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No creas ni lo que veas

6 marzo, 2013

figura-imposibleAntonio es un tipo incrédulo. No suele creer en nada que no vea con sus propios ojos, y resulta difícil engañarle con vírgenes esperando en un paraíso o trucos rápidos para hacerse millonario. Por ello, no dio ninguna importancia a una carta en la que un consultor de bolsa le ofrecía como publicidad de sus servicios una predicción gratuita: invertir en acciones de Gripex, las cuales subirían al día siguiente. Antonio tiró a la basura la propaganda, junto con un folleto de un nuevo telechino y un par de ofertas de créditos personales inmediatos. Sin embargo, su memoria hizo una de esas extrañas jugadas y el nombre de Gripex se le quedó grabado de tal forma, que al día siguiente por curiosidad ojeó las cotización bursátiles. Las acciones habían subido un 2,45%.

“Pura casualidad”, pensó escéptiamente Antonio, y no volvió a recordar el asunto hasta que una semana más tarde le llegó otra carta del mismo consultor. Esta vez le aconsejaba invertir en NovaOil, con la intención de que si le parecía interesante la inversión, pasara a contratar sus servicios de pago en asesoría bursátil. Es fácil de imaginar la reacción de Antonio: no gastó un duro, pero al día siguiente consultó con algo más de curiosidad la página de valores del periódico. Allí estaba: NovaOil había subido un 1,23% desde el día anterior.

“De nuevo casualidad”, se dijo a sí mismo, pero la duda ya había hecho mella en él. No con mucho ánimo, tiró la carta que aún conservaba y decidió olvidar el incidente. Una semana despues, sin embargo, llegó una tercera misiva del mismo remitente: “Estimado Sr. Posadas -éste era el apellido de nuestro protagonista-, nuestra firma ofrece unos novedosos servicios de asesoría bursátil. Los pronósticos que ofrecemos a nuestros clientes tienen un porcentaje de éxito cercano al 95%. Por una pequeña cuota, podrá disponer de una previsión semanal para obtener un excelente rendimiento de su cartera de acciones. Pero como no pedimos que confíe en nosotros, estamos utilizando un revolucionario método de promoción: le obsequiamos con un pronóstico gratuito, extraído de nuestros análisis comerciales, con el objeto de que evalúe lo que puede ganar con nosotros“. Esta vez, el afortunado era “Aceros del Sudeste”.

El texto era exactamente el mismo que el de las dos misivas anteriores. Únicamente variaba la fecha y el nombre de la empresa que teóricamente subiría en bolsa. Contra todo pronóstico, Aceros del Sudeste subió un 1,05% al día siguiente.

1228293579_0Nuestro incrédulo amigo mentiría si dijera que no estuvo tentado por un momento en llamar a la asesoría. Sin embargo, su prudencia entró en juego: “tres aciertos también pueden ser mera casualidad, además si fueran tan buenos, invertirían ellos directamente en lugar de aconsejar a los demás“. Con la mosca detrás de la oreja, transcurrió una semana en la que revisó el buzón a diario, algo que no hacía habitualmente, en espera de una cuarta carta que llegó puntualmente, así como una quinta, una sexta y así hasta diez. Nuestro amigo aguantó el tipo como un jabato, hasta que en la última carta se advertía que finalizaba la campaña promocional, y que podría contar con una previsión semanal por el módico precio de 100€.

A estas alturas, el incrédulo Antonio estaba más que convencido de que se encontraba ante unos cracks de la bolsa. Sus reticencias seguían en pie, principalmente basadas en el porqué de ofrecer un servicio que podría hacerles millonarios. Sin embargo, diez aciertos seguidos tienen un peso empírico considerable. Esperando un comportamiento al azar en el que un valor tiene las mismas probabilidades de subir que de bajar en su cotización, las probabilidades de lo que acababa de observar eran aproximadamente de una entre mil. Quizás mereciera la pena arriesgar 100€ con esos porcentajes de confianza. No era mucho dinero, y diez aciertos seguidos es demasiada casualidad.

Liándose la manta a la cabeza, nuestro amigo contactó con la asesoría y realizó el ingreso correspondiente. A los dos días llegó la predicción: FloriText subiría según el último análisis de la firma. Incapaz de creer a pies juntillas, Antonio realizó una prueba más, solamente invirtió otros 500 € en acciones de FloriText. Al día siguiente, sus acciones valían 513€, la compañía había subido un 2,6%. A estas alturas, Antonio estaba totalmente rendido. Abonó otros cien euros por una nueva predicción y compró nada menos que 15.000 euros que tenía ahorrados en acciones de Topsegur, la predicción de la semana. El cálculo era sencillo: bastaba con una subida de un 1% para amortizar los 100€ invertidos y ganar otros 50 sin esfuerzo. Si la cosa seguía funcionando, las posibilidades eran inmensas.

ricosExcitado con su inversión, apenas concilió el sueño, y a primera hora estaba ya pendiente de las cotizaciones. La apertura no pudo ser mejor: Topsegur valía un 0,75% más a las 9:30 de la mañana. A las 12:00 horas, mordiéndose las uñas, Antonio volvió a consultar la cotización: Topsegur había bajado hasta el 0,25% con respecto al día anterior. A pesar del sobresalto, quedaban aún más de cinco horas para cerrar el parquet, se dijo, y daba tiempo de sobra a un buen remonte. Sin embargo, éste no se produjo: Topsegur siguió bajando y, al cierre del mercado, su evolución podría calificarse como batacazo: -2,65%. Es decir, sus 15.000 euros se habían reducido a 14.602,5. Antonio había palmado 400 euros de bellón, que junto con los 200 que llevaba pagados al asesor, sumaban cien mil de las antiguas pesetas.

No sabía si más cabreado que estupefacto, Antonio envió un correo electrónico a sus adivinos particulares quejándose amargamente. La respuesta no se hizo esperar: el porcentaje de éxito en los análisis bursátiles de la firma rondaba el 95%, por lo que alguna vez erraban, pero estadísticamente no había forma de perder dinero. Confiando en un golpe de timón de la fortuna, Antonio dejó sus menguados euros en Topsegur hasta el día siguiente. Cagada: sus acciones ahora tenían un valor de 14.427,27 €, tras una segunda bajada del 1,2% de los seguratas.

Tras vender apresuradamente antes de perder más, decidió apostar por una última oportunidad, e ingresó la cuota correspondiente a una nueva previsión. Once aciertos consecutivos frente a un fallo no tenían comparación, y quizás pudiera aún recuperar o incluso iniciar la espiral de ganancias. “Conservas El Melenudo” eran el vaticinio de los asesores. Allí que confió sus 14.000 euros el bueno de Antonio, y allí que no acabó tirándose por el balcón de puro milagro: 700 eurazos de pérdida tras una caída del 4,95% de las puñeteras latas de sardinas. En apenas una semana, y contando los  honorarios de la asesoría, había palmado más de 1500 euros.

Con un cabreo fácil de imaginar, agarró el teléfono para hablar con sus desinflados asesores, pero nadie atendió la llamada. Varios correos electrónicos tampoco tuvieron respuesta y, al personarse en las oficinas del grupo bursátil, descubrió con amargura que estaban ocupadas por un negocio de importación textil del continente asiático.

Habían timado a Antonio, aunque el pobre no era capaz de comprender cómo lo habían hecho. Más deprimido que un calamar en el Gobi, juró y perjuró que jamás volvería a fiarse ni siquiera de lo que vieran sus ojos.

No dudamos que nuestros queridos lectores habrán entendido perfectamente el timo a que fue sometido Antonio, y os invitamos a que lo expliquéis en los comentarios. Los diez primeros en acertar recibirán como premio una previsión personalizada para invertir en bolsa.

Pista importante: esta historia está basada en un capítulo del fantástico libro de John Allen Paulos “El hombre anumérico”.

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  1. Raúl
    6 marzo, 2013 en 8:42

    Ya lo había visto pero desde el punto de vista del timador, la verdad es que es muy didáctico presentarlo desde el punto de vista del timado.

    La idea es mandar miles de cartas apostando por la subida de varias empresas, tenemos un 50% de posibilidades de acertar, para las empresas que hemos acertado volvemos a mandar una carta pronosticando la subida de otras empresas, vamos descartando a las personas cuyos pronósticos no han sido bueno, y así vamos avanzando.

    Al final habrá un grupo de personas a las que les habremos acertado todas las predicciones, y de ese grupo alguno nos mandará el dinero, si es incauto.

    Es cuestión de empezar con muchos posibles clientes. Si se hace por correo electrónico la facilidad es mucho mayor.

    Saludos.

  2. Masklin
    6 marzo, 2013 en 10:07

    Efectivamente, estoy con Raúl. Se trata de mandar el mayor número posible de correos para poner las probabilidades a tu favor. Como dice el artículo “una probabilidad entre mil”, son sólo mil correos. Y voy más allá, conociendo la naturaleza humana, si en una de estas pruebas “empíricas” la bolsa tiene una subida generalizada de, por ejemplo, el 2% y la empresa elegida del 1% la apreciación será que han acertado…

  3. kaope
    6 marzo, 2013 en 10:14

    Otra forma de hacerlo es mandar a la mitad de los remitentes un pronóstico de subida y a la otra mitad un pronóstico de bajada. Se van descartando los errores y los que han recibido las cinco o diez previsiones favorables, probablemente piquen como panchitos.

  4. 6 marzo, 2013 en 10:14

    Totalmente de acuerdo con Raul

    Hay que jugar con la estadística y las probabilidades. Si mandas un millón de E-mails y como en cada paso hay aproximadamente un 50% de probabilidad de que la empresa seleccionada suba, al final de los diez pasos tendrás cerca de 1000 “primos2 para estafar.

  5. Manueldáctilo
    6 marzo, 2013 en 12:29

    Es un poco como el timo del principe africano que te va a dar toda su fortuna si le pagas por adelantado. Es tan descabellado que sólo puede picar una persona (especialmente crédula) entre el millón que recibe el mail, pero eso ya es suficiente para que el timo sea rentable.

    En el supuesto que nos ocupa, miles de personas deben de haber recibido la propaganda y, o la han ignorado directamente, o han constatado que se trata de un fraude. En el caso de Antonio, él sigue adelante cegado por las predicciones que se cumplian (una pequeña posibilidad frente a las muchas en las que no se acertaba). Su error fué pensar que 10 aciertos sobre 10 no podía ser azar. Lo que no sabía era que habían miles de casos de otras personas que habían recibido predicciones en las que no habian tantos aciertos.

    Antonio, hijo mio. La próxima vez, no consultes la bolsa, pregunta antes en La Ciencia y los Demonis.

  6. Francesc
    6 marzo, 2013 en 13:04

    Un ejemplo perfecto para explicar a los de “si una de las constantes del universo fuera ligeramente distinta no habría vida. Ergo diseño”

  7. Blueoriol
    6 marzo, 2013 en 15:43

    Como suele decirse: Incluso un reloj estropeado da la hora correcta 2 veces cada dia. Si tu pasas por delante justo en ese momento te parecerá que el reloj funciona perfectamente.

  8. Vin
    6 marzo, 2013 en 16:48

    Hay madre… “cuando el rio suena…agua lleva”; un tanto peligroso el querer omitir uno mismo, su propio subconsciente ( hasta en la gente más crédula de vez en cuando asoma…) él mismo reconoce, la primera vez, que debe ser: ” pura casualidad “. A la décima carta con acierto yo ya estaría más que mosqueado, con un ejercito de moscas detrás de la oreja (claro que; “a toro pasado, todo son cojones… ;P

  9. Albireo
    6 marzo, 2013 en 17:52

    Vale, chicos listos, pero en el artículo pone, claramente, que los envíos son por carta, y estas tienen un coste, así que con 100 € que le levanten a uno de cada 1.000 potenciales primos no salen las cuentas.

    Además, ¿qué me decís de la forma de escribir que suelen usar los timadores por correo electrónico? ¿no disminuye eso sus posibilidades de timo?

  10. 6 marzo, 2013 en 18:42

    Además, ¿qué me decís de la forma de escribir que suelen usar los timadores por correo electrónico? ¿no disminuye eso sus posibilidades de timo?

    Pues no sé que decirte. En este blog hay comentarios con una redacción y una ortografía todavía peores, y aún y así les contestamos 😆

  11. J.M.
    6 marzo, 2013 en 19:04

    Habéis sido rápidos, jeje. Desde el primer comentario de Raúl. El ejemplo que pone Paulos en su libro es el de mandar la mitad pronosticando subida de un valor y la otra mitad bajada del mismo valor, para ahorrar envíos.

    Es cierto que si se hace por correo postal lleva unos gastos que podrían elevarse demasiado, pero lo importante del ejemplo no es realizar el cálculo de cómo sería mas rentable (aunque puede también ser divertido), sino como emplear el anumerismo para convencer de la cuadratura del círculo.

  12. 6 marzo, 2013 en 22:49

    jejje JM buenísimo!!!!

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