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El origen de la creatividad científica

2 abril, 2013

creatividad
Autor: Darío

La necesidad de entender como funciona el cerebro humano en el caso de los que son considerados genios en las áreas de la ciencia y la cultura ha dado lugar, entre otras cosas, a medidas estrambóticas como el robo de cerebros y ojos que son mantenidos, por increìble que parezca, en cajas fuertes de bancos … o en la cocina de un apartamento.

Ciertamente, aunque se han hecho necropsias y análisis físicos sobre la estructura del cerebro (que, correctamente hablando, deberìa de escribirse ”encéfalo”, ya que el cerebro es solamente la parte más grande del mismo) de diferentes clases de genios o de personas a la que sus contemporáneos consideraban sabios o muy inteligentes en su época, no existe aún un concenso sobre qué características físicas deberá tener un encéfalo para desarrollar al máximo sus potencialidades, entendidas éstas como habilidades aplicadas en áreas como la ciencia. El mayor número de circunvoluciones, el peso, el mayor desarrollo de áreas específicas son esgrimidas como parte de la explicación. También entra en las consideraciones el estímulo externo, entendido esto como un entorno cultural estimulante en donde los estudios formales escolares y actividades extras, como la el aprendizaje de un instrumento musical, ayudan mucho en las habilidades posteriores (hay un cierto concenso de que es necesario ”hacer trabajar el cerebro”). Como sea, el tema sigue abierto.

Pero en lo que los expertos se ponen de acuerdo, hay textos cuya obligada lectura puede reforzar la idea de que ciertamente un buen ambiente familiar, un amplio estimulo cultural y una situación económica, si no boyante si por lo menos tranquila, ayuda a que un genio pueda desarrollarse para, posteriormente, colaborar en del desarrollo de alguna área en la que se sienta particularmente cómodo, y feliz. Esto es al menos la idea que deja al terminar la lectura del libro Resortes de la creatividad científica. Ensayos sobre los fundadores de la ciencia moderna, en la cual una amplia investigación y una bien explicada biografìa de múltiples hombres que contribuyeron con un gran trabajo a diversas áreas científicas y tecnológicas de su elección, permite entender que una vida económicamente tranquila y a la vez rica en estimulos intelectuales es, quizás, una de las mejores maneras con las que se puede contribuir al desarrollo de la ciencia contemporánea.

El libro abarca a varios autores de los siglos XIX y XX cuyo trabajo fue primordial incluso en la fundaciòn de áreas como la informática y la química industrial. Nombre de científicos que son conocidos por obvias razones como los de Einstein, Newton y Galileo comparten estas páginas con científicos no tan conocidos por la mayor parte del mundo pero cuyo trabajo es primordial para entender áreas como la termodinámica, la cibernética, la química y la polémica sobre el origen de la vida: Josiah Willard Gibbs, Walther Nist, Michael Polanyi y John von Newmann. Hay incluso un curioso ensayo titulado ”Elmer Sperry y Adrian Leverkühn: comparación de estilos creadores”, de Thomas P. Hughes, que trata de la creatividad entre distintas áreas del conocimiento humano. Sperry fue un gran inventor estadounidense del siglo XIX cuyas aportaciones a la ingenierìa aeronáutica y del ferrocarril, además del gran nùmero de patentes que acumuló en su vida productiva lo sitúan en un nivel muy alto, mientras que Leverkühn es un compositor alemán imaginario proveniente de la novela ”Doktor Faustus. Das Leben des deutschen Tonsetzers Adrian Leverkühn, erzählt von einem Freunde” de Thomas Mann, que al final muere loco por una enfermedad sexual no atendida. Todo esto refuerza la idea principal del libro acerca de que las condiciones sociales sino exageradas en cuanto a riqueza material si aceptables, determinan mucho de la que posteriormente se conocerá como genialidad.

Personalmente, el saber de este libro y leer sobre von Newmann, Gibbs (cuya vida no parece tan críptica como sus escrito sobre termodinámica) y Joseph Clerk Maxwell hizo que el tiempo invertido en la lectura del libro completo valiera la pena, aunque no es posible dejar de mencionar la falta de alguna científica cuya genialidad es de sobra conocida, y la letra pequeña de la edición del texto hiciera más largo el tiempo de lectura. También fue interesante descubrir algo sobre científicos de los que de plano no conocía algo, quizás salvo el nombre. Una amplia bibliografía (la mayor parte en inglés) sustenta el trabajo de investigación. En suma, para conocer cómo se forma culturalmente una mente genial y hasta que punto el entorno puede ser significativo, así como entender algo de porqué los especialistas del área los consideran pilares a los científicos elegidos a lo largo de este libro, es algo que hacer que la lectura y el tiempo invertido en la lectura de este libro valga la pena y sea recomendada.

Referencia:

”Resortes de la creatividad científica. Ensayos sobre los fundadores de la ciencia moderna”. Rutherford Aris, H. Ted Davis y Roger H. Stuewer, compiladores. Fondo de Cultura Económica, Primera Reimpresión, México, 1995. 292pp.


  1. J.M.
    2 abril, 2013 en 7:31

    Gracias por la recomendación, Darío. A ver si lo pillo…

  2. Masklin
    2 abril, 2013 en 8:30

    Buena recomendación, buscaré el libro. Gracias. Un apunte, es “consenso” y no “concenso”.

  3. 2 abril, 2013 en 16:37

    Gracias Darío. Me encantaría conseguir este libro en formato electrónico. Es esto posible? Anticipadamente gracias de nuevo.

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