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El método científico aplicado a la biomedicina explicado en la barra de un bar

24 septiembre, 2012

Las vacaciones de verano están por completo olvidadas, pero los momentos pasados en ellas aquí quedan. Entre dichos momentos quedan las charlas con los amigos que hacía tiempo que uno no veía. Una de esas charlas giró en torno a métodos para conocer si algo es cierto o no, ¿cómo podemos estar seguros de que algo funciona, de que algo que nuestros sentidos dan como válido ocurre en realidad? Fue aquí donde yo introduje el concepto del “método científico”, como uno de los métodos más completos para llegar a ese conocimiento. Ante la duda de algunos de mis colegas acerca de su significado planteé un problema teórico, a cuya respuesta debíamos llegar entre caña y caña. Les dije: imaginad que tengo un compuesto A, del que afirmo que es capaz de curar la enfermedad X, un terrible mal que ha azotado a la humanidad desde tiempos ancestrales. ¿Cómo probaríais que no intento venderos la moto, cómo confirmaríais que A es efectivo frente a X?

Alguien apuntó que se podían tomar animales que tuvieran la enfermedad X y probar A directamente en ellos. No es mala idea, pero alarga la discusión, por lo que decidí saltarme el paso, y dado que era un problema teórico, podíamos pasar a humanos directamente. Además, muchos medicamentos que se han mostrado efectivos en animales de experimentación posteriormente han fracasado en humanos, por lo que tampoco tendríamos una prueba definitiva de su eficiencia con el modelo animal. Los animales nos podrían servir para analizar toxicidad, algo muy importante, pero nadie saldría envenenado por esta charla, salvo que alguna de las tapas que estábamos tomando estuviera en mal estado.

La primera idea lanzada para su deglución intelectual (los estómagos estaban ocupados en otras cosas) sugirió tomar testimonios de aquellos que habían probado el compuesto A, de esta forma se podía hacer un listado que recogiese el número de personas curadas frente a los que no lo han sido. Es una idea. Y como tal idea la lancé para su análisis. Pedí que intentaran encontrar problemas a ese método.

Tal y como esperaba de unos colegas tan despiertos, no faltaron los problemas al método descrito. La mayoría de esos problemas estaban relacionados con la confianza de los propios informadores, que se podían dividir en dos grupos. El primero estaba relacionado con los que habían notado efectos positivos y se decían curados: ¿cómo estamos seguros que tenían la enfermedad X?, ¿cómo sabemos que no tienen intereses creados con el compuesto A?, ¿cómo sabemos que realmente se han curado?, ¿cómo sabemos que la curación se debe realmente al compuesto A, y no ha sido por otro motivo diferente (por ejemplo el efecto placebo)? Pero los testimonios de no curación también tienen sus problemas: ¿cómo estamos seguros de que han tomado adecuadamente la medicación?, ¿cómo estamos seguros de que no ha existido un efecto secundario que ha obligado a interrumpir el tratamiento?

En la respuesta a todas esas preguntas está la clave del asunto. Con ellas se puede confeccionar una serie de ensayos para probar la validez de un presunto agente terapéutico, así como el número de controles que han de existir para establecer causa (medicamento)-efecto (curación), lo que determina la potencia de dichos ensayos. Se ha de contar con el mayor número de individuos posibles en el ensayo, se ha de asegurar que todos esos individuos poseen la enfermedad X (con diagnóstico confirmado), que un grupo de ellos recibe el compuesto A y otro grupo un compuesto placebo, que todos los participantes han de pensar que están recibiendo la medicación (incluso los reciben el placebo), se ha de establecer un mecanismo en clave para que los investigadores no sepan qué pacientes reciben el medicamento y quienes el placebo (doble ciego), se ha de asegurar que todos ingieran el medicamento (o el placebo) siguiendo la posología adecuada, se ha de revisar sistemáticamente el estado de salud de todos los que participen en el ensayo (tanto para constatar si hay mejoría o si aparecen efectos secundarios). En resumen, tal y como ya he comentado, se ha de controlar muy bien la posible relación-causa efecto para poder sacar conclusiones categóricas.

Tras confeccionar entre todos el listado, les hice notar a mis colegas el tipo de pasos que habíamos seguido: partíamos de una pregunta que había que responder: ¿funciona el compuesto A frente a la enfermedad X? A partir de esa pregunta habíamos realizado un protocolo, con los pasos a seguir para, con la menor implicación del personal investigador e investigado posible, llegar a conclusiones objetivas. De eso trata precisamente el método científico: establecer una serie de pasos para validar/refutar de una forma objetiva una hipótesis.

En ese momento intenté hacer ver que el método científico no es nada abstracto, no es más que un conjunto de reglas que se pueden aplicar a cosas tan variopintas como analizar la validez de una terapia, medir una distancia, saber el número de horas de luz solar que soporta Argel el 4 de agosto, o calcular la edad de una roca. Y quienes huyen de este método para analizar sus afirmaciones categóricas, a mi modo de ver, es que quizás tengan algo que ocultar. Y eso es lo que hacen, por ejemplo, quienes intentan convencernos de que una “terapia” alternativa funciona, empleando como argumento exclusivo su experiencia personal.

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Entradas relacionadas:


  1. 24 septiembre, 2012 en 12:44

    Muy bueno Manuel!

  2. Piedad
    24 septiembre, 2012 en 13:28

    Estaba buscando algo de información sobre “terapias alternativas” porque no se muy bien en que consisten algunas de ellas y me he encontrado con este estudio. De alguna manera, se intuye lo que encuentran, pero no deja de ser interesante. Y creo que si se tiene en cuenta el tipo de personas que más las usan, se puede entender mejor porque algunos creen que funcionan:

    http://www.scielo.org.ar/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0025-76802003000200003

    Saludos

  3. Albireo
    24 septiembre, 2012 en 19:39

    Herman Germán Osvaldo Sal :
    Muy bueno Manuel!

    Herman: ¡Viva Honduras!

  4. Juan de terzas
    25 septiembre, 2012 en 1:12

    Voto porque se pegue este artículo en todos los comentarios en los que aparezca algun magufo, charlatán o iluminado a ver si se enteran de como tienen que presentar y demostrar sus supuestos argumentos si esperan que les demos crédito.

  5. 25 septiembre, 2012 en 8:36

    Creo que lo vas a tener que volver a explicar, que hay alguien que no se ha enterado de la película: http://www.elmundo.es/america/2012/09/25/estados_unidos/1348543627.html?a=df894f2037d2f33fcd3258d76504c956&t=1348557715&numero=

    ¿Alguien sabe de dónde sacan a esta caterva de gilipollas? Para ser Presidente de EEUU solo se necesita tener algo de dinero, ¿no? Lo mejor lo de El Mundo… “Sorprendentes declaraciones”…. Jajajaja, vaya traca. Esta gente tiene un repertorio acojonante. Al lado de este y de Santorum, Bush era Einstein.

    Saludos.

  6. Paprivi
    25 septiembre, 2012 en 20:39

    Una forma sencilla de explicar el método científico si señor.

  7. Comentarista
    30 septiembre, 2012 en 19:20

    ¿Creéis que esta entrada puede ser de ayuda a los comentaristas de esta noticia?

    http://www.publico.es/ciencias/443188/los-mitos-sobre-el-cancer-persisten-mientras-se-ignoran-los-riesgos-reales

    Yo creo que son casos perdidos.

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