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Microorganismos y sistema inmune en enfermedades neuropsiquiátricas (II): Autoinmunidad

11 octubre, 2013

inmunidad psiquiatria infeccion virus autoanticuerpoDesde hace bastantes décadas se conoce la relación existente entre los sistemas neuroendocrino e inmune, de tal forma que diversas células del sistema nervioso central poseen receptores específicos para diferentes sustancias secretadas por el sistema inmune como por ejemplo las citoquinas, por lo que un malfuncionamiento del sistema inmunitario puede provocar alteraciones en la funcionalidad del sistema nervioso. Así continuando con los comentarios acerca de la neuropsiquiatría iniciados previamente, en esta entrada se comentarán algunos estudios recientes sobre la influencia del sistema inmune y el fenómeno de la autoinmunidad como agente causal relevante de algunas enfermedades mentales.

La primera relación entre neuropsiquiatría y autoinmunidad proviene de la existencia de una alta prevalencia de enfermedades autoinmunes en pacientes de diversas enfermedades como esquizofrenia, síndrome de Tourette, trastornos bipolares, autismo o desórdenes obsesivo-compulsivos.

Pero quizás el caso más claro de esta relación sea el del trastorno neuropsiquiátrico asociado a estreptococo, en donde los individuos afectados presentan elevados niveles de autoanticuerpos. Es más, en experimentos con ratones se ha observado que la administración de suero sanguíneo proveniente de ratones expuestos a estreptococos, producía en los animales sanos un cuadro clínico muy similar al de la enfermedad mental humana identificándose además depósitos de anticuerpos en la región del hipocampo cerebral. En estos experimentos también se demostró que los síntomas inducidos de enfermedad desaparecían cuando a los animales se les administraba el suero de los ratones infectados al que previamente se habían eliminado los anticuerpos o si la barrera hematoencefálica de los animales se encontraba intacta, ya en este caso los autoanticuerpos no eran capaces de penetrar en el cerebro de los ratones. En otro estudio con animales y corroborado en humanos se han llegado a identificar estos autoanticuerpos como específicos y reactivos contra los receptores D1 y D2 para dopamina, que es un neurotransmisor fundamental para múltiples funciones cerebrales. Por lo que en este caso la infección bacteriana desencadenaría una respuesta inmune anormal, capaz de generar autoanticuerpos que acabarían dañando a diferentes células cerebrales produciéndose al final la enfermedad mental. El reto en la actualidad es comprender como partiendo de una respuesta inmune inicial contra un patógeno determinado, a veces el sistema inmunitario acaba generando una respuesta que termina por atacar a las células del propio del organismo.

También se ha demostrado recientemente que la activación del sistema inmunitario de la madre durante el embarazo interrumpe el normal desarrollo de las células neuronales en el cerebro del feto, produciendo daños en la capacidad de las neuronas para generar sinapsis y transmitir señales adecuadas para poder comunicarse entre sí.

Y tampoco es ni siquiera necesario que el microorganismo sea un agente patogénico (como el estreptococo) para inducir la aparición de una respuesta inmune alterada que de lugar a la producción de autoanticuerpos reactivos contra células del cerebro. Cambios en el equilibrio de las bacterias comensales de la microbiota gastrointestinal pueden dar lugar a alteraciones en la función de algunas células del sistema inmune (como los linfocitos T reguladores o las células Th17) encargadas de la homeostasis inmune que acaben provocando la aparición de fenómenos autoinmunes que favorecen la aparición del autismo.

En resumen, que diferentes microorganismos sean estos de naturaleza patogénica o comensal, bien por acción directa sobre el sistema nervioso al infectar tejido cerebral, o indirectamente al producir alteraciones en el sistema inmune (tanto en la madre durante el periodo de gestación como durante el desarrollo del feto, del recién nacido o en el adulto) pueden acabar dañando a la larga estructuras cerebrales más o menos específicas, de tal forma que se acaba modificando o perturbando el normal funcionamiento de esa maquinaria terriblemente compleja que es el cerebro humano, y desencadenando con ello las más variadas enfermedades neuropsiquiátricas.

P.D.

Y desgraciadamente y aunque parezca mentira a estas alturas de nuestro hiperdesarrollado y científico siglo XXI tenemos que seguir repitiendo machaconamente hasta la saciedad que las enfermedades mentales tienen causas físicas (tal y como se ha comentado en esta y en la anterior entrada relacionada) y deben ser tratadas única y exclusivamente por personal neuropsiquiátrico especializado, ya que por ejemplo en una reciente encuesta realizada en EEUU, nada más y nada menos que el 35% de los ciudadanos estadounidenses afirma que

“Las personas con enfermedades psiquiátricas graves como depresión, trastorno bipolar y la esquizofrenia podrían superar la enfermedad mental únicamente con el estudio de la Biblia y la oración”

Es decir, que más de 130 millones de habitantes de la primera potencia científica mundial piensan supersticiosamente que cuando su padre, hermana o hijo presenta una severa enfermedad mental no es para nada necesario llevarle al médico para que reciba un adecuado tratamiento psiquiátrico o neurológico, sino que por el contrario es suficiente con practicar los absurdos ritos chamánicos cristianos (entre ellos el exorcismo) para que, por obra y gracia de la zarza ardiente, de la paloma sideral, de su mujer virgen y de su hijo semihumano, la enfermedad desaparezca milagrosamente. Esto sí que es un verdadero tratamiento médico avanzado y no las zarandajas de escáneres cerebrales y medicamentos antipsicóticos tan de moda en la satánica e impía medicina científica.

 

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  • Microorganismos y sistema inmune en enfermedades neuropsiquiátricas: (I)(II)

  1. Simplicio Simplicisimus
    11 octubre, 2013 en 5:35

    Vamos a ver que yo me entere. Según el texto, tras “la respuesta inmune inicial contra un patógeno determinado, a veces el sistema inmunitario acaba generando una respuesta que termina por atacar a las células del propio del organismo” y provocar, de alguna manera enfermedades mentales, como autismo o esquizofrenia. Es decir, que la administración de vacunas en niños muy pqueños podría inducir la fabricación de Ac contra un determinado germen y provocar enfermedades mentales ¿no?. Pero entonces…¿podría tener algo de fundamento científico el rechazo de la vacunación por su relación con el autismo? Yo siempre he pensado que no, por supuesto. Y que hay que vacunar a nuestros hijos/as, para protegerlos individualmente de las enfermedades y, de paso, a la colectividad. Pero esto me genera ciertas dudas. http://blogs.elcorreo.com/magonia/2012/01/15/time-considera-la-conexion-entre-las-vacunas-y-el-autismo-uno-de-los-mas-grandes-fraudes-cientificos/

  2. 11 octubre, 2013 en 7:48

    ¿podría tener algo de fundamento científico el rechazo de la vacunación por su relación con el autismo?

    No, porque que no se ha encontrado dicha relación, aunque tendría que profundizar más, creo que incluso en publicaciones de este mismo año (con una década de estudios de por medio) siguen sin encontrar correlación entre vacunación y autismo.

    De todas maneras, desde la perspectiva de este artículo y suponiendo que toda movilización del sistema inmunitario suponga per se un riesgo para la actividad cerebral del individuo, hay dos opciones:

    1) Vacunarte y estar inmunizado contra determinado patógeno, aún con el posible riesgo de que se vea afectada parte de tu actividad cerebral.

    2) No vacunarte y arriesgarte a que tu sistema inmune pueda actuar a tiempo para no diñarla en caso de infección, adicionalmente como se moviliza tu sistema inmune seguirás teniendo ese riesgo posible de que se vea afectada parte de tu actividad cerebral; y adicionalmente te arriesgas a ser un reservorio de patógenos para los que te rodean.

    Por otro lado, Ateo , hay una cosa que no me ha quedado muy clara: dices que a los ratones con barrera hematoencefálica intacta no mostraban síntomas, ¿esto quiere decir que aquellos animales que mostraban un cuadro clínico análogos a una enfermedad mental humana tenían dañada dicha barrera? ¿y a qué enfermedad haces referencia?

    Un saludo y muy interesante post!

  3. 11 octubre, 2013 en 8:35

    ¿podría tener algo de fundamento científico el rechazo de la vacunación por su relación con el autismo?

    Me gusta la redacción de la pregunta, porque permite una respuesta directa. Para tener fundamento científico debería haberse demostrado con datos una relación causa-efecto entre vacunación y autismo. De momento eso no se ha encontrado. La publicación de Wakefield ha sido retirada por fraudulenta, y los estudios realizados posteriormente no han encontrado dicha relación (por ejemplo: http://www.bmj.com/content/346/bmj.f2095?view=long&pmid=23554072). En ciencia todos los temas permanecen abiertos, pero mientras no haya evidencias objetivas de dicha asociación, tal afirmación es gratuita.

  4. 11 octubre, 2013 en 9:45

    Lo primero gracias Manuel y Cnidus por explicar el tema de vacunas y autismo. Simplemente recalcar lo dicho en la entrada, que desde hace bastantes décadas se conoce la relación entre sistema nervioso e inmune y por tanto la posible incidencia de las vacunas en el desarrollo de enfermedades mentales (como de otro tipo) es una de los posibles efectos secundarios que se tiene en cuenta y se busca específicamente a la hora de evaluar la seguridad sanitaria de cada nueva vacuna que se presenta.

    Cnidus :

    Por otro lado, Ateo , hay una cosa que no me ha quedado muy clara: dices que a los ratones con barrera hematoencefálica intacta no mostraban síntomas, ¿esto quiere decir que aquellos animales que mostraban un cuadro clínico análogos a una enfermedad mental humana tenían dañada dicha barrera? ¿y a qué enfermedad haces referencia?

    Un saludo y muy interesante post!

    La enfermedad en cuestión es el trastorno neuropsiquiátrico asociado a estreptococo. En esta enfermedad algunos anticuerpos generados contra el estreptococo reaccionan de manera cruzada con los receptores D1 y D2 para dopamina presentes en células nerviosas del cerebro, por lo que para producirse el daño neurológico los anticuerpos deben pasar la barrera hematoencefálica por un daño previo de la misma, ya que esta barrera impide en la práctica el paso de casi cualquier sustancia al encéfalo excepto nutrientes de bajo peso molecular. Lo que no se sabe es el motivo por el que en estos enfermos se ha dañado esta barrera, si previamente o debido a la infección por la bacteria.

  5. 11 octubre, 2013 en 10:13

    Comentaba M. Bunge que la psiquiatría es la rama de la medicina que menos ha evolucionado, en parte debido a la influencia del psicoanálisis. Así, no se han desarrollado (o él no los conocía) hasta la fecha indicadores objetivos de enfermedades mentales tales como la esquizofrenia. ¿Es esto correcto? ¿Se han desarrollado indicadores objetivos de esta terrible enfermedad? Perdón por apartarme algo del hilo de la entrada. Un saludo.

  6. 11 octubre, 2013 en 10:31

    #1 “Es decir, que la administración de vacunas en niños muy pqueños podría inducir la fabricación de Ac contra un determinado germen y provocar enfermedades mentales ¿no?”

    Creo que esta pregunta es crítica y parece que se están obteniendo en las investigaciones datos hasta cierto punto contradictorios. Por un lado, los experimentos más controlados (por ser realizados en laboratorio con animales a los que puedes sacrificar o realizar biópsias para compobar los cambios a nivel celular), y por tanto más fiables, concluyen que una sobrerespuesta del sistema inmune puede provocar daños neuronales permanentes y por otro los realizados a base de extraer correlaciones (sistema útil pero con muchos riesgos a controlar en su exactitud) entre vacunaciones y enfermedades mentales entienden que no es posible establecer la relación.

    Yo, personalmente, y bajo el criterio médico “primun non nocere” ( “lo primero es no hacer daño”) ampliaría la investigación lo más posible para resolver esta inconsistencia y pediría que se tomasen medidas preventivas, como puede ser evitar la vacunación durante el tiempo en que el sistema inmunitario del bebé no esté completamente formado, atendiendo a lo que comentó Ateo en el artículo anterior de la serie:

    “Cuando el sistema inmune es inmaduro y por tanto no funcional cualquier elemento extraño (virus, transplante, tumor, etc) que penetre en el organismo no desencadena respuesta inmune alguna y por tanto si es dañino acaba matando al individuo antes de que de tiempo a que se desarrolle el sistema inmune propio. Por ello es tan relevante la inmunidad pasiva de los bebes que les confieren los anticuerpos presentes en la leche materna.”

    Por otro lado, a mi entender, se está otorgando demasiado rápido el papel de causa primera de las enfermedades al sistema inmune, cuando ese hecho (ser causa primera) no está completamente demostrado. Me explico. Lo mismo que sistema nervioso central posee receptores específicos para diferentes sustancias secretadas por el sistema inmune, la mayoría de las células del cuerpo, y por supuesto las del sistema inmune, cuentan con receptores para moléculas (neuropeptidos) emitidas por el sistema nervioso central, que modulan el funcionamiento de la célula que las recibe. Este sistema de intercambio de información es bidireccional, lo que sería de esperar en un sistema homeostático como el cuerpo.

    http://es.wikipedia.org/wiki/Candace_Pert

    Que el sistema inmune se deprima o sobreactúe puede ser consecuencia de ajustes “solicitados” por otros sistemas, como puede ser el caso de la inmunodepresión necesaria para el desarrollo de la placenta en la gestación.

    Por tanto, si lo que queremos es entender la enfermedad completamente para generar curas definitivas, creo que el estudio debería incluir el funcionamiento completo de todos los sistemas. De otro modo lo que se consigue es un tratamiento paliativo de síntomas que no cura la enfermedad, como ocurre en la mayoría de los tratamientos farmacológicos psiquiátricos.

    Lo que nos queda por investigar 🙂

  7. 11 octubre, 2013 en 15:28

    Miguel #5

    La psiquiatría es la rama médica menos desarrollada porque estudia el órgano más complejo y cuyo estudio ha sido el más refractario al análisis científico por la perniciosa dicotomía cuerpo-mente principalmente de matiz religioso y también cartesiano. Sólo cuando se entiende el cerebro como un órgano más, sujeto a las leyes de la fisiología y de la patología es posible avanzar en el conocimiento de su función y también en el diagóstico y curación de su malfuncionamiento.

    La esquizofrenia en cuanto muestra un patrón de delirios y alucinaciones debería poder ser diagnosticada adecuadamente de manera científica. El problema es que el sustrato de la religión apela a las alucinaciones como no sólo como algo normal sino incluso deseable e indicativo de una supuesta superioridad. Y entonces como se dice en El Quijote “Amigo Sancho, con la Iglesia hemos topado”. Sólo cuando la psiquiatría se arranque definitivamente las cadenas de su supuesta inferioridad frente a la religión (tal y como hicieron otras ramas de la medicina) se podrá avanzar en este por ahora atrasado campo médico.

  8. 11 octubre, 2013 en 17:21

    Mi tesis de postgrado la realicé justamente sobre la hipótesis autoinmune de la esquizofrenia, y debo decir que esta serie de artículos es simplemente magistral. Realmente han capturado tanto las dudas como la tendencia más reciente sobre la relación entre la neuroinmunología y la psiquiatría.

    Por otro lado, les comparto un vídeo que me mostraron por ahí, a colación de las interpretaciones gratuitas, en este caso de las infames neuronas espejo:

    Si bien es un vídeo bien intencionado, me parece que abusa de una serie de malas prácticas que se vienen dando de unos años para acá, y es extrapolar hallazgos intracelulares en mecanismos complejos, además de utilizar ejemplos circunstanciales que no explican nada mas que el punto que los guionistas quieren ilustrar. A lo mejor soy demasiado ortodoxo, pero creo que se está marcando una tendencia a hacer de la divulgación científica más circense y menos rigurosa, como ya lo comentan bien en un post anterior. Espero puedan comentarlo después.

    ¡Saludos!

    C.M.

  9. 11 octubre, 2013 en 17:42

    Si partiéramos de la base que la vacunación es un factor para el desarrollo del autismo y tomando en cuenta que el total de la población es vacunada (más de una vez y contra múltiples enfermedades), el reporte de incidencia del autismo es de .5 a 1 por 1,000.

    Mientras que la poliomielitis, por tomar sólo un ejemplo, es devastadora y el riesgo de contraerla es directamente proporcional a la exposición al poliovirus, pero con la vacunación decrece considerablemente ya que una persona vacunada tiene una protección con una efectividad superior al 90%.

    Entonces ahora más que nunca se debe reforzar la conscientización entre las personas para que vacunen a sus hijos, ya que la moda por la no-vacunación va en ascenso y eso significa el regreso de enfermedades, en algunos casos, consideradas como erradicadas tomando en cuenta que el riesgo del autismo está presente en la proporción comentada.

    http://www.scielo.org.mx/scielo.php?pid=S0016-38132005000200009&script=sci_arttext
    http://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/ency/article/001402.htm

  10. 11 octubre, 2013 en 17:47

    Perdón es en respuesta al comentario #1

  11. 11 octubre, 2013 en 18:07

    tarupak :

    Yo, personalmente, y bajo el criterio médico “primun non nocere” ( “lo primero es no hacer daño”) ampliaría la investigación lo más posible para resolver esta inconsistencia y pediría que se tomasen medidas preventivas, como puede ser evitar la vacunación durante el tiempo en que el sistema inmunitario del bebé no esté completamente formado, atendiendo a lo que comentó Ateo en el artículo anterior de la serie:

    Al hilo de lo comentado por tarupak quisiera hacer una reflexión. Vivimos en un mundo en el que habitualmente y centrándonos por ejemplo en el campo alimentario se sacan al mercado multitud de nuevos productos: conservantes, estabilizantes, aromatizantes, etc mayormente para impactar en el consumidor y generar ventas de mayor valor añadido en un mundo (al menos el desarrollado) que no tiene una necesidad imperiosa de ellos puesto que estamos saturados de comida. Y estos productos (que alguien me corrija si me equivoco) no pasan por supuesto controles sanitarios equivalentes a las estrictas pruebas que se exigen a medicamentos y vacunas. Aquí el principio de “primun non nocere” es secundario bajo el yugo implacable del sistema capitalista: primero ventas y luego si hay problemas se retira el producto y ya hablaremos de compensaciones a los damnificados.

    Ahora bien, en el caso de los medicamentos en general y en las vacunas en particular, hay una necesidad: por ejemplo miles de personas mueren por la infección de tal o cual patógeno. Se diseña una vacuna (o un antibiótico) y si produce una reacción alérgica o un efecto secundario en por ejemplo 1 de cada millón de vacunados se monta el follón (hablando vulgar y directamente) incluidas muchas veces demandas millonarias (sobre todo en los judicializados EEUU). Y nadie o casi nadie de la opinión pública se para a pensar en conjunto. Esa vacuna lo mismo está salvando la vida a miles de personas, pero como la gente se centra en el caso del pobre niño que ha desarrollado el efecto secundario o que incluso ha muerto y que los medios de comunicación o grupos de intereses particulares amplifican pues incluso se puede paralizar su administración. Por ello, en casos de sanidad pública en donde están en juego las vidas de muchas personas el principio de “primun non nocere” debe ser administrado con muchísima precaución porque si no puede generar simple y peligrosa inacción, puesto que considero que es más criminal no administrar un medicamento que tenga efectos secundarios si a cambio el beneficio sanitario es incuestionable que el paralizar su uso por unos limitados efectos secundarios aunque sean graves.

    Quizás para evitar estos casos se debería formar más a la sociedad en general en pensamiento científico y sobre todo en estadística, lo que redundaría en evitar también otro tipo de pánicos irracionales como cuando sale en las noticias un accidente de aviación o ferroviario y entonces la población deja de tomar estos transportes públicos por miedo y mientras tanto sigue conduciendo su coche privado tranquilamente aún cuando el riesgo de morir en un accidente automovilístico es infinitamente superior.

  12. 11 octubre, 2013 en 18:11

    Acabo de ver el comentario de Jose Juan que estaba en spam y parece que nos hemos leido el pensamiento sobre el ya famoso tema de autismo y vacunas.

  13. 18 octubre, 2013 en 15:15

    Reblogueó esto en fermin mittilo.

  1. 11 octubre, 2013 en 10:26
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