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Segunda edición: Pruebas directas y pruebas indirectas

29 marzo, 2013

Este artículo va tratar sobre otra de las estrategias empleadas por los pseudocientíficos y magufos con el fin de plantear dudas acerca de la forma de proceder de la ciencia. Estas tácticas por supuesto también son usadas por los creacionistas para desacreditar la evolución. La estratagema consiste en afirmar que sólo aquello que es observable de forma directa, o bien aquello que alguien ha observado por sí mismo y lo ha dejado escrito, tiene validez como conocimiento. Así, el presunto ingeniero John Pendleton suele decir en sus “debates” que la ciencia empírica es aquella que muestra fenómenos que deben de ser observados y repetidos para afirmar que son ciertos. Con este tipo de afirmaciones se pretende eliminar por ejemplo todo conocimiento previo a la escritura, o lo que es lo mismo desde la prehistoria al origen del universo. Todo ello no podría ser conocido por la ciencia.

Este sistema de pensamiento elimina todos los métodos indirectos para alcanzar un conocimiento, que han llevado a conocer la edad de la Tierra, la composición química del planeta en el pasado, la evolución biológica, etc. Estos datos los conocemos gracias a tecnologías que implican el cálculo de la desintegración radiactiva, estudio de la composición química de las rocas en diferentes estratos, medición de radiaciones del espacio, análisis del movimiento de partículas subatómicas en aceleradores de electrones, estudio de fósiles, de secuencias de genomas de organismos vivos, etc.

Para darle una vuelta de tuerca, vamos a suponer que tenemos delante de nosotros a unas personas que discurren tal y como os he descrito. Planteemos algunas preguntas muy triviales y cómo viajemos juntos hacia una respuesta convincente para todos.

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Radiografía de tórax donde se puede observar el corazón.

¿Tienen corazón?. No, no me refiero a sus sentimientos, eso me da igual. Les pregunto si ellos tienen un órgano dentro de su pecho que bombea la sangre al resto del cuerpo. La respuesta es evidente: sí. Ya, ¿ y cómo lo saben?. La prueba directa sería abrirse el pecho y comprobar que si está ahí. La auscultación, las ecografías, radiografías, cateterismos… , todo eso son pruebas indirectas.

Acaso dudan de la ciencia en esto?. Si una ecografía muestra un corazón sano, ¿obligan al cirujano a que lo examine con sus ojos, o confían en la prueba?. Ante esto podrían afirmar: soy un ser humano y todos los seres humanos tenemos corazón, todas las autopsias muestran que hay un corazón. Bien planteado, pero por ahora ya hemos correlacionado una prueba indirecta de detección de un órgano, de la que nadie en su sano juicio duda, con la presencia de ese órgano. Vamos a por otra pregunta.

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¿Hay bacterias sobre las sillas que se sientan? La verdad es que no se ven, su tamaño está por debajo de la resolución del ojo humano. Sin embargo todo el mundo te contestará que sí. Porque es fácil comprobarlo por pruebas indirectas. Mediante toma de muestras, cultivo y observación al microscopio vemos que hay bacterias. Y es más podemos inferir que ayer también había bacterias, aunque nadie lo observase ayer. Decir que no podemos afirmar eso categóricamente es una simple paja mental que igual agrada a algún filósofo, pero que es tan práctico como un botijo sin agujeros. Vale, vale, ya replico yo; podrían decir: “es que esas bacterias las podemos ver, luego sí es ciencia empírica”. Estupendo, pasemos a la siguiente duda.

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¿Hay radiactividad en el ambiente Contestar esto tirando de una prueba directa no es sencillo, de ahí que la radiactividad no se descubriera hasta principios del siglo XX. Supongo que nadie dudará de su existencia, ¿no? Si alguien lo duda puede entrar en una centra nuclear y darse un paseo por el reactor a lo Homer Simpson y luego nos cuenta. Pero acciones suicidas aparte, lo que está claro es que precisamos de instrumental para detectar esa radiación.

Ya sea con un medidor Geiger como el de la fotografía o con un contador de centelleo se puede detectar diferentes tipos de partículas energéticas completamente invisibles y sólo puestas de manifiesto mediante un desarrollo tecnológico similar al empleado para medir la edad de las rocas basándose en desintegración de radioisótopos. Aquí podían objetar, “vale estas pruebas indirectas están bien, pero miden eventos que están ocurriendo ahora y que por tanto podemos describir, pero no podemos decir nada de lo ocurrido hace miles de años, cuando no había nadie allí para contemplarlo”. Está bien, formulemos la última pregunta pues.

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¿Gira Plutón alrededor del Sol?. Dado que el viaje de Plutón alrededor del Sol dura 249 años, ningún ser humano lo ha visto. De hecho este cuerpo celeste fue descubierto en 1930, por lo que aún no ha completado un giro alrededor del Sol desde que fue descubierto. Entonces, ¿por qué decimos que gira alrededor del Sol?. Porque conocemos la mecánica que rige nuestro sistema solar, gracias a pruebas indirectas, no sólo de observación, sino por cálculos matemáticos. Desde que Galileo venció la oposición de unos cuantos literalistas bíblicos no se ha vuelto a levantar la voz contra esta afirmación, a pesar de que este conocimiento es indirecto.

La ciencia básica, matemáticas, física, química, geología o biología, ha desarrollado toda una serie de tecnologías para obtener conocimiento mediante pruebas indirectas. Las mismas técnicas que permiten observar en tres dimensiones un feto humano dentro del vientre de su madre se emplea para estudiar un fósil de dinosaurio hasta el último detalle; la misma técnica que nos permite saber por cuánto tiempo el material que hay un reactor nuclear va seguir dando energía de forma rentable nos permite conocer la antigüedad de una roca; la misma técnica que nos dice si dos personas están genéticamente emparentadas nos traza la evolución de las especies a lo largo de los árboles taxonómicos; la misma prueba que nos permite acumular pruebas sobre si un sospechoso estaba en la escena de un crimen (aunque nadie le viera allí) nos permite conocer quienes moraban unas cuevas hace unos miles de años. Si estas técnicas se aceptan en el primero de los casos, y sus resultados también son aceptados, es cínico e hipócrita no hacerlo en los segundos. Aplicar métodos indirectos para conocer el cosmos no es nada mágico, es simplemente ciencia.

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Entrada publicada originalmente el 18 mayo de 2010


  1. martincx
    29 marzo, 2013 en 16:27

    Genial, me encantó eso de Presunto Ingeniero o deberíamos decir Hinjeniero

  2. Anónimo
    30 marzo, 2013 en 20:02

    Interesante artículo, Quizas faltó mencionar que debido a las muchas mediciones indirectas en la mayoria de las Ciencias (en particular las que son predominantemente empíricas) es que se deben realizar diversos tipos de experimentos con distinat aproximaciones para intentar aumentar la validez de los resultados. La certeza de las cosas que “no sepueden mirar” es quizas el gran tema en Ciencias, que no quiere decir que se puedan inferir o hipotetizar su presencia. Se allí donde hoy recaen justamente los límites de la Ciencia. Quizas en último termino todos desean la prueba directa….

  3. Alaksandu
    30 marzo, 2013 en 23:41

    Hola
    Lo curioso es que personas como John Pendleton le pidan, a los científicos, evidencia directa cuando ellos Creen en un “dios” eterno (Deuteronomio 33:27; Salmos 102:27; 1 Timoteo 1:17), perfecto (Mateo 5:48), inmaterial (Hechos 17:29), invisible, omnisciente (Salmos 139:1-6; 1 Juan 3:20; Hechos 15:18), omnipresente (Apocalipsis 1:8), todo Espíritu (Mateo 16:17; Lucas 24:39; 4:24), omnipotente y todopoderoso (Génesis 17:1), del cual, NO tienen NINGUNA evidencia directa o indirecta.
    Saludos.

  4. Jon
    1 abril, 2013 en 0:41

    Un artículo impecable y demoledor para los magufos. Siempre es un gustazo leer este blog.
    Enhorabuena y seguid así.

    Saludos cordiales.

  5. Masklin
    2 abril, 2013 en 8:03

    Buen artículo. Entristece que haya que explicar lo evidente. Y los que piden evidencias son los que precisamente no dan ninguna.

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