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Anestesia general

9 julio, 2013

anestesia
Os prometo que este artículo iba a tratar sobre la difícil situación en la está inmerso el CSIC en particular y la ciencia española en general. Estamos en una situación cercana al colapso científico, en la que uno ya no sabe que decirle a los más jóvenes. Hasta hace poco el “seguro que esto mejora” funcionaba, entre otras cosas porque había visos de que fuera realidad, pero ahora incluso yo mismo he dejado de creer en esa respuesta. ¿Qué queda?, ¿la terminal internacional del aeropuerto más cercano? Porque ni veo salida ni veo respuestas contundentes a corto plazo. Hace unas semanas participé en la que algunos tildaron como la mayor manifestación de científicos de la historia de nuestro país. Yo no lo vi así. Es cierto que había mucha gente, pero eché de menos a muchos otros. Quizás me fijé más en quién no estaba, ya que eché de menos una pancarta de arranque presidida por los grandes investigadores nacionales, eché de menos que los centros de investigación echaran el cierre durante unas horas y todos sus trabajadores salieran a protestar a la calle. Lo que menos me sorprendió, desgraciadamente, es el desprecio gubernamental, ese ya lo sufren los investigadores desde hace tiempo.

Y es que la falta de respuesta contundente por parte de los científicos se viene observando en el día a día de todos los ámbitos nacionales. Han conseguido anestesiarnos. ¿Cómo? Pues no lo sé, serán los medios de comunicación (o desinformación), será el miedo a perder lo que nos queda (sea poco o mucho), será el pensar que siempre se puede estar peor o alguna técnica anestésica que todavía no conocemos. Y es que me sorprende que tramas de corrupción que afectan a los dos principales partidos no alteren mucho el día a día. En este momento España tiene a más de 300 políticos imputados sin que se mueva nadie, no sólo eso, seguramente algunos de ellos seguirán ganando elecciones. Un par de señores confinados en una embajada o en una zona de tránsito internacional nos muestran cómo es la cruda realidad de la política internacional, y como estamos sometidos a continua vigilancia (saludos desde aquí al espía que lea esto) y la gente sigue volcando su vida en la red, como si tal cosa, confiando en que esos datos se mantienen de forma privada gracias a una maravillosa clave que nadie en el mundo puede descifrar.

Parece que han conseguido su objetivo, su anestesia funciona perfectamente. ¿Es falta de madurez democrática? En el primero de los casos sin duda. En cualquier país con una democracia consolidada, un caso Bárcena habría provocado la caída de un gobierno. Aquí como mucho consigue balbuceos en diferido y pantallas de plasma. Nos quejamos de su comportamiento, pero les damos amparo: se les sigue votando en vez de mandarlos a su casa. No me extraña que la casta se comporte como lo hace, aún hay millones de personas que les aplaude. Me gustaría colarme en la fiesta de celebración de las últimas victorias electorales de alguno de esos partidos llenos de imputados, los brindis por “los imbéciles votantes que tragan con todo”, deben haber sido brutales.

Quizás no estaría de más recordar en este punto que la democracia y los derechos laborales y sociales llegaron por la pelea de muchas personas que querían un futuro mejor para ellos y para sus hijos. Si abandonamos esa postura crítica y les dejamos hacer sin pedir cuentas seguiremos en sus manos. La democracia es algo más que votar cada cierto tiempo, lleva unida la obligación de ciudadano de pedir cuentas y la obligación de los gobernantes a rendir cuentas a dichas peticiones. Es la obligación de unos y el trabajo de otros. Mientras eso no se entienda, mal vamos.

Perdonad por esta reflexión en voz alta, sé que me he ido del tema central del artículo que tenía en mente, pero es que a veces cuando uno ya no puede más, lo mejor es soltarlo.


  1. 9 julio, 2013 en 16:47

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  2. 9 julio, 2013 en 18:16

    Las experiencias, aunque tengan sabor a caca-huate, son beneficiosas no a tiempo inmediato, pero si para el futuro. Cuando ejerzamos el derecho obligatorio del voto, también tendremos la obligación de informarnos plenamente sobre “por quien” estaremos dando nuestro voto. Hay que saber desde donde cursó sus primeros grados hasta su graduación como profesional y continuar la investigación de cuales puestos públicos o privados ha desempeñado y como los ha desempeñado. Ahhhhh y lo más IMPORTANTE, que sea LAICO. Religioso rima con peligroso.

  3. KC
    9 julio, 2013 en 18:20

    Manuel, el sistema actual está perfectamente diseñado para que quienes podrían hacer algo se limiten a agachar la cabeza y mirar hacia otro lado. Lo realmente complicado es lo otro. Yo ya os di mi consejo… No esperéis que nadie vaya a cambiar nada, porque actualmente el problema es que las cosas se han hecho de tal forma que ya no queda agua en el oasis…

    Estás tardando.

    Saludos.

  4. carmenou
    9 julio, 2013 en 19:19

    “Ellos” lo están haciendo muy bien:

    Y, mientras tanto, las ranas nos cocemos voluntariamente. Millones de personas en las calles harían reaccionar al gobierno y a la oposición, pero parece que lo único capaz de movernos es el fútbol. Por cierto, me parece ver una relación inversamente proporcional entre el número de borreg@s celebrando en la calle los éxitos futboleros y el número de ciudadanos que toman esa calle en las protestas democráticas.

    Moraleja: si aunamos las voces de los damnificados (toda la sociedad, incluidos los que no somos científicos) los meteremos a “ellos” en la olla.

  5. 10 julio, 2013 en 9:52

    Manuel

    Tu comentario de que

    “Quizás no estaría de más recordar en este punto que la democracia y los derechos laborales y sociales llegaron por la pelea de muchas personas que querían un futuro mejor para ellos y para sus hijos.”

    Es algo que muchísima gente no entiende. Piensan que la situación actual ha aparecido por arte de magia y en cambio ha sido el resultado de los esfuerzos y sobre todo del sufrimiento y la lucha de millones de personas, que muchas veces jugándose la vida consiguieron que la ciudadanía occidental tuviera derecho a una educación, sanidad, vacaciones, jubilación, etc mínimamente dignas. Pero claro, el sistema ha sido muy hábil lavando el cerebro a la gente para convencerla de que ella no es un simple trabajador (esa chusma sudorosa que hace huelgas y sale de manifestación ¡qué horror!) sino clase media-alta porque puede comprarse el último iPhone o ir de viaje de novios a las Maldivas aunque en realidad se tenga un sueldo que muchas veces no llega ni a mileurista y un contrato basura de por vida. Así que si no reaccionamos pronto, pues acabaremos volviendo a ese Tercer Mundo al que España pertenecía hasta no hace tanto tiempo y nuestros hijos menores de edad acabarán cosiendo ropa en talleres ilegales y todo ello en nombre de la sana competitividad neoliberal.

  6. Pilartxo
    10 julio, 2013 en 22:03

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  7. 19 noviembre, 2013 en 11:08
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