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De la idea al artículo científico

6 junio, 2013

Hoy quiero contar el proceso que lleva de la idea a la publicación de un artículo y a su vez dar un toque de atención al sistema científico y concretamente al sistema que rige la evaluación de los artículos científicos que son publicados en la amplia diversidad de revistas que existen actualmente en el mundo, y de las cuales, las más conocidas sean probablemente Science y Nature. Y digo toque de atención porque si bien es un sistema bien planteado que permite filtrar y juzgar el trabajo científico realizado por un equipo de investigación, muestra algunos sesgos y fallas dignos de ser mencionados, criticados y espero que, en un futuro, “arreglados”. Quien se dedique a esto sabrá más o menos a que me refiero, pero vamos a explicar primero cómo funciona este sistema.

La pregunta, la idea y la hipótesis

Pongamos que estamos trabajando en un laboratorio, en un grupo de investigación que trata de desentrañar los mecanismos moleculares por los cuales el virus del SIDA es capaz de infectar y destruir los linfocitos humanos. Dentro del proyecto pueden existir diversas líneas de investigación que tratarán de resolver distintas incógnitas. Pero para resolver una incógnita, primero hay que plantearla, es decir, hay que hacerse la PREGUNTA, saber qué queremos averiguar. Por ejemplo, podríamos preguntarnos: ¿A través de qué proteína o estructura macromolecular es capaz de entrar el VIH al interior del linfocito? O bien: ¿Qué proteínas expresa el virus del VIH una vez se encuentra en el interior del linfocito? Las preguntas pueden ser infinitas. Lo difícil es hacer las preguntas adecuadas.

En cualquier caso, una vez nos planteamos la pregunta, intentaremos emitir una hipótesis. Para ello, habrá que buscar en la literatura qué es lo que se sabe acerca del tema que vamos a estudiar. Primeramente, verificaremos que nuestra pregunta no haya sido ya contestada, pues sería un trabajo en balde. A la vez, buscaremos qué se sabe sobre el tema en otros virus, en otras células o  en otros modelos de infección. A partir de esa información, y adaptándolo a al VIH y al linfocito, propondremos una IDEA que desarrollaremos en forma de HIPÓTESIS, es decir, estableceremos una posible respuesta a la pregunta inicial, que sea congruente con todo lo conocido hasta el momento.

La demostración

Llegados a este punto, es hora de probar nuestra hipótesis, es decir, de plantear una serie de experimentos que nos permitan verificar si es cierta o no. Así que, pipeta en ristre, nos ponemos manos a la obra. Lo cierto es que, según los recursos que tengamos, podremos hacer más o menos experimentos, más o menos sofisticados. Y estos recursos quieren decir dinero. Pero bueno, en cualquier caso, a medida que avancemos con los experimentos, iremos obteniendo resultados que analizaremos, compararemos con nuestra hipótesis de partida y observaremos si cuadran o no cuadran los datos. Puede que tengamos que desechar la hipótesis y desarrollar una nueva, pero como ya tendremos más información por los experimentos realizados, tendremos más posibilidades de éxito. O quizás los datos sí cuadran y podemos confirmar la hipótesis. Llegamos así al siguiente punto.

El artículo

Por fin tenemos los resultados que demuestran nuestra hipótesis con lo cual solo queda presentarlos al resto de la comunidad científica. Para ello, lo que tenemos que hacer es ordenar los resultados obtenidos y redactar un artículo donde contaremos la historia siguiendo unas reglas y un esquema determinados. Estos artículos de carácter científico se caracterizan por presentar estas secciones (con alguna variación según la revista): Resumen (donde contamos brevemente el artículo), Introducción (contamos qué había antes y qué vamos a hacer nosotros), Material y Métodos (contamos el material y las técnicas empleadas con cierto detalle), Resultados (presentamos los datos obtenidos en los experimentos) y Discusión (discutimos, analizamos y ponemos en contexto los resultados obtenidos). Por descontado, el artículo tiene que ser redactado en inglés, ya que es la lengua que domina en el mundo científico.

Ahora (o durante…) hay que decidir a qué revista enviamos nuestro artículo científico. Y no es trivial la cosa, ya que las revistas poseen algo llamado “índice de impacto” y cuanto más elevado sea dicho índice, mayor será el valor de los artículos que se publiquen en las mismas. Por ejemplo, Journal of Bacteriology posee un índice de impacto de 3,825, PNAS de 9,681 y Science de 31,201. El valor de nuestro artículo dependerá de donde consigamos publicarlo. Pero entonces, ¿qué es el índice de impacto?

Índices de impacto

Como decía antes, el índice o factor de impacto de una revista trata de medir su importancia o su relevancia en el ámbito científico, y para ello, se tienen en cuenta tanto el número de artículos publicados por dicha revista, como el número de citas que han recibido los artículos publicados en la misma. Vale, ¿y qué es una cita? Las citas son todas y cada una de las veces que un artículo es mencionado por otro artículo en su bibliografía. Se asume que cuanto más citado es un determinado artículo, mayor ha sido su relevancia y su impacto en el ámbito científico. Por ello, si los artículos que se publican en una revista son muy citados en otros artículos, el índice de impacto de esa revista se verá incrementado.

Vamos con un ejemplo, que seguro se entiende mejor. Cuando decimos que la revista PNAS tiene un índice de 9,681 en 2011 quiere decir que todos sus artículos de ese año recibieron una media de 9,681 citas durante los dos años anteriores, 2009-2010.

El caso es que cuando uno pretende publicar sus resultados, siempre intentará hacerlo en la revista con mayor índice posible, aunque siempre con cierto criterio, en base al tipo de trabajo que uno presente (y sí, en este punto hay cierta subjetividad).

¿Aceptado o Rechazado?

Bien, ya hemos elegido la revista a la cual vamos a enviar nuestro artículo, con lo que toca adaptar el formato del artículo a las exigencias de dicha revista. Hecho esto, enviamos el documento al editor de la revista, que vendrá a ser el primer filtro a superar. El editor no va a leerse más allá del título y el resumen, y con ello decidirá si el artículo encaja con el tema de la revista y si el aporte científico va en consonancia con el nivel de la revista. Si no lo rechaza directamente, nos enviará un correo explicándonos que el artículo ha pasado a ser evaluado por 2 o 3 expertos en la materia (referees), según la revista. Llegar a este punto en las revistas más prestigiosas es ya todo un logro.

Estos evaluadores no son más que otros científicos que leerán el trabajo y decidirán de forma independiente si dicho trabajo está bien hecho, si faltan experimentos, si el planteamiento de las hipótesis es correcto, etc. Es lo que se llama revisión por pares (peer review, en inglés). De este modo, emitirán su juicio al respecto, que pasarán al editor, quien, basándose en dichos juicios, decidirá si el artículo es aceptado, si debe ser mejorado antes de ser aceptado o si, directamente, es rechazado. Si el artículo es aceptado, ya podemos abrir la botella de champán y brindar por ello, pero si es rechazado, tocará replantearse el artículo para enviarlo a otra revista diferente o bien reenfocar la investigación en otra dirección.

Algo falla…

Y llegados a este punto, es donde levanto la voz para reivindicar un sistema mejor. Si bien es cierto que ningún sistema es perfecto, todo sistema puede ser mejorado. ¿Y por qué falla? Bien, dejando al margen experiencias personales o vividas por compañeros, el hecho objetivo es el siguiente. En la revisión por pares, cuando enviamos el artículo para ser evaluado, en ningún momento sabremos quienes son nuestros evaluadores, ni antes, ni durante, ni después de la evaluación, ya sea aceptado o rechazado el artículo en cuestión. Sin embargo, los evaluadores SÍ saben a quién están evaluando y por tanto conocen todo (científicamente hablando) de los autores del artículo (de dónde son, dónde trabajan, dónde han trabajado, qué CV tienen, etc.). Este hecho, incorpora un elemento de subjetividad importante que podría salvarse fácilmente si el sistema funcionara a doble ciego. De ese modo, un evaluador no podrá verse influenciado por nada que no sea el trabajo del artículo que tiene delante. Curiosamente, todos los ensayos clínicos se hacen a doble ciego y sin embargo, no utilizamos ese sistema para evaluar nuestros artículos científicos. Como científicos que somos, no tiene mucho sentido.

Y esto es lo que probablemente nos lleve a encontrarnos en determinadas ocasiones, artículos brillantes publicados en revistas con bajos índices de impacto o auténticas patatas publicadas en las más prestigiosas, ya que a alguien que no tiene nombre aún, no se le admite en las grandes revistas, e igualmente, como se le va a negar un artículo a alguien famoso en un determinado campo. No digo que esto sea común, pero podría evitarse fácilmente implementando un sistema a doble ciego.

La verdad es que no creo que lo vaya a ver, pero bueno, que quede constancia al menos de que es mejorable.

El gran negocio

Por último, y ya puestos a criticar, cabe destacar el gran negocio que tienen montado las revistas científicas. En una revista normal, los periodistas cobran dinero por publicar sus fotos, sus noticias, sus artículos de opinión, sus entrevistas, etc. Y la revista le cobra a los clientes que la compran. Fácil, sencillo y comprensible.

En las revistas científicas no. Cuando quieres publicar un artículo primero debes asegurarte de tener presupuesto, ya que tienes que PAGAR (sí, sí, he dicho pagar) por publicar tu artículo. Además no es poca cosa: un artículo que tenga entre 8 y 12 páginas puede costar según la revista entre 1000 y 2000€. Pero eso no es lo mejor. Lo mejor viene cuando quieres acceder a la revista y resulta que tienes que comprarla… sí, para leer tu propio trabajo. Pero es que hay más. El trabajo que publicas queda en poder de la revista hasta el punto de que si quieres utilizar las fotos que has publicado en el artículo, debes poner como fuente a la revista, puesto que el copyright es suyo.

Es decir, tienen ingresos por todos lados. Lo cual nos lleva a preguntarnos, ¿en qué se lo gastan? Y es una excelente pregunta sin respuesta. Por un lado, cuando envías el artículo para ser publicado, eres tú el que tiene que hacer todo el trabajo de edición para acoplarlo al formato solicitado. Los evaluadores NO cobran nada. Nada de nada. Y para colmo, en el caso de muchas revistas ya ni siquiera salen en papel y solo son accesibles en formato digital, con lo que ni siquiera gastan en tinta y papel. ¡No me digáis que no es un negocio redondo!

Conclusión

El sistema científico, supongo que como todos, es mejorable. Pero también hay que admitir que funciona bastante bien, ya que permite el acceso e intercambio de información científica de forma rápida y eficaz, y a su vez descubre y expulsa a aquellos que hacen trampas. No obstante, desde la Ciencia y su Demonios, no dejaremos de hacer críticas constructivas que puedan mejorar la ciencia.


  1. Víctor
    6 junio, 2013 en 8:32

    Hola Gonn.
    Me ha dejado un poco desconcertado esta frase tuya:

    “Sin embargo, los evaluadores SÍ saben a quién están evaluando y por tanto conocen todo (científicamente hablando) de los autores del artículo (de dónde son, dónde trabajan, dónde han trabajado, qué CV tienen, etc.).”

    Lo digo porque en el ámbito que me muevo yo (Filosofía de la Ciencia), las buenas revistas lo que te piden es enviar dos correos: Uno con tus datos personales; y otro con el artículo SIN EL NOMBRE. Esto se hace, precisamente, para facilitar el peer review ciego. Es decir, el editor sabe quién eres tú, pero si lo envía a los referees, éstos NO LO SABEN. Por eso me extraña que en revistas científicas asegures que no se hace eso, cuando las revistas de filosofía de la ciencia lo que han hecho es, en principio, copiar su metodología para asegurar la calidad de los trabajos publicados.

    Por otro lado, lo del negocio que tienen montado las revistas es impresionante, por todo lo que comentas. Por eso, en estos años están empezando a surgir revistas, al menos en mi campo, con open access. Por ejemplo esta http://www.philosophyandtheoryinbiology.org/about.html

    Un saludo.

  2. 6 junio, 2013 en 8:51

    @Victor, en las revistas cientificas se esta imponiendo poco a poco el doble ciego, pero siguen siendo mas normales las que no lo siguen.

  3. 6 junio, 2013 en 9:00

    Hola Víctor,
    A mi también me sorprende y cada vez lo entiendo menos. Mucho más cuando uno va viendo casos manifiestamente claros donde se han prejuzgado trabajos científicos excelentes que quedan relegados a revistas de menor impacto sin razón aparente.
    Y Javi, si bien es cierto que alguna revista aplique el doble ciego, la mayoría y las más importantes no lo hacen y yo desde luego no veo que se esté imponiendo ni que se vaya a imponer. Ojalá me equivoque…
    Saludos!

  4. Víctor
    6 junio, 2013 en 9:23

    Ver para creer… Gracias por las contestaciones, Javi y Gonn. Esperemos que se mejore la revisión y se vaya imponiendo la revisión ciega. Un saludo.

  5. 6 junio, 2013 en 9:44

    Interesante la doble corrección ciega… en mi campo eso no se gasta.
    Lo que sí tenemos son revistas open access, pero la mayoría cobran por publicar en ellas y ni siquiera están en el SCI. Vete a la ANECA con un montón de artículos sin SCI a ver qué acreditación consigues.
    Hace poco leí una curiosa manera de evitar que las revistas se queden con el copyright de tus figuras (http://svpow.com/2012/12/13/what-would-happen-if-i-placed-my-manuscripts-in-the-public-domain/). Habría que probarlo, a ver qué ocurre…

  6. 6 junio, 2013 en 10:00

    Gonn

    Muy buen artículo por lo claro y didáctico que queda para los no expertos en ciencia.

    No sé en otros campos, pero en biomedicina el sistema de doble ciego no sería eficaz porque (a no ser que sea el primer trabajo de un grupo nuevo que no tenga publicaciones previas en la materia de estudio) en general todos los autores tendemos a la autocita aunque solo sea por comodidad: tu nuevo trabajo suele ser continuación de otro(s) previo(s) (por lo que éste(os) último(s) aparecerá citado en la introducción), se realizan experimentos con técnicas que son rutinarias del laboratorio en cuestión (por lo que nuevamente es muy fácil volver a citar en el apartado de materiales y métodos los artículos previos del grupo) y también en la discusión se volverán a citar dentro del contexto histórico de lo que se sabe del tema algunos de los trabajos previos del grupo investigador. En general si se mira con un mínimo cuidado el apartado de bibliografía de un manuscrito se puede conocer con bastante exactitud el origen de los autores. Y desgraciadamente este apartado no puede ser secreto a la hora de evaluar un manuscrito.

    Con respecto al tema del negocio económico de las revistas, el problema ha sido como en el resto del mundo: la concentración y la globalización. Hace algunas décadas aparte de las muy grandes tipo Nature o Science, la mayoría de las revistas buenas de cada campo (al menos en biomedicina) eran editadas por sociedades científicas (generalmente americanas, aunque también había europeas y japonesas) y en el caso en el que al final del año ganaran algo de dinero ese beneficio acababa revirtiendo al año siguiente en ciencia, ya que la sociedad científica propietaria de la revista podía ofertar becas, proyectos de investigación o financiar en parte la realización de congresos científicos. Luego con el paso de los años, las grandes editoriales (Elsevier, etc) fueron comprando muchas de estas revistas de prestigio o editaron directamente otras para al final y mediante economías de escala rentabilizar al máximo lo que se convirtió en un simple negocio editorial. Para luchar en este nuevo escenario es por lo que están apareciendo cada vez más revistas independientes tipo PLoS en los que el autor mantiene sus derechos y se intenta cobrar el mínimo dinero por publicar. Pero como en la economía real (en donde el tendero de barrio no puede competir con los precios del hipermercado) a veces los precios finales que nos cobran por publicar en estas nuevas revistas libres es mayor que el de la revista equivalente perteneciente a alguno de los emporios editoriales.

    Y eso sin contar con lo que yo pienso que es verdadero problema: la proliferación de revistas pseudocientíficas indexadas. Sólo hay que darse una vuelta por el Pubmed para encontrar revistas sobre homeopatía, medicinas holísticas e incluso descarado proselitismo religioso. Pero como tienen índice de impacto y generan beneficios o son directamente financiadas por un grupo de presión pues ahí están “emporcando” (como se dice en Castilla). Por cierto, eso me ha dado la idea de escribir una entrada sobre este tema que espero tener lista para las próximas semanas.

  7. 6 junio, 2013 en 10:16

    Hola ateo!
    Sigo pensando que el doble ciego sería más eficaz que el sistema actual. Para empezar, como bien dices, con los grupos que empiezan, pero también cuando publicas algo que no es directamente de tu campo pero adonde puedes haber llegado como trabajo colateral de la investigación principal.
    Obviamente habría casos donde por el tipo de trabajo y el tipo de artículo se pueda sospechar o incluso saber directamente quién es el autor, e incluso se darán casos donde el editor haga trampa y le pase a los referees el nombre de los autores. Ningún sistema será perfecto y siempre se podrán hacer trampas. Pero sin duda, será algo mejor que el sistema actual.
    Aunque como digo en el artículo, no creo que lo vaya a ver…
    Saludos!

  8. 6 junio, 2013 en 11:41

    Gonn

    Pero entonces el principal problema (que es que algunas veces grupos muy potentes acaban publicando artículos mediocres en revistas muy buenas) seguiría irresuelto ya que los grandes popes ya se cuidarían muy mucho de dejar claras evidencias de su autoría en el manuscrito. Y mucho me temo que en poco tiempo cualquiera con una mínima reputación en un campo también iría “sembrando” estos detalles en sus manuscritos. Y complementariamente, si no dejas esas “señales” cuando envíes tu manuscrito a una de las grandes revistas, los referees entenderán que eres un novato o un outsider del campo y si quieren lo tendrán en cuenta. Es que en el fondo somos primates muy listos, que aprenderíamos muy rápidamente las nuevas reglas del juego.

    Y en la actualidad cuando envías un manuscrito con una línea colateral a tu investigación principal, los referees de ese campo no suelen conocerte y te evaluarán sin tener en cuenta tus buenas contribuciones en el otro campo del que lo desconocen casi todo por la tremenda superespecialización que tiene actualmente la investigación.

  9. 6 junio, 2013 en 12:20

    Bueno, eso es pura especulación. Como mínimo, las bases para hacer las cosas correctamente estarían dispuestas. Como decía antes, siempre habrá quien intente saltarse las reglas.

    Y siguiendo con tu ejemplo, habría que tener en cuenta que cualquiera podría intentar hacerse pasar por un un pope imitando las marcas que dejara este en sus manuscritos. Y entonces qué…

    Al no saber los autores, nunca tendrías la absoluta certeza de a quién estás evaluando. Así que más te valdría ponerte a evaluar el trabajo en lugar de dar vueltas y vueltas a ver quién es el ínclito autor de turno. Insisto, podrías intentar trampear, pero como mínimo sería más difícil y correrías el riesgo de que te saliera el tiro por la culata.

    Saludos!

  10. 6 junio, 2013 en 14:45

    Gonn

    Por supuesto que lo ideal es que se juzgue el trabajo por su calidad y no por sus autores. Yo por mi parte tengo un método para intentar disminuir el sesgo. Siempre empiezo por los resultados, los analizo y extraigo las conclusiones que creo que son razonables y razonadas de ellos. Y luego leo el resto del manuscrito y veo si lo que escriben los autores coincide con mi interpretación de sus resultados. Y a partir de ahí juzgo.

  11. J.M.
    6 junio, 2013 en 17:26

    ateo666666 :
    Por supuesto que lo ideal es que se juzgue el trabajo por su calidad y no por sus autores. Yo por mi parte tengo un método para intentar disminuir el sesgo. Siempre empiezo por los resultados, los analizo y extraigo las conclusiones que creo que son razonables y razonadas de ellos. Y luego leo el resto del manuscrito y veo si lo que escriben los autores coincide con mi interpretación de sus resultados. Y a partir de ahí juzgo.

    Joer, ¿y no te puede el cotilleo de leer primero quiénes son? Que fuerza de voluntad… :mrgreen:

  12. 6 junio, 2013 en 20:24

    De acuerdo entonces. Con el sistema de doble ciego se promovería que solo se evaluase el trabajo por su valor, como tú haces, evitando que alguien se pueda sentir inclinado o digamos, influido por “otras causas” 😉

  13. 7 junio, 2013 en 11:10

    MJ #11

    “Joer, ¿y no te puede el cotilleo de leer primero quiénes son? Que fuerza de voluntad”

    Pues no te creas que a veces estoy tentado. Pero he descubierto que con este método, después de leer y analizar los resultados de un manuscrito y ver que esos en particular son poco originales o que presentan fallos evidentes, cuando luego vas a ver quien firma y te encuentras que es uno de los grandes del campo (de esos que cada vez que hablan sientan cátedra) entonces sonrío, cojo aire, cargo la escopeta y a cazar fauna mayor. Y te puedo asegurar que el diablillo que todos llevamos dentro disfruta horrores.

  14. Carlos
    9 junio, 2013 en 17:58

    Buen artículo siempre que alguien ajeno a esto lo leyera.
    A corto plazo yo exigiría que se publicara el nombre de los revisores del artículo en el mismo artículo en caso de aceptación y el conocimiento de los revisores para los autores del artículo en caso de rechazo. En ambos casos, conocimiento a posteriori.
    A largo plazo todas las revistas deberían ser online y se debería instaurar un revisión por pares abierta y colaborativa. Es decir, quien quiera opinar de un artículo debe registrarse adecuadamente, acceder a la versión del manuscrito y criticarlo abiertamente indicando mejoras y matizaciones del mismo. Incluso se podría abrir a la colaboración por otros investigadores de forma que aportaran nuevos experimentos al artículo. Una vez determinada la forma final del mismo de publicaría y debería llevarse a cabo un seguimiento del mismo hasta 10 años después de su publicación antes de una versión final.
    Ello implica cambiar las formas de evaluar la actividad científica, no podemos seguir con índices de impacto de revistas hay que buscar otra cosa.
    Como broma, normalmente se dice: Este año he “colao” un Cell.

  15. Jorge Agustoni
    10 junio, 2013 en 3:33

    Uno de los temas que aquí se tratan, tiene que ver con la famosa “objetividad”. Y en gran medida esa objetividad depende de una actitud ética, no científica. El doble ciego, el método de ateo666666, cualquier otro que se utilice, están encaminados a evitar “influencias”. Pero entonces, si el o los sujetos responsables de la evaluación y edición deciden priorizar por ejemplo el negocio, las amistades, el prestigio, etc, no hay defensa para el bienintencionado científico.
    Aristóteles declaró su pesar por tener que rebatir ideas de otros que lo precedieron (Platón). B Russell se sintió conmovido por la muerte de otro filósofo qué el “atacaba” en un libro, y que murió poco antes de editarse el libro. Pero ninguno de los dos renunció a sus ideas.
    Muy buenas las opiniones que veo por aquí, aclaro que no soy científico, apenas un intruso sin formación universitaria, pero con una sincera preocupación por el desarrollo científico.

  16. 10 junio, 2013 en 4:52

    Excelente Gonn, la verdad es que muchas veces me dieron ganas de escribir sobre esto y me he hecho las mismas preguntas que tu. Por cierto siemrpe me ha indigando que debas ceder tus derechos y pagar por publicar!! es realmente vergonzoso. Supongo que el cambio en la web, harà cada vez más posibilidades de open acces y menos de los otros y que dejen de evaluarnos por el indice de impacto de las revistas
    Saludos.

  17. Jaume
    28 agosto, 2013 en 13:49

    Mi novia es de Medicina y todos los artículos que ha publicado ella siempre han sido de doble ciego. Yo en cambio soy de informática-mates y nunca lo han sido. También es cierto que depende de que, el doble ciego es bastante difícil. Mi campo concreto es muy pequeño y el grupo donde hice la tesis lleva muchos años en ese tema. Los revisores suelen ser un grupo no muy grande y cuando ves un artículo fácilmente saben de donde procede… Y si todo esto no es suficiente por las citas que hace el artículo también se pueden deducir muchas cosas…. así que lo veo complicado.

  1. 6 junio, 2013 en 12:05
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