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Lynn Margulis y la importancia de la divulgación: un viaje personal

22 junio, 2012

En la década de los 80 Lynn Margulis impartió un ciclo de conferencias en la facultad de biología de la Universidad de Barcelona. Este es un relato personal de ese momento, y de la importancia que la divulgación científica tiene sobre el estímulo para obtener conocimiento.

Lo que viene a continuación es un relato personal, un relato que me hace retroceder a mediados de la década de los 80 del siglo pasado, y en el que puede haber algún error debido a que el tiempo sopla fuerte, llevándose muchos recuerdos de las cumbres de las montañas de los recuerdos.

Alrededor de 1985, la facultad de biología de la Universidad de Barcelona contaba con un elevadísimo número de estudiantes. Se justificaba el interés repentino interés de los estudiantes por la biología en las series divulgativas de televisión. Eran tiempos de dos canales televisivos: la primera y el UHF. A principios de los 80 se unió en Cataluña la autonómica TV3. Las cadenas privadas no vieron la luz hasta la década de los 90. A pesar de la escasa oferta televisiva, al menos si se la compara con la sobredosis actual, en televisión abundaban los programas culturales. Dos series marcaron un hito de la divulgación científica: “El hombre y la Tierra” (y también su “Fauna Ibérica”), de Félix Rodríguez de la Fuente, y “Cosmos” de Carl Sagan. Ambos nos han dejado ya, pero su obra marcó a toda una generación. Fueron responsables de que las aulas de las carreras científicas se llenaran y de que mucha gente se preguntase como funciona el universo y la biosfera, dejando de lado las respuestas inventadas por los presuntos “dueños de la verdad”.

Sea por la causa que describo, o por otra que se me escapa, el caso es que me encontré en una facultad masificada. La facultad ya había abandonado sus obsoletas y decimonónicas aulas del antiguo edificio de la plaza Universidad, para trasladarse a unas modernas instalaciones, en la Zona Universitaria del barrio barcelonés de Pedralbes. Aún y así, fue necesario añadir un aulario al moderno edificio, puesto que cientos de alumnos pugnábamos por encontrar un pupitre libre donde tomar apuntes en el primer curso de la carrera. Una vez hecha la pertinente criba, los cursos superiores se llevaban a cabo en las enormes aulas del edificio principal. Eran tiempos de pocas asignaturas por curso (4 ó 5), de cursos que duraban el año completo, de duros exámenes y muchas prácticas de laboratorio o de campo. En ese aspecto han habido grandes variaciones, no sé si a mejor o peor, sólo sé que ahora es muy diferente.

Justo en esos años andaba yo sin ninguna cana en el pelo, cuando nos informaron de que Lynn Margulis iba a impartir unas conferencias en la facultad. La estructura de las charlas era atípica. Estábamos acostumbrados a que los ilustres nos deleitaran con su saber durante una hora, pero Lynn nos regalaba charlas de varias horas durante 3 días. Margulis se encontraba entonces colaborando con el profesor Ricardo Guerrero, que en aquel momento era catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona, en diversos proyectos de investigación, lo que motivaba frecuentes viajes de Lynn a nuestro país. Todo el mundo había oído hablar de Margulis, por lo que, y a pesar del gran aforo que admite el salón de actos de la facultad, había cola un buen rato antes de empezar las charlas. Los pasillos y escaleras de la sala se llenaron. Y si hubo interés el primer día, para los siguientes la pugna por entrar se multiplicó.

Recuerdo esas charlas como uno de los momentos clave de mi carrera científica, fue un estímulo hacia decisiones de futuro, una inyección de moral y de interés. Lynn, conectó rápidamente con el auditorio al realizar un enorme esfuerzo impartiendo las charlas en español. El nivel de inglés con el que los estudiantes acabábamos el BUP y el COU era tremendamente deficiente, por lo que se hacía muy duro seguir una conferencia de los científicos extranjeros invitados. Parece que Margulis entendió rápidamente ese problema y quiso conectar desde el minuto 1 con todo el mundo. Pero más allá del idioma, nos mostró otro mundo, otra forma de contar los resultados científicos, otra forma de formular hipótesis, otra visión a la que no estábamos acostumbrados. Puso a nuestro alcance, y con unas imágenes espectaculares, la biosfera y la interconexión entre los organismos que la constituyen. Nos habló de simbiosis, de cooperación, de transmisión génica, de estructuras celulares, de evolución… y de una palabra que entonces nos hizo mucha gracia: “undulipodia”, concepto que repitió decenas de veces. Y por encima de todo ello el entusiasmo: transmitía toda esta información de forma vigorosa, siempre con la sonrisa en los labios, con una fuerza vital envidiable, con ganas de que le preguntáramos, de establecer debate… Realmente animaban a salir de allí y dirigirse al laboratorio, a la biblioteca. En resumen, a investigar.

Aún me quedaban dos años para acabar la carrera, pero esas charlas me animaron a elegir mi profesión, a dedicarme profesionalmente a la ciencia, porque era (y es) el mundo en el que más disfruto. Y también me hicieron comprender lo importantísimo del papel de la divulgación, de cómo ésta abre mentes, despierta el afán por el conocimiento. Pero para que haya divulgación, tiene que haber divulgadores. Félix, Carl, Lynn (¡gracias!) y muchos otros lo comprendieron. Espero que muchos otros sean capaces de abandonar de vez en cuando sus laboratorios para transmitir su pasión a los jóvenes estudiantes.

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  1. 22 junio, 2012 de 9:29

    Nota: es posible que en el texto haya algún error de fechas. Si alguien con más memoria fue testigo de estas charlas, que deje su impresión (y fije “el momento histórico”).

  2. 22 junio, 2012 de 12:39

    Desde la época que tú recuerdas hasta erl 2011, Lynn Margulis impartió muchas conferencias y clases en Barcelona, donde tenía su segunda casa. Es cierto que tenía una manera muy peculiar de acercarse al público. Aunque se tratase de una conferencia, ella hacía preguntas, como si estuviese en clase. Con una diferencia entre los estudiantes de aquí y los e Estados Unidos. Aquí la gente tiene miedo de hacer el ridículo y muchas veces no se atreve a responder. No se dan cuenta que de los errores también se aprende. Es cierto era una gran divulgadora. me he permitido poner un enlace a esta entrada tuya y algunas otras de este bloc en un listado recopilatorio de artículos sobre Lynn Margulis que empecé reunir poco después de su muerte.

  3. Anónimo
    22 junio, 2012 de 12:40

    Que envidia, Manuel.

  4. 22 junio, 2012 de 15:08

    A mí me da también mucha envidia, esas charlas debieron ser interesantísimas…

  5. 22 junio, 2012 de 20:11

    Preciosa historia, Manuel. Mejor dicho, Divulgador Manuel. 😉

    Saludos!

  6. J.M.
    22 junio, 2012 de 23:16

    Yo solo he tenido la suerte de escucharla una vez en A Coruña, creo recordar que por el 2003. Fueron dos horas de charla en perfecto castellano y, a pesar de que ya se le iba un poco la pinza con el origen endosimbiótico hasta del filtro del aire de un Ibiza, resultó una pasada el poder disfrutar de tan excelente comunicadora.

    Vaya todo mi respeto y admiración a su memoria.

  7. pablotres14
    23 junio, 2012 de 8:51

    ¡Genial artículo! Muy motivador.

  8. 23 junio, 2012 de 17:51

    Yo me hice “cientifico” por Mazinger Z.

    No es coña.

  9. Herbert West
    23 junio, 2012 de 22:26

    Y yo decidí empezar medicina por una entrevista que le hizo Gomaespuma a un forense.

    😀

    Lo parece pero tampoco es coña. Era cuando hacían el programa en M80 por las mañanas

  10. Chango
    24 junio, 2012 de 0:36

    Una consulta a todo los tertulianos de este foro……SI yo divulgo la ciencia….soy un científico??

  11. 24 junio, 2012 de 1:11

    Es curiosa la variedad de formas de empezar con este rollo de la ciencia 🙂

    Yo tengo un recuerdo aún en mente: un documental que ví en plan cuento pero con imágenes reales, del ciclo de vida de la mariposa pavo real, hoy se que se llama Inachis io (Inachi, no Itachi 😉 ). Tendría muy poquitos años, apenas era una larva.

    Y una cosa que me cuentan mis padres: que en la guardería yo ya hablaba de bichos y que quería ser biólogo. Je, hoy puedo decir que lo soy… y la cantidad de documentales que me pude tragar de pequeño, ains que recuerdos

    Chango :

    Una consulta a todo los tertulianos de este foro……SI yo divulgo la ciencia….soy un científico??

    Nop. No eres científico, eres divulgador. Punset, aún con todos sus defectos, es divulgador, no científico. Carl Sagan, era divulgador y científico al mismo tiempo; y de los mejores en ambas facetas, Cosmos es algo muy difícil de superar. Luego hay muchos desconocidos por ahí que son científicos pero no divulgadores.

  12. 24 junio, 2012 de 9:32

    Cnidus :
    Es curiosa la variedad de formas de empezar con este rollo de la ciencia

    Creo que en cada generación ha habido científicos en quienes se despertó la vocación por influencia de la divulgación (distintos medios, según las épocas). Muchos microbiólogos ya jubilados se sintieron atraídos hacia esa especialidad por un libro: “Cazadores de microbios”. El bioquímico Joan Oró se sintió atraído por saber el origen de la vida y del universo por sus lecturas de Flammarion. También puede ser la influencia de un buen profesor. Rachel Carson contaba que cambió su deseo de estudiar letras por ciencias cuando tuvo una excelente profesora de biología (luego, sin embargo combinó ciencia y letras y se dedicó a escribir sobre ciencia).

  13. rigald
    25 junio, 2012 de 3:24

    Yo también tuve la oportunidad de escuchar dos pláticas de Lynn Margulis, en Noviembre del 2008, en la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México. Fue invitada por Antonio Lazcano, de quien fui alumno en ese entonces en una materia llamada Origen de la Vida, una de las mejores de la carrera de Biología de dicha escuela.
    Por aquel entonces Margulis daba mucha importancia a la teoría endosimbiótica para explicar la evolución. Por ello no se salvaba de crìticas fuertes, pero a uno como estudiante le llevaba a plantearse muchas incógnitas sobre el tema. Recuerdo haber sentido fascinación por esos problemas.

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