en antropología y paleontología.

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El tejido más duro del curerpo

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Morfológicamente, el diente de los mamíferos está formado por la corona, que es la parte visible, la raíz, incrustada en la mandíbula y con función de anclaje, y el cuello o zona cervical, que representa la unión entra las dos regiones anteriores. La raíz se inserta y se fija  en los alvéolos dentarios, una serie de oquedades situadas en los huesos maxilares.

Histológicamente el diente está formado por cuatro partes conocidas como esmalte, dentina, cemento y pulpa. El esmalte recubre la corona o parte libre del diente y está formado por cristalización de sales de calcio en forma de hidroxiapatita, constituyendo el tejido más duro del cuerpo. La dentina, situada por debajo del esmalte y penetrando en la raíz, se encuentra menos mineralizada y proporciona elasticidad al diente. El cemento esta formado por tejido conectivo que recubre la dentina en la región de la raíz y contribuye a fijar ésta al hueso. Por último, la pulpa de origen mesodérmico es el tejido más blando del diente, recorrido por vasos sanguíneos y nervios que proporcionan la irrigación e inervación al mismo. En la pulpa se encuentran los odontoblastos, células formadoras de la dentina.

Micropreparación histológica mostrando un primordio dental: A: órgano del esmalte B: papila dental C: folículo dentario (Wikimedia Commons)

Primordio dental: A: órgano del esmalte B: papila dental C: folículo dentario (Wikimedia Commons)

El desarrollo embrionario de los dientes tiene lugar a partir del ectodermo y el ectomesénquima, formándo un agregado de células en los esbozos de los alvéolos dentarios, que se comienzan a apreciar en el ser humano a partir del segundo mes de desarrollo. Estos gérmenes dentarios estimulan la formación de los alvéolos para dar lugar poco después el primordio dentario, en el que pueden distinguirse tres zonas: el órgano del esmalte, la papila dentaria (que originará la dentina y la pulpa) y el folículo dentario (que formará el cemento del diente).

En todos los mamíferos, tanto la morfología como la estructura histológica y el desarrollo de la dentadura son similares, variando únicamente su fórmula dentaria. Algo lógico, si pensamos que tienen un origen evolutivo común.

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Un origen compartido

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Las caracterísiticas de los dientes de los mamíferos provienen del propio origen filogenético de éstos: los reptiles terápsidos que poblaron la Tierra durante el Paleozoico y el Mesozoico. Además de la heterodoncia, la sustitución de los «dientes de leche» o deciduos por una segunda dentición permanente, también parece proceder de nuestros antepasados reptilianos, modificando la sustitución contínua de dientes a lo largo de toda la vida, como mantienen acutalmente los tiburones.

Mamífero hipotético ancestral (Le Gros Clark, 1971)

Mamífero hipotético ancestral (Le Gros Clark, 1971)

Los paleontólogos han deducido el modelo de mamífero ancestral, que habría tenido una fórmula dentaria de 44 dientes diferenciados en tres incisivos, un canino, cuatro premolares y tres molares en cada hemimandíbula.

En los primates, unicamente algunos lemures fósiles han conservado los cuatro premolares. Prosimios y primates americanos han perdido uno de ellos, mientras que los hominoideos conservan solo dos. Estas pérdidas han sido debidas al acortamiento de la mandíbula y el estrechamente relacionado cambio en los hábitos alimenticios. Los homínidos han modificado también la serie anterior cortadora, típica de carnívoros y presente únicamente en los autralopitecinos más antiguos. En el hombre, los caninos se han convertido en unos incisivos más, a pesar de mantener una ligera diferencia en longitud, testimonio de los «colmillos» de nuestros antepasados. Estructuras intermedias se encuentran en los homínidos fósiles en torno a los 3 millones de años.

Dentición de chimpancé, Australopithecus afarensis y Homo sapiens (Klein, 1999)

Dentición de chimpancé, Australopithecus afarensis y Homo sapiens (Klein, 1999)

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Llevando al extremo la importancia de esta evolución dentaria, algunos autores opinan que estos cambios alimenticios pudieron contribuir de forma importante al aumento de la capacidad craneal por las alteraciones anatómicas relacionadas con el acortamiento de la mandíbula. No hay que olvidar que el tamaño y robustez de la mandíbula condiciona la estructura de toda la cabeza: en las especies de primates con gran poder masticatorio como el gorila, el gran volumen de los músculos implicados producen marcadas crestas sagitales para la inserción del músculo temporal, así como amplios arcos zigomáticos y ramas mandibulares para los maseteros.

Sin embargo, muy posiblemente la evolución de la capacidad craneana supuso un proceso mucho más complejo, con diferentes factores implicados además de la dieta alimenticia.

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La chapuza de los dientes que no caben en la mandíbula

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En cualquier caso, la dentadura humana supone el resultado de una modificación evolutiva a lo largo de millones de años, donde el cambio de hábitats y hábitos ha producido un acortamiento gradual de la mandíbula y, por lo tanto un espacio menor para los dientes. Esto justifica que en la actualidad tengamos 32 piezas dentales, frente a las 44 del mamífero ancestral. Además, los cambios en la dieta también han producido una modificación en la estructura y función de las piezas dentales, a pesar de que podamos reconocer la misma fórmula en nuestros parientes más cercanos: los primates.

Sin embargo, la evolución en un proceso contínuo, y en realidad los organismos actuales -incluyendo el ser humano- no somos «especies acabadas» sino meras formas intermedias entre nuestros ancestros y nuestros descendientes.

Y eso ocurre también con nuestras mandíbulas y nuestros dientes. A pesar de haber acortado la mandíbula, seguimos presentando el mismo número de dientes que los chimpancés y otros primates: 32. El problema es que no nos caben. La evolución anatómica de la mandíbula no ha ido pareja con la de la fórmula dentaria, y nuestros terceros molares no tienen espacio literal para desarrollarse con normalidad.

Estos terceros molares, situados al final de la línea dentaria, son denominados popularmente «muelas del juicio» por su tardía emergencia, dado que suelen salir en torno a los 17-25 años. Incluso, cerca del 10% de los seres humanos (con marcadísimas diferencias regionales) no desarrollan nunca muelas del juicio. Lamentablemente, en el resto suelen producir serios problemas debidos a la mencionada carencia de espacio: desplazamiento de otros dientes, orientación anormal, etc., que muchas veces precisan de intervención quirúrgica.

Estos molares son en realidad órganos vestigiales de épocas en las que las mandíbulas de nuestros antepasados presentaban una mayor longitud. Éstas, con el suficiente espacio para alojar cómodamente a los 32 dientes, permitían una mejor masticación del follaje, facilitando la digestión en una dieta fundamentalmente vegetal. Los posteriores cambios alimenticios acortaron la mandíbula, pero aún nos encontramos en pleno proceso de perdida del último molar, con todas las desagradables consecuencias de este poco coordinado desarrollo evolutivo.

Pelín sádico el «diseñador inteligente»

Pelín sádico el «diseñador inteligente»

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  • Érase una vez… (2) los Proboscídeos. Elefantes y Mastodontes: (I), (II)(III)

  1. Albireo
    4 mayo, 2011 en 8:37

    Otro aspecto también “mal diseñado” es la baja resistencia del esmalte y la dentina al ataque de las caries. Debido a esta deficiencia surge la figura del dentista, ser abominable y abyecto que terminará con toda la especie a base de minutas excesivas.

  2. 4 mayo, 2011 en 8:40

    ¡Muy interesante, una muestra más de lo chapuzas que son algunos…! Una cosa que no me queda clara: Dices que estamos en pleno proceso de pérdida de las muelas del juicio. Si las mutaciones son aleatorias y permanecen si son útiles (o si no son claramente perjudiciales, en menor medida), ¿qué mecanismo hará que se impongan los genes de los individuos con menos muelas? Es decir, ¿no tendría que haber un mecanismo de selección que impidiera a los que tenemos muelas del juicio reproducirnos? ¿Deberíamos eliminar entonces a los dentistas? ¿O estoy pasando algo obvio por alto?

  3. lolinhas
    4 mayo, 2011 en 10:59

    ¡Qué puñetera es la naturaleza!. Si los humanos hemos ido dejando por el camino partes de nuestra anatomía que con la evolución se habían quedado obsoletas, ¿Qué pasa con las muelas del juicio”?.
    Ya he caido!. “El Diseñador Inteligente” era dentista.
    Ateos, unámonos todos contra esos seres malvados.

  4. Jose Manuel
    4 mayo, 2011 en 11:24

    Que noooo! Que no sus enterais!

    El fallo no es del programa que el Super Diseńador Supranatural Chachi de la muerte ha insertado en los cromosomas pa que se vaya desarrollando a lo largo de miles de millones de ańos (es que este Super Diseńador tiene mucha visión de futuro. Futuro que tambien ha prediseńado el con sus manitas y su cerebro sobrenaturales). Todos los aparentes problemas de diseńo son fallos de funcionamiento del programa geneticamente insertado en la materia de los que hemos resultado ser seres vivos a su debido tiempo, debidos a virus informaticos que ha introducido el cabroncete de Lucifer, que es un hacker que propicia el software libre en vez del del monopolio oficial de “Microgod’s”.

    Los dentistas son enviados suyos para incitarnos a la rebelión contra el Diseńador Chachi asfixiandonos con enormes facturas en dentistas y en analgesicos (fabricados por otros secuaces de Lucifer por medio de las multinacionales farmaceuticas).

    Y, en otro tono: Estupendo articulo, J.M. Sois unos cracks todo el equipo de este peazo Blog fistro pecadooorlll.

  5. Jose Manuel
    4 mayo, 2011 en 11:26

    Joer, que me han cambiao el avatar y me mandan a moderación. Estoy castigao por hablar mal de “Microgod’s”.

  6. Jose Manuel
    4 mayo, 2011 en 11:28

    Ah! Ya he visto que ha pasao.

    J.M.: cuando veas mi otro comentario, pendiente de moderación, me haras el favor de publicarlo? Es mio, pero me comi una letra en la dirección de correo electronico y por eso me han cambiado el careto y me han enviado a moderación.

    Perdon por la tropeza y las molestias. 🙂

  7. 4 mayo, 2011 en 12:24

    Miguel Santander :

    Si las mutaciones son aleatorias y permanecen si son útiles (o si no son claramente perjudiciales, en menor medida), ¿qué mecanismo hará que se impongan los genes de los individuos con menos muelas? Es decir, ¿no tendría que haber un mecanismo de selección que impidiera a los que tenemos muelas del juicio reproducirnos? ¿Deberíamos eliminar entonces a los dentistas? ¿O estoy pasando algo obvio por alto?

    Efectivamente, para que las muelas del juicio desaparecieran sería necesario que aquellas mutaciones que produzcan la falta de las mismas otorguen una mayor probabilidad reproductora a sus portadores. En principio, esto es así con nuestros terceros molares, dado que su presencia produce alteraciones en el resto de la dentadura y en la boca, pudiendo originar desde infecciones a problemas de masticación. Esto supondría una desventaja evidente en las poblaciones paleolíticas y sin duda favoreció su desaparición o al menos el retraso en la emergencia (hay que pensar que en aquellos tiempos la esperanza de vida no superaría los 25-30 años, con lo que prácticamente las muelas del juicio aparecían hacia el final de la vida del individuo).

    En los países desarrollados, hoy día y gracias a los dentistas :mrgreen:, el que aparezcan los terceros molares no supone ninguna desventaja (excepto para el bolsillo), por lo que no existiría ningún mecanismo para que los genes de la agénesis del tercer molar se impongan.

    Saludos.

    P.D. José Manuel, se me han adelantado y ya te han publicado el comentario…

  8. Selfish
    4 mayo, 2011 en 12:58

    Si Jose Manuel, estos “hackeos” al programa divino que sufrimos muchos, serán obra de Lucifer según los creatas, pero que un ser omnipotente permita esos errores o la existencia de Lucifer (y sus secuaces dentistas), es un absurdo tremendo, a no ser que lo haga porque si no se aburriría. Pero ¿se aburre un ser infinitamente perfecto?
    Estupendo artículo, otra de las innumerables chapuzas de “El Creador” como lo llaman algunos.

  9. Jose Juan
    4 mayo, 2011 en 16:52

    Hoy en dia todo el mundo se casa y tiene hijos, asi que no vamos a evolucionar más. A los que les salgan las muelas del juicio que no procreen!!!

  10. Flipágoras
    4 mayo, 2011 en 16:55

    Interesante artículo. Algo que siempre me he preguntado es como hacían en la antiguedad para mantener la higiene dental. Hace poco me tuvieron que hacer una endodoncia para matar el nervio de una muela porque literalmente me estaba matando a mi y me había salido ya un flemón. Sin antibióticos, analgésicos y dentista creo que habría optado por la apoptosis en poco tiempo.

    Por cierto, 1 errata: huesos maxilarares.

  11. 4 mayo, 2011 en 17:11

    Flipágoras :

    Por cierto, 1 errata: huesos maxilarares.

    Gracias, corregida 👿

  12. Marino
    4 mayo, 2011 en 17:18

    Yo tengo suerte, debo ser un eslabón perdido porque por ahora 3 de las muelas salieron y tenian su huequito reservado, asi que sin problemas! La que queda por salir parece que no tiene prisa, pero por si acaso, el sitio está ahi disponible XD

  13. 4 mayo, 2011 en 18:02

    @Flipagoras:

    Pues si tenias caries, te sacaban la muela (sin anestesia) y punto. Y si pillabas una infeccion, pues te ibas al agujero con 30 o 40 tacos (y eso con suerte). Por eso la mayor parte de la gente con cierta edad andaba con dos dientes como mucho. De hecho eso sigue siendo lo que pasa en el tercer mundo.

  14. 4 mayo, 2011 en 19:07

    Flipágoras hay un par de libros titulados “El siglo de los cirujanos” y “El triunfo de la cirugía” donde Júrgen Thorwald explica de forma muy amena como fueron los pasos pre-anestesia y pre-antibióticos. Una infección bucal seria era una condena de la que se podía salir con los pies por delante (y eso después de una tortura de mucho cuidado). Algún día escribiré sobre ello 😉

  15. Flipágoras
    4 mayo, 2011 en 20:58

    Manuel, me parece un gran tema para un artículo del blog, soy un apasionado de la historia de la medicina y me encanta leer lo cruenta que era y las barbaridades que se hacían. Lo que decís de la condena casi asegurada ya lo sé, pero yo me preguntaba más retóricamente que otra cosa por los hábitos de higiene de la antiguedad. Supongo que la palabra halitosis no tenía mucho sentido, salvo en casos excepcionales que no me quiero ni imaginar. No digamos ya el olor a sobaquera cotidiano…

  16. 4 mayo, 2011 en 21:13

    No digamos ya el olor a sobaquera cotidiano…

    Por eso se inventaron los perfumes…

  17. Ge
    4 mayo, 2011 en 21:59

    Uy, las muelas del juicio desaparecerán en un futuro, pero no solo ellas, los seres humanos pasaremos de tener 32 dientes (Como ahora) a tener tan solo 20, tendremos un incisivo, un canino, un premolar y dos molares… es solo cuestion de tiempo

  18. dememono
    5 mayo, 2011 en 0:37

    Javi :

    No digamos ya el olor a sobaquera cotidiano…

    Por eso se inventaron los perfumes…

    Si la naturaleza no lo hace nosotros lo hacemos por esta

  19. Gregorovius
    5 mayo, 2011 en 0:38

    Yo creo que es que el colegio oficial de odontólogos presionó al Dioseñador para que nos creara así, y también indefensos ante la caries.

  20. 6 mayo, 2011 en 0:09

    Gregorovius :

    Yo creo que es que el colegio oficial de odontólogos presionó al Dioseñador para que nos creara así, y también indefensos ante la caries.

    Ahí sí que le has dado… :mrgreen:

  21. Gregorovius
    6 mayo, 2011 en 15:06

    Gracias, J.M. ¡Dios le de salud a tus dientes! :mrgreen:

  22. Herbert West
    7 mayo, 2011 en 2:50

    Vaya con el Diseñador Chachi.

    Cobra de las farmacéuticas y de los colegios de odontologos.

    Y luego decís que no es inteligente.

  23. Nostromo ADF
    7 mayo, 2011 en 20:07

    Yo solo tengo 1 muela y cuarto que por supuesto salío medio torcida. En la parte superior no ha problema, pero en la inferior es un problema que salgan. Por eso la que se asomó hace poco parece que no se ha vuelto a mover en unos meses, pero con 35 años espero que no se mueva más.

  24. Ryu~
    19 junio, 2011 en 3:58

    Sería interesante un hilo sobre el nervio laríngeo!

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