El estigma del enfermo

29 febrero, 2012

Todos evitaban y huían a los enfermos y a cuantos los rodeaban para no ocuparse más que de la salud. Creían que la sobriedad y la moderación eran el mejor preservativo, vivían aparte guareciéndose en pequeños grupos en las casas donde no había enfermo. Rehuían cualquier exceso y no hablaban ni permitían que nadie hablara de lo que sucedía afuera, ni de muerte ni de enfermedad. Otros, por el contrario, estaban convencidos de que el mejor remedio contra tan gran mal era el de beber mucho, el de cantar y divertirse sin cesar, el de ir y venir satisfaciendo todos sus caprichos y riéndose de todo. (…) En fin se vio a los ciudadanos huir unos de otros, al vecino permanecer indiferente acerca de la suerte del vecino, a los parientes temiéndose ver o no viéndose sino raramente y a distancia. El terror llegó hasta tal punto de que un hermano abandonaba a su hermano, y lo que es peor todavía y casi no se cree, los padres temían visitar y cuidar a sus hijos tal que si fueran extraños. Los enfermos, cuyo número era incalculable, no recibían ayuda sino de la simpatía de un reducido círculo de amigos o del interés de unos mercenarios.

Giovanni Bocaccio
El Decamerón

Estas palabras de Bocaccio las he leído por vez primera en una más que interesante obra de “Ibon Larrazabal” llamada “El paciente ocasional”, de editorial Península. Es un libro muy incesante que en su subtitulo declara sus intenciones: “una historia social del SIDA”. Pero no es sólo una historia social, también es una historia médica, hace una breve historia sobre el descubrimiento del virus, de los medicamentos empleados, de la respuesta de la sociedad ante esta enfermedad, etc. Un aspecto que me parece interesante son las historias de marginación que relata.

Dado que las experiencias que se han relatado en esta sección tienen el denominador común de la discriminación, tomaré algunas de estas historias que saltaron a los medios para incluirlas en esta sección. De momento os dejo con tres intervenciones (que también se encuentran en el libro), donde se deja patente que el SIDA es algo más que una enfermedad, es algo capaz de sacar lo peor de cada uno a la palestra.

No hay ni un solo caso de SIDA en este país cuyo origen no pueda atribuirse a la sodomía.
La única manera de detener el SIDA es detener las repugnantes e inmorales actividades que siguen extendiendo la enfermedad
Jesse Helms, senador republicano de los EEUU, 1987. En 2005 dijo “Estaba equivocado”

Hasta donde yo sé, las personas con SIDA constituyen un peligro. La gente debería saber quién tiene SIDA.
William Donald Shaefer, gobernador de Maryland, 2005

El SIDA no solo es el castigo de Dios a los homosexuales, sino que también es el castigo de Dios a una sociedad que tolera a los homosexuales.
Jerry Falwell, pastor evangélico y telepredicador, 1993

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  1. 29 febrero, 2012 a las 13:09

    Sin comentarios…

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  2. Kaope
    29 febrero, 2012 a las 13:35

    El estigma lo haría extensible al cuerpo médico que nos atiende. No se si estoy demasiado emparanoiado con el tema, pero en algunas ocasiones he oido nombrar a mi médico con cierto retintín por parte de otros profesionales del gremio.

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  3. 29 febrero, 2012 a las 15:09

    Bueno, esto demuestra que las peores enfermedades de todas son la ignorancia y el prejuicio, y no hemos avanzado mucho para curarlas.

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  4. rene
    29 febrero, 2012 a las 21:47

    Hay caramba, como diría Bart, esto de que los homosexuales son los que contagian de sida a todo el mundo se lo he oído a curas, obispos y hasta al papa y además a muchos políticos, pero si la iglesia católica está lleno de homosexuales, hay obispos que están en el VATICANO que lo son y quién sabe si el papa lo es y no dejemos de lado a los políticos

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