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El nazismo vivido por el bioquímico alemán Hans Krebs

17 mayo, 2011

¿Quién no ha estudiado en biología el famoso ciclo de Krebs? Esta ruta bioquímica lleva el nombre de un bioquímico alemán de enorme talento que tuvo que dejar Alemania en el momento que los nazis tomaron el poder ya que era judío. Así vivió Krebs el inicio de su exilio.

Hans Krebs (1900-1981) ha sido uno de los bioquímicos más importantes del siglo XX. Recibió el premio Nobel de Medicina en 1953 por su ciclo del ácido cítrico (también llamado ciclo de Krebs), que forma parte del metabolismo central de la mayoría de los seres vivos de este planeta. También describió el ciclo de urea, una serie de transformaciones químicas de gran importancia en el metabolismo de los aminoácidos.

Krebs alcanzó el puesto de profesor de Medicina Interna en la universidad de Friburgo (Alemania), pero tuvo que dejar el mismo tras el ascenso de Hitler, ya que era judío. Así lo narra el propio Krebs en su autobiografía:
“Algo que me produjo sorpresa fue que a los pocos días de ascender Hitler al poder, aparecieran uniformes nazis por todas partes. Colegas del hospital que hasta entonces habían admitido como mucho tímidas simpatías por Hitler, aparecieron de repente con uniformes de organizaciones nazis. Uno lucía tres estrellas, indicando un grado senior; muchos habían sido en secreto miembros durante años”.

Un día Krebs recibió una carta “formal e impersonal”, del decano de la facultad de Medicina informándoles de que a requerimiento del ministro de la Facultad de Medicina era puesto inmediatamente en situación de “permiso de ausencia”. Cuatro semanas antes, el mismo decano había firmado una carta en la que, en términos muy elogiosos, recomendaba que se le nombrase profesor de la Facultad. Sin embargo, a las pocas semanas se le notificaba que su contrato finalizaba tres meses después. Mientras, en Alemania la atmósfera política se hacía cada vez más irrespirable. Justamente en esos días por todo Friburgo apareció el siguiente manifiesto dedicado a los estudiantes:

Contra el espíritu antialemán

1. El idioma y la literatura están enraizados en el pueblo. El pueblo alemán tiene la responsabilidad de asegurar que su idioma y literatura son una expresión pura y no contaminada de su carácter nacional.

2. En la actualidad un conflicto está abriendo una brecha entre la literatura alemana y el pueblo alemán. Esto es una ofensa.

3. ¡De vosotros depende la pureza del idioma y de la literatura! Vuestra nación os ha dado su idioma para que lo mantengáis seguro.

4. Nuestro adversario más peligroso es el judío y aquel que es vasallo suyo.

5. El judío sólo puede pensar como un judío. Si escribe en alemán, miente. El alemán que escribe en alemán pero piensa como un no alemán es un traidor. El estudiante que habla y escribe como un no alemán es, además, vil y pérfido.

6. Exterminaremos la mentira, perseguiremos el engaño y la traición pedimos a los estudiantes que la universidad sea un lugar, no de superficialidad sino de disciplina y de educación política.

7. Queremos respetar al judío como extranjero, pero queremos tomar muy seriamente el carácter nacional.
Por consiguiente pedimos al censor que:
-Los trabajos judíos se publiquen en el idioma hebreo.
-Si se publican en alemán, debe quedar claro que son traducciones.
-Se deben tomar las medidas más rigurosas contra el mal uso del idioma alemán. Sólo se debe permitir a los alemanes emplear el idioma alemán.
-El espíritu no alemán debe mostrarse en las bibliotecas públicas.

8. Exigimos del estudiante alemán determinación y habilidad para razonar y decidir libremente.

9. Exigimos del estudiante alemán determinación y habilidad para preservar la pureza del idioma alemán.

10. Exigimos del estudiante alemán determinación y habilidad superar el intelectualismo judío y la amenaza que éste contiene: la decadencia del espíritu del pueblo alemán a través del liberalismo.

11. Exigimos que la dedicación a la salvaguardia de la forma alemana de pensar sea la primera consideración en la selección de los estudiantes y los profesores.

12. Exigimos una Universidad Alemana que sea guardiana del Carácter Nacional Alemán y un lugar de lucha que surja de la fuerza del espíritu alemán.

Firmado: Los estudiantes de Alemania.

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El rector de la Universidad, von Möllendorff, catedrático de Anatomía ordenó que se retirasen de la universidad los carteles con el manifiesto. Fue apartado inmediatamente de su cargo. Le sucedió el filósofo Martin Heidegger, que no mostró ninguna oposición a esta declaración.

Krebs no se quedó para ver como los judíos eran enviados a campos de exterminio, en el año 1933 fue invitado por la universidad de Cambrigde y emigró a Inglaterra, donde demostró su genialidad como bioquímico durante el resto de su vida.

Referencias:

  • 1.Hans Krebs: “Reminiscences and Reflections”. Cleredon Press, Oxford 1981,
  • 2. José Manuel Sánchez Ron. El poder de la ciencia. Ed. Critica 2007

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  1. 23 mayo, 2011 en 7:59

    El manifiesto de los 12 puntos ese, debería estar firmado más bien por los estudiantes “subnormales” de Alemania. Me da pena y asco que alguien pueda pensar así, me parece increíble, aún dentro del contexto histórico de profunda crisis y supuesta humillación del espíritu prusiano, que semejante escoria se hiciera con el poder, sin que se produjese una reacción adversa proporcionada a su barbarie, en Alemania y en el resto de Europa…en todo caso las terribles consecuencias a tanta tibieza ya las sabemos, y creo que solo la palabra “horror” podría definirlas minimamente…
    Como dijo Churchill: “El Mal triunfa, cuando los hombres buenos no hacen nada”…

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