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Los jóvenes investigadores son los grandes afectados por el desmantelamiento de la ciencia en España

11 abril, 2013

niño investigandoComo cada año por estas fechas me ha tocado viajar, y recorrer algunas universidades con la sana intención de transmitir conocimientos científicos a futuros investigadores que ahora se encuentran en su etapa de formación. Esta época, junto con el final del verano, en la que se organizan gran cantidad de congresos científicos, sirven de excusa para volver a ver compañeros y charlar sin estar colgado de un teléfono o la brevedad del correo electrónico. En esta ocasión he visto de frente el desánimo, la constatación de que somos testigos a la destrucción de lo que ha costado décadas construir, y son muchos aspectos en los que esto se refleja:

Desprecio de la investigación por la clase dirigente. Esta losa pesa de una forma brutal sobre los jóvenes, aquellos que están iniciando su carrera investigadora. Ellos ven día a día como se les ningunea, no ven la posibilidad de realizar su labor profesional en este país. En el colmo de la desfachatez un responsable político con aspiraciones de llegar a la presidencia de la nación se ha atrevido a afirmar que la investigación no es una profesión ¿Qué es entonces, un hobby? ¿Piensa acaso que los avances científicos y tecnológicos que hoy disfrutamos se han obtenido mezclando cosas en la cocina de una casa por coleccionistas de experimentos? Parece que el paseo en barco junto a malas compañías le ha restado capacidad pensante.

De “tonto del pueblo” a malgastador de dineros públicos: Los jóvenes investigadores son vistos por muchos compañeros suyos con cierta envidia, ya que en los tiempos que corren tienen trabajo. Un trabajo mal pagado, de jornadas interminables, pero trabajo al fin y al cabo. Pero hay grandes olvidos en esta forma de pensar. En primer lugar se olvidan que esos mismos investigadores eran vistos como los “tontos del pueblo”; en plena burbuja urbanística no faltaba quien se reía de aquellos que se mataban a trabajar por sueldos rácanos sin disfrutar de fines de semanas. Muchos decían esto desde sus lujosos coches (comprados a crédito) a aquellos que mayoritariamente se mueven en transporte público, y desde sus pisos de gran carga hipotecaria a quienes tienen que compartir pisos con otros investigadores o estudiantes, porque los pisos se han situado en precios estratosféricos. La burbuja pinchó, el paro se disparó y ahora, esas mismas personas agobiadas por las deudas miran con recelo a esa gente rara que sin moverse de donde estaba, ya no le ven como el “tonto del pueblo” sino como un “malgastador de fondos públicos”, que bien podrían dedicarse a pagar el paro a quienes perdieron su empleo.

Imposible planificar nada: Estos jóvenes investigadores contemplan con resignación cómo en este país es imposible planificar su profesión. Las becas y contratos se retrasan o no se convocan, los investigadores (los que puedan) han de adelantar el dinero de ayudas para poder ampliar su formación en laboratorios extranjeros, con la incertidumbre de si volverán a ver ese dinero y cuándo lo verán, ya que dichos adelantos se devuelven tarde y mal. Todo ello fomenta el trabajo en precario, sin derechos laborales, por salarios raquíticos, o incluso sin salario, en espera de un contrato o una beca que no se sabe cuándo llegará. Y no olvidemos que estos jóvenes poseen licenciaturas, y en muchos casos incluso doctorados y una buena colección de publicaciones científicas de gran impacto, vamos que son auténticos expertos en el tema. Pese a ello se les sigue tratando como adolescentes que apenas llegan al grado de aprendiz.

Imagen de malversadores: La imagen de los científicos sale bien parada en las diferentes encuestas, al menos hasta ahora. Pero ningún colectivo se libra de que desde algunos sectores se le busquen las cosquillas, especialmente desde aquellos que consideran la ciencia como algo superfluo, una actividad en la que no vale la pena gastar dinero. Así hemos asistido a acusaciones de malversación. Es cierto que se han hecho cosas mal, que se ha gastado dinero donde no se debía, y que algunos han ganado mucho dinero con ellos. ¿Hay algún colectivo donde no haya pasado eso? También es correcto pedir un control de cuentas riguroso, ya que se opera con dinero público, y por tanto hay que gastar el dinero en aquello para lo que se ha asignado. Pero de ahí a dejar ver entrelineas que algunos se han pegado la vida padre con dinero de proyectos de investigación lo veo tendencioso. Pero es que el ánimo de fiscalizar por parte de los interventores ministeriales está llegando demasiado lejos. Pongamos dos ejemplos kafkianos con los que nos estamos encontrando en la actualidad: retrocedamos al año 2006; un investigador en su último año de proyecto ve que tiene cubierto los costes de material, pero le queda dinero para contratar un investigador que ayude al desarrollo del proyecto. Llama al ministerio por teléfono para pedir permiso y éste se lo da. Se produce un cambio de partida, se contrata al investigador y el proyecto tira para adelante con “más manos” en la poyata. Cinco o seis años después (la locura empezó en la época de Cristina Garmendia), se pide justificación por escrito de la partida. Ésta no existe porque todo ha sido verbal (aunque desde el propio ministerio). El ministerio pide la devolución del dinero cambiado de partida. Hablamos de cantidades que pueden oscilar desde 2.000 a 30.000 euros o más, que se han de devolver, ¿de dónde? No se pueden utilizar proyectos vigentes, ya que esas partidas de dinero no están presupuestadas, pero se hace porque no hay de donde sacarlo. Total, que los proyectos pierden fondos, Hacienda rapiñea y escarba para disminuir el déficit, y algún joven investigador puede perder meses de empleo porque el dinero del proyecto se acaba antes. Y queda la duda en el ambiente de si dentro de unos años se volverá a pedir este dinero que se ha gastado en algo no presupuestado. Otro ejemplo: un investigador tiene en su laboratorio un aparato que vale 60.000 euros. Un buen día se estropea, la reparación cuesta 1.500 euros, pero éstas no se pueden presupuestar en los proyectos, lo tiene que pagar la institución. Pero las instituciones no tienen dinero para pagarlas y el ministerio se desentiende. Si se gasta dinero de proyectos en la reparación luego se puede presentar la intervención ministerial reclamando la devolución (de hecho está ocurriendo). ¿Se deja sin reparar el aparato?, ¿se compra uno nuevo? (a eso no se opone el ministerio). A este tipo de situaciones no son ajenos nuestros jóvenes investigadores que ven lo difícil que es investigar y el tortuoso camino que deberán seguir.

Vente para Alemania Pepe: Los responsables de los organismos científicos son plenamente conscientes de la situación e intentan capear el temporal. Muchas universidades pelean para mantener al menos las nóminas de sus empleados. El CSIC tampoco vive su mejor momento, la deuda de 100 millones de euros se mantiene como una espada de Damocles. Se puede llegar a la kafkiana situación de que los empleados sigan cobrando, pero no se puedan abrir los centros porque no haya dinero sus gastos corrientes (agua, electricidad, etc). Como anécdota comentaré que en una reciente reunión entre los dirigentes de un organismo público de investigación y becarios, se les recomendó a éstos que se marcharan una temporada al extranjero, con la confianza de que la situación mejore dentro de un tiempo. Eso anima muy poco a quienes quieren dedicarse a esta hermosa profesión en nuestro país. Todos hemos marchado al extranjero, pero como algo necesario en nuestra formación, no es aconsejable convertirlo en obligatorio, ya tenemos bastantes http://precarios.org/article291 y nos estamos convirtiendo en una estupenda cantera de investigadores para otros países.

¿Cómo hemos llegado hasta aquí? La razón fundamental es la falta de apuesta por la investigación. Mientras países como Alemania se han comprometido a un incremento anual desde 2010-2015 del 5% en I+D, en España volvemos a manejar valores de la última década del pasado siglo. En realidad todo se ha venido abajo en sólo 3 años, ahora estamos en una caída hacia un pozo del que aún no vemos el final. No contentos con recortar, algo que sufren todos los estamentos, excepto la clase política (¿político es una profesión?) y sus asesores, imposibilitan el normal desarrollo de la actividad científica. Para el normal desarrollo de un proyecto de investigación se requiere planificación. Aunque venda muy bien la idea de que los descubrimientos son fruto de la improvisación y un golpe genial de una chispa momentánea, lo cierto es que, como decía Picasso, “la inspiración te ha de encontrar trabajando”. Se requiere una planificación a corto, medio y largo plazo del desarrollo del proyecto. Los continuos recortes y retrasos destruyen líneas de investigación, no sólo por la falta de recursos económicos, también por falta de personal o desfases en la planificación. Eso es especialmente grave cuando los proyectos son coordinados o se requiere de la colaboración con otros grupos de investigación, algo cada vez más frecuente en este mundo globalizado.

Hablando en términos históricos, la llegada de la democracia supuso el final del raquítico y paupérrimo esqueleto investigador existente tras una agobiante dictadura católico-fascista. En una labor iniciada en la década de los años 80 del siglo XX, y continuada (de forma irregular), se modernizó el precario tejido científico español: aumentaron el número de becas y contratos, se formaron doctores, se construyeron nuevos centros de investigación y se equiparon un buen número de laboratorios universitarios. El porcentaje dedicado a ciencia se acercó a la media europea, la producción científica subió espectacularmente, y los profesionales españoles se ganaron por mérito propio la consideración de la comunidad científica internacional. Esto no implica que todo se hiciese adecuadamente, también se sufrió la poca coordinación típica de nuestro país: el dinero llegaba en oleadas, a cortas etapas de “vacas gordas” seguían otras “vacas flacas”; se dilapidaba dinero en edificios de dudosa utilidad (la burbuja inmobiliaria lo emponzoñó todo) y en equipos sin personal asignado a su manejo. Pero de forma global se convergía (como les gusta decir a los economistas) en la dirección correcta, la vertebración de un sistema que incorporase al I+D dentro del sistema productivo nacional. Ante una situación de crisis como la actual, los gobernantes responden de muy diversas formas, lo más común es que recorten aquello que consideren superfluo o menos prioritario y dediquen los fondos restante a aquello que estimen necesario para mantener y desarrollar el país. Viendo cómo evolucionan las cosas está claro que nuestros gobernantes no considera la ciencia una prioridad, cada vez que hay dificultades económicas se produce un serio recorte que compromete nuestro progreso científico. Esta vez la situación es grave, de hecho muchos compañeros muy entrados en años aseguran no haber visto nada igual en décadas, ya que ataca desde la base (la educación) hasta los centros de investigación más punteros.

De todo esto son testigos los jóvenes investigadores que se plantean si realmente vale la pena dedicarse profesionalmente a la investigación en un país que no apuesta por ello, especialmente cuando comprueban la consideración y las facilidades que existen en otros países (esos que nos venden la tecnología y los medicamentos) para investigar. Así que nos es de extrañar que alguno quiera aprovecharse de aquello que España mejor hace: venir de vacaciones a disfrutar del clima y su gastronomía, que para vender eso sí estamos preparados.


  1. 11 abril, 2013 en 7:30

    Pero ¿qué esperábais?

    A mi padre mi abuelo no le dejaba estudiar porque “eso no servía pa ná”. A mí de pequeño hubo personas que me dijeron “no leas tanto que te vas a volver loco como el Quijote” (al menos conocían al Quijote, algo es algo). Cuando estudiaba se consideraba normal que de una clase de 35 alumnos 25 pasasen el verano con asignaturas pendientes y apenas 5 frikis lográsemos algún sobresaliente. La pregunta más frecuente entre mis compañeros de estudio era ¿y esto pa qué cxrxjx me sirve?

    Uno de ellos, como estudiante a lo sumo mediocre y como persona bastante imbécil, con 20 años era concejal de juventud de mi pueblo, con 25 alcalde, con 27 estuvo implicado en un escándalo de facturas falsas y con 37 está colocado en la Diputación Provincial de Sevilla cobrando un sueldo que le pagamos todos por no hacer nada. Por cierto del PSOE, aunque podría haber sido de cualquier otro partido.

    Desengañémonos: vivimos en un país inculto, intelectualmente deficiente y con una clase dirigente absolutamente analfabeta, tanto en lo público como en lo privado. Lo que pasa es que durante unos años vivimos un espejismo de nuevos ricos y nos creímos que por fin empezábamos a parecernos a un país moderno y desarrollado, pero la realidad nos ha dado con la puerta en las narices.

    Yo estuve trabajando un tiempo en una oficina de la Junta de Andalucía. Cuando se terminó el proyecto nos despidieron con una carta repleta de faltas de concordancia y ortografía. Creo que no hace falta explicar más.

    Con gusto me iría a vivir a cualquier país civilizado, pero como dijo Darth Vader, “ahora es demasiado tarde para mí”.

    Saludos.

  2. 11 abril, 2013 en 8:55

    Para lo que va a quedar de país cuando estos políticos que sufrimos (en España y Europa) acaben, no sabemos que ni como va a acabar.
    Muy importante me parece lo que dice Manuel sobre la planificación, es una parte muy importante y necesaria para la obtención de un resultado, y ahí está el problema. Si los políticos de este país (y Europa) basan todas sus decisiones en empobrecer a la población en todos los sentidos posibles y suponemos que están siguiendo una planificación (salvo que sean una caterva de “descerebraos” o más de lo que parecen), lo que en realidad nos tendría que preocupar y mucho es el objetivo final que buscan.
    Y cuando lo alcancen, si es que somos tan tontos como para dejarles ¿Mererá la pena luchar por los restos de este país?

  3. Nanowires
    11 abril, 2013 en 9:18

    Toda la razón al articulo

    Yo conseguí una beca in extremis, con la que tendré que terminar el doctorado en solo 2 años y medio (“es lo que hay” me dijeron) y me tengo que considerar afortunado porque en la estancia en el extranjero que estoy haciendo, el proyecto me paga el piso a las afueras de la ciudad en la que estoy (me decían que quizás, en unos meses, ya solo se pueda pagar el viaje, y os aseguro que Suecia es bastante caro (mucho..))

    Yo tengo claro que mi futuro es trabajar todo lo que pueda in mi tesis, terminarla sin tener que trabajar de gratis mucho tiempo y buscarme un post-doc lejos de España, y como dice Manuel, visitar mi tierra para tomar unos pinchos de tortilla y unas cañas en una terracita en la playa en verano, ya que veo que el futuro de la ciencia esta muy negro y no creo que vuelva a reflotar hasta dentro de muchos años..

  4. Juan
    11 abril, 2013 en 9:40

    Con 45 años, me tocó la EGB, BUP, COU, etc…, lo clásico en la gente de mi edad.

    Javi Oribe :
    Uno de ellos, como estudiante a lo sumo mediocre y como persona bastante imbécil, con 20 años era concejal de juventud de mi pueblo, con 25 alcalde, con 27 estuvo implicado en un escándalo de facturas falsas y con 37 está colocado en la Diputación Provincial de Sevilla cobrando un sueldo que le pagamos todos por no hacer nada. Por cierto del PSOE, aunque podría haber sido de cualquier otro partido.

    De vacaciones en los años 70 y 80 en la familia de mi padre, se nos tildaba a mis hermanos y a mí de “flojos” porque habíamos seguido con el BUP en vez de pararnos en la EGB. Lo dado era salir con 14 años y empezar en la obra. Eso sí, todos mis primos montados en el dolar : trabajando por un lado, cuando se cotizaba lo suficiente se ingresaba en el paro y luego trabajo y paro a la vez.
    Y por familias enteras.

    Javi Oribe :
    Desengañémonos: vivimos en un país inculto, intelectualmente deficiente y con una clase dirigente absolutamente analfabeta, tanto en lo público como en lo privado…

    Sí, y eso me da pena. Porque con esas condiciones iniciales las cosas solo pueden ir a peor.
    Pero cada vez me importa menos, mis posibilidades de regresar tienden a cero a medida que pasa el tiempo.

    Javi Oribe :
    Con gusto me iría a vivir a cualquier país civilizado, pero como dijo Darth Vader, “ahora es demasiado tarde para mí”.

    Eso es lo que hice, allá por el 93. Y ya van 20 añitos por aqui.

    Me gusta leer este blog, pero a veces escribís unas cosas que desmoralizan a cualquiera.
    Deseándoos suerte, que os hará falta,
    Saludos
    Juan

  5. 11 abril, 2013 en 11:38

    Y no hay que olvidar que la formación de estos jóvenes investigadores ha costado al estado español más de cien mil euros (enseñanza completa hasta la licenciatura, cursos de doctorado o ahora máster, beca o contrato Predoctoral) para que mayoritariamente se vayan al paro o pasen a formar parte del sistema científico estadounidense o de otros países más desarrollados (y también por qué no decirlo más inteligentes) que el nuestro. http://diario-de-un-ateo.blogspot.com.es/2012/02/algunas-reflexiones-sobre-la.html

  6. Álvaro Luna
    11 abril, 2013 en 15:51

    Y que lo digas, yo estoy desesperado que no sé por donde más mirar trabajo o lo que sea ya.

  7. carmenou
    13 abril, 2013 en 11:41

    Los científicos ocupan el primer lugar en la lista de instituciones que merecen la confianza de los españoles. Con los recortes acometidos desde el Gobierno y la inestimable colaboración de las Universidades que programan cursos de Homeopatía, pronto perderán ese puesto de honor en la confianza de los ciudadanos. Si esto no forma parte de una conspiración, se le parece mucho. Ojalá mude la situación antes de que sea demasiado tarde y tengamos un curandero de ministro de Sanidad.

  8. J.M.
    13 abril, 2013 en 20:32

    Si todo el mundo entendiera igual de bien las nefastas consecuencias de programar un curso de pseudociencia en una universidad, mejor nos iría…

    Gracias y saludos.

  9. Investigadora FPU
    23 abril, 2013 en 12:26

    Hola a todos:

    Yo estoy dentro del Progama FPU. Como comentáis, llevo toda la vida sacando muy buenas notas y consiguiendo becas para la carrera, el máster, el doctorado… Ya he defendido la tesis y me he acreditado en la Aneca además de pasar cuatro meses fuera de España en una estancia breve pero, como no hay trabajo ni en las privadas, estoy completando los últimos meses de mi FPU dando clase de varias asignaturas.
    Como no podré quedarme aquí tal y como está el panorama, tendré que buscar otra beca para irme fuera. El problema es que cada vez estoy más desmoralizada. Tantos años formándome y estudiando para enganchar otra beca (y eso en caso de que la consiga). No me veo capaz de seguir así porque necesito una estabilidad, un proyecto a largo plazo. A partir de mayo, cuando termine el curso académico, tomaré una decisión pero veo que hay muy pocas posibilidades. Un saludo a todos.

  10. 23 abril, 2013 en 18:34

    Investigadora FPU #9

    Desde la experiencia (yo hice la tesis a finales de los 80) te comento que la ciencia siempre ha estado mal (aunque algunas veces peor) y muchos hemos el esfuerzo de continuar. Por ello te animo a que sigas investigando aquí en España o en cualquier país extranjero en donde hay muchas más oportunidades. Necesitamos todos los cerebros porque hay tantas cosas por comprender y que descubrir que sería una lástima que perdieramos alguien como tú, ya formado y que está en los mejores años de su capacidad. Ánimo y suerte.

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