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Comportamientos éticos y eficacia

23 julio, 2012

Un paseo por Internet nos muestra la enorme desconfianza de los usuarios de la red hacia la industria farmacéutica. Es comprensible, dado que estos gigantes empresariales utilizan tácticas poco éticas para colocar sus productos. Cada cierto tiempo nos enteramos de algunas prácticas poco ética por medio de la prensa y la literatura científica. Uno de los casos más sonados de los últimos años quizás sea el de Avandia, un medicamento contra la diabetes con efectos secundarios muy superiores a los pronosticados por la empresa que lo distribuía. De hecho la compañía GlaxoSmithKline, responsable de su fabricación y distribución, ha tenido que pagar una costosísima indemnización por falsear los resultados.

Aspectos como el reseñado ya fue denunciado por la prestigiosa revista “Journal of the American Medial Association” (JAMA). En su volumen 287 (páginas 612-617) del 6 febrero del año 2002 aparecía un artículo firmado por Choudhry y colaboradores, y que se titulaba “Relationships between authors of clinical practice guidelines and the pharmaceutical industry”, en el que se apuntaba que había autores que ocultaban su relación con las empresas farmacéuticas. De hecho, en este estudio se apuntaba a la existencia de “autores testaferros”, médicos que no tenían ninguna relación con la publicación que firmaban y que recibían una importante cantidad para que su nombre constase en la publicación. A pesar de la obligatoria declaración de intereses que es necesario adjuntar con la publicación, muchos ocultaban dicha relación.

A estas prácticas poco éticas se unen otras, que en algunos casos han sido más que demostradas, mientras que en otros forman parte de la “sospechología habitual” que siempre pende de las grandes corporaciones. Entre ellas se pueden enumerar ensayos realizados con humanos en países en vías de desarrollo, sin los permisos de las comisiones de ética correspondiente, comercialización de productos sin haber concluido todos los controles que son perceptivos, tácticas de sobornos a médicos para incrementar la distribución de determinados productos, así como otras operaciones más difíciles de probar que podrían implicar a altos cargos sanitarios o políticos. Podríamos situar esas tácticas en las órbitas de empresas que manejan grandes negocios, como la industria armamentística, la alimenticia o las energéticas. Su fin: copar el mercado y colocar sus productos. Negocio puro y duro.

Frente a este de comportamiento criticado justificadamente en la red, aparece una visión idílica de otro tipo de empresas que distribuyen productos que reciben diferentes nombres: “productos naturales”, “medicinas alternativas”, “medicinas complementarias” o “medicinas alopáticas”. Nombre todos ellos poco afortunados, porque tan natural es la corteza de sauce como el ácido acetilsalicílico que vende la empresa Bayer. Tampoco parece muy razonable meter bajo el mismo paraguas lingüístico a preparados que contienen principio activo, como pueden ser preparados de hierbas o compuestos de la medicina tradicional china, que preparados que no contienen ningún compuesto activo, como pueden ser los homeopáticos.

Pero una cosa une a todos estos compuestos: pretenden venderse como productos naturales, respetuosos con el entorno y distribuidos con tácticas comerciales éticas. Y aquí de nuevo vuelve a haber grandes diferencias. La industria farmacéutica vende preparados con productos activos, y en muchos casos, y pese a su compartimento fuera de toda ética, gasta una pasta en investigación para desarrollar dichas compuestos. De hecho, pese a las críticas, es la industria que posee mayor número de productos terapéuticos. Sus preparados poseen efectos primarios y secundarios, por lo que se exige que éstos consten bien detallados, se regula de forma estrecha su forma de operar y se imponen fuertes sanciones cuando se demuestra que vulnera la ley. Muchos compuestos de la “medicina alternativa” también poseen principios activos, los cuales poseen efectos primarios y secundarios, sin embargo al venderse como “suplementos alimenticios” y no como medicamentos no están sujetos a unos controles tan exigentes. Esa es una de sus mayores debilidades. En muchos casos ni sus propiedades terapéuticas están suficientemente demostradas, ni sus efectos secundarios han sido analizados. De hecho, hay quien los vende como exentos de efectos secundarios, cuando eso es incorrecto, cualquier producto químico puede tener efectos indeseados en algunas personas. Así, se han detectado daños hepáticos en niños que han tomado equinácea o severas reaccione alérgicas a preparados que contienen polen. El considerar a los estos productos como inocuos, carentes de efectos secundarios puede llevar a ingestas más elevadas de lo aconsejable de aminoácidos, vitaminas o metales, superando el umbral de toxicidad, y convirtiendo un preparado con efectos terapéuticos en una sustancia tóxica.

Muchos pueden ver como una perogrullada este apunte, pero basta darse una vuelta por Internet para comprobar el número de veces que se repite el mantra de que los productos naturales no tienen efectos secundarios. Es tan fácil entender que unas bebidas refrescantes azucaradas son agradecidas por la mayoría de la población, pero son un potencial veneno para un diabético, o que una barra de pan es un alimento de primera para cualquier persona, excepto para un celíaco que enferma gravemente; no veo por qué les cuenta tanto entender que la composición de alguna infusión, hierba o preparado natural puede envenenar a algunas personas.

En mercado no sólo disponemos de medicinas producidas por la industria farmacéutica y los preparados “naturales” que podemos encontrar en farmacias, parafarmacias o herbolarios, también existen preparados homeopáticos. Éstos merecen una mención aparte. Los productos homeopáticos no poseen productos activos, ya que la dilución que se hace de ellos confirma que el número de moléculas de productos activos es igual a cero (con un error infinitesimal). Al carecer de productos activos, tampoco poseen efectos secundarios, a menos que los excipientes empleados (normalmente lactosa) presenten algún problema para quien los tome. Aunque en los prospectos de estos productos aparece una dosis que se recomienda no superar, se ha mostrado en diversas ocasiones que una ingesta masiva de productos homeopáticos no tiene ningún efecto sobre la salud. Por tanto, la principal crítica que se le hace a la homeopatía, más allá de la mercantilista, es la de la inacción: acudir a preparados homeopáticos en caso de patologías graves puede tener consecuencias fatales

En principio parece que las críticas sobre la homeopatía, , no se centraron en las tácticas “mafiosas” de las empresas que la producían, sino en que vendían productos sin principios activos, y que en sus más de 100 años de existencia, no había conseguido demostrar científicamente su eficacia terapéutica. Por ejemplo, en algunos medios se puede leer que el Oscillococcinum, un preparado homeopático muy de moda, es completamente inefectivo para tratar la gripe.

Ante esas críticas la respuesta de alguna empresa fabricante de preparados homeopáticos, que se creía perjudicada por las mismas, empezó a defenderse. En un principio empezaron con demandas sobre algún bloguero tal y como podemos leer aquí y aquí. Uno puede justificar estas demandas en un intento de salvaguardar el honor (y su negocio) de la empresa, pero la cosa deja de tener justificación cuando esas mismas industrias emplean tácticas mafiosas contra quienes les critican.

Por si esto fuera poco, las tácticas de algunas empresas fabricantes de homeopatía empiezan a recordar cada vez más a la de las grandes corporaciones farmacéuticas. Así podemos leer en Amazings

La empresa de productos homeopáticos Boiron ha aceptado pagar 12 millones de dólares para evitar una demanda colectiva por publicidad engañosa en EEUU por la venta de seis productos homeopáticos. Según informa el portal jurídico Law360, la compañía acepta dedicar 5 millones de dólares a los demandantes particulares que reclaman la devolución del dinero, una indemnización que será de hasta 100 dólares por demandante.

Hostigamiento, publicidad engañosa, pago para evitar demandas, no parece el compartimiento de quienes se vanaglorian de principios éticos. El poder de estas empresas crece, y desgraciadamente sabemos lo que supone eso a nivel mercantil: búsqueda agresiva de cuota de mercado. Siempre se podrá argumentar que no es tan grave, al fin y al cabo, sus productos no son tóxicos. Cierto, pero esa virtud se convierte en su propio defecto: carecen de compuestos con los que contrarrestar la enfermedad, con la que ésta cursará hacia un punto indeterminado.

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  1. Terribilis
    23 julio, 2012 de 18:52

    ¿Y qué os parece este chaval, tan emprendedor ‘Inventor’ de artículos médicos? Digo, para documentar nuestro optimismo :mrgreen:

    “Yoshitaka Fujii, un anestesista japonés, se ha hecho con el poco honroso título de investigador más fraudulento de la historia de la medicina, por delante del alemán Joachim Boldt. Fujii se inventó un total de 172 artículos científicos entre 1993 y 2011, según una conclusión hecha pública a finales de junio por un comité de expertos creado por la Sociedad Japonesa de Anestesistas para analizar el caso, que, entre otras irregularidades, detectó la falta de los datos de los supuestos pacientes y de evidencias de que se administrara algún tipo de medicación. El japonés publicó sus investigaciones fraudulentas en más de una veintena de publicaciones especializadas, como British Journal of Anaesthesia, International Journal of Gynecology and Obstetrics y Clinical Therapeutics.”
    Entresacado de http://sociedad.elpais.com/sociedad/2012/07/22/actualidad/1342987819_116935.html

    Saludos sin estudio previo.

  2. 23 julio, 2012 de 19:45

    Habría que aplicar las rigurosas pero mejorables normas de regulación de los medicamentos a cualquier otro preparado o tratamiento con supuestas propiedades curativas, saludables o beneficiosas para la salud o el cuerpo. De esta forma miles de compuestos milagro desaparecerían instantaneamente del mercado y multitud de timadores y truhanes irían al paro o incluso a la cárcel.
    http://diario-de-un-ateo.blogspot.com.es/2011/12/el-timo-de-las-terapias-naturales.html

  3. Anarres
    23 julio, 2012 de 23:59

    El problema con las farmacéuticas no son ‘solo’ sus prácticas ilegales o alegales. Son también las legales. Me refiero a cosas como en qué campos deciden investigar (lo más útil o lo más rentable?), el uso (abuso) de las patentes en algunos países sobre medicamentos que son vitales (como los usados para el tratamiento del VIH) para venderlos más caros, el uso de la publicidad, condicionando a la gente para que les compre cosas que no necesitan, etc. Un montón de prácticas perfectamente legales que perjudican a la gente más de lo que la benefician, justificadas sencillamente porque son empresas privadas y su prioridad es el beneficio privado, no el colectivo.

    Las empresas de “productos naturales” tienen un problema parecido, quizá algo menos grave porque no están tan extendidas (de esto no estoy segura). Y además, se aprovechan de los vacíos que van dejando las farmaceuticas ‘clásicas’. Me explico.

    La medicina científica occidental tiene varios inconvenientes. Por ejemplo, que se centra en los efectos, y a menudo olvida las causas. Con lo cual, se tratan esos efectos, pero como si fueran elementos separados y no tuvieran una fuente común. O también, se ocupa de los cuerpos enfermos, pero se olvida de las sensaciones de las personas. Leo que esto poco a poco va cambiando, pero se siguen usando valores fácilmente medibles, aunque no sean los prioritarios para los pacientes (ejemplo fácil: vómitos vs. náuseas). Y quizá el elemento más importante, se ocupa de curar o aliviar cuerpos enfermos, no de que los cuerpos sanos se mantengan sanos. Lo cual sería mucho más eficiente…

    A menudo en este tema me encuentro con visiones tan encontradas que lo único que se hace es ir al “y tú más”, sin tratar de pensar por qué pasa lo que pasa. Quizá la medicina científica debería inspirarse un poco más en las “alternativas” en su parte buena (ocuparse de todos esos vacíos), pero sin perder su esencia (la ciencia).

    Espero que nadie lea en todo esto un alegato a favor de las “medicinas alternativas”, porque está bastante lejos de ser la intención…

  4. 24 julio, 2012 de 8:36

    Quizá la medicina científica debería inspirarse un poco más en las “alternativas” en su parte buena (ocuparse de todos esos vacíos), pero sin perder su esencia (la ciencia).

    Completamente de acuerdo Anarres. Ese acercamiento debería producirse de la otra parte. Que los llamados “productos naturales” pasen por los mismos criterios que los medicamentos, para minimizar efectos secundarios y asegurar que el efecto terapéutico que se promociona existe.

  5. Herbert West
    24 julio, 2012 de 11:04

    Anarres :
    La medicina científica occidental tiene varios inconvenientes. Por ejemplo, que se centra en los efectos, y a menudo olvida las causas. Con lo cual, se tratan esos efectos, pero como si fueran elementos separados y no tuvieran una fuente común. O también, se ocupa de los cuerpos enfermos, pero se olvida de las sensaciones de las personas. Leo que esto poco a poco va cambiando, pero se siguen usando valores fácilmente medibles, aunque no sean los prioritarios para los pacientes (ejemplo fácil: vómitos vs. náuseas). Y quizá el elemento más importante, se ocupa de curar o aliviar cuerpos enfermos, no de que los cuerpos sanos se mantengan sanos. Lo cual sería mucho más eficiente…

    En principio estoy de acuerdo pero creo que hay que matizar.

    Es cierto que hay enfermedades en las que la medicina trata los síntomas y no las causas. Pero es que hay enfermedades en las que, o bien se desconoce la causa o bien el estado actual de conocimiento y técnica no puede ofrecer otra cosa. Por ejemplo, sabemos cual es la causa de la diabetes mellitus tipo I, pero no podemos atajarla porque no podemos producir células beta del páncreas y no podemos hacer que el cuerpo las produzca, además de no poder hacer que el organismo dejara de atacarlas en caso de conseguir los supuestos 1 y/o 2. Por lo tanto sólo podemos hacer una cosa, administrar insulina.

    Por otro lado, en el síndrome del ovario poliquístico, sabemos que de base se halla la resistencia a la insulina, pero no sabemos porque se produce esa resistencia a la insulina, por lo que no se puede atacar la causa de esa resistencia. Sin embargo podemos hacer que la calidad de vida de la mujer con dicho síndrome mejore, mientras se sigue investigando.

    Por otra parte, otras “alternativas” como la homeopatía, no reconocen (o no deberían reconocer) la existencia enfermedades, sino de un conjunto de síntomas que dicen combatir, sin eliminar la causa. Eso según sus bases. Por lo tanto ellos nunca podrán combatir la causa, aunque juren y perjuren que lo hacen.

    En cuanto a lo de las sensaciones no lo entiendo muy bien así que te pido que lo expongas de una forma más clara para poder debatirlo, por favor.

    Y en cuanto al tercer punto, el de mantener la salud, me parece totalmente erróneo. Primero porque confundes (o pareces confundir) el papel de las empresas farmacéuticas y de los médicos y las instituciones sanitarias. Y segundo porque los médicos y las instituciones sanitarias (a los que corresponde dicha tarea) si que se ocupan de promover el mantenimiento de la salud. Es lo que se llama medicina preventiva, y es lo que hacen cuando recomiendan que no fumes, no bebas, uses condón en tus relaciones sexuales de riesgo, que te limpies de delante hacia atrás después de orinar si eres mujer… Y en cientos y cientos de campañas de prevención de las que seguro has visto alguna.

  6. Terribilis
    24 julio, 2012 de 11:41

    Ejem. Herbert West te cito “que te limpies de delante hacia atrás después de orinar si eres mujer”

    Una duda me provoca insomnio ¿no será que en caso de defecar, sea que te limpies de delante hacia atrás y que después de orinar si eres mujer de atrás hacia delante? Digo, para evitar la entrada de la vagina… Digo yo, a no ser que las cosas hayan cambiado :mrgreen:

    Saludos con duda

  7. Anarres
    24 julio, 2012 de 14:06

    Así de entrada, siento si recurro a vaguedades, o si directamente digo cosas que no son ciertas. No soy médica, ni bióloga, es un campo que me interesa y suelo leer sobre él, pero principalmente en prensa generalista, que ya sabemos los defectos que tiene… La información que aparece en muchos casos es inconcreta, a veces incluso falsa, o no está bien enmarcada, etc.

    Herbert West :
    En principio estoy de acuerdo pero creo que hay que matizar.
    Es cierto que hay enfermedades en las que la medicina trata los síntomas y no las causas.

    No me he explicado muy bien… Me refería al problema de la especialización. La especialización es necesaria, porque permite conocer a fondo una materia. Pero tiene su contrapartida, y es que en muchos casos se pierde de vista el ‘todo’. En el caso de la medicina es especialmente problemático, porque a veces la molestia en una parte del cuerpo es el síntoma de algo que afecta a otra zona.

    Un ejemplo. Un día te encuentras que no eres capaz de orinar. La primera idea seguramente será que es un problema del sistema renal. Sin embargo, a las dos personas que he conocido a las que les ha pasado esto, tenían un problema neuronal. En el caso de una de esas personas, se dieron cuenta enseguida, y pudieron empezar con el tratamiento correspondiente (algo que puede llegar a ser vital). En el otro, no, primero tuvo que agravarse su problema, con más síntomas, lo que suposo un riesgo mayor.

    Una vez superada la enfermedad, en ambos casos les quedaron secuelas, pero de distintos tipos. Eso significa ir a médicos distintos, cada uno con una visión parcial del problema. Una de sas personas me contaba que después de ir a varios médicos, había tenido la suerte de encontrar a uno que era especialista en varios campos a la vez, y ese médico realmente le había supuesto una ayuda importante a tratar sus problemas.

    No digo que sea un problema sencillo. Pero que no sea sencillo no significa que deba ignorarse.

    Mientras, desde las ‘medicinas alternativas’ *dicen* (lo remarco para que quede claro, no es una idea que comparta) tratar los problemas como un todo. Para la gente que está harta de ir de médico en médico, es una idea muy atractiva (aunque sea falsa).

    Herbert West :
    En cuanto a lo de las sensaciones no lo entiendo muy bien así que te pido que lo expongas de una forma más clara para poder debatirlo, por favor.

    Desarrollo un poco más la idea de vómitos vs. náuseas. Este ejemplo lo leí hace tiempo, y precisamente hablaban de que estaban en vías de solucionarlo. Me gustaría proponer alguno mejor, pendiente de resolver, pero me faltan conocimientos…

    Hablaban del tratamiento contra el cáncer, que en algunos casos consiste en quimioterapia u otros tratamientos muy agresivos. Algunos de esos tratamientos (también otros que no son para el cáncer) provocan problemas en el sistema digestivo como efectos secundarios. Esos problemas consisten tanto en vómitos como en náuseas. Para paliarlos, se usaban medicamentos, como es lógico. El problema es qué medicamentos y cómo se verificaba la utilidad de estos.

    Lo “fácil” es tratar los vómitos, sencillamente porque son medibles. Puedes contar tanto frecuencia, como tiempo de duración, cantidad, etc. Sin embargo, los pacientes al ser preguntados decían que les resultaban mucho más molestas las nauseas, eran más frecuentes y desagradables.

    Como digo, este es un tema que ya se está teniendo en cuenta, pero sigue faltando. Mientras, “en la tienda de al lado”, tienes a homeópatas y compañía diciendo que ellos se ocupan de tus problemas reales. Y como en este caso hablamos de sensaciones, resultan muy convincentes, aunque usen tratamientos no contrastados.

    Y en cuanto al tercer punto, el de mantener la salud, me parece totalmente erróneo. Primero porque confundes (o pareces confundir) el papel de las empresas farmacéuticas y de los médicos y las instituciones sanitarias. Y segundo porque los médicos y las instituciones sanitarias (a los que corresponde dicha tarea) si que se ocupan de promover el mantenimiento de la salud.

    Siento la confusión. No confundo médicos y farmacéuticas. Desde mi punto de vista no tienen nada que ver. Mi crítica en el párrafo que estamos comentando era hacia al “sistema médico”. En este sistema actúan tanto médicos como farmacéuticas, pero de distinta manera. Si hablamos de mantener la salud, me parece claro que las intenciones pueden ser opuestas, y esto creo que es un problema global del sistema en el que vivimos; por una parte los médicos en general, se supone que tienen como objetivo mantener la salud de la gente. Pero por otra parte, a las farmacéuticas esto solo les interesa a medias, si la gente estuviera siempre sana, no compraría sus medicamentos. Suena cínico, pero habla de las prioridades de unos y otros.

    El problema es que la gente solo va al médico cuando se encuentra mal (y al parecer, a nuestros gobernantes ya les parece demasiado). Sí que exiten las revisiones preventivas, pero muy focalizadas a determinadas dolencias y grupos de riesgo.

    Y también es verdad que se dan recomendaciones generales para preservar la salud. Pero al intentar profundizar un poco, resulta complicado. Continuamente me encuentro información contradictoria, en la que es difícil saber si la fuente está contrastada o tiene algún interés oculto.

    Ejemplo, si quiero seguir una dieta sana (no me refiero a una dieta que solo cuente calorías), tengo que ir a un nutricionista. Pero no uno público, sino uno con consulta privada, lo cual significa quedarme sin ahorros. Si no quiero, tengo que basarme en la información que voy cogiendo de aquí y de allá. Teniendo en cuenta la importancia de la alimentación en la salud, ¿no saldría más a cuenta que hubiera cursos gratuitos, fáciles de encontrar, o incluso directamente consultas médicas públicas sobre alimentación?

    Otro ejemplo, las vitaminas. Los anuncios de vitaminas y minerales son algo frecuente, dicen que te ayudan a mantenerte sano. Sin embargo, hay estudios que demuestran que a la mayoría de gente esas vitaminas no les aportan nada. Y por lo tanto, deben estar en el mismo lugar que la homeopatía. ¿Por qué se permiten entonces esos anuncios que engañan a la gente? Los complejos vitamínicos solo deberían suministrarse a personas que los necesiten, y eso pasa porque alguien con conocimientos médicos compruebe esa necesidad.

    También podríamos hablar de los problemas del sueño. O de los problemas de la piel. O los cardíacos. Problemas que si se tratan cuando toca, minimizan los problemas futuros, y a la larga seguro que sale más rentable para el sistema de salud.

    Lo veo como una cuestión de filosofía. Convertir las revisiones en un hábito, con consejos médicos para quien lo solicite (sin necesidad de que tenga un problema en ese momento), o limitarse a dar directrices generales y actuar solo cuando la gente tiene problemas graves. Tengo la sensación de que en este tema se estaba mejorando antes de la crisis, pero actualmente se está retrocediendo mucho… Pero no lo sé, no tengo datos.

    Para acabar, un apunte general. Lo digo de nuevo, no defiendo las “medicinas alternativas”. Creo que se debería sospechar más de ellas, exigir que garanticen que dan lo que prometen (algo que también debería hacerse en otros campos, pero esa es otra historia), y muy especialmente, comprobar los posibles efectos adversos que tengan sus tratamientos. Y es por eso que me parece grave que tanta gente acuda esas pseudo-medicinas (hasta que demuestren lo contrario) y que veo la parte de responsabilidad que les corresponde a las instituciones, tanto para exigir garantías a las pseudo-medicinas, como para no “dar motivos” a la gente para dudar tanto de la medicina científica.

  8. Herbert West
    24 julio, 2012 de 21:30

    Terribilis :
    Ejem. Herbert West te cito “que te limpies de delante hacia atrás después de orinar si eres mujer”
    Una duda me provoca insomnio ¿no será que en caso de defecar, sea que te limpies de delante hacia atrás y que después de orinar si eres mujer de atrás hacia delante? Digo, para evitar la entrada de la vagina… Digo yo, a no ser que las cosas hayan cambiado
    Saludos con duda

    Pues duerme tranquilo compañero. No, no me he equivocado. Digo después de orinar para evitar arrastrar bacterias desde la zona perianal hacia la “salida” de la uretra y evitar por tanto infecciones urinarias.

    Anarres, no pidas disculpas, que no has ofendido a nadie. Simplemente he creído conveniente matizar lo que habías escrito.

    En el tema de la especialización, por una parte es cierto pero también hay que tener en cuenta que es imposible saberlo todo de todo, y que como contrapartida a tener conocimientos más limitados en otros campos, el conocimiento en el campo en el que te especializas es mayor que el que sería de otra manera.

    En cuanto al tema nauseas/vomitos nada que objetar ahora que te he comprendido.

    Y en cuanto al tema de la medicina preventiva sólo comentar dos cosas. Por un lado me parece que has dado en el clavo y al mismo tiempo te has constestado cuando has dicho

    El problema es que la gente solo va al médico cuando se encuentra mal

    Mientras se encuentran bien no sólo no van al médico si no que se pasa la prevención por el forro. Y hay campañas para el corazon, la piel… todos los años se habla del melanoma cuando llega el verano, las campañas en contra de las grasas saturadas son perennes. Pero cada cual hace de su capa un sayo…

    Por otro lado el tema de consultas de alimentación y cosas por el estilo, eso ya es cosa de los políticos, así que me parece que nos quedaremos con las ganas.

    Y punto para tí con lo de las vitaminas, de hecho es uno de mis casos favoritos. Yo ya he aconsejado a varias personas que no malgasten su dinero en esas cosas pero el éxito de mi campaña roza un descorazonador 50%. De todas formas eso es un tema de complementos alimenticios y publicidad.

    Si algo le gusta a un médico es poder “fardar” recomendando hábitos de prevención :D. Otra cosa es que las administraciones pertinentes mejoren las prestaciones, controlen la publicidad fraudulenta

  9. 11 septiembre, 2012 de 16:31

    Hola, he procurado dejar este comentario en un lugar con una cierta relación, para no salirme mucho, pero realmente el motivo de mi comentario es preguntaros por un tema que hasta ahora no había escuchado: el supuesto poder curativo de la arcilla blanca. Pero BEBIDA, no como cataplasma o algo más razonable. Hoy me lo ha comentado mi abuela y no daba crédito. Luego lo he visto publicado en Internet en sitios tan “fiables” como Discovery Salud y entonces ya sí que me ha dado miedo.
    Lo usan como remedio para curar cáncer!!! de próstata, de riñón, de vejiga… Me faltan muchos conocimientos en medicina y biología como para pronunciarme sobre ese tema, pero sé que a vosotros os sobran 😉 y como no he visto ninguna referencia a ese tema que me parezca fiable, pues he pensado que os podría interesar.

    Salu2!

  10. 11 septiembre, 2012 de 16:58

    Ruvyio, conocía las propiedades de la arcilla sobre la piel y su uso tópico, pero para enfermedades como las que nombras no tenía idea. Una pequeña búsqueda (no tengo tiempo ahora para análisis más profundos) me ha permitido encontrar esto:

    Cualquier posible similitud entre la arcilla y los medicamentos químicos será sólo aparente, pues existe una diferencia básica entre la acción antiséptica de la arcilla y la de las sustancias químicas. Todo producto químico es materia muerta que actúa ciegamente y destruye todas las bacterias de manera indiscriminada, las buenas y las malas, las sanas y las enfermas, las beneficiosas y las dañinas. Es posible que de ese modo se consiga exterminar los gérmenes peligrosos pero no se respeta a los elementos que favorecen la reconstrucción de células y tejidos, … Un hecho evidente es que la arcilla usada internamente, en absorción oral, anal o vaginal, actúa con enorme sabiduría, se dirige siempre a la zona dañada o enferma, donde se aloja quizá durante varios días y finalmente se evacúa, arrastrando consigo el pus, la sangre podrida, etc.” Raymond Dextreit , Nuevo tratado de medicina natural (Nuestra tierra, nuestra cura), Edaf, Madrid, 2001.

    El tufo a magufada tira para atrás, pero bueno, cuando tengamos tiempo ya lo analizaremos a fondo.

  11. Claudia
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