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Evidencia o creencia: cómo funciona el método científico (I)

21 marzo, 2013

CienciaEste tema quizá resulte cansino para la mayor parte de nuestros lectores, pero es algo que recurrentemente parece ser necesario escribir. Bastan unas cuantas conversaciones, sean en persona o virtuales, para sorprenderte una vez más (y van…) con la incomprensión generalizada que gran parte de la población muestra sobre cómo trabaja la ciencia.

Es común leer aseveraciones tales como “la ciencia es la nueva religión“, “los dogmas de la ciencia” o la “incapacidad de la ciencia oficial para aceptar nuevas ideas“.  Obviamente, estas críticas pueden ser aplicables a muchos científicos que, como personas que son, pueden adolecer de defectos y prejuicios como cualquier otra. Sin embargo, cuando se refieren a “la ciencia” en general, solo denota la enorme ignorancia que el crítico posee sobre la forma de trabajar en el mundo científico.

Decía Arthur C. Clarke que “toda tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia” y, lamentablemente, esto es lo que ocurre en muchas ocasiones. Para un buen número de personas, la ciencia consiste en una especie de ministerio donde unos doctores con batas blancas opinan magistralmente sobre un tema y, dado su prestigio y posición, sientan cátedra sin mayor argumentación que su valía. El resto, se limita a creer ciegamente sus aseveraciones.

No distinguiendo el trigo de la paja

Entendiendo de esta forma la labor científica, no resulta sorprendente que pueda equipararse a la religión, al reiki o la cienciología. Simplemente se trata de elegir un sistema de creencias, donde la única diferencia es el tipo de sacerdote que imparte los dogmas que deben asumirse. ¿Que más da creer en el Big-Bang o en la creación en seis días? ¿En que se distingue la manzana de Adán y Eva de la evolución del Homo sapiens a partir de peces que desarrollaron patas?

Y precisamente en este punto es en el que los divulgadores y educadores debemos insistir: sí hay una diferencia. Una diferencia fundamental, que no consiste en que la idea se más o menos razonable, más o menos extraña o más o menos comprensible. Se trata de una diferencia de método. Es decir, de cómo se alcanzan unas conclusiones u otras. De ello depende que, gracias a la metodología científica, podamos curar un cáncer o enviar un robot a Marte, mientras que jamás hemos podido evitar una guerra gracias a la astrología o saber quién mató a Kenedy mediante el ouija.

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La clave, como decimos, no se encuentra en que los bioquímicos sean más listos que los sacerdotes católicos o que los cirujanos sean más hábiles que los homeóptas. Ni siquiera que unos u otros tengan más dinero, mejores instalaciones o cuenten con el apoyo del capital que forja el nuevo orden mundial. En absoluto; sólo es una cuestión de método.

La prueba del algodón

Cuando nos encontremos ante las afirmaciones de un santón o de un curandero y queramos compararlas con las de un ecólogo o un ingeniero naval, podemos emplear una estrategia bastante sencilla que nos permitirá distinguir lo más fiable. No hará falta ser un especialista, ni siquiera tener conocimientos específicos sobre el tema, bastará con preguntarnos ¿cómo has llegado a esas conclusiones?

Haced la prueba, no es difícil: preguntarle a un creyente como ha averiguado que ha sido creado por un dios, a un astrólogo en qué se basa para afirmar que la situación de las estrellas influye en el futuro del neonato o a un practicante del par biomagnético cómo ha llegado a la conclusión de que todas las enfermedades están producidas por microorganismos.

autoritarioLuego realizad la siguiente prueba: preguntadle a un biólogo por qué sabe que una mutación puede transmitirse a la siguiente generación, a un virólogo cómo ha llegado a comprender la estructura de la cápside de un virus o a un ingeniero como está seguro de que el puente que acaba de construir no se caerá cuando comiencen a pasar los vehículos.

No os dejéis engañar, ni en uno ni en otro caso, con argumentaciones consistentes en supuestos. No sirve como respuesta algo del tipo “la cápside vírica es una estructura proteica formada por una serie de monómeros llamados capsómeros. En el interior de esta cápside se encuentra siempre el material genético del virus“; tampoco sirve ” los campos irregulares pueden modificarse por medio de imanes para restablecer el equilibrio tanto Biomagnético (frecuencias celulares) como bioquímico“. Ambas frases son descripciones, no explicaciones de cómo se ha alcanzado ese conocimiento.

Preguntad cómo han llegado a saber lo que afirman saber, por qué las cosas son como dicen y no de otra forma, por qué sabe que la cápside virica está forma por proteínas y no por azúcares, o cómo ha llegado a conocer la existencia de los campos irregulares.

Rápidamente apreciaréis la diferencia, y os aseguro que será notable.

El método es la clave

Y es que, como decíamos al principio, la forma en la que se han adquirido los conocimientos es el principal factor diferenciador, y el que marca el éxito de una u otra disciplina.

A priori podríamos pensar que la observación es el único método fiable, el “creo en lo que veo”. Sin embargo no es así. Tampoco consiste en elegir la argumentación más notable, el discurso más elocuente o -como pasa en muchas ocasiones- la explicación que más nos agrada.

La ciencia utiliza un método particularmente útil y concreto para obtener sus conclusiones: el llamado método científico. Éste es el que la diferencia de la religión, de las pseudociencias, de la mitología y de muchas otras supersticiones. Esa es la línea roja que demarca y define una forma de trabajar, una forma de adquirir conocimientos e, implícitamente, la explicación de por qué tenemos muchas fotografías de alta calidad de las lunas de Júpiter y ninguna de un reptiliano, un extraterrestre  o un espíritu errante.

Para no cansar, esbozaremos la estructura básica del método científico en nuestra próxima entrada, incluyendo una invitación que raramente nos hará un iluminado: cualquiera de nosotros puede alcanzar conclusiones útiles utilizándolo porque, además de todo, es muy sencillo.

Esto no es un argumento, es una charla...

No confundamos, esto no es un argumento, es una charla…


  1. Masklin
    21 marzo, 2013 en 9:26

    Buen artículo. Esperando la próxima entrada para enviar los enlaces a ciertas personas…

  2. Juan de terzas
    21 marzo, 2013 en 11:05

    “Este tema quizá resulte cansino para la mayor parte de nuestros lectores”

    No, cansino, no; NECESARIO.

  3. Anónimo
    21 marzo, 2013 en 14:02

    no se dijo nada. Parece el discurso de un político

  4. 21 marzo, 2013 en 15:02

    Muy bueno, sí señor. Esperando la siguiente entrega también 😉

  5. 21 marzo, 2013 en 20:54

    Da igual de la forma en que lo digas, cómo lo expliques, cómo intentes convencerles, para muchos la ciencia es el enemigo. La religión a muerto y en busca de un nuevo Dios y un nuevo diablo encuentran al naturismo místico como Dios y ponen a la ciencia como Diablo. Yo he sido capaz de explicar paso a paso cada uno de los pasos por los que se rige el método científico y porque hay que dudar de todas las supercherías, y lo entienden, pero no les vale.

  6. Anónimo
    21 marzo, 2013 en 22:09

    Anónimo :
    no se dijo nada. Parece el discurso de un político

    Si dices que no ha dicho nada es que tienes la enfermedad del cretinismo o una ceguera absoluta.

  7. Diego Isaac
    21 marzo, 2013 en 22:15

    claro que no es cansino es útil hasta que este muy bien memorizado
    ademas no todos son muy conocedores de estos temas

  8. Juan de terzas
    21 marzo, 2013 en 22:32

    “no se dijo nada. Parece el discurso de un político”

    ¿Seguro que no “se” dijo nada?

    Busca este libro: ISBN 13: 9788479140212 y verás lo que son unos miles de páginas sin decir nada de nada…. jijijijijijijijijijijijijijijijiji

  9. D.Brando
    22 marzo, 2013 en 8:16

    Yo es que no entiendo como sabiendo como funciona el método científico,a algunos se les de por decir que no sirve para medir/ comprobar X fenómeno(usando muchas veces el discurso barato con toques de solipsismo) y encima tampoco te puedan explicar el método que usan para separar sus creencias de todo en lo que no creen, es mas,dando por validos los argumentos que usan para defender su creencia,tendrían que dar por valido cosas en la que no creen.

  10. Rawandi
    22 marzo, 2013 en 16:37

    D.Brando :dando por validos los argumentos que usan para defender su creencia,tendrían que dar por valido cosas en la que no creen.

    Cierto. Por ejemplo, los testigos de Jehová se tragan enterito el cuento del diluvio universal pero, de manera bastante caprichosa, han optado por no interpretar literalmente los “seís días” de la Creación. Claro que tampoco los cristianos más “abiertos” son capaces de justificar su fe en la interpretación literal de la resurrección de Jesús y su incredulidad respecto al diluvio universal.

  11. Rata de Cloaca
    22 marzo, 2013 en 18:37

    Anónimo :
    no se dijo nada. Parece el discurso de un político

    Hombre, una cosa es que no diga nada, y otra que tú no entiendas nada.

  12. 23 marzo, 2013 en 11:20

    “Este tema quizá resulte cansino para la mayor parte de nuestros lectores (…)”

    Para nada, JM, conviene recordarlo recordarlo e insistir insistir.

    Muchas gracias. Magnífico artículo.

    Saludos

  13. pedrito
    29 marzo, 2013 en 16:55

    Y en las ciencias sociales hay demasiadas afirmaciones sin evidencia firme. Lamentablemente muchas universidades (en argentina al menos) han caído en perder la formación del libre pensamiento, sólo importa repetir lo que dicen los profesores y profesoras. Ni hablar de campos como psicología donde dan PNL, antropología donde si al profesor le parece que todo es 100 por ciento cultural, ni se te ocurra plantear que lo biológico tiene su incidencia, pues jamás pasaras esa materia. O historia o economía, distintas teorías, con sus argumentos y evidencias, pues no! Sólo la del jefe de cátedra. Que parecen dogmáticos creacionistas. Es muy lamentable, pues hasta el método científico consideran un mito más.
    Esto lo digo habiendo cursado una carrera social entera, es decir por experiencia.

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