Inicio > Escepticismo > Segunda edición: Cinco características fundamentales del vendedor de humo

Segunda edición: Cinco características fundamentales del vendedor de humo

3 marzo, 2013

Decía Carl Sagan en su libro El mundo y sus demonios que había desarrollado un “kit para detectar tonterías”, un conjunto de herramientas lógicas gracias al cual podía detectar falacias e inconsistencias en argumentos prestos al análisis escéptico. En la descripción del kit, Sagan presentaba los tipos de falacias lógicas más comunes y animaba al lector a comprobar y contrastar las fuentes de la información, a aplicar la navaja de Occam y, obviamente, a utilizar un sistema de corrección constante y búsqueda de errores similar al que ha hecho progresar a la ciencia moderna.

Como buen científico, basó su kit en la observación de los fraudes y mentiras que han azotado a la humanidad desde el albor de los tiempos y resultaba fascinante constatar cómo el engaño no ha cambiado tanto desde que descubrimos el fuego o inventamos la escritura, y quizá la única diferencia radique en que el tiempo ha convertido algunos de ellos en tradiciones respetables…

Con semejante cantidad de información debería ser fácil abstraer un conjunto de normas básicas que nos permitiesen levantar sospechas sobre un hecho. En mi humilde opinión, hay cinco características fundamentales que todo buen vendedor de humo debe presentar.

1. Prometer la Luna

La vida eterna en un paraíso reservado para unos pocos. La capacidad de utilizar el cerebro como lo hacían los grandes pensadores alemanes de principios del siglo XX. Más fuerza, longevidad o un miembro viril de un tamaño monstruoso. Como los grandes titulares de los periódicos, quien acomete el engaño lo presenta con unas pocas frases atractivas que puede o no matizar más tarde: gratis sí, pero luego extiéndeme un cheque, o verás a dios pero los resultados no están garantizados. Lo importante es darle al espectador lo que pide, desea o mejor todavía, una nueva necesidad, y siempre debe ser algo increíble. Si además las promesas son vagas o difusas, menor probabilidad de tener problemas con la justicia.

2. Iniciar la guerra

Desde Temístocles hasta George W. Bush, el gran aliado de los líderes políticos y militares ha sido el miedo de sus conciudadanos a un enemigo, ya sea real o imaginario. Un grupo de personas con miedo es manipulable. Por eso todas las grandes manifestaciones de la superstición, la pseudociencia o las hipótesis conspirativas tienen siempre uno o varios enemigos: espíritus malvados, científicos locos incapaces de aceptar una supuesta revolución o gobiernos en la sombra formados por lagartijas gigantes (sic).

3. El valor añadido

Coge algo viejo, hazle un lavado de cara y véndelo como si fuese completamente nuevo. Las estafas, los timos, las supersticiones, etcétera, se aprovechan de esa cualidad tan estoica que es el “eterno retorno”. El cristianismo es una mezcla de algunas corrientes filosóficas de la época con un trasfondo judío, por ejemplo, y añade ese punto tan útil para la gobernación de la plebe según el cual “los mansos heredarán la Tierra”. Los súcubos e íncubos de los siglos XVII y XVIII, que inmovilizaban a sus víctimas mientras dormían, las violaban y humillaban, se convirtieron en los extraterrestres aficionados a los tocamientos anales del siglo XX. Y los remedios milagrosos que los curanderos vendían desde sus carretas están hoy en las teletiendas de medio mundo, aunque en lugar de curar los efectos de la polio o evitar los contagios de la peste, te convierten en una sílfide o mejoran tu concentración en un 200%.

4. Autoridad

El doctor Falacius asegura que este medicamento funciona. Por desgracia, su certificación en medicina alternativa no es válida en ningún país civilizado, cuesta apenas 300€ y puede obtenerse por correo sin acudir a una sola clase. Sin tener que llegar a este extremo, hay personas que para convencer a sus clientes potenciales no dudan en mentir, tergiversar, omitir información, etcétera. Suelen mentir los que dan a su producto el sello de aprobación de uno o varios científicos, pero no son capaces de decir quiénes son, de dónde, qué clase de pruebas han realizado o si son reproducibles. Tergiversan los que saben que existen evidencias contra sus productos y por ello llegan a utilizar a críticos eminentes. El ejemplo más conocido es el del creyente en la hipótesis del diseño inteligente que saca de contexto citas de científicos, sobre todo biólogos, que son reconocidos partidarios de la teoría de la evolución. Por último, omiten información los que apuntalan su defensa en algunas características que, en el fondo, son irrelevantes como la tradición, la antigüedad, la espiritualidad, etcétera. El caldo de cultivo más fértil para este comportamiento es la medicina alternativa, y el paradigma seguramente sea China: mientras en Occidente se tiene cierto aprecio por los remedios tradicionales chinos, en China se afanan por importar la medicina occidental. Irónico, ¿no?

5. Siempre es la verdad, absoluta e inamovible

Los dogmas de fe son probablemente la marca definitiva del camelo. Funciona en cualquier condición, en cualquier persona, ahora y siempre, da igual lo que digan los que vengan después. Algo eterno, sea la salvación divina o un remedio para la artritis, nunca ha habido ni habrá nada mejor… hasta que otro quiera vender algo similar, claro. Porque lo que no es definitivo genera desconfianza y miedo, y la desconfianza y el miedo abonan la necesidad de lo definitivo. Por eso se venden tan bien la vida eterna rodeado de setenta y dos vírgenes o los remedios milagrosos contra el cáncer, porque son algo incuestionable y perfecto. Aunque supongo que en la eternidad te puedes aburrir si sólo tienes seis docenas de mujeres.

Pero el éxito de los timos no depende únicamente del proveedor. Los clientes, ya sea por miedo, por una fe dogmática, por el sesgo de confirmación u otros, tienden a hacer el trabajo sucio, publicitando y atrayendo a nuevos adeptos y eventualmente convirtiéndose en nuevos proveedores. Así, la estafa se autoperpetúa y los timados pasan a ser timadores.

Ya lo decía Hobbes, “el hombre es un lobo para el hombre”. No le faltaba razón.

Entradas relacionadas:

Publicado originalmente el 19 de febrero de 2010


  1. Cachicamo
    3 marzo, 2013 en 11:30

    Pues el artículo lo que ha hecho es encochinarme (cabrearme, en canario). Y no porque me parezca mal el artículo, todo lo contrario. Quizás solo haya sido que me ha refrescado las mil falacias de esos charlatanes de feria, y el cómo han pasado de tirar de un carro por los pueblos del medievo, a copar las mas altas cotas del poder.
    Encima, haciendo zapping, me he topado con la misa de la 2.

  2. juan pe
    3 marzo, 2013 en 15:54

    jaja, muy bueno
    te ha faltado el compinche que dice: “a mi me funciona”

  3. 3 marzo, 2013 en 19:46

    Real como los gurús que viven de la conspiranoia.

    “Aunque supongo que en la eternidad te puedes aburrir si sólo tienes seis docenas de mujeres”.
    Me ha hecho gracia esta frase, porqué lo que se pueden aburrir ellas ni te cuento

  4. Alaksandu
    4 marzo, 2013 en 1:04

    Hola
    Es totalmente aplicable al Relato que nos vende, todos los días, la Presidente y su Aparato de Propaganda.
    Saludos.

  5. 4 marzo, 2013 en 5:41

    Lo siento, pero cada vez que se menciona lo de las 72 vírgenes estoy obligado a poner esto:

    Sun salud☼.

  6. Alaksandu
    4 marzo, 2013 en 6:17

    ¡¡¡Buenísimo!!!…

  7. Rawandi
    4 marzo, 2013 en 16:56

    La cuchilla de Occam (el principio lógico según el cual es más probable una explicación normal que una explicación extraordinaria) resulta letal tanto para las pseudociencias como para las religiones.

    La cuchilla de Occam conduce a dos actitudes provisionales: el ateísmo en religión y el rechazo en el ámbito pseudocientífico.

  8. Alaksandu
    4 marzo, 2013 en 22:25

    Efectivamente, ni las Religiones, ni las Pseudociencias, y menos aún, las Doctrinas Políticas soportan el más mínimo escrutinio.

  9. 4 marzo, 2013 en 23:36

    Rawandi, sería todavía más letal si fuera fácil de enseñar a aplicar. No hace falta que te explique que para un creyente la explicación más simple es la que tiene grabada a fuego porque no tiene los recursos necesarios para desarrollar los procesos que implican. Para muchos de ellos la ausencia de explicación es la explicación más sencilla ¿Cuántas veces en tu vida habrás tenido que explicar que la ausencia de explicación para un suceso implica descartar múltiples explicaciones mucho más sencillas?

    Que esta gente sea tan dogmática e ingenua no es lo más triste del problema: Lo más preocupante es sus carencias a la hora de practicar sencillos procesos de razonamieno, y para más escarnio, con orgullo ¿cómo te quedas?

    Sun salud☼.

  10. Terribilis
    5 marzo, 2013 en 8:23

    Muy bien, David Cisneros cuando dices:”Para muchos de ellos la ausencia de explicación es la explicación más sencilla ¿Cuántas veces en tu vida habrás tenido que explicar que la ausencia de explicación para un suceso implica descartar múltiples explicaciones mucho más sencillas?”

    Frase para ponerla en un cuadro con luces de neón e incluirla en “Las mejores frases de nuestros lectores” al grito de “era para ayer”

    Saludos con Navaja

  11. 5 marzo, 2013 en 10:03

    Lo agradezco mucho Terribilis pero no, no se merece tal honor. Al fin y al cabo tan sólo es la correcta interpretación de la famosa frase “Una vez eliminado lo imposible, lo restante, aunque improbable, es lo cierto”. Ahora viene la reflexión ¿cuántas veces hemos visto a los vendedores de humo esgrimiendo esta frase manipulando el concepto de lo imposible y lo improbable? Y las que nos tocará ver…

    Sun salud☼.

  12. Terribilis
    5 marzo, 2013 en 19:56

    David Cisneros. Ya veo que la cosa es contradecirme je.. 😆 Insisto en decir que merece tu frase estar en la exclusiva sección de “Las mejores frases de nuestros lectores” por lo que tú mismo expresas “Al fin y al cabo tan sólo es la correcta interpretación de la famosa frase” “Una vez eliminado lo imposible, lo restante, aunque improbable, es lo cierto”. Pos eso, es tal interpretación la que es digna de ser señalada como candidata.

    Joer.. si hasta han puesto una frase mía en la sección mencionada. Entonces, y de pasada quitarle tal mancha, para darle brillo y esplendor :), pido a los demás asiduos del sitio que apoyen la frase de David.

    Por cierto, David, respecto a “¿cuántas veces hemos visto a los vendedores de humo esgrimiendo esta frase manipulando el concepto de lo imposible y lo improbable? N veces un mogollón o un chingamadral, je, No sé si has leído lo escrito por J, M. en “Posible, plausible y la tetera de Russell” https://lacienciaysusdemonios.com/2012/05/09/posible-plausible-y-la-tetera-de-russell/#more-24189

    Está muy bueno…. creo que va del tema..

    Saludos obcecados

  13. 5 marzo, 2013 en 22:53

    Gracias por la referencia al artículo de J.M. Me parecen geniales estas reseñas ya que muchas veces por la falta de tiempo se escapan estos artículos y la verdad que son muy útiles cuando se relacionan conceptos en un mismo escrito.

    No es por contradecir por gusto desde luego pero si por ejemplo comparamos esta frase con la tuya, la mía es bastante más simplista. No lo digo por empezar a darnos palmaditas en la espalda pero es que tu contraste entre conocimiento foraneo y vernáculo estuvo muy inspirada.

    Volviendo un poco al tema original, si te fijas bien la mayor parte de las características del vendedor de humo que se plantean están basadas en en el razonamiento inductivo, es decir la extrapolación de lo particular a lo general o dicho en palabras más sencillas, extender la aplicación del éxito de un caso concreto al resto de los casos sin atender a las razones específicas que contribuyeron originalmente, cuando se trata de defender las bondades de lo que se ofrece, o por el contrario en los casos en los que un suceso fracasa, cuando se trata de cuestionar la validez de un conjunto de eventos relacionados.

    Cuando nos encontramos ante este tipo de argumentaciones se ha de ejercitar un proceso deconstructivo verificando la validez de una generalidad en un caso particular, lo que deriva en un razonamiento deductivo, comparando y descartando varios casos generales aplicados a un mismo caso particular.

    Esto en realidad así escrito parece más de lo que realmente es. Diariamente aplicamos inconscientemente los dos tipos de procesos de razonamiento para los eventos más sencillos apoyándonos en experiencias previas (memoria), lo que requiere un poco más de trabajo es detenerse y realizar el esfuerzo de concentrarse en las tareas que necesitan un proceso de filtrado antes de llevarlas a su ejecución por inercia.

    Sun salud☼.

  14. Cronopio
    6 marzo, 2013 en 0:27

    Me sumo a Terribilis en valorar la excelencia de la frase de David. La encuentro acertada, coherente y didáctica. ¿Que más se puede pedir?

  15. 9 marzo, 2013 en 23:03

    Reblogged this on yanetfirefly.

  1. 3 marzo, 2013 en 19:00
Los comentarios están cerrados.
A %d blogueros les gusta esto: