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¿Por qué no me acuerdo de mi chupete?

30 mayo, 2013

chupete

Un equipo investigador canadiense ofrece una explicación de la causa por la que somos incapaces de recordar casi nada de nuestros primeros años de vida.

La memoria es uno de los aspectos de la neurobiología que más ha intrigado a los investigadores a lo largo de la Historia. Hasta hace relativamamente poco, no sabíamos absolutamente nada de cómo se generaban, almacenaban y recuperaban los recuerdos. En las últimas décadas el avance en este campo ha sido espectacular, aunque hoy en dia aún siguen siendo muchos más los interrogantes que las respuestas conocidas.

Desde los tiempos en los que Aristóteles pensaba que los recuerdos eran como espíritus que viajaban por la sangre hasta el corazón, el desconocimiento ha alimentado, y sigue alimentando, multitud de mitos que no tienen ninguna base real, como la tan famosa afirmación de que solo utilizamos el 10% de nuestra capacidad mental, que el envejecimiento está inevitablemente ligado a la pérdida de memoria, que guardar muchos datos satura nuestra memoria o, incluso, que exista realmente una “memoria fotográfica”.

Es fácil imaginar que, como en cualquier otro campo sobre el que sabemos poco, multitud de corrientes pseudocientíficas aprovechen estas brechas en el conocimiento para entrar con sus mejores armas: hipnosis para recuperar la memoria de vidas pasadas, potenciadores de memoria, terapias regresivas, y un largo etcétera.

¿Qúe es la memoria?

Lo primero que resulta indispensable señalar es que la memoria no es un órgano concreto o, dicho de otra forma, no existe un órgano de la memoria. De igual forma, no existe un único proceso al estilo de un proceso muscular o digestivo. Por último, ni siquiera todo lo que recordamos puede clasificarse en una misma categoría de recuerdo.

Un mito, aunque sea del genial Quino.

Un mito, aunque sea del genial Quino.

Así, definir la memoria resulta bastante complejo. Alarcón, Mazzoti y Nicolini (2005), ofrecen una definición bastante completa: la memoria es un proceso cognitivo mediante el cual la información que se recoge puede ser codificada, almacenada y al final recuperada cuando se le necesita.

Pero la memoria no se almacena como una cinta de vídeo o una grabación en DVD, y su fidelidad y posibilidades de modificación posterior son muy diferentes a estos medios. Para comprenderlo, es indispensable conocer cómo se produce el proceso y en qué soporte se conservan los datos.

Existen tres etapas o fases en lo que conocemos como memoria:

La codificación consiste en registrar la información a través de las diverentes vías sensitivas y llevarla hasta la corteza cerebral. Aquí actúan nuestros diferentes órganos sensoriales, transformando imágenes, sonidos y otros estímulos en impulsos nerviosos que viajan hasta el encéfalo.

El almacenamiento es el proceso por el cual esta información es guardada de forma física en el encéfalo. La forma de almacenar estos recuerdos es mediante conexiones neuronales (sinapsis) que forman interconexiones neuronales estables en forma de red, denominadas engramas. Guyton (1992) afirma que, desde el punto de vista fisiológico, los recuerdos están producidos por cambios en la capacidad de transmisión sináptica entre dos neuronas como resultado de una actividad neural anterior.

Por último, de poco sirve codificar y almacenar recuerdos si no existe un proceso efectivo de recuperación. Éste consiste en la localización de los datos almacenados y la recuperación de los mismos.

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¿Cuántos tipos de memoria tenemos?

A pesar de estos procesos comunes, decíamos más arriba que no existe un solo tipo de memoria. La memoria a corto plazo es un sistema capaz de almacenar una cantidad limitada de información durante un corto periodo de tiempo. Representa un registro inmediato para los estímulos recién percibidos (también llamados memoria o registro sensorial). Su base biológica se basa en la actividad o cambios no permanentes ya sean eléctricos o moleculares en las redes neuronales que procesan la infomación. Por el contrario, la memoria a largo plazo es capaz de almacenar una gran cantidad de información durante un tiempo indefinido de forma estable, mediante el establecimiento de conexiones (sinapsis) duraderas en las redes neuronales (Morgado Bernal, 2005).

Este modelo fue propuesto en 1968 por Atkinson y Shiffrin, estableciendo como diferentes etapas cada tipo de memoria: los registros sensoriales se almacenarían codificados en la memoria a corto plazo que, en caso de ser repasada, pasaría a consolidarse en la memoria a largo plazo o, en caso contraro, a perderse en muy poco tiempo.

tiposmemoria

Modelo estructural de memoria en tres etapas según Atkinson y Shiffrin (1968)

Así pues, estos tipos de memoria no representarían estructuras fijas y diferenciadas, sino etapas sucesivas del procesamiento de la información. Todavía no sabemos si, a pesar del flujo contínuo entre ellas, implican áreas diferentes del cerebro.Tampoco conocemos bien los mecanismos mediante los cuales la memoria o registros sensoriales pasan a la memoria a corto plazo ni cómo ésta se asienta en la memoria a largo plazo. A pesar de ello, si han sido detectadas algunas regiones cerebrales que están implicadas en estos procesos, como veremos más adelante.

Actualmente no se considera que estos “almacenes” sean centros separados. Incluso, algunos autores no reconocen el concepto de múltiples memorias, concibiendo más bien un sistema unitario en el que, independientemente del lugar donde se guardan, la forma en la que se procesa y repasa la información es lo que condiciona la calidad y duración de lo recordado.

Entonces, ¿Donde se ubican los recuerdos?

No existe un almacen centralizado de la memoria en el cerebro. Por el contrario, se encuentra repartida por diferentes áreas, que tampoco conocemos con exactitud. De hecho, la mayor parte de los datos sobre las áreas implicadas en cada tipo de memorio se han obtenido estudiando lesiones cerebrales localizadas o registrando la actividad neuronal

en sujetos obligados a recordar determinada información. Así, sabemos que la amígdala se encuentra relacionada con los recuerdos del significado emocional de las experiencias, que la corteza prefontal interviene en recordar el orden temporal de los suceso, que el lóbulo temporal izquierdo está implicado en la memoria verbal o que el izquierdo se asocia a la memoria espacial.

donde_viven_los_recuerdos

Sin embargo, esto no significa que haya necesariamente un mapa inequívoco para cada tipo de recuerdo. Hacia 1950, el psicólogo Karl Lanshley llevó a cabo una serie de expermientos en los extirpo varias partes del cerebro de ratas. Observó que los recuerdos podían debilitarse, pero parte de ellos persistía, lo que le llevó a pensar que un recuerdo puede almacenarse en diferentes partes del cerebro, no produciéndose su eliminación completa a pesar de que sea extraida alguna de ellas (Morris y Maisto, 2001). La tesis de estos autores es compatible con la idea de que las diferentes memorias no tienen una ubicación separada, pudiendo la información consolidarse sin “migrar” a otra región cerebral. Elucubran con la idea de que generalmente son varios los sentidos que intervienen en un recuerdo, por lo que la experiencia podría guardarse en centros relacionados con la visión, el oído y el tacto.

El hipocampo, el gran “recordador”

El proceso que transforma la memoria a corto plazo en memoria a largo plazo implica varias regiones cerebrales, principalmente las áreas de asociación de la corteza prefrontal. Sin embargo, repetidos experimentos han demostrado que el hipocampo, una estructura relacionada con la corteza cerebral que se ubica al interior del lóbulo temporal, desempeña un papel muy importante en la formación de nuevos recuerdos. Lesiones en esta región producen que el individuo no sea capaz de almacenar nuevos recuerdos, a pesar de poder recuperar lo sucedido años atrás.

hipocampoLas lesiones en el hipocampo no afectan a todo tipo de recuerdos y aprendizaje, como la adquisición de nuevas competencias motoras (como montar en bicicleta o tocar un instrumento musical), lo que indica que existen otras regiones implicadas también en la consolidación de la memoria. Algunos autores diferencian una codificación consciente, que dependería del hipocampo, y otra más automática en la que estarían implicadas otras regiones de la corteza temporal medial (Diana, Yonelinas, Ranganath, 2007).

Y precisamente en este papel del hipocampo se basan las conclusiones de un equipo de investigadores canadienses que ha comprobado que la formación de nuevas neuronas en el hipocampo, que tiene lugar de forma muy activa en los primeros años de vida y decae a lo largo del resto de la infancia, puede provocar esa característica ausencia de recuerdos tempranos. Para comprobarlo, estudiaron ratones de diferentes edades, comprobando que al aumentar la neurogénesis aumentaba también el olvido de las nuevas experiencias.

Un hipocampo muy activo, según los autores, no permite el correcto procesamiento y almacenamiento de las experiencias vividas, sumiendo esos primeros años en una etapa “sin registrar”. Estos datos ponen en entredicho algunas teorías psicológicas anteriores, que vinculan la amnesia infantil a otros procesos como el desarrollo del habla.

cnmLos resultados han sido presentados en el Canadian Neuroscience Meeting 2013, celebrado en Toronto los pasados 21 a 24 de mayo. Sin embargo, el equipo lleva mucho tiempo trabajando en este tema, como reflejan otros trabajos anteriores (Josselyn, S. & Frankland, 2012).

Se trata de un terreno muy resbaladizo, donde el escaso conocimiento de las bases moleculares y fisiológicas de todos los procesos de memoria hacen que cualquier resultado y sus consiguientes interpretaciones deban ser tomadas con mucha cautela. Sin embargo, estos nuevos estudios abren unas líneas de investigación súmamente interesantes que, sin duda alguna, nos depararán nuevas noticias en el futuro.

Referencias

Alarcón R, Mazzotti G, Nicolini H. 2005. Psiquiatría. 2º Edición. El Manual Moderno.

Atkinson, R.C.; Shiffrin, R.M. 1968. “Chapter: Human memory: A proposed system and its control processes”. In Spence, K.W.; Spence, J.T. The psychology of learning and motivation (Volume 2). New York: Academic Press.

Diana RA, Yonelinas AP, Ranganath C 2007. Imaging recollection and familiarity in the medial temporal lobe: a three-component model. Trends Cogn Sci 11: pp. 379–86. Disponible en: <http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S1364661307001878>. Fecha de acceso: 29 mayo de 2013.

Guyton, A. 1992. Tratado de fisiología médica. Edigrafos.

Josselyn, S. & Frankland, P.W. Infantile amnesia: A neurogenic hypothesis. Learn. Mem. September 2012 19: 423-433; Published Online August 16, 2012

Lashley, Karl S. 1950. In search of the engram. Society of Experimental Biology Symposium 4: 454–482. Disponible en <http://mind.cog.jhu.edu/faculty/smolensky/050.326-626/Foundations%20Readings%20PDFs/Lashley-1950-Engram.pdf> Fecha de acceso: 29 mayo de 2013.

Morgado Bernal, L. 2005. Psicobiología del aprendizaje y la memoria. CIC Cuadernos de Información y Comunicación, Norteamérica. Disponible en: <http://revistas.ucm.es/index.php/CIYC/article/view/CIYC0505110221A>. Fecha de acceso: 29 mayo de 2013.

Morris, C. & Maisto, A. (2001). Introducción a la psicología. México. Pearson Educación.


  1. 30 mayo, 2013 en 4:11

    Reblogueó esto en " Una Voz en el Silencio ".

  2. Pablo Fontoura
    30 mayo, 2013 en 13:40

    Siempre pensé que la memoria tendría que tener una capacidad limitada. Quizas por aquello de hacer una analogía con las computadoras. Podría ser enorme, pero físicamente debe haber un numero concreto de sinapsis disponibles. No tenemos cerebros infinitos !!!!! Entonces me pongo a pensar, en el avance cientifico, que nos permite aumentar nuestra longevidad mas allá de lo que está preparada nuestra memoria para almacenar. Es decir, ¿cuanto años podemos vivir sin que nuestra memoria se agote? 100? 150? 200? Supongo que se va desagotando con la perdida de recuerdos, pero me resulta evidente que la llenamos mas rapido de lo que olvidamos. Cuando llegue el momento en el que se agote la memoria ¿que pasará?

  3. Masklin
    30 mayo, 2013 en 14:43

    Buen artículo, me ha quitado varios mitos. El tema de la memoria fotográfica, por ejemplo. ¿Entonces los eidéticos no memorizan fotográficamente?

  4. Olga Hav ris
    30 mayo, 2013 en 17:16

    Hola!!!
    Interesante el artículo, pero… No voy a anular las evidencias que mi cuerpo plantea: EL TIENE MEMORIAS QUE NO SON ATRAVESADAS POR LO RACIONAL!
    Si a la ciencia no le gusta, lo siento… Ya llegará el momento en que la ciencia las descubra o las admita. Son memorias mías y a mí me sirven.
    Gracias.

  5. J.M.
    30 mayo, 2013 en 18:46

    Pablo, cuando se habla de memoria ilimitada en realidad no se emplea un término correcto. Como bien dices, en un órgano finito como es el cerebro, el número de sinapsis tiene que tener un límite. Sin embargo, desconocemos donde se encuentra ese límite, y no me atrevería a dar una estimación de tiempo ni por asomo. Hasta ahora, no hay evidencias de que la memoria se sature imposibilitando la adquisición de nuevos recuerdos o debiendo olvidar los viejos. Por el contrario, la mayor parte de los autores considera que los fallos de memoria se deben más a errores en la recuperación que a verdaderas eliminaciones (salvo patologías degenerativas o daños cerebrales, claro).

    Masklin, parece ser que existe un consenso entre los especialistas en considerar que la llamada “memoria fotográfica” corresponde más al empleo de técnicas nemotécnicas, aunque sea incoscientemente, que al almacenaje del equivalente una imagen detallada.

    Olga, ¿que significa “El [cuerpo] tiene memorias que no son atravesadas por lo racional”? No entiendo qué quieres decir. Si lo aclaras, podemos comentar.

    Saludos.

  6. 30 mayo, 2013 en 19:33

    Olga dices …No voy a anular las evidencias que mi cuerpo plantea.…

    Las opiniones personales y las anécdotas no se las anula, simplemente resultan irrelevantes.

  7. Pablo Fontoura
    30 mayo, 2013 en 20:32

    Gracias por los comentarios JM. Tema apasionante …

  8. Darío
    30 mayo, 2013 en 20:39

    Olga Hav ris :
    Hola!!!
    Interesante el artículo, pero… No voy a anular las evidencias que mi cuerpo plantea: EL TIENE MEMORIAS QUE NO SON ATRAVESADAS POR LO RACIONAL!
    Si a la ciencia no le gusta, lo siento… Ya llegará el momento en que la ciencia las descubra o las admita. Son memorias mías y a mí me sirven.
    Gracias.

    Y el agua tiene memoria, y las vidas pasadas existen, y los espíritus flotan en el aire, y …

    Con tanto cotorreo buena onda se entiende que no quieras dejarlo y que rehuyas el reflexionar en un momento tus creencias y veas lo racional (signifique para ti lo que quieras) como un anatema :mrgreen:

    No sé a qué le llames tú la ciencia, pero te aseguro que no afecta la discusión científica real del tema aquí tratado 😎

  9. Marta
    30 mayo, 2013 en 22:13

    Yo sólo me pasaba por aquí para decir que todo esto y mucho más es parte de lo que enseña Ignacio Morgado en la UAB y que el tío es una pasada, me ha hecho gracia verlo citado en la entrada ^^

  10. 2 junio, 2013 en 2:40

    Yo al parecer no sólo olvidé mi chupete sino que tengo una tía que insiste con que tiré un gato al agua a los tres años y ni ahí que recuerdo eso 😦
    Pero he conocido gente que dice recordar hasta la canción de cuna que le cantaban sus padres ¿es eso posible o es sólo imaginación?
    Muy interesante el artículo.

  11. J.M.
    2 junio, 2013 en 10:49

    Con los recuerdos ocurre algo muy curioso, y es que pueden ser modificados a lo largo de la vida. Muchas veces, las cosas no ocurrieron como recordamos, aunque tengamos una imagen muy clara sobre ello. Esto se debe a que los recuerdos pueden modificarse posteriormente a su almacenamiento de forma subjetiva, modificando y añadiendo elementos.

    Incluso, los recuerdos pueden “inventarse”. En el caso de los recuerdos tempranos, es muy difícil saber si el recuerdo es real o está formado a partir de relatos posteriores y repetitivos procedentes de padres y hermanos mayores. No son tanto un producto de la imaginación (en el sentido de carecer de base real) como de una composición a partir de los que nos contaron desde pequeños.

    Saludos.

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