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De aquellos polvos, estos lodos

7 octubre, 2013

chapuza2Escribía Don Miguel de Unamuno en su “Pórtico del Templo“, en 1906: “Inventen, pues, ellos y nosotros nos aprovecharemos de sus invenciones. Pues confío y espero en que estarás convencido, como yo lo estoy, de que la luz eléctrica alumbra aquí tan bien como allí donde se inventó“.

A pesar de lo históricamente discutido sobre el verdadero sentido de la afirmación de Unamuno, es bien cierto que tal planteamiento ha guiado la política española desde mucho antes de los tiempos de Don Miguel y sigue reinando todavía. Y lo que es más preocupante, la ciudadanía tiene profundamente arraigada esta idea. Como es propio de la característica bipolaridad de la sociedad española, mientras las profesiones de investigador y de profesor son de las más valoradas, una buena parte de la población piensa que lo que se enseña en la Universidad o lo que se investiga en los centros españoles es basura, y que estamos manteniendo a una ingente cantidad de parásitos con el dinero de todos. A menudo hay que soportar afirmaciones como “si tan buena es esta Universidad, ¿por qué no tiene ningún Premio Nobel?

Lógicamente, nos enfrentamos a un problema que tiene varios aspectos muy diferentes. La Universidad y la Investigación pública precisan muchas mejoras. No solo de financiación, sino de control de la productividad, de la calidad y de la excelencia. Sin embargo, que el sistema científico español sea mejorable no significa que no merezca la pena mejorarlo y debamos resignarnos a fabricar bombillas inventadas por otros. Nos tenemos que deshacer de parásitos, burócratas, gestores y mangantes de todo pelo, es cierto. Pero también lo es que necesitamos un plan de financiación estable, que garantice no solo el funcionamiento de los centros, sino su perdurabilidad y la creación de una carrera investigadora que asegure una cantera de personal cualificado.

Aula laboratorio de Química5Las cosas no se arreglan solamente con dinero. Inyectar unos millones puede funcionar en la banca, pero no en la ciencia. Es necesaria una política de acercamiento a la sociedad, con el objetivo que ésta pueda llegar a conocer los beneficios que supone invertir parte de sus impuestos en investigación. Es preciso establecer planes de estudio que animen desde el colegio al pensamiento crítico, a la curiosidad, a las ganas de saber cómo funciona el universo. Es imprescindible una sociedad de ciudadanos curiosos, interesados y comprometidos, lejos de los estándares actuales de borreguismo, desinformación e incultura que se empecinan en instaurar desde las aulas, la televisión y la prensa. En una sociedad de ese estilo no solo pueden asignarse presupuestos a la investigación con garantía de no ser desperdiciados, sino que con total seguridad, se obtendría un beneficio neto considerable.

Ahora bien, todo esto es muy difícil. No es algo que un gobierno pueda hacer en tres o cuatro años, a tiempo de obtener rédito electoral. Y el problema no es solo de los políticos: también cuesta que la gente comprenda que sustituir la religión en los colegios por una asignatura que anime al pensamiento crítico, a la tolerancia y a la curiosidad no es un atentado contra la libertad de culto, sino una obligación de un Estado que pretenda haber superado la Edad Media.

No es extraño, ante tantas dificultades, que lo de “que inventen ellos” adquiera popularidad, e incluso llegue a parecer una opción defendible. De hecho, como ponía Unamuno en boca de Román, ¿no alumbra de igual forma la luz eléctrica aquí tan bien como donde se inventó? Es decir, ¿merece la pena tanto esfuerzo económico y social hasta conseguir un nivel de investigación aceptable? Si resulta improbable que superemos en trabajo científico, al menos en unas cuantas décadas, a países como EE.UU. o Alemania ¿no sería más inteligente que nos limitemos a aprovecharnos de sus invenciones?

No me des peces, enséñame a pescar

No me des peces, enséñame a pescar

Existen al menos un par de razones importantes para pensar que no. En primer lugar, esta forma de actuar nos haría seguir siendo tecnológica y científicamente dependientes, incapaces de obtener beneficios y limitándonos a ser simples compradores. Esta dependencia nos haría estar totalmente a las órdenes de aquellos productores de tecnología que pueden cerrar el grifo en cualquier momento, sea voluntaria o involuntariamente. Tan peligroso es depender de la ciencia estadounidense como del petróleo de Arabia Saudí. Lamentablemente, hoy por hoy dependemos de ambos, y así nos va…

Pero existe otra razón, a mi modo de ver, aún más poderosa. La investigación, el conocimiento y el desarrollo humano deben ser una tarea compartida, un trabajo global.  No pueden ser monopolio de algunos países o, todavía peor, de una casta presente solo en algunos países. Los que aún creemos en la libre circulación del conocimiento, apostamos por un sistema que no se basa en que unos vendan y otros compren, sino un sistema en el que se comparte. Si todos ofrecemos algo, todos podremos obtener lo que deseemos; por el contrario, si un recurso está en manos de una élite, estamos totalmente vendidos a sus condiciones y designios.

Utilizando un símil bastante apropiado, en ciencia ocurre como en Internet: cuanta más gente comparta en la red, mayor riqueza de contenidos tendremos. La gran revolución de la Red de Redes no es que los periódicos o las televisiones lleguen a todos los rincones, al contrario; la verdadera revolución es que cualquiera puede generar contenidos, y cualquiera puede aprovecharlos. Si nos negáramos a contribuir, si dejamos “que escriban ellos”, “que suban archivos ellos”, “que graben vídeos ellos”, estaríamos viendo el telediario en nuestra pantalla de 21”, nada más.

En ciencia y tecnología ocurre exactamente lo mismo. No se trata de dejar que alguien invente la bombilla y aprovecharnos de su descubrimiento (pagándolo a precio de oro, algo que se le olvidó comentar a Don Miguel). Por el contrario, se trata de que cuantos más países, más centros de investigación y más gente esté trabajando en buscar un remedio contra el cáncer o en obtener energía limpia y renovable, antes lo conseguiremos, y de una manera lo menos exclusivista posible.

La forma de que el conocimiento científico se convierta en un arma en poder de una élite, de que nos tengamos que tragar las píldoras que dicten los poderosos, de que mueran millones de personas por no disponer de dinero para pagar una cura existente o que solo disfruten de una buena vida los acaudalados, mientras el resto de la población seamos meras máquinas de recaudar dinero, el verdadero camino hacia la peor pesadilla del mayor de los conspiranoicos, es dejar “que inventen ellos” mientras nos refugiamos en nuestra autocompasión.

colaboracion

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Investigar no solo es un derecho como país, es una obligación para con la humanidad. En caso contrario, todos nosotros seremos uno de esos parásitos de los que es mejor deshacerse.

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  • Entrevista. Carlos Elías. “Nunca como ahora ha habido tanta divulgación científica y, a la vez, tanto desinterés por la ciencia

  1. drizzt
    7 octubre, 2013 en 10:21

    Ojalá nuestros “amados” políticos abrieran los ojos y se diesen cuenta de que a largo plazo un país que no innova está condenado a depender de otros. Invertir en investigación es una inversión de futuro que a largo plazo puede producir beneficios para las arcas del país.

  2. 7 octubre, 2013 en 11:36

    Como bien dices J.M, un punto muy relevante en este tema es que quien descubre/inventa algo puede decidir sobre su futuro. Así si es una gran empresa seguramente patentará el descubrimiento y el resto del mundo tendrá que pagar por su uso, pero si son investigadores o consorcios públicos bien puede ofrecerlo de forma altruista. El caso de las vacunas es paradigmático: Jonas Salk podría haber patentado la vacuna de la polio pero al final por unas u otras razones no lo hizo y quedo accesible a todo el mundo.

  3. KC
    9 octubre, 2013 en 0:12

    Para unos la ciencia es una diosa sublime, para otros, una vaca que suministra excelente mantequilla

    Von Schiller

    Añado la sentencia de Schiller porque viene al uso de la entrada de JM, pero también para separar una “licencia literaria” técnicamente real, de una que sólo lo aparenta. Por ejemplo, Sagan usa este tipo de licencias a menudo, a excepción de cuando se refiere al concepto de Dios y especialmente cuando se refiere al de otros autores, quienes no usan una licencia, sino que integran lo que a nosotros nos puede parecer una licencia con su propio concepto subjetivo.

    También viene al hilo de aquellos que dicen que algunas materias científicas no son productivas y que por eso no deberían existir. Que no deja de ser un argumento bastante simplista. Pero es que a veces somos muy simples. Y de ahí el tono sarcástico de Schiller (la ciencia es simplemente como una vaca para algunos).

    Y no, no le he tenido que preguntar a Von Schiller para interpretar sus palabras correctamente, ni tampoco creo que le moleste allá dónde esté. Por supuesto todo el mundo es libre de darle otro tipo de interpretación, aunque interpretar no es decir lo primero que se me pasa por la cabeza. Eso es otra cosa.

    Por cierto, Von Schiller fue dramaturgo, poeta y filósofo…

    Saludos.

    PD.: estás bastante equivocado en un punto JM, y es que por mucho que obviamente la ciencia no deba ser una simple vaca que da leche, para que esa vaca exista alguien debe mantenerla o esperar un retorno (sea el que sea). No hay que caer en el simplismo de pensar que la ciencia es una vaca, pero tampoco en el de esperar que la vaca se ordeñe sola y se ponga a hacer mantequilla. Einstein pensaba que los científicos debían hacer ciencia en los ratos libres -el mismo desarrolló sus teorías más famosas escondiendo sus libretas cuando trabajaba en la Oficina de Patentes de Berna-, yo creo que para que haya una profesionalización, y aprovechar mejor los recursos de todos, debe de hacerse de otra forma. Todo es un equilibrio.

  4. 9 octubre, 2013 en 1:10

    @J.M.:

    Yo no se tu pero yo aún me pregunto si realmente hemos conseguido integrar con éxito las estrategias cazador-recolectora y productora en nuestra sociedad en la busqueda del equilibrio. En mi opinión estamos viviendo una época dorada y precisamente por estar en un punto álgido como civilización los fallos de base van a ser decisivos. Hay que empezar a sopesar los sacrificios necesarios, sobre todo en la mentalidad con la que estamos encarando los problemas.

    Sun salud☼.

    “Las opiniones son como el culo, todos tenemos uno” Anónimo.

  5. J.M.
    9 octubre, 2013 en 22:28

    KC, no entiendo a que te refieres con que estoy equivocado en que la ciencia no debe dar leche. Quizá estoy muy torpe (hoy el día ha sido cojonudo), así que si estoy malinterpretando, me sabra usté disculpar 😉

    Yo creo que el principal objetivo de la ciencia es conocer el universo, en todas sus facetas, o en todas las facetas posibles (que no necesariamente es lo mismo). Con tal objetivo, es evidente que la utilidad, la rentabilidad y los beneficios que se obtienen de la ciencia son inherentes a su naturaleza.

    Ahora bien, no debemos perder de vista este objetivo, y pretender -como hacen algunos “menistros”- que solo debe hacerse ciencia práctica. Pensar eso es una barbaridad similar a creer que para hacer un edificio solo se necesitan peones de albañil.

    Por ello, no solo discrepo de la opinión de Einstin, sino que creo que cultivar cualquier faceta de la ciencia debe ser una prioridad del Estado, y no solamente aquellas líneas con una aplicación inmediata. No obstante, entiendo que debe haber prioridades, dado que los recursos son limitados, y así puedo entender que se destine más financiación a investigaciones neuromédicas o superconductores que a lingüistica aramea o comunicación acústica de escarabajos.

    Así que, resumiendo, yo pienso en realidad que la ciencia es una diosa sublime que suministra excelente mantequilla 😉

  6. KC
    10 octubre, 2013 en 9:40

    Ya, pero la mantequilla sola no se va a hacer, y por mucho Internet que quieras, esa no va a ser la solución. La comparación con Internet la veo poco acertada. Internet es un medio, no un punto de origen. Está muy bien poder compartir conocimiento, pero Internet no va a resolver que alguien que se quiera dedicar a la ciencia se pueda mantener por sí mismo, que es el problema actual de los científicos de determinados países.

    Ni podemos caer en el simplismo de como no es productivo o rentable mejor no invertir, ni en el de ¿para qué invertir sí alguien lo hará y lo compartirá por Internet?, que por alguna razón parece estar convirtiéndose en una idea general que veo muy poco realista y poco práctica.

    Saludos.

  7. KC
    10 octubre, 2013 en 9:47

    A lo que me refiero es a que lo de que “cuanta más gente comparta, más riqueza tendremos” es una falacia total. La riqueza no proviene del hecho de compartir -que ya digo que me parece muy correcto-, sino del acto de generar. Tú puedes compartir todos los artículos científicos que quieras, que como no tengas generadores llegará un momento en que ya no podrás compartir y tendrás 0 “riqueza”, en este caso científica, la cual, además, acabará emigrando por mucho que tú sigas compartiendo.

    Saludos.

  8. 10 octubre, 2013 en 10:45
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