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¿Por qué estudiar crustáceos?

9 septiembre, 2013

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In Science we trust

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zoidbergEste no va a ser un texto exclusivamente científico… Más bien, se trata de un artículo de opinión que empezó a gestarse cuando una vieja conocida, Logos, advirtió la vergüenza ajena que le causaba la rama de la ciencia dedicada al cultivo de crustáceos (como aquí quedo manifestado). Leí dicha bienvenida una semana después de su redacción, y pretendí responder en aquel entonces. Pero conforme se alargaba dicha respuesta, en mi mente, en el ordenador… me dije, que demonios, ya que esto no va ser breve, que menos que esté redactado en condiciones. Luego llegó el cierre del blog por vacaciones. Bueno, ahora que esto ya está abierto y funcionando, lanzo la pregunta que pretendo responder: ¿es realmente vergonzoso estudiar a estos bichos?

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Vergonzoso, lo que se dice vergonzoso… pues no se, no lo creo, la respuesta se irá elaborando a lo largo de la redacción. Pero a riesgo de equivocarme, tengo la impresión de que es un tema completamente indiferente para la mayoría de la gente. El ciclo de vida de una gamba no es lo que se dice un tema típico de las tertulias de los bares, la gente en sus vacaciones no suele dedicarse a leer sobre la anatomía interna de la langosta, en una boda lo último que importa es la ecología del langostino y en Navidad nadie piensa en cómo crece un centollo o un buey de mar.

Yo lo entiendo, es algo que también suelo hacer. Pero, oh buceadores de la red, que sería de un bar sin su cervecita y su típica tapita de gambas, que sería de una buena mariscada sin su langosta (aquellos que puedan pagarla), una boda no sería lo mismo sin sus langostinos y en Navidad, bien que buena cantidad de peña disfruta de su centollo o buey de mar. C’est la vie, la vida de estos bichos resulta bastante insípida a buena parte de la sociedad, pero el cuerpo de estos bichos … oh mon ami, eso sí que tiene otro sabor. Centollos, bogavantes, cigalas, galeras, bueyes de mar, nécoras, cangrejos, cangrejos de río, langostas, langostinos, gambas, camarones, quisquillas, cigarras… percebes. Ricos no, lo siguiente. Abundantes y en múltiples formas, la gastronomía ibérica sería muy distinta sin estas criaturas. Y buena parte de la gastronomía mundial también.

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Algunos crustáceos importantes de la gastronomía ibérica

Cigala (Nephrops norvegicus) (cred: wikipedia) Bogavante (Homarus gammarus) (cred: ScoopWeb) Langosta (Palinurus vulgaris) (cred: Aquaworld) Langostino (Litopenaus vannamei) (cred: IctioTerm)
Gambón rojo (Aristeus antennatus) (cred: IctioTerm)  Galera (Squilla mantis) (cred: wikipedia) Centollo atlántico (Maja brachydactyla) (cred: IctioTerm) Percebe (Pollicipes pollicipes) (cred: IctioTerm)

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Porque una cosa lleva a la otra. Están tan ricos que la gente está dispuesta a pagar por comérselos, ergo son un negocio, un muy buen negocio. Lo que nos lleva a la siguiente parada: los crustáceos, así en general, mueven una gran cantidad de pasta a nivel mundial. Basándonos en datos de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), en el año 2011 se pescaron 496 mil toneladas de estos bichos (sin olvidar que en el 2010 fueron 602 mil toneladas). Eso solo en pesca. Por otro lado, los crustáceos representaron el 9,6% de la producción mundial en acuicultura, esa industria que se dedica a criar y engordar animales acuáticos (también podría incluirse el cultivo de algas en esta industria). Así a simple vista no parece mucho, pero en cifras representan 5,7 millones de toneladas de criaturas repartidas en 62 especies (aunque la mayor parte del pastel se la llevan distintas especies de gambas y langostinos, siendo el más importante el langostino Litopenaeus vannamei). En términos económicos, significa que el cultivo de crustáceos a nivel mundial supuso en el 2010 casi 27 mil millones de dólares americanos (ref. 1, 2 y 3). Y ya sabemos lo que significa eso en un mundo influido bajo la maldición del capitalismo: si mueve dinero, es interesante.

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Festival de gastronomía marina celebrado el pasado 31 de agosto 2013 en la localidad de Menai Bridge (Wales, UK). Los crustáceos en portada. Crédito: Fuente Propia

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Antaño la pesca se reducía a tirar la red allá donde se sabía por el legado de generaciones que habían peces o lo que interesase… Hoy eso no es suficiente, hay que conocer a quien se pesca. No solo porque eso repercute directamente en beneficios (que desgraciadamente es lo único que cuenta para demasiados humanos), sino porque ahora la industria pesquera sufre el gran problema que supone el agotamiento de lo que antaño se creía el inagotable mar. Al contrario de lo que hace décadas predicaba el imaginario popular, los recursos que ofrece el mar son finitos. Esa es una lección que nuestra especie está aprendiendo por las malas: el colapso del bacalao canadiense en la década de los ’70 y los ’80 dejó entre 35.000 y 40.000 personas sin trabajo, dicha especie aún no se ha recuperado (ver aquí y aquí); al menos dos especies de atunes están en peligro de extinción (ver aquí y aquí); los caladeros europeos pintan muy mal (ver aquí) y el futuro puede no ser nada halagüeño (ver acá).

Ni siquiera los crustáceos se escapan de esta pesadilla. La centolla mediterránea, Maja squinado, está tan mal que incluso se están llevando a cabo intentos de recuperarla, como el “Proyecto de recuperación del centollo mediterráneo” realizado en las islas Baleares (para más información,  pulsar acá).

Con estas negras perspectivas, en el mejor de los casos una correcta gestión de los recursos podría salvar caladeros, puestos de trabajo, especies de interés pesquero y de paso, los ecosistemas y las redes tróficas de los mares. La ciencia tiene la capacidad de proporcionar las herramientas para una gestión más acorde a la situación actual de los mares y oceános, luego el uso de tales herramientas, una vez proporcionadas, depende de la acción gubernamental (a nivel local, regional, estatal, continental o mundial). Y para saber gestionar una especie, hay que conocerla bien: ¿qué ecosistemas habita? ¿cuánto miden sus poblaciones? ¿cuándo y cuánto se reproduce? ¿cuántos individuos llegan a la edad adulta? ¿cuál es la capacidad de extracción que podría soportar? Entre otras muchas preguntas. Todas ellas, relacionadas directamente con la biología y ecología de una especie dada, nos podrían permitir conocer a tal especie hasta el punto de poder gestionar su pesca sin llevarla al punto de no retorno. Y bajo esta premisa también se incluyen a los crustáceos. Dichas preguntas, solo se pueden responder con muchos años de investigación y estudios.

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Evolución de las capturas de bacalao canadiense desde 1850 hasta el año 2000. Crédito: wikipedia

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Pero se puede ir más lejos todavía. ¿Y si queremos cultivar a esa especie? Pues entonces no nos queda más remedio que conocerla como si la hubiéramos parido. Porque cada especie marina (aunque comparte varios rasgos con sus primos evolutivos más cercanos) es un mundo. No solo hay que conocer los rangos que tolera de temperatura, fotoperiodo, intensidad lumínica, longitud de onda, salinidad, pH, oxígeno o moléculas orgánicas varias (incluyendo los temidos compuestos de nitrógeno), entre otros factores. Sino que también han de ser conocidos los óptimos de cada uno de ellos para sacarle el máximo partido al cultivo. Y no solo eso, ¿cuál es la mejor dieta que podemos darle? ¿qué pasa si le añadimos X elemento a la alimentación? ¿podemos meter miles de bichos en un tanque o es una especie muy agresiva y/o caníbal (agresividad y canibalismo no son excluyentes, muy a menudo van de la mano)? ¿tolera bien el cultivo intensivo, el semi-intensivo o el extensivo? ¿cuál otorga más beneficios (lo que siempre preguntan los inversores…)?

Aún así todo eso es insuficiente… porque los rangos de tolerancia y el óptimo de cada parámetro no son estables, sino que varían durante las fases de la vida que presenta cada especie. Sip, porque tu especie de cultivo, en muchos casos, no tiene los mismos requisitos o no soporta las mismas condiciones (y hablo de todos los factores antes mencionados) cuando es un huevo, un recién nacido, una etapa larvaria intermedia, un juvenil o un adulto. Y esto amigos, en los crustáceos se manifiesta con mucha más fuerza si cabe, ya que tienen fases larvarias extremadamente diferentes. Por ejemplo, solo recuerdo este viejo artículo que escribí sobre las langostas: filosoma, exquisito monstruo.

Podemos complicarlo más todavía. Estos bichos también sufren enfermedades, algunas de las cuáles pueden mandar al carajo un cultivo entero con pérdidas millonarias. Lo que añade una carga más de conocimiento necesario, aplicado a nuestros crustáceos de cultivo necesitamos saber: anatomía y morfología para conocer las diferencias entre un cuerpo sano y otro enfermo; microbiología y virología para conocer las bacterias y virus que pueden afectar a nuestros animales o que pueden usar a nuestros cultivos para infectarnos a nosotros; parasitología como extensión de lo anterior porque no solo hay virus y bacterias que causan enfermedades, sino muchos otros organismos, por no hablar de que incluso algunos crustáceos son parásitos bastante peligrosos (como algunos copépodos del género Caligus, que están produciendo enormes pérdidas sobre los cultivos de salmón, como se puede leer aquí… y si quieres pararlo no tienes más remedio que estudiarlo); nutrición y dietética para alimentarlos mejor y/o más barato, así como para no meterles ningún producto que pueda afectarnos negativamente; biología evolutiva para un enfoque global que además facilite la realización de nuevos estudios, especialmente cuando estos llevan de por medio genómica, transcriptómica o proteómica.

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Granjas de langostinos (Litopenaeus vannamei) situadas en Baja California (México). Crédito: FAO.

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Resumiendo, resulta imprescindible un intensivo conocimiento de la biología de los crustáceos en vista de que son un grupo animal de gran interés pesquero y de cultivo acuícola. Se puede decir más, los crustáceos no solo tienen gran interés en la industria acuícola, soportan la industria acuícola. Sí, tal y como suena, el cultivo de muchas especies depende de un crustáceo muy particular, su nombre es Artemia.

La Artemia es un primo bastante lejano de nuestras gambas y cangrejos, mide alrededor de un centímetro y vive en charcas de agua salada como salinas y marismas, alimentándose de los microorganismos que viven junto a ella y siendo depredada a su vez otros seres de las salinas, incluyendo al elegante ave conocida como flamenco (Phoenicopterus sp). A grandes rasgos, no destaca ni impone. Pero tiene un “algo” que la hace especial. Es un bicho que viven en salinas, estas charcas tienen varias malas costumbres: suelen estar bajo un sol infernal, su salinidad se incrementa a niveles hadeicos y finalmente se secan. En términos de supervivencia: son muy jodidas. De hecho casi nada sobrevive en estos lugares, salvo seres vivos extremadamente especializados.

Y Artemia es uno de ellos. Sobrevive al apocalipsis de la desecación en forma de huevo. El huevo de Artemia, también conocido como quiste, es muy especial. Un huevo (o quiste) de Artemia, una vez está completamente deshidratado, más que de crustáceo, parece un huevo de Chuck Norris. Puede sobrevivir a temperaturas que exceden los 100 °C durante una hora y pueden ser expuestos casi al cero absoluto de forma indefinida, resisten el bombardeo de varias formas de radiación de alta energía, son capaces de sobrevivir estando en el interior de cristales de sal común (NaCl), pueden permanecer un mes o más en diversos líquidos orgánicos (alcohol, acetona, etc.) e incluso permanecer cuatro años en total ausencia de oxígeno gracias a una (¿casi?) total ausencia de actividad metabólica (en otras palabras, no respiran) (ref. 4 y 5).

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Elegantes ejemplares de Artemia salina, una de las varias especies del género Artemia. En inglés son conocidas como “brine shrimps” (gambas de salmuera) o “sea monkeys” (monos de mar), con este último nombre suelen ser comercializas como “entretenimiento” para los más pequeños. Crédito: wikipedia

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En ese estado de letargo Artemia sobrevive hasta que la charca vuelve a inundarse. Una vez regresa el agua, todo sucede muy rápido, en un lapso de 24 a 48 horas el embrión tiene tiempo de rehidratarse, de finalizar su desarrollo y eclosionar, para nadar como una larva de vida libre llamada nauplio.

La historia vital de Artemia y su súper-huevo pueden parecer una curiosidad más de Historia Natural. Pero esta vez es más que eso, porque dicha historia vital es lo que ha convertido a este crustáceo en algo tan importante para la acuicultura, ya que este bicho combina las ventajas del alimento artificial (piensos y preparados) y las del alimento vivo (presas frescas):

  • La resistencia de su etapa de huevo junto a su capacidad para eclosionar rápidamente en un tiempo concreto le dan la ventaja de los alimentos artificiales: podemos almacenarla en condiciones frescas y secas durante meses y solo utilizar la cantidad necesaria para alimentar nuestras criaturas, además es relativamente barata de conseguir y muy fácil de utilizar; adicionalmente, al contrario que otras presas vivas, NO necesitamos mantener el cultivo continuamente para tener la comida disponible.
  • Por otro lado, el hecho de ser una presa viva tiene las ventajas, pues… de las presas vivas: altamente nutritivas, estimulan el instinto cazador y no empiezan a descomponerse en cuanto caen en el agua. Además permiten alimentar a especies que no llevan bien o no saben alimentarse con las dietas artificiales. Otro punto para la Artemia reside en que también existe la opción de alimentar los nauplios recién eclosionados durante uno o más días con microalgas, levaduras o alimentos artificiales; de este modo enriquecemos la Artemia, haciéndola aún más nutritiva para los animales de cultivo.

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Con estas ventajas, Artemia se ha convertido en el sustento principal de las fases larvarias de langostinos, gambas, bogavantes y cangrejos que se crían de forma intensiva para su cultivo; pero no solo crustáceos, sino también permite alimentar a diversas especies de peces durante su etapa larvaria, como la lubina (Dicentrarchus labrax), la dorada (Sparus aurata), la corvina (Argyrosumus regius), el lenguado (Solea senegalensis) o el rodaballo (Psetta maxima)… Sin olvidar su uso en experimentación con otras especies, como por ejemplo la investigación que se desarrolla entorno al cultivo larvario de pulpos (Octopus vulgaris) y sepias (Sepia officinalis). También se ha utilizado la Artemia en proyectos de cría en cautividad de especies raras o en peligro de extinción, como el fartet (Aphanius iberus) durante el proyecto LIFE en la Región de Murcia (España) (ver aquí) o para el estudio y reintroducción del caballito de mar (Hippocampus sp.) (ver aquí o acá para más información). La Artemia también resulta de utilidad para los aficionados a la acuariología (por ejemplo, esto) como alimento para sus mascotas. En definitiva, hoy Artemia es un pilar clave para el cultivo de especies acuáticas.

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Izquierda, latas comerciales de quistes de Artemia (cred.: Brown Company). Derecha, nauplio y metanauplio (siguiente fase larvaria) de Artemia (cred.: Virginia Cooperative Extension).

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Los crustáceos todavía tienen más cosas que decir. No solo se saca partido de ellos en gastronomía, alimentando así a las industrias pesquera y acuícola, sino que los aficionados a la acuariología incluyen diversas especies de este grupo animal entre sus intereses. Lo que ha llevado a que ciertos equipos de investigación destinen algunos recursos a investigar como cultivar ciertas especies de crustáceos comunes en acuarios. Entre sus publicaciones podemos encontrar:

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En este punto estamos ante una hipotética nueva rama para la acuicultura de crustáceos, especializada en especies que podríamos llamar “ornamentales”. De dar sus frutos, esto tendría una gran ventaja y un gran inconveniente. La gran ventaja es que se podrían abaratar costes a la hora de conseguir ciertas especies, sería innecesario capturarlas en su medio natural y de paso se obstacularizaría un poquitito más el comercio ilegal de especies exóticas. El gran (o grandísimo) inconveniente sería que una vez que se desplaza, se mantiene o se cultiva una especie en un lugar distinto de su área de distribución natural… es que con el tiempo las probabilidades de fuga tienden a uno.

Lo que nos lleva a la siguiente razón para investigar a los crustáceos. Actualmente y por desgracia, por nuestra ineptitud o por nuestro desconocimiento, o por ambas razones, hemos conseguido que numerosas especies de crustáceos hayan llegado o hayan colonizado exitosamente lugares distintos a los de su punto de origen. Y las especies exóticas son un gran problema: pueden atacar, depredar, competir o transmitir enfermedades a las especies nativas. Pueden modificar ecosistemas enteros y poner en peligro economías locales. Véase el caso de la perca del nilo (Lates niloticus) en el lago Victoria (ver aquí para más información), cuya introducción en dicho lago conllevó la extinción de 200 especies de peces nativos.

Por eso cuando una especie exotica es descubierta en un lugar donde no debería estar, deben saltar todas las alarmas: ¿esta especie acaba de llegar, se está adaptado, se ha adaptado o ya tiene una población estable? ¿qué efectos puede tener sobre la zona, está afectando negativa o positivamente a las especies locales? ¿cómo puede afectar a la economía local? ¿qué consecuencias ha tenido la llegada de este bicho en otros sitios? En caso de ser realmente peligrosa, ¿podemos combatirla de alguna manera? Y solo hay una forma de resolver estas preguntas: con investigación.

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Primera fila: especies de crustáceos de interés en acuariología

Segunda fila: especies de crustáceos exóticos introducidos en la Península Ibérica.

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Clibanarius tricolor (cred: Ultimate Reef) Mithraculus sculptus (cred: Tropical Fish) Lysmata semicaudata (cred: k.decapodes) Periclimenes sagittifer (cred: MarLIN)
Artemia franciscana (cred: Hull University) (ref. 6) Procambarus clarkii (cred: wikipedia) (ref. 7) Dyspanopeus sayi (cred: wikipedia) (ref. 8) Callinectes sapidus (cred: wikipedia) (ref. 9)

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Por todo lo visto anteriormente, es razonable que el mundo académico se haya interesado por estos bichos… desde hace bastante tiempo. Por ejemplo, los biólogos franceses Jean Victoire Audouin y Henri Milne-Edwards publicaron allá por 1828 el “Troisième mémoire sur l’anatomie et la physiologie des Crustacés: Récherches anatomiques sur le système nerveux”. Más tarde, a medidados del siglo XIX, el mismo Henri Milne-Edwards publicaría el “Histoire naturelle des crustacés”, un exhaustivo trabajo de tres volúmenes dedicado a nuestros bichos de hoy. Y ya que estamos con ejemplos, es imposible olvidar el trabajo del maestro Charles Darwin, publicados también a mediados del siglo XIX (según esta fuente), el maestro expuso al mundo científico dos enciclopédicos tratados dedicados a los cirrípedos (bellotas de mar, balanos y percebes), “Fossil Cirripedia” y “Living Cirripedia”, con dos volúmenes cada uno, todavía son un referente para los estudiosos de este grupo animal.

Desde aquel entonces, los crustáceos siguen formando parte de libros publicados desde el mundo académico. En el tema que nos interesa, la cantidad de libros dedicados al cultivo de crustáceos es importante, por nombrar solo unos ejemplos, tenemos el “Design, Operation and Training Manual for an Intensive Culture Shrimp Hatchery” (1992) para el cultivo intensivo de gambas y langostinos (enlace); el “Lobsters: Biology, Management, Aquaculture and Fisheries” (2008), centrado en langostas, bogavantes y cigalas (enlace); el “Mud Crab Aquaculture: A Practical Manual” (2011), para la cría de cangrejos de manglar del género Scylla (enlace); o el “Crustacean Farming: Ranching and Culture” (2008), de carácter general (enlace). Solo son unos pocos, en google (ver aquí) aparecen unos cuantos más.

Pero los libros y manuales dedicados al cultivo de crustáceos no han sido escritos por inspiración divina. Son fruto de muchos años de investigación realizada por equipos científicos de todo el mundo. Un libro de tal índole es resultado del trabajo constante a medio y largo plazo. Pero sus resultados ya estaban presentados antes de la publicación del libro… ya que a corto plazo los científicos comunican sus descubrimientos mediante las llamadas revistas científicas (qué son y para qué sirven las revistas científicas, este blog ha publicado varias entradas dedicadas al tema: (1), (2), (3) o (4), por ejemplo).

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Ilustraciones de crustáceos realizadas por el eminente biólogo, naturalista, profesor, artista y filósofo alemán Ernst Haeckel, publicadas en su ”’Kunstformen der Natur” (1904) (crédito: wikipedia).

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Por paradójico que pueda parecer, dada la importancia del grupo, solo existen un par de revistas científicas destacables dedicadas en exclusiva a los crustáceos: el “Journal of Crustacean Biology” (enlace) y la revista “Crustaceana” (enlace). En realidad, tal paradoja no es tal. Lo que sucede es que la mayor parte de la producción científica en relación a los crustáceos se reparte en un ingente número de revistas cuyo tema central es otro. Para demostrarlo, a continuación un breve viaje por la bibliografía científica, donde exponemos una revista, su especialidad y el último número donde aparece al menos un unico artículo dedicado a los crustáceos, con su correspondiente enlace por supuesto. Así pues y recordando que lo siguiente son tan solo unos pocos ejemplos, podemos encontrar:

  • «Aquaculture». Especialista en todo lo relacionado al cultivo de animales acuáticos. Número 412-413 (Noviembre 2013, en progreso) (enlace).
  • «Aquaculture Research». Especialista en todo lo relacionado al cultivo de animales acuáticos. Número 44 (9) (Agosto 2013) (enlace).
  • «BMC Evolutionary Biology». Esta revista está especializada en la evolución de los organismos, incluyendo su genética, la reconstrucción de su filogenia (árbol genealógico entre distintos grupos de organismos) y su  paleontología . Agosto 2013 (aquí artículo) (aquí revista).
  • «Cretaceous Research». Fauna y flora del periodo Cretácico, evolución y relación con la fauna y flora actual. Número 41 (1-2) (Abril 2013) (enlace).
  • «Fisheries Research». Gestión, manejo e investigación de pesquerías y caladeros. Número 44 (9) (Octubre 2013, en progreso) (enlace).
  • «Gene». Genética en general. Número 527 (1) (Septiembre 2013, artículo 21, aquí) (enlace).
  • «Invertebrate Reproduction & Development». Reproducción y desarrollo, así en general, de los invertebrados . Número 57 (2) (2013) (enlace).
  • «Journal of Invertebrate Pathology». Todo lo relacionado a las enfermedades que sufren los invertebrados . Número 114 (1) (Septiembre 2013) (enlace).
  • «Journal of Morphology». Estudio del desarrollo de los organismos, desde un punto de vista anatómico, funcional, genético, evolutivo, etc. Número 44 (9) (Julio 2013, portada para  crustáceos) (enlace).
  • «Marine Ecology». Estudios de la ecología y de los ecosistemas marinos. Número 34 (2) (Junio 2013) (enlace).

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Logotipo de la «Crustacean Society», agrupación de científicos cuyo foco común de interés son los crustáceos (enlace a la página web oficial de la sociedad, aquí).

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Resumiendo lo visto hasta ahora, desde un punto de vista meramente práctico, los crustáceos tienen una gran importancia para la actual sociedad humana: son una fuente de alimento de gran valor gastronómico y cultural; poseen un alto valor económico al mover importantes sumas de capital como animal de producción en las industrias pesqueras y acuícolas; con ello soportan a su vez un gran número de puestos de trabajo; adicionalmente permiten alimentar y/o cultivar de forma barata a otras especies de interés comercial; otras especies de este grupo pueden causar graves enfermedades cuyos daños a la industria acuícola se deben combatir; finalmente, son animales de interés ornamental en acuariología, sin olvidar su importancia como especies exóticas cuyos efectos sobre los ecosistemas ajenos son impredecibles.

Todo lo anterior justifica la necesidad práctica de realizar estudios e investigaciones de índole científico sobre este grupo animal. Pero para mí, personalmente, hay una razón más, no se si en realidad es más importante que lo anteriormente dicho, aunque para mí lo es. Sin embargo, al mismo tiempo es una razón que podría justificar cualquier tarea en ciencia… Y es que, resulta que estos bichos son interesantes per se y el conocimiento tiene valor propio. O en otras palabras:

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El científico no estudia la naturaleza porque es útil; la estudia porque se deleita en ella, y se deleita en ella porque es bella. Si la naturaleza no fuese bella, no valdría la pena conocerla, y si no valiese la pena conocer la naturaleza, tampoco valdría la pena vivir la vida.

Jules-Henri Poincaré (Francia, 1854 – 1912).

Matemático, físico, científico teórico y filósofo de la ciencia.

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Entradas relacionadas:

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BONUS TRACK. Dedicado especialmente a nuestra querida Logos.

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La gamba cuyo nombre científico es Lucifer. Viven nadando en el plancton junto a otras criaturillas. Su satánico nombre hace referencia a sus capacidades bioluminiscentes. Más información del bicho en este enlace. (crédito imagen: CmarZ).

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REFERENCIAS.


  1. 9 septiembre, 2013 en 6:27

    Muy bonito artículo, sobre todo resaltando como algo que parece tan obvio o incluso anodino puede convertirse en vital, no sólo como recurso alimentario sino como inspiracion a la biomímesis. El problema es que no importa lo que digas o como lo digas, aunque de sus vidas dependiese (que a la larga lo hace) es mejor ceñirse a la creencia y cerrarse en banda a explorar nuevos horizontes. Si, esto lo digo por el vegano de las 8:30.

    De todos modos, la ciencia no se acaba cuando se echa el langostino a la olla. De hecho, gran parte del progreso experimentado desde el pasado siglo se debe a la investigación en el proceso de los alimentos, lo cual no deja de ser gracioso cuando el ludita de turno aplica estos descubrimientos en la cocina diaria.

    Me da un poco de pena cuando la gente busca la presencia de lo divino detrás de los momentos más conmovedores como una puesta de sol. Si alla donde mires encuentras ciencia, admirarás la belleza en la reflexión de la radiación en la atmosfera regalo de un gigantesco generador de fusión de hidrógeno y cuando mires al suelo y veas un caracol, podrás maravillarte de como la vida encuentra un camino para prevalecer. Si formar parte de entender como funcionan los procesos desde el átomo hasta el universo y encontrar nuestro sitio (filosófico) en el universo no es suficientemente conmovedor, paren el universo que yo me bajo.

    Sun salud☼.

  2. 9 septiembre, 2013 en 7:19

    Entiendo que la pregunta del título de esta entrada o post es retórica (no requiere respuesta), o es provocadora (provoca la respuesta que se desea hacer) o es poco pertinente (no lo creo, pero que conste que la ciencia no es tanto la ‘técnica’ de responder preguntas, como creen muchos profanos, como el ‘arte’ de planteárselas correctamente).Así que ¿pPor qué estudiar crustáceos? Porque sí, porque está ahí, y además por el resto de razones que señalas

  3. 9 septiembre, 2013 en 7:26

    Estupenda entrada, Cnidus. Otro ejemplo de cómo la investigación es algo fundamental en nuestro futuro. Incluso en cosas tan aparentemente nimias como “estudiar gambas”.

  4. Rata de Cloaca
    9 septiembre, 2013 en 8:59

    A mi lo que me asombra es que alguien suelte una estupidez del calibre de: “¿A eso le llamas ciencia? Cultivo de crustáceos, sinceramente me daría vergüenza reconocer que pierdo el tiempo de esa forma.”

    Y esto nos lo viene a decir alguien que probablemente no tenga ni idea ni de cultivos, ni de crustáceos. Y lo mejor es lo de “¿a eso le llamas ciencia?”. Dicho por alguien cuya idea de ciencia es leer la Biblia.

    “Pa” cagarse….

  5. 9 septiembre, 2013 en 12:06

    Hola a todos, gracias por los comentarios, siempre se agradece toda muestra de interés.

    Aunque pueda parecer lo contrario (ya que soy un “poco” borde), este artículo no va dirigido a aquellas personas que desdeñan o menosprecian la actividad científica, bien porque su religión o gurú particular les indica eso, bien por influencias posmodernistas, bien por cualquier otra razón.

    En realidad, mi intención es dirigir este artículo a aquellas personas a las que la ciencia les pasa desapercibida o bien tienen cierto interés por ella, pero que por múltiples razones hay rasgos de ella que desconocen. A mí y a muchos colegas nos ha pasado lo mismo varias veces, con familiares, con amig@s o con gente con la que te cruzas y te pones a hablar; cuando les cuentas a qué te dedicas, la pregunta / respuesta más habitual es: ¿Y eso para qué sirve?

    Este artículo va en esa dirección. Como ya habéis indicado, una mente científica siente interés por “algo” por la única razón de que ese “algo” existe, no hay más. Otras personas son más utilitaristas y necesitan de una utilidad práctica. He oído/leído a más gente de la que me gustaría cosas como “el LHC es una pérdida de tiempo y de dinero” o que “con la crisis que hay mandar cosas a Marte es tirar el dinero”; en varios casos esas personas no odian la ciencia, simplemente son personas con una visión práctica de la vida y no saben que el avance tecnológico que se necesita para construir un LHC o mandar cualquier cosa a Marte, son avances tecnológicos que más pronto que tarde formarán parte de la vida cotidiana.

    En biología pasa lo mismo en sus múltiples ramas. Para mí los crustáceos son bichos que molan mazo y súper-interesantes, el poder trabajar en este campo es un honor para mí. Para otra gente a priori es una pérdida de tiempo y dinero… pero quizás cambien de opinión si supieren que tal vez sin este tipo de trabajos algún día pueden quedarse sin centollas por mero agotamiento (como ya ha pasado en la costa catalana y balear), o que igual se descubre una forma de montar una nueva industria que cree puestos de trabajo. Hay muchas incognitas y entre otras razones, para eso se investiga: para resolverlas.

    Gracias por vuestra lectura.

  6. homeopatutia
    9 septiembre, 2013 en 17:18

    >. A mí y a muchos colegas nos ha pasado lo mismo varias veces, con familiares, con amig@s o con gente con la que te cruzas y te pones a hablar; cuando les cuentas a qué te dedicas, la pregunta / respuesta más habitual es: ¿Y eso para qué sirve?

    Y si se lo explicas a continuación, suelen prestar toda la atención del mundo y hasta se van todo felices de haber descubierto algo que ni se imaginaban 😀

  7. Ana
    9 septiembre, 2013 en 21:02

    Pues para ponerse de nick logos no era muy avispado (dime de qué presumes y te diré de qué careces…). Parece que si no te dedicas a la investigación biomédica no haces nada útil para el gran público. Esto es algo muy favorecido por los medios de comunicación.

    Gracias por el artículo.

  8. Phosphoros (El Dogo de Darwin)
    9 septiembre, 2013 en 21:46

    ¡¡¡Excelente!!!…

  9. Nelson
    9 septiembre, 2013 en 21:49

    Ciertamente, en primer lugar siempre he defendido el saber por el saber mismo. Ya es maravilloso por si mismo descubrir como funcionan las cosas, y segundo lugar, claro es que al que sabe, la relación causal entre todas las cosas se le hace obvia, de ahí que algo tan aparentemente lejano a la vida diaria como los crustaceos está en realidad cerca, cerca, cerquita.
    Tuve de niño un amor platónico por los crustáceos. En mis días de verano me encantaba descubrirlos bajo las rocas en el mar, y uno de los primeros libros que leí iba sobre invertebrados, un libro precioso ilustrado, viejo hoy, pero ilustrado con unas pinturas que hasta hoy admiro. Que pena que el “hombre-masa” sólo se conmueva con lo que le llena; lo que le llena la panza y le llena el bolsillo. Es la gente como tú, Cnidus, que convierte su pasión en su razón de vida, la que lleva al resto de la humanidad a un mejor nivel.

  10. 10 septiembre, 2013 en 0:25

    Excelente artículo señores, y la obtusa de logos que siga comiendo maná, que nosotros preferimos unos camarones.

  11. Cronopio
    11 septiembre, 2013 en 3:33

    ¡Maravilloso! Muy buen artículo, con un montón de enlaces añadidos para procrastinar por el mundo de los crustáceos. Gracias.
    Sólo me apena un poquito, que quien te incitara a escribirlo fuera Analfaburra77 y no el comentario anterior al suyo. Snif…. 🙂

  12. 11 septiembre, 2013 en 23:37

    Hola a todos, gracias por los comentarios 🙂

    Nelson, oh, los viejos libros son los mejores. Hoy día, con tanta digitalización y necesidad de producir-producir-producir, es muy complicado que los taxónomos tengan tiempo de ilustrar en condiciones. Yo descubrí a estos bichos en un documental, “El Rostro de las Profundidades”, de la serie “El Mundo Oculto” y dedicado al plancton. Ver la larva zoea de los cangrejos me dejó flipando en aquel entonces y aún no han dejado de sorprenderme.

    Jo, lo siento Cronopio 😕 ¿en mi defensa podría decir que espolea más un latigazo que un abrazo? De todas formas, tanta petición también incita a elaborar más la respuesta, no a dejarla como un mero comentario.

    Por otro lado, ando jodido de tiempo, pero intentaré publicar algunas cosillas de biología evolutiva y si estoy inspirado, intentaré intercalar algo sobre estos bichos.

    Saludos a todos y gracias! :mrgreen:

  13. Nelson
    15 septiembre, 2013 en 22:45

    Cnidus, ciertamente esta era de copy-paste donde todo anda en avión no da tiempo a sentarse y planear un buen libro ilustrado. Hoy te puse en tu correo unos cuantos escaners del libro aquel, a ver que te parecen. Ojalá pudiesen coincidir el buen arte con la información que disponemos hoy. Un saludo.

  14. 16 septiembre, 2013 en 7:23

    Nelson :

    Cnidus, ciertamente esta era de copy-paste donde todo anda en avión no da tiempo a sentarse y planear un buen libro ilustrado. Hoy te puse en tu correo unos cuantos escaners del libro aquel, a ver que te parecen. Ojalá pudiesen coincidir el buen arte con la información que disponemos hoy. Un saludo.

    Mola, gracias! Pero… ¿A qué correo? 😕 ¿el del blog, mi personal de gmail, el de hotmail?

    Es que no lo veo por ningún lado…

  15. Nelson
    16 septiembre, 2013 en 17:06

    Ah bueno, no hallaba cual, hasta que hallé el de tu blog “diario de un copépodo”. Allí te lo envié.

  16. 16 septiembre, 2013 en 18:25

    Nelson :

    Ah bueno, no hallaba cual, hasta que hallé el de tu blog “diario de un copépodo”. Allí te lo envié.

    Oh, ese blog me encanta, pero no es mio ^_^

    Usa el correo de CyD: lacienciaysusdemonios.com@gmail.com

  17. Nelson
    16 septiembre, 2013 en 22:12

    Ok, redirigiendo…

  18. avaskeptic
    19 septiembre, 2013 en 23:18

    Exhaustivo y ameno como siempre, Cnidus. ¡Es una oda a los crustáceos!

    Pero ya que sale el Dr. Zoidberg falta el Sr. Cangrejo. http://2.bp.blogspot.com/-mJsd9bP3fjU/T1DngHeh5fI/AAAAAAAAAEU/R2fDCuUuslY/s320/don-cangrejo-de-bob-esponja-escenas.jpg ¿O qué pasa? ¿Por ser neoliberal no lo incluyes? ¡Cuánto rojeras! 😛

  19. 20 septiembre, 2013 en 8:02

    Adicionalmente a lo que comentas, el Sr. Cangrejo ni es bata blanca (tengo la hipótesis de que además es bata blanca española, con la de hambre que pasa…) ni está loco XDDDD

  20. Mirneth
    7 octubre, 2013 en 19:13

    Espectacular artículo! da gusto leer algo tan interesante (me siento como un fanpiro saboreando un cómic de edición limitada) Los crustáceos son unos bichos fascinantes. En plan americano de cuanto más grande mejor falta uno de los gordos y peculiares: el cangrejo cocotero (Birgus latro) (no sé como van las cursivas en este trasto). (http://es.wikipedia.org/wiki/Birgus_latro) ¡Y también se come! si alguna vez tengo el dinero para ir hasta allí no pienso despreciar la oportunidad de verlos (aunque de lejos que a lo mejor estos bichos tienen mala leche y si parten cocos me pueden dejar las manos hechas un cristo).

    Salut i seguiu així.

  21. Mirneth
    7 octubre, 2013 en 19:16

    Pregunta: ¿Cod no es bacalao?¿o los ingleses le llaman cod a todo?

  22. 7 octubre, 2013 en 19:56

    Mirneth :

    Pregunta: ¿Cod no es bacalao?¿o los ingleses le llaman cod a todo?

    Ahí va la ostia! 😯 Vaya ida de pinza la mía…
    Corregido, tienes razón, es bacalao (¿o bamojao?)… Muchas gracias Mirneth 🙂

    Las cursiva se escriben escribiendo un texto que abre con <i> y cerrando con </i>

  23. 11 noviembre, 2013 en 11:00

    Me han nacido 8 artemias o Monos de mar o Sea monkeys, 5 ya han muerto y he notado que algunas se juntaban y después de un tiempo la agredida se moría. De esto mi pregunta: son canibales las artemias? A parte el interés cientifico se añada mi pena por ver morir animalitos de medio centimetro que empezé a cultivar con un Kit vendido en comercio y que proporciona HUEVOS, PLASMA PARA EL AGUA Y COMIDA bajo el nombre de MONOS DE MAR O SEA MONKEYS. Me han quedado solo Tres y no quiero verlos morir. Añado que, ya que el agua se evapora, le añado agua de mar. Un consejo? Gracias?

  24. kaope
    11 noviembre, 2013 en 11:29
  25. 11 noviembre, 2013 en 11:43

    Hola Tiziana,

    La Artemia tienden a agregarse ante una fuente de luz, por lo que no es raro que formen aglomeraciones. Pero sí, también pueden comerse unas a otras cuando falta alimento. En relación al agua, la mejor que puedes usar es directamente agua de mar, la que viene por defecto en la playa (de una concentración aproximada de 35-38 ‰ según la zona). Adicionalmente, si tienes un acuario (o recipiente) de tamaño mediano (20 L), es buena idea incluir un aireador de poca potencia para ir sobre seguro de que no les faltará oxígeno, aunque en ese sentido son bichos bastante resistentes.

    Para alimentarlas, una forma barata es utilizando levaduras de panaderia (no la “química” fabricada básicamente con bicarbonato, sino la levadura que es el “hongo” vivo) y distintas harinas disueltas en agua. Otra opción es montarte tu propio sistema casero de cultivo de microalgas; nunca lo he probado, pero supongo que con botellas de litro y medio llenas de agua de mar, con un aireador introducido y algo de “abono” para plantas, diversas microalgas y otros microorganismos deberían de proliferar. Todo ello es alimento para Artemia. No olvidaría ir renovando el cultivo cuando este sea muy denso en algas. Aunque por otro lado, con pocas Artemia, las microalgas podrían llegar a crecer a un ritmo suficiente en el acuario como para reponer las que son devoradas por Artemia. Yo he criado involuntariamente este animal en un acuario que estaba un poco abandonado, la poca porquería que había en este servía para nutrir a varios microbios y de paso a los adultos de Artemia durante bastante tiempo 🙄

    Por otro lado, en tiendas de acuariología (incluso online) es posible comprar quistes de Artemia. Creo que por un precio inferior al kit de cría se pueden comprar fácilmente miles de huevos de este animal.

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