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Parásitos (3). ¿Neo? Pse… no es el único que esquiva las balas.

20 septiembre, 2012

Neo es uno de los nuevos superhéroes / Mesías / salvadores de la humanidad del siglo XXI. En su versión virtual, en el temible mundo de «Mátrix», había alcanzado tal control sobre dicha realidad que podía moldearla y alterarla a su propio antojo; lograba que el espacio-tiempo ondulara sobre sí mismo; había convertido a los Agentes en poco menos que peleles e incluso era capaz de resucitar a la versión virtual de personajes más que amigos. De todas las escenas de dicha trilogía, la más famosa es aquella en la que Neo, en extraordinario alarde de velocidad extrema, era capaz de esquivar las balas con unos reflejos de órdago. Pero… ¿y si digo que tal velocidad y reflejos no son para tanto si lo comparamos con el mundo real?

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Esta es la tercera entrega de esta serie dedicada a los parásitos. Hasta ahora hemos hablado de dos especies de avispas: Cotesia glomerata en la primera entrega; y Ampulex compressa en la segunda entrega. Esta vez volvemos a repetir la jugada para conocer a dos insectos a cada cual más sorprendente: al hospedador y a su parásito. Este parásito vuelve a ser otra especie de avispa, que como ya dije en su día, resulta que estos bichos son los reyes del parasitismo. Las avispas son miembros de un amplio grupo de insectos con más de 140.000 especies descritas, los Hymenoptera, que incluyen también a los abejorros, a las abejas solitarias, a las abejas que viven en colonias (incluyendo aquellas que fabrican rica miel), así como a las innumerables hormigas tan laboriosas.

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¡Cuidado! ¡Mirmidones cabreados!

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Las venturas y desventuras de los himenópteros también se relatan en la antigua Grecia. En la Ilíada de Homero aparece una casta de muy fieros guerreros: los mirmidones, nativos de la isla de Egina. Dicho nombre deriva del griego «myrmex» y significa hormiga. Según cuenta una leyenda la isla de Egina estaba deshabitada, por lo que Zeus convirtió a las hormigas de dicha isla en seres humanos, tan trabajadores y laboriosos como los insectos de los que recibieron su nombre (ref. 17). Pero no solo eran tan trabajadores como las hormigas, sino tan excelentes guerreros como ellas:

Fiero guerrero griego representado en una vasija ática con una avispa dibujada en el escudo. Crédito: Boletín S.E.A.

257 Los mirmidones seguían con armas y en buen orden al magnánimo Patroclo, hasta que alcanzaron a los teucros y les arremetieron con grandes bríos, esparciéndose como las avispas que moran en el camino, cuando los muchachos, siguiendo su costumbre de molestarlas, las irritan y consiguen con su imprudencia que dañen a buen número de personas, pues, si algún caminante pasa por allí, y sin querer las mueve, vuelan y defienden con ánimo valeroso a sus hijuelos; con un corazón y ánimo semejantes, se esparcieron los mirmidones desde las naves, y levantóse una gritería inmensa. Y Patroclo exhortaba a sus compañeros, diciendo con voz recia:

269 —¡Mirmidones, compañeros del Pelida Aquileo! Sed hombres, amigos, y mostrad vuestro impetuoso valor para que honremos al Pelida, que es el más valiente de cuantos argivos hay en las naves, como lo son también sus guerreros, que de cerca combaten; y comprenda el poderoso Agamemnón Atrida la falta que cometió no honrando al mejor de los aqueos.

275 Con estas palabras les excitó a todos el valor y la fuerza. Los mirmidones cayeron apiñados sobre los teucros y en las naves resonaban de un modo horrible los gritos de los aqueos.

Extraído de: Ilíada – Homero. Canto 16. Sacado de Wikisource

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 Tan rápidos como las balas.

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Nuestro hermoso planeta está lleno de maravillas. Una de ellas son los elegantes escarabajos tigre, un grupo de coleópteros pertenecientes a la subfamilia Cicindelinae, que también podemos llamar cicindélidos. El origen del nombre de este grupo de insectos es harto curioso. La primera parte de la historia comienza allá por el año 79 – 77 de nuestra era, cuando el erudito y militar romano Plinio el Viejo escribía la grandiosa enciclopedia Naturalis Historiae. En aquel enorme universo de conocimiento recogido y compactado, cuando Plinio el Viejo hablaba de las luciérnagas (esos escarabajos que en la noche brillan con luz propia) empleaba dos nombres para ellas: el término griego «lampyrides» y el término usado por los campesinos romanos «cicindelae» (ref. 14).

La segunda parte de la historia viene con Carl von Linneo, el inventor del sistema que actualmente emplean los científicos para dar nombre a toda especie viviente. Todo el trabajo de Linneo, tanto su sistema de clasificación como las especies que hasta entonces había descrito, se recogían en otra magna obra de la ciencia: Systema Naturae. En esta obra, por razones poco claras, Linneo decidió que los escarabajos tigre debían llamarse de ahora en adelante Cicindela; sin saber que tenía Linneo en mente, a priori es un nombre inadecuado, ya que son las luciérnagas quienes por derecho propio merecen ese nombre. Pero Linneo decidió que estas se llamarían Lampyris (ref. 10). Y así quedó escrito. Puesto que los primeros serán los primeros. Y el primer nombre no puede cambiarse.

¿Alguien pensaba que las gemas valiosas solo podían ser de naturaleza mineral? Aquí una valiosísima gema biológica: Cicindela japonica, un cicindélido de Japón. Crédito: Antje Schulte (Flickr) ¡no dejéis de visitarla!

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Los cicindélidos son un grupo de escarabajos que en el año 1992 contaba con 2028 especies descritas; en el año 2001 eran cerca de 2500 especies, actualmente serán muchas más (ref. 3 y 12).  Es un grupo cuya distribución es prácticamente mundial, muy diversos en los trópicos y que por regla general están súper-especializados para sobrevivir en entornos naturales muy concretos, por ello se usan como buenos bioindicadores de la calidad de los suelos que habitan. Comprenden un grupo de activos y muy veloces depredadores terrestres que, aprovechando las horas más calurosas del día, recorren su territorio a velocidad vertiginosa en busca de algo comestible. Aunque su dieta puede ser variada, por regla general está comprendida por otros bichos terrestres tales como hormigas, escarabajos y arañas, sin desdeñar a miembros de su propia especie. Algunos escarabajos tigre también se permiten el lujo de cazar renacuajos y lombrices, siendo las hormigas un plato para las épocas de hambre (ref. 9, 12, 15, 16 y 19).

Los escarabajos tigre son extraordinariamente rápidos. En el continente australiano se encuentra la especie Cicindela eburneola, capaz de alcanzar hasta 1.28 m/s. Puede parecer poquito, pero si tenemos en cuenta el tamaño del animal (~10.9 mm), nos encontramos con un insecto que ni corto ni perezoso recorre en un solo segundo hasta 117 veces la longitud de su propio cuerpo y que puede esprintar a 170 longitudes corporales por segundo. Lo cual no es ninguna tontería, ¿os imagináis a Usain Bolt corriendo a más de 1000 Km/h? ¡Casi Match 1! Otras especies no son tan rápidas, como Cicindela hudsoni, C. saetigera, C.  salicursoria o C. velox, pero todas ellas alcanzan velocidades máximas que superan en 100 veces su propia longitud corporal por segundo (ref. 6).

Tres ejemplos de cicindélidos ibéricos. A) Cicindela campestris, créd.: Korzunovich (galería impresionante). B) Cicindela littoralis, créd.: Fine-Art Nature. C) Cicindela (=Lophyra) flexousa, créd.: galerie-insecte. Estas dos últimas especies son habituales de la costa murciana (ref. 13). Con D) tenemos a la elegante Cicindela dorsalis de la costa atlántica de Norteamérica, créd.: cirrusimage

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Actualmente en la Península Ibérica contamos con 23 especies de este fascinante grupo de escarabajos. De todas ellas una de las más representativas es Cicindela (=Cephalota) deserticoloides, una especie endémica y exclusiva del sureste de la Península Ibérica, habitante de zonas de saladar y de estepa salina. Por desgracia, hoy es una especie extremadamente rara y en gravísimo «Peligro de Extinción». De todo lo grande que es el mundo, solo se encuentra en cuatro lugares muy reducidos: La Alcanara (Alhama, Murcia), Arneva (Orihuela, Alicante), San Isidro de Albatera (Alicante) y la Rambla de Ajauque (Fortuna, Murcia). Antaño existía en Albatera (Alicante), Elche (Alicante), Santa Pola (Alicante) y Totana (Murcia), pero se ha extinguido de dichas zonas. La razón de que esta especie se encuentre tan mal se debe a que es un especialista que vive exclusivamente en las zonas secas (no húmedas) de las estepas salinas y saladares; lugares que tradicionalmente han estado en el punto de mira para ser convertidos en campos de cultivo, carreteras, urbanizaciones o vertederos. Por ello, sin un lugar donde vivir esta especie está a punto de morir (ref. 4 y 7).

Ante una situación tan crítica, siendo patrimonio exclusivo del sureste ibérico, estando su entorno natural desapareciendo y sus poblaciones pudiéndose contar con los dedos de una mano; imaginarán que la Administración Pública se molestaría en hacer algo por esta especie ¿No? Pues por supuesto que decidió hacer algo ella: tal y como se recoge en esta noticia, nuestros amados políticos de la Diputación de Alicante promovieron, sufragaron y consideraron que era un enorme acierto construir un puente justo encima del saladar de San Isidro ¡uno de los cuatro lugares de todo el mundo donde se encuentra esta especie!

¿La Administración desconocía que era un lugar tan importante? ¿Ignoraba que desde hace más de diez años se sabía que Cicindela deserticoloides estaba allí? Si la respuesta fuera no, mala respuesta sería, ya que para algo están los estudios de impacto ambiental. Pero lo lamentable es que, tal y como se recoge en esta noticia, la Diputación de Alicante sabía perfectamente lo que estaba haciendo. Por desgracia los medios de comunicación recogieron dicha noticia de pura chiripa. Y por fortuna os puedo contar esto gracias a que conozco a gente preocupada por el bicho…

Preciosísimo ejemplar de Cicindela deserticoloides. Especie endémica de las zonas de saladar del sureste de la Península Ibérica, actualmente en grave «Peligro de Extinción» y que nuestra casta política hace lo posible por exterminar. Crédito: Universidad de Murcia

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Dejando de lado los desatinos habituales de la casta politipufa… Otro aspecto muy interesante de los cicindélidos son sus larvas. En esta etapa de su vida no son más que un gusano con una cabeza muy bien protegida por un férreo escudo y fuertes tenazas a modo de mandíbulas. Tras esta protegida cabeza, hallamos tres patitas, un quinto segmento del abdomen convertido en un bulto provisto de garfios y poco más. Esta anatomía describe perfectamente como viven durante esta etapa: excavan un agujero, se anclan firmemente a él con el quinto segmento del abdomen y taponan el agujero con su cabeza. Así por un lado protegen su débil cuerpo del exterior; y por otro lado se convierten a sí mismas en un mortífero cepo que atrapa a los insensatos insectos que osen acercarse, que serán capturados gracias a la increíble velocidad y reflejos de estas larvas (aquí un muy buen vídeo).

Los estudios realizados sobre estas larvas indican que el estímulo que las dispara es un blanco visual en movimiento (como el Tyrannosaurus de Jurassic Park). Si el blanco en movimiento es demasiado grande, la larva se retira al fondo de su agujero taponándolo con su dura cabeza convirtiéndolo en un búnker, no vaya a ser que eso tan grande decida que la larva es un menú apetitoso. Si el blanco en movimiento es muy pequeño tampoco se dispara el estímulo, ya que sería inútil gastar energía en intentar atrapar difícil de atrapar y que energéticamente no compensa. Pero si no es muy pequeño ni tampoco demasiado grande, se lanzará a por una presa tan apetitosa. Aunque dicho ataque es rapidísimo, el éxito de caza depende mucho de la puntería, por lo que estas larvas pueden apuntarse un tanto de 40 – 60% de éxitos en la captura de presas… (ref. 8 y 11).

A) Larva de Cicindela sp. en la postura típica que toman en el interior de su agujero. B) Larva de Cicindela sp., vista superior, nótese como el escudo de la cabeza bloquea el agujero, créd.: Chris Wirth (BugGuide). C) Posiblemente larva de Cicindela japonica, créd.: Oskar87jk (forotarantulas).

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Esquivando las balas.

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Pero en este mundo no hay nadie invencible y toda criatura, por muy peligrosa que parezca, tiene su propio talón de Aquiles. Las larvas de los cicindélidos, protegidas en sus agujeros por una dura coraza, capaces de bloquear el paso de sus enemigos o de lanzar certeros y mortales mordiscos a velocidad extrema, no son una excepción.

Mirad el insecto de la imagen inferior. Parece una hormiga, pero no lo es. Su nombre es Methocha y no os fiéis de su bello cuerpo de rubíes y ónices, ya que se trata de una mujer fatal. Las Methocha son un grupo de avispas cuyas hembras carecen de alas, a diferencia de los machos, los cuáles sí que están provistos de alas bien desarrolladas. Este humilde grupo de insectos cuenta con muy pocas especies, pero lo compensa con una distribución de carácter mundial. En Europa la especie más importante es Methocha articulata (= Methocha ichneumonides), la cual tiene una amplísima distribución Paleártica que le lleva a ocupar toda Europa, desde Rusia hasta la Península Ibérica. Otras especies de menor calibre son Methocha nigrescens y Methocha obscura de Eslovaquia y Ucrania, Methocha sisala de Rumania, Methocha picipes de Turkmenistán y Methocha latronum de Córcega y Cerdeña (ref. 1).

Ejemplares de la europea Methocha articuloides (= Methocha ichneumonides). Izquierda, preciosa hembra de ónices y rubíes. Derecha, parejita empalagosa, el macho negro y con alas está en pleno cortejo. Crédito: waarneming & rutkies.de

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Todas las Methocha de todo el mundo están especializadas en cazar un tipo de presa muy particular: la peligrosa y mortífera larva de los escarabajos tigre. Hasta ahora hemos visto que la larva de Cicindela es una criatura sedentaria que espera en su agujero la llegada de sus presas, habitualmente hormigas. Las avispas, por su parte, son depredadores muy activos, donde la avispa busca, la avispa tantea y finalmente la avispa encuentra a su presa. Ironías de la vida, esta vez aquel que cazará a Cicindela va disfrazado de hormiga (ref. 1 y 18).

Pero en este caso todos los movimientos de Methocha están calculados, ya que cualquier mínimo error será fatal. Una vez la avispa encuentra a su presa, se posiciona frente al agujero de forma que cuando la larva cierre sus letales mandíbulas estas rodearían el delgado tórax o estrechísima cintura de la avispa sin dañarla. En el momento del ataque la larva de Cicindela arquea su cabeza dejando abierta una apertura en su búnker, instante de vulnerabilidad en el que Methocha se lanza veloz al interior del agujero de Cicindela esquivando al mismo tiempo el mordisco fatal. A partir de entonces la larva está sentenciada, con su vulnerable cuerpo completamente expuesto la avispa tan solo debe picar a la larva del escarabajo tigre para paralizarla con su veneno (ref. 18).

Si bien no siempre sale todo a pedir de boca para la avispa. Y no porque esta falle al esquivar a la larva de Cicindela. Sino porque las larvas de los escarabajos tigre han desarrollado un plan B de emergencia. De forma habitual, cuando las avispas se cuelan en el agujero de Cicindela estas larvas reaccionan inmediatamente saliendo del agujero de un salto y literalmente, huyen. En ese momento la avispa persigue a su presa y le pica, una vez paralizada la arrastra hasta el agujero excavado por la propia larva. Una nueva ironía, el búnker excavado por la larva de Cicindela para su protección ahora es reconvertido en su propia tumba (ref. 18).

Ciclo larvario de Methocha articuloides (= Methocha ichneumonides). A) Hembra taponando el agujero donde reside la larva de escarabajo tigre con un huevo desde el que nacerá la larva de la avispa. B) a D) Desarrollo de la larva de Methocha. E) Larva de Methocha tejiendo el capullo donde hará la metamorfosis. Crédito: e-pics.ethz (excelente galería).

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Si falla el plan B hay larvas que han aprendido un plan C que les permite huir en condiciones. Esto arranca en una curiosa historia. Primero contamos con el Dr. Alan Harvey, profesor del Departamento de Biología de la Georgia Southern University y un gran entomólogo, aquel científico que dedica su vida a estudiar los insectos en cualquiera de sus facetas. Las mismas pasiones que el investigador principal suelen ser compartidas por sus estudiantes de doctorado. En este caso, la doctoranda del Dr. Harvey, de fin de semana con los amigos en las playas de Georgia, se topó  con algunas larvas de Cicindela. Al parecer decidió jugar con ellas un rato y… los resultados están publicados en la revista científica PloS Biology.

El animal objeto de estudio fueron las larvas de Cicindela dorsalis media de las costas de Georgia (Estados Unidos de Norteamérica). Esta investigadora descubrió que una vez las larvas están desprotegidas y fuera de su agujero, si son atacadas con un palito no se revuelven y muerden al palito, como se esperaría. Sino que arquean su cuerpo, tensan sus músculos y en una liberación de tensión dan un gran salto en el aire, formando una rueda en pleno vuelo para que al caer e impulsadas por el viento, ser capaces de rodar por las dunas de arena a toda velocidad, emulando al velocísimo Sonic el Erizo. Si fallan no pasa nada, volverán a saltar una y otra vez hasta conseguirlo. Con los saltos y la velocidad que adquieren rodando les basta y les sobra para escapar de avispas, aves, biólogos folloneros y cualquier otra cosa que intente molestarlas (ref. 5). Tal cosa la podéis ver en el siguiente vídeo:

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Son movimientos complicados y muy acrobáticos, como puede apreciarse en la siguiente imagen obtenida de PloS Biology. La secuencia de eventos incluye: a) molestando al bicho con el palito; b–c) arqueamiento y tensamiento del cuerpo; d) salto acrobático con varios mortales; e) caída artística en la arena e inicio del rodamiento. A continuación rodará y rodará hasta que en un momento dado decida volver a extenderse. Si falla en el salto y cae en una posición equívoca (f) entonces volverá a empezar.

Si la larva no logra escapar, ya sabemos como acaba la historia: Methocha atrapa y pica a su presa, enterrándola en el agujero que una vez sirvió a su propia protección. Entonces mamá avispa deposita un preciado huevo sobre la larva de Cicindela, sale del agujero y lo bloquea con piedrecitas y otros materiales disponibles. En breve nacerá la larva de la propia avispa, que consumirá viva a la larva de Cicindela antes de convertirse en pupa. En dos o tres semanas el ciclo se habrá cerrado y una nueva avispa estará lista para volver a la caza (ref. 2).

Es el ciclo de la vida, pero no me lo contaron así en Barrio Sésamo.

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Nota: la expresión “más veloz que las balas” la estoy usando como licencia literaria, no he encontrado en ningún sitio cálculos de velocidad ;o)

[continuará…]

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Entradas relacionadas:

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BONUS TRACK.

El ciclo vital de Methocha articulata. Por “Vida en Miniatura”, serie documental del insuperable David Attenborough.

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Referencias:

  • 2.- Agnoli GL & Rosa P. 2011. Methocha. Chrysis.net website, interim version 28-Jul-2011

  1. 20 septiembre, 2012 en 9:06

    En dos palabras: im presionante 😉

  2. 20 septiembre, 2012 en 9:18

    Magnífico! Gran manera de describir los problemas de una larva con su parásito, y las formas de superarlo. Coevolución presa-depredador en su máximo exponente. Y por una vez, el hospedador ha sido más interesante que el huesped.

    Una lastima lo de Cicindela deserticoloides. No tenía ni idea… 😦

  3. Paprivi
    21 septiembre, 2012 en 2:53

    Me he acordado al leer este artículo de un documental en que salía una especie de hormigas que era capaz de cerrar sus mandíbulas a una velocidad también de record.

  4. 21 septiembre, 2012 en 12:01

    Muy buen post, enhorabuena!!!

  5. Guillermo Sánchez.
    21 septiembre, 2012 en 21:56

    Impresionante, pero evite ver las imágenes al estar almorzando hahahaha, luego releo el artículo con más tranquilidad.

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