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Las publicaciones científicas contadas en la barra de un bar

13 julio, 2012

Anoche volví a reunirme con mis colegas en el bar donde mantenemos nuestras conversaciones “más sesudas”. Empezamos con la típica charla, en la que salvábamos al país de sus gobernantes, como todo españolito que se precie hace un par de veces al día. Un tipo al fondo empezó con un castizo, al vez que sensato: “no te jode la delegada del gobierno diciendo que no permitirá que las calles de Madrid se conviertan en Atenas, ¿y por qué no se va a parlamento a impedir que los bolsillos de los españoles se queden tan vacío como el de los griego? Tras ese breve exabrupto, comprensible por el atraco al que estamos siendo sometidos empezamos a hablar de las publicaciones científicas.

Todo se inició cuando un amigo insistía en la poca fiabilidad de la información publicada en revistas científicas especializadas, incluso en aquellas que habían superado una evaluación por al menos un par de especialistas en el tema. “No paro de leer en la prensa grandes descubrimientos publicados en Nature o Science, que luego son desmentidos, ¿me he de creen como cierto lo que publican esas revistas?. Una pregunta muy adecuada, a la que tenía que responder con pocos tecnicismos, dados muchos de mis amigos trabajan en temas muy alejados de la ciencia.

Le dije: “hay que diferenciar entre la información de las revistas científicas y la noticia de prensa que informa sobre dicha publicación”. Los científicos nunca tomamos como verdad absoluta lo que aparece en las revistas. Esta información ha sido obtenida en un laboratorio (a veces un grupo de laboratorios), y ha sido evaluada por expertos en el campo. Los expertos solo pueden comprobar si los protocolos seguidos, la metodología empleada y las conclusiones extraídas, son compatibles con los experimentos realizados, pero lo que no pueden hacer es repetirlos en su laboratorio. Por tanto, esa información todavía debe ser sometida a otro filtro.

El siguiente filtro es una resultante del tiempo y del interés que despierte la publicación. Cuanto más tiempo pase sin que nadie haya refutado la información publicada, mayor garantía. El tiempo por sí sólo tampoco es garantía absoluta, si un trabajo despierta poco interés, cabe la posibilidad de que un error perdure publicado durante mucho tiempo, sin que nadie se de cuenta de ello. Por tanto, el parámetro “interés suscitado o impacto en otros científicos”, si es importante. Cuanto mayor interés despierte, mejor, porque más laboratorios repetirán los experimentos, y comprobarán por ellos mismos si lo publicado es correcto. El material biológico que se publica debe estar a disposición de otros investigadores, con lo que se va a poder analizar a fondo las conclusiones. Si alguien afirma tener una cura para el cáncer, otros la probarán, si alguien afirma que tiene un fósil de 100.000 años de antigüedad, otros analizarán su antigüedad.

El sumatorio de ambos componentes es lo que incrementa la credibilidad de la información de una publicación. Cuando más tiempo pase y mayor número de laboratorios hayan confirmado los resultados, mayor credibilidad tendrán los datos que incluye la publicación. Ante esta respuesta un colega que siguió atentamente este razonamiento me comento: “ya pero, ¿y si varios apoyan los resultados y otros afirman que tienen datos que refutan lo publicado’? Eso ocurre, y entonces se crean dos (o más) líneas argumentales, discrepancias, enfoques o escuelas, como se les quiera llamar. Lo que ocurre en esos casos es que aún faltan datos para saber quién tiene razón y que hay que seguir investigando.

Por otro lado, continué, está la prensa, la que trasmite a la ciudadanía los descubrimientos. No es frecuente que los organismos de investigación, o los propios científicos, hagan llegar la información más allá de las revistas científicas; lo normal es que esta labor la realicen periodistas, y en algunos casos (pocos), periodistas científicos. Lo criticable es que muchas veces la prensa presenta los resultados como definitivos y con la futura aplicación pegada a ella. Divulgar ciencia es muy complicado, y no crear ansiedad también. Así por ejemplo muchos avances en biología celular o genética son publicados como la “cura de enfermedades hereditarias”, o las pruebas de anticancerígenos en modelos experimentales (como los ratones) aparecen como “una cura inminente de algún tipo de tumor”, cuando en realidad se puede estar todavía a muchos años de conseguir esos avances. Cuando se inventa un nuevo combustible que permite viajar a las naves más deprisa hacia el espacio es difícil encontrar titulares del tipo, “gracias a este invento pronto saldrán astronautas a explorar las lunas de Saturno”; sin embargo es fácil leer que si un compuesto mata células cancerígenas, en cultivo celular “in vitro”, entonces “habrá muy pronto en el mercado un antitumoral capaz de curar algún tipo de cáncer”.

Si hay que ser cuidadoso, escéptico y paciente cuando se lee una publicación científica, hay que multiplicar por 10 esa precaución con esa misma información leída en la prensa generalista. Algunos medios deforman la información, y otros la magnifican. ¿A qué habéis leído titulares del tipo “la tortuga que contradice la teoría de la evolución” o “la partícula que contradice a Einstein”? Ante titulares de ese tipo hay que ser todavía más que cuidadoso. Es comprensible que los medios quieran captar nuestra atención con ese tipo de titulares, el problema es que se mantenga esa línea argumental durante todo el artículo, porque esa es la idea que trasciende a la población. Si para colmo, a las pocas semanas se leen titulares diciendo todo lo contrario, aquellos que no comprenden cómo opera la ciencia (que es la mayoría de la población) pueden pensar que esto de la ciencia es un cachondeo de dimes y diretes, de gente que no pone de acuerdo y de teorías que mañana pueden ser falsas. Y este es precisamente uno de los argumentos que emplean los que odian la ciencia, como los fundamentalistas religiosos, para indicarles a sus parroquianos que su “verdad” es inmutable, frente a los datos cambiantes de la ciencia.

Pero la ciencia no es ningún dogma, simplemente trata de conocer la realidad. Dada que ésta es muy compleja, y que nuestra herramientas son limitadas, avanzamos muy lentamente. Todos deseamos que los grandes descubrimientos se hagan en nuestra generación, para poder ser testigos de ellos. Eso puede generar ansiedad y precipitación, pero la ciencia necesita precisamente de lo contrario, de sosiego, análisis, comprobación y recomprobación. Lo que está escrito en las publicaciones científicas está sujeto a análisis y escrutinio por parte de los científicos. Eso no significa que no dispongamos de datos no fiables, ni que todo esté en el aire, ni tan siquiera que cualquier ocurrencia pueda refutar datos científicos (las ocurrencias han de sufrir el mismo rigor analítico que cualquier conclusión sujeto a evidencias experimentales). Disponemos de mucha información que sabemos que tiene un nivel de confianza y certeza elevadísimo, tal y como muestra nuestra capacidad de predicción en muchas áreas de conocimiento. Ser capaces de enviar una nave a un planeta lejano, y comprobar que ésta llega, y que desde allí nos envía sus imágenes, demuestra que enormes cantidades de información publicada en revistas científicas están en lo cierto.

Ya se hacía tarde, y al día siguiente teníamos que trabajar, así que dejamos la charla para otro momento. No sé si conseguí infundir la idea de la importancia del escepticismo a todos los niveles y de la diferencia entre la información que aparece en la llamada “literatura científica” y en la sección de ciencia de un periódico, pero al menos les hice que se marchara a casa pensando en ello.

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  1. thetuzaro
    13 julio, 2012 de 18:57

    Muy bien.

  2. 14 julio, 2012 de 15:37

    En terminos generales, estoy totalmente de acuerdo.

    Pero sólo por romper una lanza en favor de mis colegas, no siempre los titulares son obra del redactor, sino del jefe de sección, que modifica un adjetivo, del redactor jefe que pone lo de atrás adelante, y viceversa, y del encargado de edición, que termina de ‘aderezar’ la faena. A veces ves tu artículo titulado en el periódico o revista que acaba de llevarte a casa, y no acabas de creértelo: “¡La leche! ¿Quién me lo ha titulado así?”. Y no te queda más remedio que andar llamando a los científicos que entrevistaste para pedirles disculpas…

  3. redzinj
    15 julio, 2012 de 12:08

    Cuánta razón tienes Manuel en cuanto a la prensa generalista, ya que con honrosas excepciones en la mayoría de los casos no busca hacer partícipe a la sociedad de los descubrimientos científicos, sino llamar la atención para vender más ejemplares. Y es que tengo la sensación de que existen muy pocos periodistas especializados en temas científicos (y como señala alterfines, todavía hay menos jefes de sección, redactores jefes y encargados de edición sensibilizados con la ciencia).
    En mi campo, la Arqueología, con la excepción de unos pocos yacimientos clave en los que se realizan grandes trabajos de investigación de forma programada (aunque no parece que esta situación afortunada vaya a mantenerse en estos aciagos tiempos), en el resto de excavaciones es habitual que aparezcan los periodistas al inicio de los trabajos, antes de que se puedan dar unas conclusiones veraces y acordes con el registro exhumado, circunstancia a pesar de la cual lo habitual es que se insista en la valoración y espectacularidad del hallazgo en cuestión (no hay manera de hacer comprender a algunos periodistas que todo es importante, los hallazgos inéditos por la novedad que aportan y los ya conocidos por permitir constatar datos anteriormente registrados y confirmar hipótesis planteadas, dejando aparte de que se trata siempre de restos únicos que constituyen la herencia de nuestros antepasados). Y en el fondo es mejor decir algo, porque de lo contrario se reflejan declaraciones de cualquiera, sepa algo del tema o no, y entonces la noticia sí que puede ser de escándalo (he leído cada cosa, que madre mía). Eso sí, cuando ya se dispone de un registro que permite hacer una valoración de las características y naturaleza de los vestigios excavados, el asunto se ha olvidado y nunca aparece la prensa (y eso por no mencionar cuando la noticia se limita a la foto y entrevista con el político de turno o sólo aborda la polémica sobre cuánto van a demorar los restos descubiertos la construcción de determinada carretera, urbanización, etc.).
    En mi profesión es algo que en gran parte se debe a que se trata de una especialidad cuyos trabajos de campo, los más vistosos, se desarrollan fundamentalmente en verano, hecho que coincide con la ausencia de otro tipo de informaciones que habitualmente ocupan los periódicos (política y deportes, básicamente), lo que hace que se le otorgue una atención de la que carece el resto del año (sólo en una ocasión, en veinte años, he trabajado en un yacimiento sobre el que se hizo un reportaje de gran parte del proceso que conlleva una excavación, labores que duraron más de un año y que se resumieron en poco más de cinco minutos de emisión en los que no se reflejaban ni las labores previas ni la realización de las memorias e informes finales y de los artículos para su publicación en medios especializados).
    La experiencia me ha enseñado la conveniencia de ser muy cauto en las declaraciones, y a ser posible proporcionar a la prensa comunicaciones por escrito, aunque ni aún así se está libre de ver tergiversada la información. Entonces, cuando lees lo publicado, sólo se puede confiar en que los compañeros del gremio se imaginen lo sucedido y que esperen a sacar sus conclusiones a partir de los artículos científicos, algo que en mi campo suele diferirse demasiado tiempo, la verdad (por ello muchas veces las publicaciones de la prensa generalista nos son muy útiles a la hora de tener noticias sobre nuevos descubrimientos y excavaciones, aunque no sobre sus características concretas, claro está).
    En fin, que seguiremos intentando comunicar la información lo mejor posible (pues considero que uno de los fines principales de mi especialidad es la transmisión a la sociedad de sus descubrimientos), aunque no nos dejen hacerlo siempre ni a los periodistas ni a los profesionales.
    Saludos y disculpas por extenderme.

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