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Historia del SIDA (I): los años del desamparo

14 febrero, 2012

Para entender esta historia tenemos que retroceder hasta el principio de la década de los años 80 del siglo pasado, una época en la que posiblemente muchos de vosotros aún no habíais nacido. Quizás recordéis las imágenes de un guardia civil entrando en el congreso de los diputados al grito de “quieto todo el mundo” como una estampa de niñez mientras vuestros padres se quedaban blancos ante la posibilidad de otro golpe militar en España. Pero justamente en esa época el mundo se estremecía ante las noticias de una enfermedad desconocida, de la que aún se tenían poco datos, pero cuyo número de afectados no hacía más que crecer y crecer.

Las primeras informaciones de la prensa daban cuenta de una enfermedad que eliminaba las defensas de los afectados, que se acumulaban en las comunidades gays de Los Ángeles, San Francisco y Nueva York. El médico Michael Gottlieb y su equipo de la Universidad de California, en Los Ángeles, identificaron en 1981 los 5 primeros casos. Eran jóvenes homosexuales que ingresaron en el hospital con neumonías causadas por el hongo denominado Pneumocystis, o con un raro cáncer de piel llamado sarcoma de Kaposi, con infecciones bucales provocadas por el hongo Candida o con infecciones causadas por citomegalovirus, afecciones todas ellas extremadamente raras en personas sanas, pero que afectaban a pacientes inmunodeprimidos, como aquellos que sufren leucemia, están en tratamientos de quimioterapia o toman terapia inmunodepresora después de un trasplante. Ahora se encontraban con que adultos jóvenes y de vida activa y saludable (buena alimentación, ejercicio físico) sucumbían con facilidad a ella. Un estudio hematológico demostraba que sus linfocitos habían desaparecido por completo de la sangre de los afectados. El equipo de Gottlieb relató estos primeros casos en la revista “Morbidity and Mortality Weekly Report” (Gottlieb, 2006) para posteriormente contarlo con mayor detalle en la revista “New England Journal of Medicine” (Gottlieb et al., 1981). En este trabajo Gottlieb presenta la hipótesis de que la causa de la enfermedad es la desaparición de los linfocitos CD4 de la sangre de los afectados, lo que daría vía libre a patógenos oportunistas para invadir el organismo.

Los pacientes se recuperaban de las infecciones gracias al tratamiento, eran enviados a casa, pero la mejoría duraba poco, volvían a contraer otra infección, hasta finalmente sucumbían sin que nadie encontrase un medio para evitarlo. No se conocía la causa, y no se tenía tratamiento. La información fue transmitida al Centro del Control de Enfermedades (CDC) de Atlanta, donde James Curran empezó a estudiar esos casos y plantear una alerta nacional para detectar otros similares. Después de unas cuantas llamadas se tuvo una red de informadores en las principales ciudades de EEUU. Pronto, los epidemiólogos empezaron a encontrar parámetros comunes: los afectados eran hombres jóvenes, homosexuales que hasta ese momento habían gozado de buena salud. Lo único inquietante en su estilo de vida era el uso de “poppers” y su elevada promiscuidad sexual. La libertad sexual había llegado a finales de los años 70 a zonas de California y Nueva York. La promiscuidad era frecuente tanto en ambientes gays como heterosexuales, y no era algo exclusivo de EEUU, Europa ya había pasado por ella, contando también con zonas de amplia población homosexual en distritos de algunas capitales europeas.

Lo que sí parecía nuevo era el empleo de los “popper”, que son unas drogas que se inhalan, compuestas de nitrilo de algún alquilo (isopropilo, amilo, isobutilo, etc) que producen vasodilatación, lo que se traduce en un mayor tiempo de erección, y por tanto de placer sexual. Estas drogas eran empleadas con frecuencia en las saunas donde el número de contactos sexuales podía ser muy elevado. Dado que los primeros casos cuadraban dentro de ese perfil, los “poppers” se convirtieron en el primer “sospechoso habitual”, y hacía ahí se dirigieron las primeras investigaciones. Se demostró que los “poppers” tenían efectos cardiovasculares perniciosos, y su ingesta a largo plazo afectaba el sistema nervioso y a la hematopoyesis. Pero muchos de esos resultados se obtuvieron en modelos animales, en tejidos humanos no se observó el mismo efecto. Una década después un estudio realizado en 715 homosexuales durante 8 años y medio, que fue publicado en Lancet en 1993, rechazaba cualquier conexión entre el SIDA y los “poppers” (Schechter, et al., 1993). Pero esos estudios son posteriores y en la época a la que nos estamos refiriendo los investigadores contaban con el agobio de observar como el número de afectados y de fallecidos no paraba de crecer, sin poder descartar por el momento ninguna causa.

La sociedad estigmatizó la enfermedad con rapidez, de momento parecía afectar sólo a los homosexuales, de hecho al principio el SIDA fue bautizado por los propios investigadores como GRID (Gay-Related Immune Deficiency). En un país tan conservador y religioso como EEUU no faltaron los que apuntaran hacia un castigo divino por “la lujuriosa” vida de los afectados. Eso también influyó en las agencias financiadoras que no se implicaron en invertir en algo que no veían como un peligro para personas “de vida decente”.

Pero había piezas que no encajaban, empezaron a aparecer homosexuales enfermos que no empleaban “popper”, y poseían un número muy limitado de parejas, si bien alguna de esas parejas sí eran personas de elevada promiscuidad. Posteriormente aparecieron los primeros afectados no homosexuales, que eran usuarios de drogas inyectables tales como la heroína. ¿Serían las drogas las causantes del SIDA? Algunas parejas de drogadictos que no tomaban drogas y que podían ser indistintamente hombres o mujeres, también empezaron a verse afectadas. Si las drogas tenían algo que producía el SIDA, este algo se trasmitía a la pareja. Los investigadores estaban preocupados y despistados, los afectados asustados y la sociedad todavía algo aletargada porque contemplaba una enfermedad que afectaba solamente a personas de “vida desviada”. Los médicos no paraban de repasar el estilo de vida de los afectados una y otra vez intentando establecer pautas comunes. Se solicitaba que las saunas y salas donde tenían lugar contactos sexuales esporádicos fueran cerrados, que los “poppers” fueran prohibidos, etc.

Y en esos momentos empiezan a aparecer enfermos que rompen todos los esquemas hasta entonces establecidos: una serie de hemofílicos empiezan a presentar síntomas de la enfermedad. También un niño de pocos meses, que tuvo que recibir una transfusión nada más nacer, presenta un déficit de linfocitos similar a los enfermos de SIDA. A esta lista se añaden personas que han recibido una transfusión tras un accidente. Es entonces cuando se empieza a pensar en la sangre como vehículo de transmisión de algún agente infeccioso. De hecho, para elaborar los complejos de coagulación que han de inyectarse los hemofílicos, se precisa sangre de varios donantes. Y muchos homosexuales son donantes de sangre. Se constata que algunas personas que han fallecido de SIDA habían donado sangre. A falta de un sistema de detección del agente causal en la sangre el CDC solicita que no se emplee la sangre depositada en los hospitales, sino que se hagan transfusiones directas desde familiares, siempre y cuando éstas no pertenezcan a los grupos de riesgo que empezaban a dibujarse, y que cada día se va ampliando.

La sociedad empieza a reflejar síntomas de histeria, ahora parece que cualquier persona pueda verse afectada, por ejemplo tras someterse a una intervención quirúrgica que requiriera una transfusión de sangre. Los medios de comunicación empezaron a exagerar tildando el mal de nueva plaga. Al intuirse que la enfermedad quizás se podía contagiar el estigma de apestado crece, algunos enfermos son llevados a hospitales que agrupaban a los afectados en una planta donde el personal sanitario los abandonaba a su suerte. Las amistades se rompían, y eso que todavía no se conocía si la enfermedad era contagiosa o no.

Ante estos nuevos datos, el CDC empieza a manejar la hipótesis del virus como causa más probable. De hecho se observan las mismas vías de transmisión que las que emplea el virus de la hepatitis B: sangre (transfusión o jeringuillas) y contacto sexual. El CDC publica en su boletín el 22 de junio de 1984 una estadística preocupante: en tres años 4.918 personas habían sido afectados por el SIDA en EEUU, cerca de la mitad (2.221) habían fallecido ya, y el porcentaje de fallecimientos entre los enfermos ya diagnosticados antes de junio de 1982 se elevaba a más de las tres cuartas partes. Ese mismo año James Curran publica en “New England Journal of Medicine” la hipótesis que él consideraba más probable: “los datos epidemiológicos sugieren que el SIDA está causado por un agente infeccioso que podría trasmitirse por contacto sexual, por compartir agujas contaminadas o por los factores de coagulación que emplean los hemofílicos (epidemiologic data suggest that AIDS is caused by an infectious agent that may be transmitted through sexual contact, through sharing contaminated leedles, or through the concentrates used to treat hemophilia)” (copiado literal de Curran et al., 1984)

Mientras todo esto ocurría en el CDC y en los hospitales de EEUU, en Europa la cantidad de casos se había duplicado en los últimos 8 meses de 1984, siendo los países más afectados por millón de habitantes Francia y Dinamarca. En conjunto se constata que tanto en Europa como en EEUU cada 6 meses se duplica el número de afectados. Mientras, dos grupos de virólogos situados a ambos lados del Atlántico intentan identificar al agente etiológico de la enfermedad a partir de muestras de infectados. De hecho están a punto de presentar al mundo al virus responsable del SIDA. Pero eso formará parte del segundo capítulo.

Por ahora os dejo con un vídeo que dura unos 30 minutos donde James Curran recuerda esos primeros años, en los cuales se andaba a ciegas frente a este nuevo mal. Si tenéis problemas con el inglés activad los subtítulos en español.

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Entradas relacionadas:

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Referencias:

  • Gottlieb M.S. (2006) Pneumocystis pneumonia–Los Angeles. 1981. Am J Public Health 96 : 980–981. Es una copia exacta del publicado el 5 de junio de 1981 en Morbidity and Mortality Weekly Report

 


  1. 14 febrero, 2012 en 6:03

    Gracias, es un excelente resumen, espero el próximo 🙂

  2. 14 febrero, 2012 en 9:49

    El equipo de Gottlieb relató estos primeros casos en la revista “Morbidity and Mortality Weekly Report” (Gottlieb, 2006)

    O te has equivocado con la feccha o Gottlieb se lo tomo con mucha calma :p

    En otro orden de cosas, hace tiempo que escuche que, si se hubieran tomado las medidas adecuadas de aislamiento y control de los afectados cuando el numero era manejable, se hubiera podido controlar la expansion de la enfermedad pero, como dices en el articulo, como esa era una enfermedad de desviados, nadie le dio mucha importancia hasta que fue demasiado tarde. ¿Sabes algo sobre eso?

  3. 14 febrero, 2012 en 10:35

    Javi, no es un error. El artículo original es de 1981, pero la revista Am.J.Public Health lo volvió a editar en 2006. He puesto esa referencia porque es más fácil de localizar en bibliotecas científicas.

    En cuanto al aislamiento veo poco claro que hubiese funcionado, ni socialmente (se agravaría el estigma) ni médicamente hablando. Se estima que en el momento en el que aparecieron los primeros casos había cientos de miles de portadores del virus en EEUU, con lo que fuera de los centros de aislamiento había muchas más personas dispersando el virus que los que podían dispersar unos pocos miles que entraban y salían de los hospitales con enfermedades recurrentes.

  4. 14 febrero, 2012 en 12:18

    Gracias por la aclaracion, Manuel. Si me permites una sugerencia para un futuro articulo, seria interesante que hablarais de la historia del SIDA durante todo el tiempo que estuvo sin ser detectado. Segun tengo entendido, el primer caso documentado (muy a posteriori) fue el de un marinero que murio en los años 50.

  5. 14 febrero, 2012 en 14:26

    Manuel, excelente articulo pero creo que empiezas ya demasiado tarde, como dice Javier. Antes de que fuera conocido hubo un capitulo “el salto del mono al hombre” y otro “el salto de africa a america”. Ha habido muchos esfuerzos en trazar la historia del sida antes de que se identificara en el primer mundo, intentando tambien trazar el arbol genealogico del virus.

    Creo que ahora mismo los primeros enfermos de sida se han trazado al siglo XIX, y estan relacionados con el momento en que los monos fueron empleados como comida. En el XIX los monos empezaron a ser facilmente cazables, gracias al rifle, y pasaron a ser la comida barata para construir las redes de ferrocarriles de las potencias coloniales.

    No hay que olvidar que el sida es una enfermedad relativamente no contagiosa. Es probable que alguien fuera infectado y no se lo pasara ni siquiera a su pareja. Es posible que el SIDA saltara a los humanos varias veces y desapareciera de forma independiente, por lo visto.

  6. Jose Manuel
    14 febrero, 2012 en 14:32

    Estupenda iniciativa la de emprender una serie con la historia del SIDA y estupendo el post, Manuel.

    Cada vez, aunque parece difícil dado el buen nivel y calidad permanente del blog, lo hacéis mejor.

    Felicidades y gracias por ello.

  7. 14 febrero, 2012 en 17:55

    Excelente información, redactada para la comprensión de muchas personas. Y lo que mas me interesa, que esté indexada en Google y aparece en la primera página, si ponemos “historia del sida” en el buscador.
    Saludos!!

  8. 14 febrero, 2012 en 17:57

    Gracias por los comentarios, y parece que tendré que escribir una precuela, todo un éxito teniendo en cuenta que sólo he estrenado el primer capítulo de la serie
    🙂

  9. 14 febrero, 2012 en 18:40

    Gracias por los comentarios, y parece que tendré que escribir una precuela

    Igual que Star Wars 😉

  10. 14 febrero, 2012 en 20:13

    Javi :

    Gracias por los comentarios, y parece que tendré que escribir una precuela

    Igual que Star Wars

    Esperemos que no sea igual a las de Star Wars 😀

  11. 14 febrero, 2012 en 20:58

    Manuel, el popper ¿no es nitrato de amilo o de lo que sea?

    Por cierto, la entrevista es para que se enseñara en todas las clases de epidemiología, igual que la película “Al filo de la duda”, si me permitís el añadido artístico…

  12. 14 febrero, 2012 en 21:40

    Rhay son nitritos.
    La entrevista es muy buena y hay más, de nivel parecido, para los próximos capítulos. Permanezcan atentos a sus ordenadores 😀

  13. 16 febrero, 2012 en 15:43

    Me ha gustado mucho. Tuvo que ser una situación difícil ver crecer una enfermedad desconocidad, sin conocer los patrones de infección, etc. Y lo has ido relatando muy bien. Enhorabuena!

  14. 16 febrero, 2012 en 18:26

    No hay que olvidar que en aquella epoca en España tambien aparecia una enfermedad desconocida, la famoso “neumonia atipica”, “sindrome toxico” o “lo de la colza”. Tambien daria para algun articulo, aunque no se si muy edificante.

  15. 16 febrero, 2012 en 21:05

    Ostras, el síndrome tóxico… Nosotros nos salvamos por un par de días, y todo fue porque mi madre no se terminaba de fiar de un aceite que no fuera de oliva… Y menos mal…

  16. J.M.
    17 febrero, 2012 en 8:42

    Sí, recuerdo que también nos faltó poco, mi madre vio que vendían muy barato ese aceite. Afortunadamente, tampoco se fió, ha sido siempre muy escéptica 🙂

  17. 17 febrero, 2012 en 12:13

    Madre mía, qué tarras somos ya, JM…

  18. J.M.
    17 febrero, 2012 en 17:43

    Ya te digo, colega…

  19. Cronopio
    17 febrero, 2012 en 22:26

    Pues yo aún me acuerdo de Sancho Rof y su bichito tan pequeño que si se cae de esta mesa se mata. (ministro de sanidad cuando lo de la colza). Suerte que hemos progresado y hoy nos gobierna el hilillos de plastilina. Ains….

  20. 17 febrero, 2012 en 23:36

    Si alguien sabe, pregunto: ¿ es muy costoso producir los ARV?. Porque vi esta noticia y veo que son todos importados en Argentina.
    http://fortunaweb.com.ar/2012-02-17-83425-hay-remedios-oncologicos-y-retrovirales-solo-para-dos-meses/

  21. 18 febrero, 2012 en 12:57

    Bueno, la mayoría de los ARV de tercera generación están todavía bajo patente privada. Quizás en estos casos la legislación debería obligar a las farmacéuticas a ceder las patentes…

    En cualquier caso, para que te hagas una idea, una caja de Atripla viene costando unos 900 euros, y contiene 30 comprimidos…

  22. 18 febrero, 2012 en 20:50

    Ah, gracias por el dato Rhay. O sea que es complicado fabricarlos, o mejor dicho se debe necesitar tecnología, insumos o financiamiento que aquí paecería que no hay.
    Con más tiempo averigué (no encuentro la diéresis) y por acá salen $5,587.61 (pesos argentinos) los treinta comprimidos, vendrían a ser unos 971,75 euros. Rige el mismo precio por lo que se ve.

  23. Uri
    18 febrero, 2012 en 21:33

    ¿Cuanto duran esos 30 comprimidos?
    Me parece un precio muy alto, dudo mucho que todo el mundo pueda costearlo y la alternativa es desarrollar la enfermedad y morir.
    No soy partidario de saltarse las leyes, pero en casos así no dudadría ni un instante en pasarme la ley de patentes por la punta del cigüeñal.

  24. 19 febrero, 2012 en 0:17

    Es uno por día, duran un mes, 30 días.

  25. 19 febrero, 2012 en 5:59

    Uri:
    <blockquote¿Cuanto duran esos 30 comprimidos?
    Me parece un precio muy alto, dudo mucho que todo el mundo pueda costearlo y la alternativa es desarrollar la enfermedad y morir.
    No soy partidario de saltarse las leyes, pero en casos así no dudadría ni un instante en pasarme la ley de patentes por la punta del cigüeñal.

    Quizás.

    La audaz política brasileña: un modelo para el Tercer Mundo
    El ONUSIDA ha calculado que unas 600 mil personas, hombres y mujeres de diversas edades, viven con el VIH en Brasil. De ellas, 116 mil necesitan terapia antirretroviral y la reciben gratuitamente en el sistema de salud pública. El costo de la terapia antirretroviral en Brasil es de unos mil dólares por persona al año, la décima parte de lo que cuesta esta terapia en los países desarrollados….

    Aunque el programa gubernamental de acceso universal al tratamiento del SIDA no cubre el 100% de la demanda, los resultados de la audaz política brasileña saltan a la vista: desde 1996, la tasa de mortalidad por SIDA ha descendido un 50% y se han reducido un 80% los ingresos hospitalarios por SIDA en el sistema de salud pública. Cada año que pasa, el gobierno gasta menos dinero en tratamientos relacionados con el SIDA, pese a que anualmente se incorporan al sistema de salud pública 15 mil nuevos pacientes

    http://www.envio.org.ni/articulo/1174

    Al parecer, si hay voluntad y unas autoridades mínimamente preocupadas por su nación y no prestas a robar y/o encubrir el gran saqueo empresarial, se puede darles a los negacionistas una patada en su mentiroso trasero 🙂

  26. pirincho
  27. 21 febrero, 2012 en 17:58

    Bueno, Darío, es que el caso del Brasil es precisamente de lo que está hablando Uri, en el sentido de que las autoridades brasileñas se han pasado las patentes por el arco del triunfo y han comenzado a producirlas en el propio país y bajo genérico, lo que hace que su producción sea muchísimo más barata. Es, básicamente, lo que lleva haciendo la India hace bastantes años.

    Alguien se preguntará “¿y cómo es que las farmacéuticas no les meten mano?”, pues sencillamente porque tanto el Brasil como la India, a nivel financiero, son dos superpotencias prácticamente intocables. Esto mismo lo hace Somalia o Haití y les cae la del pulpo, pero no porque los gobernantes brasileños sean más responsables (que lo son, dicho sea de paso), sino porque si el Brasil decide dejar de exportar ciertas materias primas, más de una industria mundial se hunde…

  28. ramon
    28 agosto, 2013 en 2:01

    Que hay de cierto que el virus del SIDA fue creado en un laboratorio genético.?

  29. 28 agosto, 2013 en 9:12

    ramon :

    Que hay de cierto que el virus del SIDA fue creado en un laboratorio genético.?

    Nada:http://www.lamentiraestaahifuera.com/2013/01/14/sida-y-tontos-utiles-operacion-infektion/

  1. 16 febrero, 2012 en 9:20
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